Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Lo que no hice…

Un día decidí quedarme, y nunca supe lo que hubiera pasado… de haber ido…
Un día decidí no expresar mis sentimientos, y perdí la posibilidad de vivir un gran amor…
Un día elegí una zona tranquila y cómoda, sin saber que atravesando la incertidumbre hubiera podido acariciar mis sueños…
Un día temí que me rechazaran, y perdí la oportunidad de que me aceptaran…
Un día tuve miedo a brillar, y permanecí un día más en la sombra…

Un día comprendí que todo aquello que no hice marcó mi DESTINO irremediablemente.

Hoy elijo IR, DECIR, ATREVERME, BRILLAR y en definitiva… arriesgarme a VIVIR… porque todos tenemos miedo… pero ¿qué sería de la vida si no nos atreviéramos a atravesarlo y trascenderlo?

Mi abrazo infinito,

Transforma tu vida con E.F.T.

“La causa de todas las emociones negativas es un desequilibrio en el sistema energético corporal”. Gary Craig.

Al igual que la sangre circula por nuestro organismo a través de los vasos sanguíneos, del mismo modo circula nuestra energía o CHI a través de unos canales energéticos llamados meridianos, estudiados por la medicina china desde hace milenios, y tratados a través de distintas técnicas como la acupuntura.

Cuando experimentamos un suceso que nos ocasiona dolor emocional, nuestro sistema energético queda bloqueado por unos instantes y, aunque más tarde la energía vuelve a fluir, ese dolor deja una especie de “marca” o “señal” que permanece a lo largo del tiempo.

Cualquier recuerdo consciente o inconsciente de aquel suceso, origina en el presente las mismas emociones negativas que acontecieron con aquella experiencia.  Son emociones que han quedado estancadas.

Con E.F.T. (Emotional Freedom Techniques – Técnicas para la Liberación Emocional), llevamos a cabo un protocolo llamado TAPPING que consiste en realizar una digitopuntura (“golpecitos”) en distintos puntos de algunos meridianos energéticos, mientras permanecemos enfocados en las emociones negativas que queremos disolver. El resultado es el restablecimiento del flujo energético que había quedado estancado y la liberación de la emoción asociada. Podemos seguir recordando la experiencia, vivir sucesos similares en el presente, pero la diferencia es que ya no despierta en nosotros aquellas emociones negativas.

¿En qué puede ayudarte?

  • Recuerdos y estrés postraumático.
  • Miedos y fobias.
  • Adicciones y compulsiones.
  • Alivio de dolores crónicos y psicosomáticos.
  • Estados depresivos, ansiedad, estrés, tristeza, ira, culpabilidad…
  • Insomnio.
  • Inseguridad, timidez.
  • Mejora del rendimiento laboral y deportivo.
  • Mejora de la autoimagen y autoestima.
  • Mejora de las relaciones.
  • Recuperación del poder personal.

Sin duda, es una gran herramienta que puede facilitarnos el camino hacia un mayor bienestar… ¿A qué esperas para probarla?

Mi abrazo infinito,

¡Cambia tus creencias con PSYCH-K®!

Podría definir a PSYCH-K® como una técnica que nos facilita el camino hacia nuestros propósitos.

Aunque creamos que las decisiones que tomamos en nuestra vida son totalmente conscientes, únicamente entre el 3 y el 5% lo son verdaderamente. El resto (95-97%) pertenece al vasto reino del subconsciente, lugar donde se sitúa esa parte desconocida de nuestra psique, y que es la verdadera responsable de nuestro comportamiento y, por tanto, de nuestras decisiones vitales.

La vida que estamos experimentando en cualquiera de sus aspectos está directamente condicionada por nuestras creencias. Éstas se estructuran en los primeros años de nuestra vida (incluyendo el período intrauterino), y establecen lo que somos, cómo nos sentimos y el mundo en el que nos desenvolvemos. Como hemos visto, la gran mayoría son inconscientes…

Así que por más que deseemos y trabajemos con la totalidad de nuestra mente consciente en la persecución de un objetivo, si existen creencias subconscientes que se oponen al mismo… el resultado siempre será el que probablemente ya conozcas: la repetición constante e indeseada del mismo fenómeno de fracaso y auto sabotaje.

Este es uno de los motivos por el que los pensamientos positivos, por sí solos, no puede ser capaces de transformar nuestras vidas. Tampoco la acción resulta eficaz si nuestra mente consciente tiene una información que no es coherente con lo que se encuentra en la mente subconsciente.

