Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

¿Por qué el estrés me hace engordar?

Si el título de este artículo ha llamado tu atención, probablemente te ha ocurrido algo similar… o bien conoces a alguien a quien parece ser que en determinados momentos de la vida, hasta un «vaso de agua le ha podido llegar a engordar”.

Es cierto…, esto puede ocurrir. Y para llegar a comprenderlo, primeramente haremos un pequeño apunte sobre este estado al que llamamos “estrés”, las posibles causas que lo desencadenan, y lo que ocurre en nuestro organismo cuando se encuentra bajo este estado.

¿Qué situaciones pueden originar un estado de “estrés”?

  • Problemas laborales y económicos.
  • Problemas familiares.
  • Pérdidas y duelos.
  • Enfermedad.
  • Cambios de vida: mudanzas, tener un hijo, divorcio, etc.
  • Noticias inesperadas.
  • Falta de tiempo.
  • Miedos, fobias.

¿Cómo reacciona nuestro cuerpo ante el estrés?

Creemos que hemos avanzado mucho en nuestra evolución pero, por el contrario, nuestra biología responde exactamente igual que lo haría un “hombre de las cavernas”. Es decir, nuestra mente interpreta que vive una situación de peligro o amenaza, y nuestro cuerpo comienza a funcionar como si realmente un león estuviera a punto de devorarnos, es decir, se prepara para luchar… o para huir.

Y es entonces cuando una cascada de reacciones fisiológicas comienzan a producirse, como consecuencia de determinados cambios hormonales. El hipotálamo estimula la producción en las glándulas suprarrenales de las denominadas “hormonas del estrés”: ADRENALINA y CORTISOL, con el objetivo de aumentar la energía y la fuerza muscular. La sangre se dirige hacia aquellas partes de nuestro cuerpo que la necesitan más, es decir, nuestra musculatura dinámica. Aumenta la frecuencia cardíaca, la respiración se acelera y el cerebro aumenta su estado de alerta, agudizándose nuestros sentidos. Por otro lado, la sangre se retira de aquellos lugares donde no es tan “necesaria” como la zona genital y el aparato digestivo.

Esta situación fisiológica que experimentamos ante una amenaza momentánea tiene un sentido biológico de supervivencia. Y es lógico recuperar la normalidad cuando esta situación desaparece. Sin embargo, en nuestra vida no solemos encontrar muchos “leones en el camino”, sino que nuestro estrés actual suele acaecer en situaciones que se alargan en el tiempo a las que, en consecuencia, hemos de sumar determinadas implicaciones emocionales.

¿Por qué el estrés nos hace engordar?

Como explicaba anteriormente, en un estado de estrés el aparato digestivo no está en su pleno rendimiento. Las digestiones no se van a realizar de manera óptima, los procesos de eliminación, tanto a nivel renal como intestinal, estarán alterados. Todo esto ya nos dará una pauta clara de que los nutrientes que ingerimos no van a ser procesados de manera correcta.

Por otro lado, el inconsciente y su respuesta biológica tiene un gran valor añadido en todo este proceso. Como bien explica Salomón Sellam en su libro “Sobrepeso y Obesidad”, cuando nuestro inconsciente detecta una situación de peligro, reacciona en modo “supervivencia”; si me siento en “peligro de muerte” lo principal que necesitaré para sobrevivir es AGUA. Esto se traduce en una vasoconstricción a nivel renal, que tendrá como consecuencia una retención de líquidos. Por otro lado, con el objetivo de protegernos del peligro y tener reservas suficientes… nuestro organismo tenderá a GUARDAR toda la GRASA que pueda.

En esta situación, es fácil adivinar que hasta un simple vaso de agua nos puede llegar a «engordar». Si a todo esto le añadimos la compulsión de comer derivada de la ansiedad, ya tenemos el cuadro perfecto que relaciona el estrés con un aumento de peso.

En muchas ocasiones, por tanto, el tratamiento va más allá de una dieta de adelgazamiento, ya que ésta NO será efectiva sin que previamente se solucione el problema que está originando la aparición del sobrepeso. La solución del verdadero conflicto tendrá como consecuencia una recuperación de la normalidad en el funcionamiento de nuestro organismo.

Olvida por el momento las dietas, ya que sólo serán origen de frustración y todo ello contribuirá a seguir aumentado la «bola de nieve» del sobrepeso como una «pescadilla que se muerde la cola»…

Es tiempo de poner remedios eficaces… ¡A por ello!

Fuerza y… ¡adelante!

Psicología Transpersonal, qué es y en qué puede ayudarte

“Ningún problema puede ser resuelto en el mismo nivel de conciencia en que fue creado” Albert Einstein.

Es una rama de la Psicología que comprende el desarrollo personal y el potencial del individuo, facilitando la conexión con su parte trascendental, y favoreciendo la ampliación de su consciencia. Es una corriente que trata de aunar la psicología tradicional con la cultura oriental.

El prefijo “Trans” significa “a través de” o “más allá”, mientras que el término “personal” hace alusión a la persona, lo que comúnmente denominamos nuestra personalidad o nuestro “yo”.

