Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

¿Te duele? No te preocupes… Es Dios, haciéndote de nuevo

Reinventarse ¿Te duele? No te preocupes... Es Dios haciéndote de nuevo

¿Te duele? No te preocupes... Es Dios haciéndote de nuevo

Reinventarse… ¿duele? Yo diría que sí… es como volver a nacer y eso tiene que doler.

Duele dejar atrás personas, situaciones, incluso creencias, pensamientos y hábitos que ya no sirven, que estorban… porque ya no aportan nada nuevo, porque ya no están vibrando en el nivel de aquello que verdaderamente somos, de aquello que deseamos con toda el ALMA. Y es que ésta nos habla fuerte a veces, quizás “a gritos” en forma de apatía, incomodidad, tristeza, desmotivación, desencanto, enfermedad…

Cuando el camino se convierte en un “sin sentido”… ya no tiene sentido. Y es entonces cuando llega el momento de cambiar, de dar a luz a un nuevo YO. Y los dolores de parto que preceden a ese nacimiento hay que sentirlos, es la vida renovándose a sí misma, es el ego agarrándose con uñas y dientes a lo que ya sabe y conoce. Ese lugar era “calentito y seguro” aunque ya apenas teníamos espacio para movernos ni podíamos respirar.

Lo nuevo da miedo, pero sólo porque es desconocido. Más tarde descubrimos que siempre hemos estado a salvo, que aunque nuestra mente desconozca… el alma siempre SABE.

La Vida nos empuja hacia delante en un intento de expansión y crecimiento de nuestro SER más profundo. Y el dolor no deja de ser una resistencia a ese flujo inevitable.

Renuévate, suelta, confía, fluye… nunca pasa nada… todo está bien… ADELANTE…

Mi abrazo infinito,

Cuando nos olvidamos de sentir…

Cuando nos olvidamos de sentir...

Cuando nos olvidamos de sentir...

Piensa y responde sinceramente a la siguiente pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te dedicaste a SENTIR?

Posiblemente, tu primera respuesta ante esta pregunta es “hoy mismo”, o “ayer”… pero presta atención y vuelve a leer la pregunta. ¿De verdad te tomas el tiempo para sentir?

Sinceramente… en mi caso, que soy una mujer sensible y “sentida”… a veces no me tomo el tiempo de sentir. Y eso que estoy acostumbrada a manejarme con mis emociones y a gestionarlas… Y sí, a menudo emprendo la “huida” porque, o bien no tengo tiempo material, o bien me da pereza sentirme “mal” y busco caminos alternativos (pensamientos positivos) para continuar con mi día sin que esas emociones me interfieran nada más que lo justo.

Y esto es lo que solemos hacer tod@s con mayor frecuencia.

Hasta que llega un día en el que las emociones te “atrapan” y se llevan consigo toda la fuerza y la energía que has empleado en ignorarlas. Y entonces llega el momento… ¡toca SENTIR!

Cuando le pido a un paciente que se centre en lo que siente, lo primero que hace es RACIONALIZAR la emoción. Ante la pregunta… ¿qué sientes?, la respuesta suele ser una explicación de algo que le gustaría hacer o decir, una interpretación determinada, incluso una justificación, frases tremendamente elaboradas, etc.

Casi siempre es necesario volver a hacer la pregunta… “ya, pero ¿y eso cómo te hace sentir”?… ¿y dónde lo sientes? ¿Lo puedes describir con una única palabra, una sensación, un color?… Las emociones se sienten SIEMPRE en el CUERPO, no se piensan con la MENTE. Incluso a veces no hace falta que sepamos cómo se llama la emoción de la que se trata, pero sí sabemos dónde se sitúa, si es una sensación de ahogo, de presión, de calor. Y sólo entonces, cuando prestamos la debida atención podemos definir lo que sentimos: angustia, tristeza, pena, miedo, etc.

¿Por qué es necesario sentir?

Vivimos tanto tiempo en nuestra mente que nos olvidamos de que tenemos un cuerpo. Y es aquí donde “viven” nuestras emociones. Huir de ellas no hará que desaparezcan, por el contrario, pasarán a quedarse “enquistadas”, obstaculizando el flujo de energía… lo que más tarde se traducirá en un síntoma físico o mental. El cuerpo llama nuestra ATENCIÓN, a través de las EMOCIONES, pero estamos tan invadidos por la racionalidad, con toda nuestra energía centrada en la mente… que solamente prestamos atención a nuestro cuerpo cuando se enferma, cuando nos duele, cuando nos “grita”. Y entonces la respuesta rápida es buscar la “pastilla milagrosa”.

De esta forma pasamos la vida llenando la “mochila” de asuntos sin resolver. Más tarde, en el camino hacia nuestra madurez, decimos que tenemos “achaques” o que es “cosa de la edad” sufrir Alzheimer o cualquier tipo de enfermedad … cuando envejecer NO tendría que ser sinónimo de ESTAR ENFERMO. Y sí, tod@s tenemos que morir pero ¿por qué no hacerlo en plenas facultades físicas y mentales? ¿Por qué no hacerlo con consciencia? ¿Por qué no hacerlo con verdadera DIGNIDAD?

¿Y qué podemos hacer?

Te recomiendo que busques un par de horas semanales sólo para ti.

Lleva a cabo un recorrido de los momentos más difíciles de la semana, sobre todo aquellos en los que experimentaste estallidos emocionales que no pudiste resolver al momento.

Vuelve a situarte en ese instante y RE-VIVE las sensaciones. Ahora deja de “protestar” y sólo presta atención a tu cuerpo. Recuerda las preguntas: ¿Dónde lo sientes? ¿Qué sensación tienes? ¿Qué temperatura? ¿Qué color? ¿Qué forma? ¿Llega algún recuerdo? La intención es darle la debida atención a esa emoción… la que está debajo de todos tus “bla, bla, bla” mentales.