¡¡¡Y es aquí donde actúa PSYCH-K®!!!

Con esta técnica somos capaces de crear un estado de cerebro integrado en el cual, los dos hemisferios de nuestro córtex cerebral se activan simultáneamente. Este estado nos permite instalar las creencias que deseamos adquirir y que nos facilitan esa coherencia que deseamos alcanzar para dirigirnos a nuestras metas de manera segura y eficaz.

¿En qué puede ayudarte?

  • Crear relaciones sanas a nivel sentimental, familiar y laboral.
  • Mejorar tu vida laboral y tus ingresos.
  • Trabaja sobre miedos y fobias: volar, hablar en público, etc.
  • Control de peso y adicciones.
  • Estados anímicos como ansiedad, estrés, tristeza, crisis, pérdidas, etc.
  • Elevar tu seguridad y autoestima.
  • Recuperar tu poder personal.
  • Aumentar tu nivel de energía y vitalidad.

¡No estás supeditado a tus creencias… puedes ELEGIRLAS!

Mi abrazo infinito,

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

Desde lo más sencillo como un par de zapatos, hasta llegar a aspectos significativos como pudieran ser la elección de un lugar donde vivir, un futuro profesional o sentimental…, el tener que elegir entre dos o varias opciones, puede llegar a ser para algunos individuos una situación bastante limitadora, e incluso generadora de gran ansiedad.

Partiremos de algunas de las afirmaciones que he ido escuchando al respecto, para intentar descubrir qué se esconde tras este bloqueo:

  • “Quiero hacerlo tan perfecto y ser tan perfect@… que al final no hago nada”. La mayor parte de las personas indecisas experimentan un alto nivel de exigencia que conlleva un estado permanente de duda y ansiedad, lo cual es lógico ya que es imposible alcanzar la perfección.
  • “No puedo equivocarme”. Pretender que las cosas sean perfectas, quizá esconda cierto grado de inseguridad y falta de auto – confianza. Ésta pudo ser ocasionada en el pasado debido a críticas demasiado duras, quizás fueron niños envueltos en un ambiente demasiado estricto, donde jamás los elogiaron ni reconocieron sus dones y talentos. Cuando únicamente pusieron el “ojo en sus fallos”, el crítico interno fue creciendo junto con el miedo al rechazo. Los niños premiados por ser “buenos”, y castigados por ser “malos”, aprenden que “no son dignos de amor si se equivocan”.
  • “Es mejor que otros tomen las decisiones, prefiero dejarme llevar”. Lo que en principio pudiera suponer un alivio, en el fondo va dejando un sentimiento residual de frustración porque una vez más no han sido capaces de tomar una decisión con seguridad y firmeza, que es lo que en verdad les hubiera gustado hacer. Seguir escapando de esos momentos incómodos dejando que otros los gestionen, les hará sentir cada vez más inseguros y, como una bola de nieve que a su paso va rodeándose de capas y capas, el bloqueo cada vez será más grande con cada nuevo enfrentamiento.
  • “Siempre pienso que las cosas se arreglarán solas, luego pierdo oportunidades por no haber actuado a tiempo”. La madurez, entre otros aspectos, implica tomar plena responsabilidad de nuestros actos y omisiones, así como de las consecuencias que de ellos se derivan. Quizás un exceso de protección experimentado en el pasado por parte de sus cuidadores, les eximió de tener que tomar pequeñas decisiones que, ya en la infancia, suponen pequeños “ensayos” al ponerse en contacto con el aprendizaje que supone la frustración. Esto posibilita como adultos, poder comprender y aceptar que la equivocación forma parte de la vida y del proceso normal de aprendizaje, facilitando el enfrentamiento a decisiones importantes con un adecuado y sano nivel de estrés.
  • “Será lo que tenga que ser”. He observado que en presencia de esta dificultad, muchas personas se refugian en un supuesto destino ineludible. Evitan sentirse protagonistas del suceso, intentando situar la responsabilidad en el destino, en cualquier ente espiritual, en el karma o en cualquier otro aspecto real o irreal que les haga sentir más tranquilos. Una vez más, encontramos cierto rechazo y/o miedo a aceptar responsabilidades.
  • “¿Y si me siento mal?”. También podemos encontrar cierta resistencia a las emociones negativas. Todo ello sigue siendo consecuencia del miedo al rechazo, a la responsabilidad, a la frustración…, y todo ello les sigue anclando a su zona de confort, evitando el riesgo todo lo posible.