Por tanto, todo lo relativo a lo Transpersonal, sitúa la mirada hacia una perspectiva que va más allá de nuestra personalidad, en busca de nuestro Ser esencial, nuestra verdadera naturaleza. Transpersonal es otra forma de nombrar lo «espiritual«.

Abraham Maslow, Stanislav Grof y Ken Wilber impulsaron esta corriente psicológica a través de sus estudios y experiencias.

Esta corriente trata de reconectar al individuo con su verdadera identidad facilitando la auto – observación. El “darse cuenta”…, el ser capaz de observar la información que existe a nivel inconsciente, posibilita el poder transformar patrones (modos de pensar y actuar) que hasta ese momento eran automáticos, abriendo la mente a nuevas opciones de comportamiento. De este modo, somos capaces de transformar nuestra vida eligiendo la forma en la que queremos vivirla.

Ampliar nuestra consciencia, supone «poner luz» a todos aquellos patrones y creencias inconscientes que se interponen entre lo que somos y lo que «queremos SER». No se trata de eliminar al ego…, por el contrario si somos capaces de observarlo, podemos construirlo en base a nuestras necesidades. Es fundamental aprender a elaborar un ego sólido, fuerte y sano para poder manejarnos en el mundo.

En qué puede ayudarte

  • Autorrealización y crecimiento personal
  • Gestión de las emociones.
  • Duelos y pérdidas.
  • Crisis, pérdida de rumbo y sentido.
  • Relaciones de pareja y familiares.
  • Miedos e inseguridades.
  • Recuperación de la autoestima.

Acercarte a lo transpersonal supone comenzar a experimentar lo que en verdad ERES

Mi abrazo infinito,

Transforma tu vida con E.F.T.

“La causa de todas las emociones negativas es un desequilibrio en el sistema energético corporal”. Gary Craig.

Al igual que la sangre circula por nuestro organismo a través de los vasos sanguíneos, del mismo modo circula nuestra energía o CHI a través de unos canales energéticos llamados meridianos, estudiados por la medicina china desde hace milenios, y tratados a través de distintas técnicas como la acupuntura.

Cuando experimentamos un suceso que nos ocasiona dolor emocional, nuestro sistema energético queda bloqueado por unos instantes y, aunque más tarde la energía vuelve a fluir, ese dolor deja una especie de “marca” o “señal” que permanece a lo largo del tiempo.

Cualquier recuerdo consciente o inconsciente de aquel suceso, origina en el presente las mismas emociones negativas que acontecieron con aquella experiencia.  Son emociones que han quedado estancadas.

Con E.F.T. (Emotional Freedom Techniques – Técnicas para la Liberación Emocional), llevamos a cabo un protocolo llamado TAPPING que consiste en realizar una digitopuntura (“golpecitos”) en distintos puntos de algunos meridianos energéticos, mientras permanecemos enfocados en las emociones negativas que queremos disolver. El resultado es el restablecimiento del flujo energético que había quedado estancado y la liberación de la emoción asociada. Podemos seguir recordando la experiencia, vivir sucesos similares en el presente, pero la diferencia es que ya no despierta en nosotros aquellas emociones negativas.

¿En qué puede ayudarte?

  • Recuerdos y estrés postraumático.
  • Miedos y fobias.
  • Adicciones y compulsiones.
  • Alivio de dolores crónicos y psicosomáticos.
  • Estados depresivos, ansiedad, estrés, tristeza, ira, culpabilidad…
  • Insomnio.
  • Inseguridad, timidez.
  • Mejora del rendimiento laboral y deportivo.
  • Mejora de la autoimagen y autoestima.
  • Mejora de las relaciones.
  • Recuperación del poder personal.

Sin duda, es una gran herramienta que puede facilitarnos el camino hacia un mayor bienestar… ¿A qué esperas para probarla?

Mi abrazo infinito,

¡Cambia tus creencias con PSYCH-K®!

Podría definir a PSYCH-K® como una técnica que nos facilita el camino hacia nuestros propósitos.

Aunque creamos que las decisiones que tomamos en nuestra vida son totalmente conscientes, únicamente entre el 3 y el 5% lo son verdaderamente. El resto (95-97%) pertenece al vasto reino del subconsciente, lugar donde se sitúa esa parte desconocida de nuestra psique, y que es la verdadera responsable de nuestro comportamiento y, por tanto, de nuestras decisiones vitales.

La vida que estamos experimentando en cualquiera de sus aspectos está directamente condicionada por nuestras creencias. Éstas se estructuran en los primeros años de nuestra vida (incluyendo el período intrauterino), y establecen lo que somos, cómo nos sentimos y el mundo en el que nos desenvolvemos. Como hemos visto, la gran mayoría son inconscientes…

Así que por más que deseemos y trabajemos con la totalidad de nuestra mente consciente en la persecución de un objetivo, si existen creencias subconscientes que se oponen al mismo… el resultado siempre será el que probablemente ya conozcas: la repetición constante e indeseada del mismo fenómeno de fracaso y auto sabotaje.