Una vez localizada… SIÉNTELA… con toda la intensidad de la que seas capaz. Llora, enfádate, muévete, salta, deja que tu cuerpo se retuerza y se EXPRESE como le dé la gana hacerlo. Suelta, suelta, suelta… quédate y observa.

Pasados unos minutos, notarás que la emoción se va calmando, la intensidad va disminuyendo y poco a poco desaparece… Si observas otra emoción distinta, vuelve a repetir el proceso.

Te darás cuenta de que tu cuerpo está mucho más suelto, relajado…, y un sentimiento de PAZ comenzará a brotar… la emoción ha sido liberada. Será entonces el momento idóneo de utilizar tu mente y pasar a COMPRENDER el por qué de esa emoción: ¿Qué es lo que la origina? ¿Qué podrías hacer para solucionarlo? ¿Qué necesitas cambiar en ti o en tu vida? ¿Puedes hacerlo a solas o quizá necesitas ayuda?

Elabora una SOLUCIÓN y pasa a la ACCIÓN.

Realizar este proceso a menudo te mantendrá “al día”…, dejarás de acumular asuntos y más asuntos, tu energía fluirá libremente y eso se traducirá en un mayor BIENESTAR.

Y…. ¿no es eso lo que constantemente buscamos?

Mi abrazo infinito,

 

8 Señales que te indican que es momento de cambiar

8 Señales que te indican que es momento de cambiar

8 Señales que te indican que es momento de cambiar

Hay pocas cosas que me atrevo a afirmar como “ciertas”, pero si alguna tengo clara es que todo cambia, constantemente, aunque no tengamos ni siquiera la intención consciente de intervenir en muchos de esos cambios.

Y sí, muchos de ellos pueden asustarnos… es la incertidumbre que provoca todo aquello que desconocemos, que no forma parte de nuestro universo rutinario y hasta cierto punto… “controlado”.

Sin embargo, ese control que creemos tener no es real, y la Vida nos lo muestra con cada uno de aquellos sucesos inesperados que nos acontecen… Nosotros mismos vamos cambiando sin apenas darnos cuenta. Solo cuando miramos hacia atrás somos conscientes de que muchas de nuestras ideas, creencias, hábitos, pensamientos y modos de actuar han ido variando a lo largo del tiempo. Algunos cambios nos gustan, otros quizá no tanto…

Sin lugar a dudas, la Vida nos envía señales constantemente, de muchas y variadas formas. Cuando fluimos y nos dejamos “llevar” podemos vivir los cambios de forma armónica y aprovecharlos para crecer y optimizar nuestras vidas. El problema surge cuando nos resistimos y nos negamos a fluir con el devenir de los acontecimientos.

Y puesto que el cambio va a existir igualmente… ¿qué tal si ponemos mayor conciencia en el proceso, y nos ocupamos de dirigirlo hacia el sentido que queremos? ¿Qué tal si aprendemos a escuchar a la Vida y las señales que nos envía?

Algunas de ellas podrían ser:

  • Situaciones que se repiten.

Cuando tienes la sensación de estar viviendo las mismas circunstancias una y otra vez, está claro que tu modo de actuar (y, por tanto, tus creencias), siguen siendo las mismas. Es prácticamente imposible que lo de fuera cambie, si previamente no ha existido un cambio interno.

  • No consigues tus objetivos.

Parece ser que hagas lo que hagas, nunca consigues aquello que te propones. Sientes que hay algo que te frena, como si un obstáculo insalvable e invisible se interpusiera siempre entre tus proyectos y tú. Al igual que en el caso anterior, es ineludible el acercarte a esas partes aún sin contemplar sobre tu persona, y que te impiden que alcances lo que quieres.

  • Aburrimiento y abatimiento.

La rutina puede contigo y no encuentras alicientes en tu vida. No encuentras nada que te apasione, que realmente te encienda el alma.

  • Pérdida del momento presente.

Emociones cercanas a la melancolía implican que estás colocando el foco en el pasado. Cuando la mente huye constantemente hacia atrás en la búsqueda de aquellas etapas felices que ya no están aquí…, es obvio que el momento presente no es lo que esperas o deseas. Si la emoción predominante es la ansiedad, la huida se produce hacia delante. En cualquiera de los dos casos, el malestar te impide permanecer en tus circunstancias actuales y te refugias en una huida mental que te permite escapar de tu momento presente. En definitiva… “pan para hoy y hambre para mañana”.

  • Rupturas y despedidas.

Todo aquello que se va de tu vida solo trata de dejar espacio para lo nuevo que ha de llegar. La pérdida de un trabajo, situación de bienestar, una pareja, un ser querido… puede poner tus circunstancias vitales “patas arriba” y te sitúa en ocasiones ante un inevitable cambio de perspectiva. Aceptar y comprender la pérdida puede llevar más o menos tiempo, según las resistencias que opongas ante el proceso.

  • Enfermedad.

Cuando la enfermedad hace acto de presencia, una parte de tu inconsciente trata de llamar tu atención para “ver la luz”. En este caso, los cambios son inevitables, tanto más importantes cuanto más grave sea la enfermedad que afrontamos.

  • Momentos de crisis.

A veces no es lo que pasa fuera, sino lo que ocurre “dentro”. Es como si algo dentro de ti estallara y se rompiera. Nada te satisface, quizá hasta seas capaz de enumerar todo lo bueno que te rodea, pero sientes un vacío que no puedes llenar con nada de lo que existe en tu vida por más “bueno” que sea. Has perdido el rumbo y no encuentras sentido a tu existencia…

  • Confusión.