Claves para el cambio:

  • Pretender alcanzar la opción perfecta es la primera “imperfección”. Toda decisión tendrá su cuota de pérdida. Valora con la mayor objetividad posible lo que ganas y pierdes con cada opción, pero ten en cuenta que siempre habrá algo que tendrás que dejar atrás o a lo que renunciar. Jamás existirá la opción que reúna la perfección total y absoluta. Puedes pedir a alguna persona de confianza que te ayude profundizar sobre los motivos que tienes para valorar las distintas opciones. Evita preguntar qué haría ella en tu lugar. Es importante que elijas tú mism@.
  • Comienza el entrenamiento con cosas sencillas y ve aumentando la complejidad. Todo el mundo se enfrenta a momentos de dudas e indecisión. No son situaciones agradables pero son pasajeras. Y es un verdadero descanso tomar decisiones de manera firme y segura. Además, cuantas más veces lo hagas, mayor seguridad en ti mismo sentirás.
  • Te recomiendo que pongas fecha a tu decisión, una fecha realista en la que sepas que no vas a perder una posible oportunidad.
  • Tienes derecho a equivocarte y además, es bueno para ti que lo hagas. Te darás cuenta de que no pasa nada, que habrás aprendido algo valioso y que tú mism@ sigues siendo valios@ aunque cometas errores… ¿dejarías de apreciar a un ser querido porque se equivoque? O ¿admirarías su coraje al actuar, equivocarse, fortalecerse, aprender y rectificar las veces que sean necesarias hasta alcanzar la meta que persigue?
  • Despide a tu crítico interno. Cuando te descubras juzgándote por haber hecho algo incorrecto, aprieta el botón “off”. Piensa qué le dirías a un amigo en el caso de encontrarse en tu situación. Recuerda siempre que tú eres tu mejor amig@, comienza a tratarte como tal.
  • No tomar una decisión también es una decisión. Aunque consigas evadirte y dejes a los demás, al destino o a la vida que decida por ti, también estás perdiendo y renunciando a algo. Valora el no tomar una decisión como otra opción más, con la consiguiente responsabilidad sobre las consecuencias. Ten en cuenta además, que en este caso habrás perdido algo más: una pequeña cuota de seguridad y confianza en ti mism@ al evitar el enfrentamiento.
  • La vida es un riesgo en sí misma. Piensa qué sería de la humanidad si nadie hubiera tomado ningún riesgo, si nadie se hubiera equivocado jamás. La zona de confort en realidad no es tan confortable, sólo es conocida… nada más. La naturaleza humana es curiosa y se dirige siempre hacia el deseo de mejorar su estado actual, hacia la evolución. La “seguridad” es una fantasía. Piensa que cualquier circunstancia imprevista también te puede arrebatar igualmente esa zona de confort.
  • Confía en ti, y en que sabrás gestionar los resultados de tu decisión. Piensa en los errores de tu pasado, en lo que aprendiste y en lo importantes que fueron para llegar a este momento. Dar la “vuelta al calcetín” te ayudará a sentir más seguridad de cara al futuro.
  • Piensa menos y siente más. Aprende a tomar decisiones prestando atención a las sensaciones de tu cuerpo. Entre éste y tu subconsciente hay una comunicación clara y directa, únicamente obstaculizada por tu mente y tus pensamientos. Valora racionalmente las opciones, los pros y los contras, y después pide respuestas a tu cuerpo. Siempre habrá alguna opción que te haga sentir mejor.

Fuerza y ¡adelante!

Cuando pensar demasiado se convierte en «el problema»

«Voy a pensar mucho una cosa para que termine pareciéndome una mala idea»

Hace unos días me encontraba con esta frase y me hizo reflexionar… Ciertamente, la naturaleza de nuestra mente es «pensar», y es un instrumento maravilloso si pudiéramos utilizarlo de forma óptima. Sin embargo, no ocurre así la mayoría de las veces. Nos encontramos con cualquier encrucijada, obstáculo y/o dificultad, y nos embarcamos en el juego de «darle vueltas y más vueltas» buscando multitud de opciones y posibles soluciones para decidirnos a tomar decisiones…  Sin embargo, pensar demasiado nos puede llevar a:

  • Encontrar inconvenientes donde no los hay.
    Decimos que somos «realistas» cuando eso en verdad es bastante relativo. Nuestros «realismos» se basan en experiencias de fracaso anteriores y en muchas ocasiones destapan nuestros miedos e inseguridades. En base a ellos vamos encontrando inconvenientes, y nos contamos multitud de excusas que nos resultan verdaderamente creíbles. Cuanto más pensamos, más razones encontramos para no pasar a la acción.
  • Imaginar problemas que quizá no se presenten nunca.
    Queremos estar seguros y tener todo atado y bien atado. Es una buena opción la de pensar qué es lo peor que podría pasar si actuamos en cualquier dirección. Pero centrarnos en ese posible resultado negativo puede hacer que nos paralicemos en base a pensamientos pesimistas.
  • «Enredarnos» todavía más.
    Analizar una cuestión demasiado tiempo puede propiciar mayor confusión de la que teníamos en un principio. Lejos de aclarar nuestras ideas, ocurre lo contrario… vamos distorsionando lo que tratamos de analizar y cada vez dudamos más. La duda nos paraliza y cada vez nos sentimos más incapaces de solucionar lo que nos ocupa.
  • Perder el contacto con nuestra esencia.
    Nos han hecho creer que somos lo que pensamos. Nada más lejos de la realidad…
    Además, los mismos pensamientos repetidos durante el tiempo suficiente se convierten en creencias y, a no ser que andemos cuestionándolas a menudo, la gran mayoría de nuestras creencias son inconscientes y ni siquiera elegidas por nosotros mism@s. Confiamos demasiado en nuestra mente, cuando lo que existe en ella a veces tiene poco que ver con lo que realmente somos y queremos.
  • Perder el tiempo y perder oportunidades.
    Sin duda, darle vueltas «al tarro» supone perder tiempo y mucha energía. A veces incluso nos hace perder oportunidades, porque cuando finalmente nos decidimos a actuar, puede ser que el momento idóneo ya haya pasado de largo

De esta forma, el problema original se transforma… Pasa de ser una cuestión a resolver, para convertirse en un verdadero quebradero de cabeza que nos hace sentir cada vez peor: inseguridad, dudas, miedo, incertidumbre… Y ¿qué podemos hacer?

  • Distráete.
    Haz cosas que no tengan nada que ver con lo que te preocupa. Pero no luches contra tus pensamientos. Si es un tema que lleva varios días-semanas-meses dando vueltas en tu mente, no te resultará fácil eliminarlo así sin más. Simplemente distrae tu mente con algo que te guste, mejor si es una actividad que requiere concentración.
  • Piensa que ya tienes la solución.
    Pensar más no te hará encontrar mejores soluciones. Recordemos a Arquímedes y a su «Eureka» cuando se encontraba tomando un baño relajadamente. Da la «orden» a tu mente subconsciente de encontrar el camino y deja que ella se ocupe. Mientras, continúa con tu vida e intenta disfrutar y relajarte todo lo que puedas. Cuando el problema visite tu mente… recuérdate que la solución ya está en marcha.
  • Si supieras qué hacer, ¿cómo actuarías?
    Cuando has pensado demasiado, es lógico que las dudas te invadan y te paralicen. Puedes pensar en alguien a quien admiras y que te parezca una persona resolutiva… ¿cómo crees que actuaría esa persona en tu lugar y con tu problema?
  • Recuerda cuál fue tu primera sensación.
    Cuando tienes que tomar una decisión siempre existe una primera reacción visceral, una sensación, una intuición. Segundos más tarde la vas tamizando con el filtro de tu análisis. Pones en marcha la mente y vas olvidando tu reacción primitiva. Ésta se queda sin registrar, cuando en verdad tiene más que ver contigo mism@ que todos los análisis que tu mente pueda hacer de la cuestión posteriormente. Recuerda: lo que SIENTES está más cerca de tu alma que lo que PIENSAS.

Haz memoria… los problemas que tenías hace 10 años, ¿dónde están? O bien se solucionaron, o ya no tienen ninguna importancia. Dentro de 10 años pensarás que perdiste un tiempo precioso dando vueltas a algo que al final solucionaste, o no era para tanto…

Céntrate en la solución y sobre todo no te quedes «paralizad@»… ¡actúa! Cada día que pasas «pensando de más» es un día perdido.

Mi abrazo infinito,