Este es uno de los motivos por el que los pensamientos positivos, por sí solos, no puede ser capaces de transformar nuestras vidas. Tampoco la acción resulta eficaz si nuestra mente consciente tiene una información que no es coherente con lo que se encuentra en la mente subconsciente.

¡¡¡Y es aquí donde actúa PSYCH-K®!!!

Con esta técnica somos capaces de crear un estado de cerebro integrado en el cual, los dos hemisferios de nuestro córtex cerebral se activan simultáneamente. Este estado nos permite instalar las creencias que deseamos adquirir y que nos facilitan esa coherencia que deseamos alcanzar para dirigirnos a nuestras metas de manera segura y eficaz.

¿En qué puede ayudarte?

  • Crear relaciones sanas a nivel sentimental, familiar y laboral.
  • Mejorar tu vida laboral y tus ingresos.
  • Trabaja sobre miedos y fobias: volar, hablar en público, etc.
  • Control de peso y adicciones.
  • Estados anímicos como ansiedad, estrés, tristeza, crisis, pérdidas, etc.
  • Elevar tu seguridad y autoestima.
  • Recuperar tu poder personal.
  • Aumentar tu nivel de energía y vitalidad.

¡No estás supeditado a tus creencias… puedes ELEGIRLAS!

Mi abrazo infinito,

Cuando nos olvidamos de sentir…

Piensa y responde sinceramente a la siguiente pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te dedicaste a SENTIR?

Posiblemente, tu primera respuesta ante esta pregunta es “hoy mismo”, o “ayer”… pero presta atención y vuelve a leer la pregunta. ¿De verdad te tomas el tiempo para sentir?

Sinceramente… en mi caso, que soy una mujer sensible y “sentida”… a veces no me tomo el tiempo de sentir. Y eso que estoy acostumbrada a manejarme con mis emociones y a gestionarlas… Y sí, a menudo emprendo la “huida” porque, o bien no tengo tiempo material, o bien me da pereza sentirme “mal” y busco caminos alternativos (pensamientos positivos) para continuar con mi día sin que esas emociones me interfieran nada más que lo justo.

Y esto es lo que solemos hacer tod@s con mayor frecuencia.

Hasta que llega un día en el que las emociones te “atrapan” y se llevan consigo toda la fuerza y la energía que has empleado en ignorarlas. Y entonces llega el momento… ¡toca SENTIR!

Cuando le pido a un paciente que se centre en lo que siente, lo primero que hace es RACIONALIZAR la emoción. Ante la pregunta… ¿qué sientes?, la respuesta suele ser una explicación de algo que le gustaría hacer o decir, una interpretación determinada, incluso una justificación, frases tremendamente elaboradas, etc. Casi siempre es necesario volver a hacer la pregunta… “ya, pero ¿y eso cómo te hace sentir”?… ¿y dónde lo sientes? ¿Lo puedes describir con una única palabra, una sensación, un color?… Las emociones se sienten SIEMPRE en el CUERPO, no se piensan con la MENTE. Incluso a veces no hace falta que sepamos cómo se llama la emoción de la que se trata, pero sí sabemos dónde se sitúa, si es una sensación de ahogo, de presión, de calor. Y sólo entonces, cuando prestamos la debida atención podemos definir lo que sentimos: angustia, tristeza, pena, miedo, etc.

¿Por qué es necesario sentir?

Vivimos tanto tiempo en nuestra mente que nos olvidamos de que tenemos un cuerpo. Y es aquí donde “viven” nuestras emociones. Huir de ellas no hará que desaparezcan, por el contrario, pasarán a quedarse “enquistadas”, obstaculizando el flujo de energía… lo que más tarde se traducirá en un síntoma físico o mental. El cuerpo llama nuestra ATENCIÓN, a través de las EMOCIONES, pero estamos tan invadidos por la racionalidad, con toda nuestra energía centrada en la mente… que solamente prestamos atención a nuestro cuerpo cuando se enferma, cuando nos duele, cuando nos “grita”. Y entonces la respuesta rápida es buscar la “pastilla milagrosa”.

De esta forma pasamos la vida llenando la “mochila” de asuntos sin resolver. Más tarde, en el camino hacia nuestra madurez, decimos que tenemos “achaques” o que es “cosa de la edad” sufrir Alzheimer o cualquier tipo de enfermedad … cuando envejecer NO tendría que ser sinónimo de ESTAR ENFERMO. Y sí, tod@s tenemos que morir pero ¿por qué no hacerlo en plenas facultades físicas y mentales? ¿Por qué no hacerlo con consciencia? ¿Por qué no hacerlo con verdadera DIGNIDAD?

¿Y qué podemos hacer?

Te recomiendo que busques un par de horas semanales sólo para ti.

Lleva a cabo un recorrido de los momentos más difíciles de la semana, sobre todo aquellos en los que experimentaste estallidos emocionales que no pudiste resolver al momento.