Cuando la toma de decisiones siempre se convierte en un gran dilema en tu vida, quizá te encuentres desorientad@ con respecto a lo que realmente quieres. Si no tienes claros tus objetivos ni hacia donde quieres dirigirte, cualquier decisión a tomar se convierte en un pozo oscuro del que te cuesta salir. Quizá una parte de ti te lleva hacia una dirección, mientras existe otra parte que se dirige justamente hacia el sentido contrario. Comprender cuál de esas partes eres TÚ, y cuáles son programas aprendidos o heredados, es parte indispensable para avanzar en tu camino.

Sea cual sea tu malestar o la circunstancia que estés experimentando, el simple hecho de que haga acto de presencia en tu vida ya te está indicando que hay algo que revisar y reajustar. Quizá sea el momento de deshacerse de esas personas, esa actividad, ese hábito o comportamiento, esas creencias… para dar paso a un nuevo YO, a ese que verdaderamente SIENTES que ERES, a ese que en el fondo intuyes y que hasta el momento ha permanecido en la sombra…

No creo en la casualidad ni en la fatalidad…, realmente creo que la Vida nos va marcando el camino que hemos venido a realizar. Y que el sufrimiento que padecemos tiene su origen en las resistencias que vamos colocando ante las “señales” que nos ofrece.

¡Atrévete!… es momento de CAMBIAR.

Mi abrazo infinito,

Aprende a identificar las causas metafísicas de tus síntomas físicos

Aprende a identificar las causas metafísicas de tus síntomas físicos

Aprende a identificar las causas metafísicas de tus síntomas físicos

En pleno auge de la terapia de descodificación biológica, nos encontramos con multitud de información, así  como diccionarios que tratan de ofrecernos orientaciones precisas con respecto a los síntomas y enfermedades que padecemos.

Sin embargo, a veces un exceso de información puede confundirnos ya que seguimos permaneciendo “fuera”, en lugar de prestar atención a lo que realmente nos ocupa. Cada persona y cada caso han de ser estudiados de manera independiente y, aunque la bibliografía al respecto pueda ofrecernos pistas, no podemos dejar de hacernos las preguntas pertinentes para descubrir nuestros propios motivos.

Vivimos en un mundo dual donde no existe la luz sin la sombra, y en esa búsqueda constante de “la luz” nos olvidamos de aceptar “la sombra” como parte de la Vida y como parte integrante de nuestra UNIDAD.

Por tanto, la enfermedad o el síntoma llegan a nuestra vida como una expresión inconsciente en nuestro cuerpo físico, de aquellas partes que no hemos podido o no hemos sabido aceptar. Observando la cuestión desde este punto de vista, podemos llegar a proclamar que la enfermedad nos ofrece la oportunidad de SANAR y RESOLVER, ya que al aceptar lo que hemos reprimido o rechazado, podemos recuperar el EQUILIBRIO perdido.

Y bien, ¿Cómo podemos participar en nuestro proceso curativo?

Momento en el que aparece.

Es importante el momento en el que se presenta el síntoma o el acontecimiento (accidente, golpe, etc.). ¿Qué pensamientos y emociones estaban teniendo lugar en el momento de su aparición? ¿Ocurrió algo, alguna noticia, algún suceso significativo?

Intenta hacer memoria de ese momento, puede darte muchísima información.

Atención al síntoma.

No es lo mismo un dolor agudo, sordo, punzante, ardor, inflamación… Por ejemplo, cualquier clase de inflamación o –itis suele reflejar enfado o ira reprimidos. ¿Cómo describes tu síntoma? Si no puedes asociar de inicio una emoción al tipo de dolor o molestia, observa que clase de emociones te provoca o te despierta cuando se presenta.

Lugar donde se localiza.

No es lo mismo que se sitúe en una mano, que en el estómago o en las articulaciones. ¿Para qué sirve esa zona de tu cuerpo? ¿Qué funciones realiza? ¿Qué significa para ti? De esta forma podemos asociar de una manera más fidedigna, porque aunque la fisiología sea común para todos, una lesión de muñeca no va a significar lo mismo para un futbolista que para un masajista.

Prohibición.

Muchos síntomas nos prohíben hacer determinadas cosas: ir a trabajar, realizar una tarea específica, etc. Observa qué es lo que te prohíbe realizar tu sintomatología. Normalmente, aquello que nos prohíbe hacer, representa deseos ocultos y que no nos permitimos satisfacer. Si no quiero ir a una fiesta a la que me han invitado, es más fácil no asistir si me escudo detrás de un resfriado que decir que “no” simple y llanamente.

Obligación.

Por otro lado, a veces nuestros síntomas nos obligan a hacer las cosas que en el fondo estamos “deseando” y que no nos permitimos satisfacer, como puede ser descansar, dejar que nos cuiden, obtener atención y un cariño que no nos atrevemos a pedir, etc…

En otras ocasiones, nuestros síntomas nos obligan a realizar cambios más importantes y trascendentales. Y pueden suponer desde un cambio de hábitos de vida más saludables (ejercicio físico, alimentación, etc.), hasta determinadas conductas como salir de nuestra zona de confort y atrevernos a hacer algo que tememos.

Responsabilidad.

La enfermedad o el síntoma han aparecido en este momento simplemente porque es el momento de enfrentar los cambios que supone su aparición. Asumir la responsabilidad supone:

Tomar conciencia – Aceptación – Acción

Conocer y darse cuenta de lo que ha venido a enseñarnos la enfermedad no es suficiente, el proceso de tomar conciencia y aceptar no sirve de nada si todo ello no supone un modo distinto de ACTUAR o COMPORTARSE.

“La enfermedad siempre es una crisis y toda crisis exige una evolución. La enfermedad quiere conducirnos a zonas nuevas, desconocidas y no vividas”.  DETHLEFSEN, Thorwald y  DAHLKE, Rüdiger: “La enfermedad como camino”

Últimas recomendaciones.

La medicina convencional lleva muchos años estudiando la enfermedad con ciertos resultados exitosos. Utilicemos el sentido común y no abandonemos ningún tratamiento médico si así nos ha sido prescrito. La “pastilla” no es la única solución pero sí puede ofrecernos alivio mientras estudiamos los motivos que se esconden tras la situación que vivimos.

Por desgracia aún no se ha encontrado la terapia óptima que garantice una curación de forma total y absoluta. Si así fuera, supongo que ya hubiésemos tenido conocimiento de ella. Por este motivo, creo que se va haciendo cada vez más necesaria la aplicación de una ATENCIÓN INTEGRAL donde el ser humano pueda ser contemplado a todos los niveles, sin descartar previamente ninguna forma de terapia.

En definitiva, no creo que la solución sea elegir una forma de terapia y eliminar otra, sino que, por el contrario, podemos sumarlas y de esta forma reunir la mayor cantidad de herramientas que se encuentran a nuestro alcance, para así aumentar las posibilidades de alcanzar la curación.

Mi abrazo infinito,

Es hora de soltar lastre y… ¡avanzar!

Es hora de soltar lastre y... ¡avanzar!

Es hora de soltar lastre y... ¡avanzar!

El dolor es natural e inherente al ser humano. Procede del inventario de pérdidas que sufrimos a lo largo de nuestras vidas, y también a consecuencia de las interpretaciones que hacemos sobre lo que observamos en nuestra experiencia vital. Sea como sea y proceda de donde proceda debemos darle cabida y salida, comprendiendo que su aparición en nuestras vidas tiene un propósito y un sentido

Sin embargo, a veces ocurre que no sabemos gestionarlo y pasa a quedarse “enquistado”, pudiendo ocasionar el padecimiento de enfermedades y síntomas físicos por un lado; o el ingreso a un progresivo estado mental de continuo malestar. En este caso ya no hablamos de dolor: el sufrimiento ha hecho acto de presencia en nuestra vida.

¿Cómo puedes detectar que tu vida se ha quedado anclada en el sufrimiento?

  • Amargura.

Vives el día a día con normalidad, pero siempre hay en ti un trasfondo de tristeza. Hay una sensación de angustia y malestar latente, que puede emerger ante cualquier contratiempo de la vida diaria, elevando ese nivel de malestar a una intensidad que es desproporcionada con respecto al suceso que estás experimentando en el presente.

  • Victimismo y queja.

En tus conversaciones es frecuente sacar a colación los motivos de tu sufrimiento. Para ti son razones “de peso”, incluso a veces puedes llegar a considerarte un ser desgraciado y susceptible de lástima. Por otro lado, todas las soluciones que te proponen jamás te sirven. Te niegas a recibir ayuda porque sientes que tus motivos son importantes y muy reales para sentirte como te sientes. Y ante eso… “no se puede hacer nada”.

  • Aislamiento.

En el extremo contrario de la queja, quizá tiendes a poner distancia entre tu persona y el resto del mundo. La actitud de victimismo es la misma, solo que no la expresas. En ambos casos la persona está pendiente únicamente de sí misma, concediéndose excesiva importancia y situándose en el ombligo del mundo como la más desgraciada. En este caso, tampoco pides ayuda por “no molestar”, incluso crees que no la necesitas o que lo que te digan no te hará sentir mejor.

  • Pesimismo.

Eres incapaz de sentirte bien con todo lo bueno que hay en tu vida en este momento. Sí, eres capaz de enumerar todas las cosas positivas, pero no son suficientes para hacerte sentir bien… las negativas tienen un enorme peso y son mucho más importantes para ti.

  • Tu mente está en el pasado.

Muchas de las razones de tu malestar se encuentran en el pasado. Pérdidas, rupturas, etc., que hace años que ocurrieron y siguen activas en tu mente como el primer día.

  • Pérdida de rumbo.

No tienes claro lo que deseas en tu futuro y/o no hay nada que te motive. No encuentras un propósito o la esperanza te ha abandonado.

  • Miedos.

La mala gestión de tus situaciones dolorosas del pasado te han hecho mirar hacia el futuro con temor, ante la posibilidad de que te vuelva a ocurrir lo mismo. El miedo es un recuerdo de dolor que se proyecta al futuro. Esto hace que te conviertas en un ser retraído, cerrado, incapaz de abrirte a nuevas experiencias similares a las acontecidas.

  • Incapacidad de volver a ser feliz.

Puede ser que tengas miedo a ilusionarte o a sentirte bien de nuevo, no vaya a ser que la vida te vuelva a dar otro “susto”. Desde luego, si hay un Dios ahí arriba solamente ha puesto el ojo en ti y definitivamente te ha cogido manía.

  • Resistencia.

Sientes que tu vida es horrorosa y que no te mereces que te haya ocurrido todo aquello. Sigues “peleando” con el mundo, envuelt@ en un sentimiento de rabia e injusticia. Sin duda, la vida de los demás es mucho mejor que la tuya.

Ahora recuerdo que allá por mis 13 o 14 años escuché una conversación entre los “mayores” haciendo inventario de sus dolores y desgracias… ¡A cuál más desdichado! Parecía que hasta competían por ser el peor. Por aquel entonces no podía comprender cómo era posible que no alcanzaran a ver la vida como yo la veía: divertida, excitante, emocionante y llena de cosas por explorar y alcanzar.

Ahora ya de adulta recuerdo esta conversación…, y sí, entiendo por qué se sentían así… porque todo lo que no dejas ir, lo cargas. Y todo lo que cargas… te pesa. Y todo lo que te pesa… ¡termina por hundirte!

“Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la consciencia cósmica a que los reproduzcan tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas, te transforma” Carl Gustav Jung.

Todos hemos vivido y quizá vivamos experiencias desagradables en nuestras vidas. Pero si seguimos llenando la mochila de “agravios vitales” sin resolver, llegará un momento en que esta mochila va a pesar demasiado y no vamos a poder más con ella. Entonces será ella la que pueda con nosotros. Es hora de soltar lastre y… ¡avanzar!