Vuelve a situarte en ese instante y RE-VIVE las sensaciones. Ahora deja de “protestar” y sólo presta atención a tu cuerpo. Recuerda las preguntas: ¿Dónde lo sientes? ¿Qué sensación tienes? ¿Qué temperatura? ¿Qué color? ¿Qué forma? ¿Llega algún recuerdo? La intención es darle la debida atención a esa emoción… la que está debajo de todos tus “bla, bla, bla” mentales.

Una vez localizada… SIÉNTELA… con toda la intensidad de la que seas capaz. Llora, enfádate, muévete, salta, deja que tu cuerpo se retuerza y se EXPRESE como le dé la gana hacerlo. Suelta, suelta, suelta… quédate y observa.

Pasados unos minutos, notarás que la emoción se va calmando, la intensidad va disminuyendo y poco a poco desaparece… Si observas otra emoción distinta, vuelve a repetir el proceso.

Te darás cuenta de que tu cuerpo está mucho más suelto, relajado…, y un sentimiento de PAZ comenzará a brotar… la emoción ha sido liberada. Será entonces el momento idóneo de utilizar tu mente y pasar a COMPRENDER el por qué de esa emoción: ¿Qué es lo que la origina? ¿Qué podrías hacer para solucionarlo? ¿Qué necesitas cambiar en ti o en tu vida? ¿Puedes hacerlo a solas o quizá necesitas ayuda?

Elabora una SOLUCIÓN y pasa a la ACCIÓN.

Realizar este proceso a menudo te mantendrá “al día”…, dejarás de acumular asuntos y más asuntos, tu energía fluirá libremente y eso se traducirá en un mayor BIENESTAR.

Y…. ¿no es eso lo que constantemente buscamos?

Mi abrazo infinito,

Es hora de soltar lastre y… ¡avanzar!

El dolor es natural e inherente al ser humano. Procede del inventario de pérdidas que sufrimos a lo largo de nuestras vidas, y también a consecuencia de las interpretaciones que hacemos sobre lo que observamos en nuestra experiencia vital. Sea como sea y proceda de donde proceda debemos darle cabida y salida, comprendiendo que su aparición en nuestras vidas tiene un propósito y un sentido

Sin embargo, a veces ocurre que no sabemos gestionarlo y pasa a quedarse “enquistado”, pudiendo ocasionar el padecimiento de enfermedades y síntomas físicos por un lado; o el ingreso a un progresivo estado mental de continuo malestar. En este caso ya no hablamos de dolor: el sufrimiento ha hecho acto de presencia en nuestra vida.

¿Cómo puedes detectar que tu vida se ha quedado anclada en el sufrimiento?

  • Amargura.

Vives el día a día con normalidad, pero siempre hay en ti un trasfondo de tristeza. Hay una sensación de angustia y malestar latente, que puede emerger ante cualquier contratiempo de la vida diaria, elevando ese nivel de malestar a una intensidad que es desproporcionada con respecto al suceso que estás experimentando en el presente.

  • Victimismo y queja.

En tus conversaciones es frecuente sacar a colación los motivos de tu sufrimiento. Para ti son razones “de peso”, incluso a veces puedes llegar a considerarte un ser desgraciado y susceptible de lástima. Por otro lado, todas las soluciones que te proponen jamás te sirven. Te niegas a recibir ayuda porque sientes que tus motivos son importantes y muy reales para sentirte como te sientes. Y ante eso… “no se puede hacer nada”.

  • Aislamiento.

En el extremo contrario de la queja, quizá tiendes a poner distancia entre tu persona y el resto del mundo. La actitud de victimismo es la misma, solo que no la expresas. En ambos casos la persona está pendiente únicamente de sí misma, concediéndose excesiva importancia y situándose en el ombligo del mundo como la más desgraciada. En este caso, tampoco pides ayuda por “no molestar”, incluso crees que no la necesitas o que lo que te digan no te hará sentir mejor.

  • Pesimismo.

Eres incapaz de sentirte bien con todo lo bueno que hay en tu vida en este momento. Sí, eres capaz de enumerar todas las cosas positivas, pero no son suficientes para hacerte sentir bien… las negativas tienen un enorme peso y son mucho más importantes para ti.

  • Tu mente está en el pasado.

Muchas de las razones de tu malestar se encuentran en el pasado. Pérdidas, rupturas, etc., que hace años que ocurrieron y siguen activas en tu mente como el primer día.

  • Pérdida de rumbo.

No tienes claro lo que deseas en tu futuro y/o no hay nada que te motive. No encuentras un propósito o la esperanza te ha abandonado.

  • Miedos.

La mala gestión de tus situaciones dolorosas del pasado te han hecho mirar hacia el futuro con temor, ante la posibilidad de que te vuelva a ocurrir lo mismo. El miedo es un recuerdo de dolor que se proyecta al futuro. Esto hace que te conviertas en un ser retraído, cerrado, incapaz de abrirte a nuevas experiencias similares a las acontecidas.

  • Incapacidad de volver a ser feliz.