Fuerza y… ¡adelante!

Cuidar de nuestros padres… una tarea compleja

Cuidar de nuestros padres... una tarea compleja

Cuidar de nuestros padres... una tarea compleja

Debido a la multitud de casos que encuentro en mi consulta, hoy quiero hablaros de un tema que no me resulta nada fácil abordar. Aun así considero necesario hacerlo, puesto que la vida de muchas personas resulta afectada por esta problemática. Tanto más compleja cuanto mayor es el nivel de dependencia de los padres que están a su cuidado.

En las antiguas civilizaciones los ancianos eran venerados y muy respetados, ya que en ellos residía la gran sabiduría de la vida. Actuaban como consejeros situándose en un lugar privilegiado, y convirtiéndose así en un gran apoyo para los jóvenes dentro de comunidad.

En nuestra sociedad, los mayores se comportan de forma muy distinta. Quizás al final de nuestra vida se “nos ve el plumero” y nuestros últimos días tienen bastante que ver con el modo en que hemos vivido: el cuidado que le hayamos dado a nuestro cuerpo, a nuestra psique, la gestión de nuestras emociones, el olvido de nuestra parte trascendental o más profunda…

Todo ello junto con la creencia en una vida de sufrimiento y enfermedad, el miedo y el evitamiento de la muerte…, quizá nos hace convertirnos en ancianos enfermos, dependientes y seniles condenados a sufrir regresiones a la infancia, en un intento de huir de nuestro momento presente, y cuyos comportamientos están más cercanos a los de un niño, que a aquellos sabios ancianos de la antigüedad.

Por otro lado, he de decir que es natural y un deber de los padres el cuidar a sus hijos, procurándoles las herramientas necesarias para convertirles en seres independientes y autosuficientes. Pero que los hijos cuiden de los padres… NO es lo natural. Y quiero explicar esta afirmación, ya que entiendo que para algunos puede resultar “chocante”.

Imaginaos si todos nosotros nos viéramos en la situación de tener que sacrificar nuestras vidas en pos del cuidado de nuestros padres. Obviamente, llegaría un momento en el que la supervivencia de la especie estaría en grave peligro.

He encontrado varios casos (de hombres y mujeres), en los que después de haber fallecido sus padres se despertaron un día…, con una edad “madura” y… completamente SOLOS. De repente se dan cuenta de que han sacrificado la creación de su propia familia por cuidar y acompañar a sus padres hasta el final de sus días… Incluso he podido ver casos de “sustitución del cónyuge fallecido”: personas que se comportan con sus padres del modo en que lo haría la pareja desaparecida, o del modo en que ell@s se comportarían con sus parejas.

Dejando a un lado los “edipos” y “electras” del mundo… también hay casos en los que habiendo construido una familia, ésta se coloca en un segundo plano y se deja “a su suerte”, ocasionando verdaderos problemas debido a su desatención.

También hay situaciones en los que son varios los aspectos de la vida que quedan limitados: el desarrollo de la propia familia, el aspecto laboral, sueños personales, etc.

Repito, si estas situaciones fueran lo natural… la vida se extinguiría.

¿Quiere decir esto que debemos abandonar a nuestros padres? ¡¡Por supuesto que no!!

Cada caso es un mundo y debe ser tratado de manera personalizada, pero considero que hay ciertas pautas que podríamos tener en cuenta en estos casos:

  • Lo primero que jamás has de olvidar es que estás aquí para desarrollar tu vida de forma PLENA. Y ni siquiera tus seres más queridos tienen el derecho de arrebatártela. Es más, si te aman deberían apoyarte y no obstruirte… Las relaciones familiares pueden ser tanto o más tóxicas que el resto y, en ocasiones incluso lo más sano es alejarnos, sobre todo si nuestra salud física y/o mental está en riesgo, o nuestra vida de repente se transforma en una carga difícil de llevar.
  • Si tus padres se comportan como niños, tendrás que tratarlos como a niños. Igual que ponemos límites a nuestros pequeños y les decimos que NO para educarlos, del mismo modo tendremos que actuar con nuestros mayores. Cariño, compañía y ayuda… . Sacrificar tu vida… NO.
  • Cuidado con las manipulaciones. Muchas enfermedades y dolencias (incluidas las seniles), pueden ser mecanismos (¡ojo!, en su mayoría inconscientes), para manipular al entorno y tenerlo siempre a disposición. Hazte respetar y te respetarán.
  • No entres en la pena, ni mucho menos en la CULPA. Tus padres eligieron libremente su vida, tomaron sus decisiones y tú no eres responsable de sus consecuencias. Solo eres responsable de las tuyas. Que esa “pena” en todo caso comience por ti. Y en cuanto a la culpa, ten en cuenta que es una de las emociones más tóxicas que puedes llegar a sentir y, sobre todo, la que da vía libre a la manipulación. Cuando un@ se siente culpable, busca siempre un “castigo”, y este puede ser auto infringido en forma de auto sabotajes varios, o a través del otro dejándonos manipular. Entrar en el juego culpa-manipulación-culpa puede ser algo peligroso que termine con tu paz y tu libertad.
  • Cuenta con tus herman@s. Ellos también son sus padres y la tarea debería ser repartida a partes iguales. Porque uno tenga familia, otro no, quizás alguno viva con ellos, etc.,… no tiene que hacerse más o menos cargo. Lo mejor es tener una conversación sincera, y que tod@s entiendan que cada uno tiene derecho a hacer su vida al 100%, independientemente de las circunstancias presentes. El derecho a elegir el futuro debe ser igual para todos.
  • Si eres hij@ únic@ o tus herman@s se desentienden claramente, tendrás que pedir ayuda y/o asesoramiento. Busca información, terapeutas, lugares donde puedas acudir, incluso ayuda de otros familiares, amigos que hayan pasado por tu situación… siempre hay opciones, busca y encontrarás.
  • Esta situación, al igual que cualquier otra de tu vida, te aporta un aprendizaje. No te olvides de preguntarte “para qué” te encuentras en esta circunstancia y disponte a llevar a cabo las acciones que la situación te obligue a realizar. Nada llega a tu vida como una maldición sino como una oportunidad de desarrollo y sanación.
  • Busca el equilibrio, no se trata de darlo todo por tus padres o darlo todo por ti. Habrá ocasiones en las que tengas que colocar tus prioridades por delante, y otras en las que tus padres te llevarán la delantera. Pero ten siempre presente que en el punto medio se encuentra la virtud.
  • Si tienes la posibilidad, intenta comunicarte con tus padres y explicarles la situación y los motivos por los que haces las cosas.