Puede ser que tengas miedo a ilusionarte o a sentirte bien de nuevo, no vaya a ser que la vida te vuelva a dar otro “susto”. Desde luego, si hay un Dios ahí arriba solamente ha puesto el ojo en ti y definitivamente te ha cogido manía.

  • Resistencia.

Sientes que tu vida es horrorosa y que no te mereces que te haya ocurrido todo aquello. Sigues “peleando” con el mundo, envuelt@ en un sentimiento de rabia e injusticia. Sin duda, la vida de los demás es mucho mejor que la tuya.

Ahora recuerdo que allá por mis 13 o 14 años escuché una conversación entre los “mayores” haciendo inventario de sus dolores y desgracias… ¡A cuál más desdichado! Parecía que hasta competían por ser el peor. Por aquel entonces no podía comprender cómo era posible que no alcanzaran a ver la vida como yo la veía: divertida, excitante, emocionante y llena de cosas por explorar y alcanzar.

Ahora ya de adulta recuerdo esta conversación…, y sí, entiendo por qué se sentían así… porque todo lo que no dejas ir, lo cargas. Y todo lo que cargas… te pesa. Y todo lo que te pesa… ¡termina por hundirte!

“Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la consciencia cósmica a que los reproduzcan tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas, te transforma” Carl Gustav Jung.

Todos hemos vivido y quizá vivamos experiencias desagradables en nuestras vidas. Pero si seguimos llenando la mochila de “agravios vitales” sin resolver, llegará un momento en que esta mochila va a pesar demasiado y no vamos a poder más con ella. Entonces será ella la que pueda con nosotros. Es hora de soltar lastre y… ¡avanzar!

Fuerza y… ¡adelante!

Cuidar de nuestros padres… una tarea compleja

Debido a la multitud de casos que encuentro en mi consulta, hoy quiero hablaros de un tema que no me resulta nada fácil abordar. Aun así considero necesario hacerlo, puesto que la vida de muchas personas resulta afectada por esta problemática. Tanto más compleja cuanto mayor es el nivel de dependencia de los padres que están a su cuidado.

En las antiguas civilizaciones los ancianos eran venerados y muy respetados, ya que en ellos residía la gran sabiduría de la vida. Actuaban como consejeros situándose en un lugar privilegiado, y convirtiéndose así en un gran apoyo para los jóvenes dentro de comunidad.

En nuestra sociedad, los mayores se comportan de forma muy distinta. Quizás al final de nuestra vida se “nos ve el plumero” y nuestros últimos días tienen bastante que ver con el modo en que hemos vivido: el cuidado que le hayamos dado a nuestro cuerpo, a nuestra psique, la gestión de nuestras emociones, el olvido de nuestra parte trascendental o más profunda…

Todo ello junto con la creencia en una vida de sufrimiento y enfermedad, el miedo y el evitamiento de la muerte…, quizá nos hace convertirnos en ancianos enfermos, dependientes y seniles condenados a sufrir regresiones a la infancia, en un intento de huir de nuestro momento presente, y cuyos comportamientos están más cercanos a los de un niño, que a aquellos sabios ancianos de la antigüedad.

Por otro lado, he de decir que es natural y un deber de los padres el cuidar a sus hijos, procurándoles las herramientas necesarias para convertirles en seres independientes y autosuficientes. Pero que los hijos cuiden de los padres… NO es lo natural. Y quiero explicar esta afirmación, ya que entiendo que para algunos puede resultar “chocante”.

Imaginaos si todos nosotros nos viéramos en la situación de tener que sacrificar nuestras vidas en pos del cuidado de nuestros padres. Obviamente, llegaría un momento en el que la supervivencia de la especie estaría en grave peligro.

He encontrado varios casos (de hombres y mujeres), en los que después de haber fallecido sus padres se despertaron un día…, con una edad “madura” y… completamente SOLOS. De repente se dan cuenta de que han sacrificado la creación de su propia familia por cuidar y acompañar a sus padres hasta el final de sus días… Incluso he podido ver casos de “sustitución del cónyuge fallecido”: personas que se comportan con sus padres del modo en que lo haría la pareja desaparecida, o del modo en que ell@s se comportarían con sus parejas.

Dejando a un lado los “edipos” y “electras” del mundo… también hay casos en los que habiendo construido una familia, ésta se coloca en un segundo plano y se deja “a su suerte”, ocasionando verdaderos problemas debido a su desatención.

También hay situaciones en los que son varios los aspectos de la vida que quedan limitados: el desarrollo de la propia familia, el aspecto laboral, sueños personales, etc.

Repito, si estas situaciones fueran lo natural… la vida se extinguiría.

¿Quiere decir esto que debemos abandonar a nuestros padres? ¡¡Por supuesto que no!!