No te dejes llevar por las circunstancias y gestiona esta situación con plena conciencia. Y sobre todo, no te abandones a ti mism@, por no abandonar a tus padres. Estoy segura de que ellos siguen queriendo lo mejor para ti, y en su “sano juicio” comprenderían tu comportamiento.

Paciencia, fuerza y … ¡adelante!

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

Desde lo más sencillo como un par de zapatos, hasta llegar a aspectos significativos como pudieran ser la elección de un lugar donde vivir, un futuro profesional o sentimental…, el tener que elegir entre dos o varias opciones, puede llegar a ser para algunos individuos una situación bastante limitadora, e incluso generadora de gran ansiedad.

Partiremos de algunas de las afirmaciones que he ido escuchando al respecto, para intentar descubrir qué se esconde tras este bloqueo:

  • “Quiero hacerlo tan perfecto y ser tan perfect@… que al final no hago nada”. La mayor parte de las personas indecisas experimentan un alto nivel de exigencia que conlleva un estado permanente de duda y ansiedad, lo cual es lógico ya que es imposible alcanzar la perfección.
  • “No puedo equivocarme”. Pretender que las cosas sean perfectas, quizá esconda cierto grado de inseguridad y falta de auto – confianza. Ésta pudo ser ocasionada en el pasado debido a críticas demasiado duras, quizás fueron niños envueltos en un ambiente demasiado estricto, donde jamás los elogiaron ni reconocieron sus dones y talentos. Cuando únicamente pusieron el “ojo en sus fallos”, el crítico interno fue creciendo junto con el miedo al rechazo. Los niños premiados por ser “buenos”, y castigados por ser “malos”, aprenden que “no son dignos de amor si se equivocan”.
  • “Es mejor que otros tomen las decisiones, prefiero dejarme llevar”. Lo que en principio pudiera suponer un alivio, en el fondo va dejando un sentimiento residual de frustración porque una vez más no han sido capaces de tomar una decisión con seguridad y firmeza, que es lo que en verdad les hubiera gustado hacer. Seguir escapando de esos momentos incómodos dejando que otros los gestionen, les hará sentir cada vez más inseguros y, como una bola de nieve que a su paso va rodeándose de capas y capas, el bloqueo cada vez será más grande con cada nuevo enfrentamiento.
  • “Siempre pienso que las cosas se arreglarán solas, luego pierdo oportunidades por no haber actuado a tiempo”. La madurez, entre otros aspectos, implica tomar plena responsabilidad de nuestros actos y omisiones, así como de las consecuencias que de ellos se derivan. Quizás un exceso de protección experimentado en el pasado por parte de sus cuidadores, les eximió de tener que tomar pequeñas decisiones que, ya en la infancia, suponen pequeños “ensayos” al ponerse en contacto con el aprendizaje que supone la frustración. Esto posibilita como adultos, poder comprender y aceptar que la equivocación forma parte de la vida y del proceso normal de aprendizaje, facilitando el enfrentamiento a decisiones importantes con un adecuado y sano nivel de estrés.
  • “Será lo que tenga que ser”. He observado que en presencia de esta dificultad, muchas personas se refugian en un supuesto destino ineludible. Evitan sentirse protagonistas del suceso, intentando situar la responsabilidad en el destino, en cualquier ente espiritual, en el karma o en cualquier otro aspecto real o irreal que les haga sentir más tranquilos. Una vez más, encontramos cierto rechazo y/o miedo a aceptar responsabilidades.
  • “¿Y si me siento mal?”. También podemos encontrar cierta resistencia a las emociones negativas. Todo ello sigue siendo consecuencia del miedo al rechazo, a la responsabilidad, a la frustración…, y todo ello les sigue anclando a su zona de confort, evitando el riesgo todo lo posible.

Claves para el cambio:

  • Pretender alcanzar la opción perfecta es la primera “imperfección”. Toda decisión tendrá su cuota de pérdida. Valora con la mayor objetividad posible lo que ganas y pierdes con cada opción, pero ten en cuenta que siempre habrá algo que tendrás que dejar atrás o a lo que renunciar. Jamás existirá la opción que reúna la perfección total y absoluta. Puedes pedir a alguna persona de confianza que te ayude profundizar sobre los motivos que tienes para valorar las distintas opciones. Evita preguntar qué haría ella en tu lugar. Es importante que elijas tú mism@.
  • Comienza el entrenamiento con cosas sencillas y ve aumentando la complejidad. Todo el mundo se enfrenta a momentos de dudas e indecisión. No son situaciones agradables pero son pasajeras. Y es un verdadero descanso tomar decisiones de manera firme y segura. Además, cuantas más veces lo hagas, mayor seguridad en ti mismo sentirás.
  • Te recomiendo que pongas fecha a tu decisión, una fecha realista en la que sepas que no vas a perder una posible oportunidad.
  • Tienes derecho a equivocarte y además, es bueno para ti que lo hagas. Te darás cuenta de que no pasa nada, que habrás aprendido algo valioso y que tú mism@ sigues siendo valios@ aunque cometas errores… ¿dejarías de apreciar a un ser querido porque se equivoque? O ¿admirarías su coraje al actuar, equivocarse, fortalecerse, aprender y rectificar las veces que sean necesarias hasta alcanzar la meta que persigue?
  • Despide a tu crítico interno. Cuando te descubras juzgándote por haber hecho algo incorrecto, aprieta el botón “off”. Piensa qué le dirías a un amigo en el caso de encontrarse en tu situación. Recuerda siempre que tú eres tu mejor amig@, comienza a tratarte como tal.
  • No tomar una decisión también es una decisión. Aunque consigas evadirte y dejes a los demás, al destino o a la vida que decida por ti, también estás perdiendo y renunciando a algo. Valora el no tomar una decisión como otra opción más, con la consiguiente responsabilidad sobre las consecuencias. Ten en cuenta además, que en este caso habrás perdido algo más: una pequeña cuota de seguridad y confianza en ti mism@ al evitar el enfrentamiento.
  • La vida es un riesgo en sí misma. Piensa qué sería de la humanidad si nadie hubiera tomado ningún riesgo, si nadie se hubiera equivocado jamás. La zona de confort en realidad no es tan confortable, sólo es conocida… nada más. La naturaleza humana es curiosa y se dirige siempre hacia el deseo de mejorar su estado actual, hacia la evolución. La “seguridad” es una fantasía. Piensa que cualquier circunstancia imprevista también te puede arrebatar igualmente esa zona de confort.
  • Confía en ti, y en que sabrás gestionar los resultados de tu decisión. Piensa en los errores de tu pasado, en lo que aprendiste y en lo importantes que fueron para llegar a este momento. Dar la “vuelta al calcetín” te ayudará a sentir más seguridad de cara al futuro.
  • Piensa menos y siente más. Aprende a tomar decisiones prestando atención a las sensaciones de tu cuerpo. Entre éste y tu subconsciente hay una comunicación clara y directa, únicamente obstaculizada por tu mente y tus pensamientos. Valora racionalmente las opciones, los pros y los contras, y después pide respuestas a tu cuerpo. Siempre habrá alguna opción que te haga sentir mejor.

Fuerza y ¡adelante!

Mi día libre de pensamientos positivos

Mi día libre de pensamientos positivos

Mi día libre de pensamientos positivos

En un momento de furor de la psicología positiva y los pensamientos ídem, parece fuera de lugar tener un día o, ni siquiera un instante, en el que podamos ejercer nuestro derecho a sentirnos mal…

Por si no tuviéramos bastante con toda la presión cultural y social: ser un buen profesional, tener éxito, dinero, viajar…, ser buen padre/madre, amigo, hijo…, tener la salud perfecta, la pareja perfecta, la familia feliz, una imagen impecable…

Por si todo esto no fuera suficiente…, además tenemos que estar siempre alegres y agradecidos, ser compasivos y comprensivos, amarnos mucho, aceptar todo lo que ocurre, no juzgar a nada ni a nadie, ser valientes, empáticos, buscar la felicidad en nuestro interior, sentirnos en paz, perdonar a todo y a todos, trascender el ego

Ufff, ¡qué estrés!

Sinceramente, hay días en los que me apetece pegar cuatro patadas a todos los libros de crecimiento personal, coaching y psicología positiva que me encuentro, y convertirme en una asesina en serie, en un alma en pena o en una loca de atar.

Pues sí…, a veces me siento triste, insegura, tengo miedo, me enfado y grito, me equivoco y me siento mal por ello, no tengo dinero y me molesta, tengo mil dudas, no aguanto a mi jefe y le daría una patada en la espinilla, me enfado con mi madre, me enfado con el mundo y pienso que la vida es injusta (por no decir “una mierda”).

Pues sí…, tengo días en los que cogería “los trastos” y dejaría todo y a todos para largarme muy muy lejos, cambiarme de nombre y raparme el pelo al cero.

Si no tuviera un EGO con todo lo que ello implica… quizás viviría en otra dimensión, quizá con un aura dorada… quizá con alas gigantes…, quizá sintiendo paz y amor infinitos.

Pero resulta que tengo un cuerpo físico que duele y se enferma, que envejece y tiene sus límites.

Resulta que tengo una mente más o menos desordenada con un montón de programas inconscientes que puedo tardar mil vidas en descubrir.

Resulta que tengo emociones muy feas que me resulta incómodo expresar en este mundo “políticamente correcto”.

Resulta que soy humana…

Y también soy todo esto… al igual que tú.

Y de vez en cuando, en el ejercicio de mi libertad… reivindico el derecho a vivir… ¡MI DÍA LIBRE DE PENSAMIENTOS POSITIVOS!

¿Te apuntas?

La delgada línea entre «aceptar lo que es» y «evadir los problemas»

La delgada línea entre "aceptar lo que es" y "evadir los problemas"

La delgada línea entre "aceptar lo que es" y "evadir los problemas"

«Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia» Reinhold Niebuhr

Sí, es cierto, somos seres humanos… imperfectos. Exigirnos en exceso y buscar constantemente la perfección puede hacernos vivir en un sufrimiento constante. Siempre habrá momentos en los que sintamos miedo, inseguridad, dudas… Nos equivocaremos muchas veces y es fundamental aprender a perdonarnos y a querernos a pesar de todo ello. Aplicar ciertas dosis de auto indulgencia es un mecanismo necesario para alcanzar una sana autoestima.

Sin embargo, situarnos en el otro extremo puede llegar a ser igualmente dañino y auto destructivo. Aceptarse significa ser consciente de que es imposible alcanzar la perfección. Pero prestemos atención ante alguna característica en nuestra personalidad o un comportamiento que genere consecuencias del tipo:

  • Nos hace sufrir en algún aspecto de nuestra vida.
  • Hace sufrir a personas de nuestro entorno.
  • Nos crea situaciones problemáticas.
  • Conlleva pérdidas de algún tipo: personas importantes para nosotros se alejan de nuestra vida, pérdida de empleo, de oportunidades, incapacidad de mantener relaciones afectivas sanas, etc.