Cada caso es un mundo y debe ser tratado de manera personalizada, pero considero que hay ciertas pautas que podríamos tener en cuenta en estos casos:

  • Lo primero que jamás has de olvidar es que estás aquí para desarrollar tu vida de forma PLENA. Y ni siquiera tus seres más queridos tienen el derecho de arrebatártela. Es más, si te aman deberían apoyarte y no obstruirte… Las relaciones familiares pueden ser tanto o más tóxicas que el resto y, en ocasiones incluso lo más sano es alejarnos, sobre todo si nuestra salud física y/o mental está en riesgo, o nuestra vida de repente se transforma en una carga difícil de llevar.
  • Si tus padres se comportan como niños, tendrás que tratarlos como a niños. Igual que ponemos límites a nuestros pequeños y les decimos que NO para educarlos, del mismo modo tendremos que actuar con nuestros mayores. Cariño, compañía y ayuda… . Sacrificar tu vida… NO.
  • Cuidado con las manipulaciones. Muchas enfermedades y dolencias (incluidas las seniles), pueden ser mecanismos (¡ojo!, en su mayoría inconscientes), para manipular al entorno y tenerlo siempre a disposición. Hazte respetar y te respetarán.
  • No entres en la pena, ni mucho menos en la CULPA. Tus padres eligieron libremente su vida, tomaron sus decisiones y tú no eres responsable de sus consecuencias. Solo eres responsable de las tuyas. Que esa “pena” en todo caso comience por ti. Y en cuanto a la culpa, ten en cuenta que es una de las emociones más tóxicas que puedes llegar a sentir y, sobre todo, la que da vía libre a la manipulación. Cuando un@ se siente culpable, busca siempre un “castigo”, y este puede ser auto infringido en forma de auto sabotajes varios, o a través del otro dejándonos manipular. Entrar en el juego culpa-manipulación-culpa puede ser algo peligroso que termine con tu paz y tu libertad.
  • Cuenta con tus herman@s. Ellos también son sus padres y la tarea debería ser repartida a partes iguales. Porque uno tenga familia, otro no, quizás alguno viva con ellos, etc.,… no tiene que hacerse más o menos cargo. Lo mejor es tener una conversación sincera, y que tod@s entiendan que cada uno tiene derecho a hacer su vida al 100%, independientemente de las circunstancias presentes. El derecho a elegir el futuro debe ser igual para todos.
  • Si eres hij@ únic@ o tus herman@s se desentienden claramente, tendrás que pedir ayuda y/o asesoramiento. Busca información, terapeutas, lugares donde puedas acudir, incluso ayuda de otros familiares, amigos que hayan pasado por tu situación… siempre hay opciones, busca y encontrarás.
  • Esta situación, al igual que cualquier otra de tu vida, te aporta un aprendizaje. No te olvides de preguntarte “para qué” te encuentras en esta circunstancia y disponte a llevar a cabo las acciones que la situación te obligue a realizar. Nada llega a tu vida como una maldición sino como una oportunidad de desarrollo y sanación.
  • Busca el equilibrio, no se trata de darlo todo por tus padres o darlo todo por ti. Habrá ocasiones en las que tengas que colocar tus prioridades por delante, y otras en las que tus padres te llevarán la delantera. Pero ten siempre presente que en el punto medio se encuentra la virtud.
  • Si tienes la posibilidad, intenta comunicarte con tus padres y explicarles la situación y los motivos por los que haces las cosas.

No te dejes llevar por las circunstancias y gestiona esta situación con plena conciencia. Y sobre todo, no te abandones a ti mism@, por no abandonar a tus padres. Estoy segura de que ellos siguen queriendo lo mejor para ti, y en su “sano juicio” comprenderían tu comportamiento.

Paciencia, fuerza y … ¡adelante!

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

Desde lo más sencillo como un par de zapatos, hasta llegar a aspectos significativos como pudieran ser la elección de un lugar donde vivir, un futuro profesional o sentimental…, el tener que elegir entre dos o varias opciones, puede llegar a ser para algunos individuos una situación bastante limitadora, e incluso generadora de gran ansiedad.

Partiremos de algunas de las afirmaciones que he ido escuchando al respecto, para intentar descubrir qué se esconde tras este bloqueo:

  • “Quiero hacerlo tan perfecto y ser tan perfect@… que al final no hago nada”. La mayor parte de las personas indecisas experimentan un alto nivel de exigencia que conlleva un estado permanente de duda y ansiedad, lo cual es lógico ya que es imposible alcanzar la perfección.
  • “No puedo equivocarme”. Pretender que las cosas sean perfectas, quizá esconda cierto grado de inseguridad y falta de auto – confianza. Ésta pudo ser ocasionada en el pasado debido a críticas demasiado duras, quizás fueron niños envueltos en un ambiente demasiado estricto, donde jamás los elogiaron ni reconocieron sus dones y talentos. Cuando únicamente pusieron el “ojo en sus fallos”, el crítico interno fue creciendo junto con el miedo al rechazo. Los niños premiados por ser “buenos”, y castigados por ser “malos”, aprenden que “no son dignos de amor si se equivocan”.
  • “Es mejor que otros tomen las decisiones, prefiero dejarme llevar”. Lo que en principio pudiera suponer un alivio, en el fondo va dejando un sentimiento residual de frustración porque una vez más no han sido capaces de tomar una decisión con seguridad y firmeza, que es lo que en verdad les hubiera gustado hacer. Seguir escapando de esos momentos incómodos dejando que otros los gestionen, les hará sentir cada vez más inseguros y, como una bola de nieve que a su paso va rodeándose de capas y capas, el bloqueo cada vez será más grande con cada nuevo enfrentamiento.
  • “Siempre pienso que las cosas se arreglarán solas, luego pierdo oportunidades por no haber actuado a tiempo”. La madurez, entre otros aspectos, implica tomar plena responsabilidad de nuestros actos y omisiones, así como de las consecuencias que de ellos se derivan. Quizás un exceso de protección experimentado en el pasado por parte de sus cuidadores, les eximió de tener que tomar pequeñas decisiones que, ya en la infancia, suponen pequeños “ensayos” al ponerse en contacto con el aprendizaje que supone la frustración. Esto posibilita como adultos, poder comprender y aceptar que la equivocación forma parte de la vida y del proceso normal de aprendizaje, facilitando el enfrentamiento a decisiones importantes con un adecuado y sano nivel de estrés.
  • “Será lo que tenga que ser”. He observado que en presencia de esta dificultad, muchas personas se refugian en un supuesto destino ineludible. Evitan sentirse protagonistas del suceso, intentando situar la responsabilidad en el destino, en cualquier ente espiritual, en el karma o en cualquier otro aspecto real o irreal que les haga sentir más tranquilos. Una vez más, encontramos cierto rechazo y/o miedo a aceptar responsabilidades.
  • “¿Y si me siento mal?”. También podemos encontrar cierta resistencia a las emociones negativas. Todo ello sigue siendo consecuencia del miedo al rechazo, a la responsabilidad, a la frustración…, y todo ello les sigue anclando a su zona de confort, evitando el riesgo todo lo posible.

Claves para el cambio:

  • Pretender alcanzar la opción perfecta es la primera “imperfección”. Toda decisión tendrá su cuota de pérdida. Valora con la mayor objetividad posible lo que ganas y pierdes con cada opción, pero ten en cuenta que siempre habrá algo que tendrás que dejar atrás o a lo que renunciar. Jamás existirá la opción que reúna la perfección total y absoluta. Puedes pedir a alguna persona de confianza que te ayude profundizar sobre los motivos que tienes para valorar las distintas opciones. Evita preguntar qué haría ella en tu lugar. Es importante que elijas tú mism@.
  • Comienza el entrenamiento con cosas sencillas y ve aumentando la complejidad. Todo el mundo se enfrenta a momentos de dudas e indecisión. No son situaciones agradables pero son pasajeras. Y es un verdadero descanso tomar decisiones de manera firme y segura. Además, cuantas más veces lo hagas, mayor seguridad en ti mismo sentirás.
  • Te recomiendo que pongas fecha a tu decisión, una fecha realista en la que sepas que no vas a perder una posible oportunidad.
  • Tienes derecho a equivocarte y además, es bueno para ti que lo hagas. Te darás cuenta de que no pasa nada, que habrás aprendido algo valioso y que tú mism@ sigues siendo valios@ aunque cometas errores… ¿dejarías de apreciar a un ser querido porque se equivoque? O ¿admirarías su coraje al actuar, equivocarse, fortalecerse, aprender y rectificar las veces que sean necesarias hasta alcanzar la meta que persigue?
  • Despide a tu crítico interno. Cuando te descubras juzgándote por haber hecho algo incorrecto, aprieta el botón “off”. Piensa qué le dirías a un amigo en el caso de encontrarse en tu situación. Recuerda siempre que tú eres tu mejor amig@, comienza a tratarte como tal.
  • No tomar una decisión también es una decisión. Aunque consigas evadirte y dejes a los demás, al destino o a la vida que decida por ti, también estás perdiendo y renunciando a algo. Valora el no tomar una decisión como otra opción más, con la consiguiente responsabilidad sobre las consecuencias. Ten en cuenta además, que en este caso habrás perdido algo más: una pequeña cuota de seguridad y confianza en ti mism@ al evitar el enfrentamiento.
  • La vida es un riesgo en sí misma. Piensa qué sería de la humanidad si nadie hubiera tomado ningún riesgo, si nadie se hubiera equivocado jamás. La zona de confort en realidad no es tan confortable, sólo es conocida… nada más. La naturaleza humana es curiosa y se dirige siempre hacia el deseo de mejorar su estado actual, hacia la evolución. La “seguridad” es una fantasía. Piensa que cualquier circunstancia imprevista también te puede arrebatar igualmente esa zona de confort.
  • Confía en ti, y en que sabrás gestionar los resultados de tu decisión. Piensa en los errores de tu pasado, en lo que aprendiste y en lo importantes que fueron para llegar a este momento. Dar la “vuelta al calcetín” te ayudará a sentir más seguridad de cara al futuro.
  • Piensa menos y siente más. Aprende a tomar decisiones prestando atención a las sensaciones de tu cuerpo. Entre éste y tu subconsciente hay una comunicación clara y directa, únicamente obstaculizada por tu mente y tus pensamientos. Valora racionalmente las opciones, los pros y los contras, y después pide respuestas a tu cuerpo. Siempre habrá alguna opción que te haga sentir mejor.

Fuerza y ¡adelante!

¿Cómo puedes canalizar tu rabia?

Pues sí…, la rabia no es una emoción tan negativa como parece. Por el contrario, puede ser una emoción útil y beneficiosa si aprendemos a gestionarla.

En ocasiones, llega a nosotros después de haber estado algún tiempo tristes o quizás algo depresivos. Es buena señal y debemos permitirnos sentirla, ya que la tristeza es una emoción de indefensión y pérdida de poder. Pasar a experimentar una emoción de ira o rabia supone que hemos recuperado una cuota de ese poder perdido, por tanto, podemos considerar que hemos subido un “peldaño” en la escala emocional.
La ira también se manifiesta como respuesta a situaciones en las que queremos afirmarnos, bien porque hemos sufrido una injusticia, o porque nos sentimos atacados e inseguros y necesitamos defendernos.

Solemos reprimirla en muchas ocasiones en parte por la educación recibida (nos han enseñado que “tenemos que ser buen@s”), en parte por temor al rechazo de los demás si la expresamos. Sin embargo, reprimirla nos puede ocasionar multitud de síntomas y enfermedades físicas, pérdida de poder y el evitar realizar acciones concretas que incrementarían nuestro bienestar.
En el otro extremo, expresarla de manera inadecuada nos puede ocasionar un tremendo malestar, situaciones agresivas e indeseadas, y de las cuales puede que nos arrepintamos una vez que ha llegado la calma y ya somos capaces de racionalizar lo que ha ocurrido.

De cualquier manera, es una emoción que implica ACCIÓN. Y debemos considerarla beneficiosa cuando nos lleva en la dirección correcta.

Bien, y ¿cuál es esa dirección? ¿Cómo gestionarla de manera correcta sin reprimirla y/o sin que se nos “vaya de las manos”?

Pautas a seguir:

Toma un descanso.
Inmersos en la rabia no podemos pensar de manera óptima. Por tanto, intenta no conversar con nadie en este estado. Tómate el tiempo que necesites para realizar esa llamada, ese encuentro, etc. Si te ha surgido en medio de un diálogo lo mejor que puedes hacer es utilizar una excusa y marcharte durante un rato (ve al baño, da un paseo…).

Muévete.
Si es posible lleva a cabo cualquier tipo de ejercicio cardiovascular: camina rápido, corre, etc. “Sudar” es una manera muy sana de canalizar esta energía.

Respira.
La rabia hace que nuestra respiración sea más rápida, agitada y se concentre en la parte superior del árbol respiratorio. Cambiando la respiración de manera consciente, podemos cambiar nuestro estado mental – emocional. Lleva a cabo unas cuantas respiraciones diafragmáticas llevando tu atención al abdomen, a la entrada y salida de aire…

Escribe.
Racionaliza el objeto de tu ira: ¿Qué o quién te molesta tanto y por qué? ¿Qué crees que han podido “hacerte” que puede quitarte tu poder? ¿Qué parte de ti se siente amenazada? ¿Qué es eso que te causa tanta impotencia?

Ten en cuenta que NADIE puede robarte tu paz mental si tú no lo permites. La rabia, como cualquier otra emoción, ha surgido de ti… sólo tú la has puesto “ahí”. Piensa que las situaciones y las personas quizá no sean como tú quieres que sean, sino que SON COMO SON. Si analizas los motivos que te han llevado a sentir esa rabia, sabrás lo que tienes que hacer en consecuencia: trabajarte la ACEPTACIÓN (de una situación, de una persona concreta), poner LÍMITES en tus relaciones y pensar más en ti y en tus necesidades (personales, laborales), etc.

Haz lo que tengas que hacer, pero siempre después de que la rabia haya sido canalizada y racionalizada. Y sobre todo… ¡¡jamás la reprimas!! SIÉNTELA y profundiza en ella, ya que, como ves, es una emoción que puedes aprovechar para saber qué hay dentro de ti, conocerte mejor y sobre todo descubrir cuáles son las acciones has de llevar a cabo en busca de la paz que tanto anhelas.

Mi abrazo infinito,

Entrevista en canal 9 La Loma – La ley de la Atracción

Querid@s amig@s,

Quiero compartir con vosotr@s la entrevista que me hicieron recientemente en un canal regional de Andalucía sobre la LEY DE LA ATRACCIÓN. Si os interesa el tema y queréis conocer algo más os invito a escucharla.

Desde aquí mi agradecimiento a Canal 9 La Loma y su equipo, a Alfonso Salido Zambrana (organizador del evento) y a todas las personas que acudieron a la conferencia el día después de la entrevista. Fue un verdadero placer compartir con todos vosotros.

Un abrazo infinito,

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www.dianacalvo.com

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