En este caso ya no estamos ante un rasgo de nuestra personalidad que debamos aceptar y/o que los demás tengan que aceptar en nosotros. En este caso lo que deberíamos aceptar es que tenemos un asunto que resolver.

Esta falsa auto aceptación es muy frecuente detrás de una típica frase: «es que yo soy así y no puedo cambiar», mientras que en el fondo lo que subyace es una gran resistencia al cambio y una incapacidad para enfrentarse y resolver el verdadero problema.

Lo cierto es que todos nuestros comportamientos son aprendidos y elegidos. No nacimos «así«…, siempre podemos elegir cambiar determinados aspectos, y debemos hacerlo cuando el modo de comportarnos en cuestión genera sufrimiento y situaciones indeseadas (para ti o para las personas que te rodean). Insistir en tapar lo que está suponiendo un problema en nuestras vidas…, pensar que se resolverá solo como por arte de magia…, puede dificultarnos en alto grado nuestro camino. Los problemas no desaparecen porque «miremos para otro lado», más bien ocurre al contrario: cuanto más insistamos en negarlos, más grandes se harán con el paso del tiempo.

Si la Vida te pone delante cualquier tipo de inconveniente no es porque quiera ensañarse contigo, tómalo como un reto, una oportunidad para subir un escalón en tu crecimiento y evolución. Deja de parapetarte tras un falso «todo está bien en mí, yo soy así», «es el mundo el que está en mi contra», y ponte manos a la obra. Las situaciones conflictivas que constantemente te rodean, son un reflejo de un conflicto que aún no has resuelto en tu interior. Si crees que no puedes tú sol@… busca ayuda, para eso estamos los profesionales.

La Vida es un continuo reinventarse, y para hacerlo no queda más remedio que desprenderse de todos aquellos comportamientos que aprendiste en el pasado y que ahora ya están caducos y obsoletos. Termina con lo que ya no sirve y ¡DECÍDETE A BRILLAR! ¡Será entonces cuando tu Vida BRILLE CONTIGO!

Fuerza y ¡ADELANTE!

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

Hace unos días un amigo me contaba que quería hacer un cambio laboral y ante varias alternativas no sabía cuál elegir, ya que ninguna de ellas le “llenaba” lo suficiente. Esta cuestión le estaba tomando meses y meses sin entrar en acción. En ese momento mis pensamientos marchaban a mil por hora y me surgieron varias preguntas:

¿Por qué esa opción tenía que ser “perfecta”? ¿Por qué tenía que tenerlo tan, tan claro para lanzarse? ¿Y por qué le daba tanta importancia a la cuestión de elegir?

Y después de hacerle estas preguntas, surgió en mi mente una reflexión: nos educaron para elegir una profesión con una edad en la que apenas sabemos quiénes somos, ni mucho menos lo que queremos. Es absurdo pensar que con 15 o 20 años vamos a tener los mismos gustos, deseos y anhelos que tendremos con 40 o 60. Siempre estamos cambiando y en continua interacción con el mundo que nos rodea, que a su vez cambia constantemente. Quizá lo más lógico sería cambiar de profesión una, o incluso dos veces, a lo largo de nuestra vida.

De alguna manera, hemos sido educados para tomar decisiones que duren “toda la vida” (un trabajo para toda la vida, una pareja para toda la vida…), y probablemente este sea uno de los motivos por los que nos cuesta tanto elegir y por el que tenemos tanto miedo a equivocarnos. También ésta puede ser una de las razones de que busquemos la “perfección” para entrar en acción. Esperamos que llegue la “idea perfecta”, “el trabajo perfecto”, “la profesión ideal”, “la pareja perfecta”, “las condiciones perfectas”, etc. Y mientras esperamos que llegue todo eso tan perfecto e ideal se nos pasa la vida dejando escapar una oportunidad tras otra.

Es lógico pensar que no exista nada tan PERFECTO que lo sigamos queriendo y deseando durante el resto de nuestra vida.

Sí, estoy de acuerdo en que todas las decisiones que tomamos tienen consecuencias y es nuestra responsabilidad valorarlas y tenerlas en cuenta. Pero piensa que a excepción de unas pocas… casi todas nuestras decisiones ¡¡SE PUEDEN CAMBIAR!! Siempre tienes derecho a cambiar de opinión. Es tu vida y sólo tú decides sobre ella. Además, en muchas ocasiones y hasta que no vivimos realmente una situación, no sabremos si es la correcta, cómo nos sentiremos… ni qué resultados tendrá.

Olvida el concepto de “fracaso”, pues en cualquier caso habrás comprobado y tendrás claro lo que ya NO quieres. El fracaso siempre será no haberlo intentado.  Creo que es hora de quitar hierro y presión a un montón de dilemas existenciales (y no tan existenciales).

Guíate por tu intuición…, por lo que has aprendido hasta el momento y coloca encima de la mesa las opciones disponibles.  Piensa en cada una de ellas y visualiza cómo sería tu vida viviendo cada una de ellas. Elige la que mejor te haga sentir, teniendo en cuenta que no ha de ser para siempre y que, en cualquier caso, te aportará una experiencia valiosa.

Deja de ir «de puntillas» y de esperar a la opción “PERFECTA” porque nunca llegará… ¡lánzate con lo que ahora tienes delante! La vida pasa muy rápido y se lleva con ella cada oportunidad perdida… No te quedes pensando en «qué hubiera pasado si…». Una cosa está clara: si no te pones en marcha y pruebas… jamás lo sabrás…

Un abrazo infinito,

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