Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

¿Por qué a las personas buenas y espirituales les va mal?

desarrollo personal personas buenas y espirituales

He observado que, más pronto o más tarde, la mayoría de las personas que deciden transitar por el camino del desarrollo personal tienen un momento de confusión al respecto (sí, yo también tuve ese momento…). Y puesto que lo tuve y lo he podido observar, puedo hablaros ahora de todos aquellos errores que he cometido y veo que cometen muchas personas que transitan este camino.

Lejos de juzgar, creo que es importante observar…

El fin que perseguimos es el BIENESTAR en todos los aspectos de nuestra vida, pero muchas veces el resultado que obtenemos se aleja de ese objetivo primigenio que fue el que nos acercó precisamente a este tipo de teorías, prácticas y “modos distintos de ver la vida”…. ¿Por qué nos ocurre esto?

No nos damos cuenta pero poco a poco…, año a año…, terapia tras terapia… y libro tras libro… vamos “engordando” a nuestro ego en vez de disolverlo (que también fue nuestro primer objetivo). Y es lo que últimamente se viene llamando el EGO ESPIRITUAL. ¿Cómo se comporta? Pues allá vamos:

Sentir emociones negativas no es “espiritual”

Puesto que estás en este camino no puedes permitirte “el lujo” de sentirte triste, inseguro, ni por puesto… enfadarte. No no, tú eres bueno, eres buena persona y las buenas personas se comportan de determinada forma (que tú hayas establecido). Hay que poner la otra mejilla…, vivir con ese energúmeno de persona, sacrificarte haciendo algo que realmente no quieres hacer, etc, etc…. porque todo ello es una «PRUEBA DIVINA».

Veamos, si llega alguien y te pega una patada en la «espinilla»… ¿cuál crees que debería ser tu reacción “espiritual”? ¿Abrirte de brazos y dejarte golpear hasta la muerte? Por favor, sé todo lo espiritual que quieras, pero defiéndete, sal de aquellos lugares y termina con las personas que te maltraten, huye de los ambientes tóxicos y coloca todos los límites que tengas que colocar. Y si dado el caso, tienes que responder con otra patada para defender tu vida, así tendrá que ser.

Eres un ser humano, tienes emociones y seguirás teniéndolas. Y transcenderlas no significa reprimirlas… esconder tus emociones hará que estas pasen a engrosar tu sombra.

En el polo opuesto, también he observado actitudes contrarias. Personas obsesionadas con «no reprimir» su ira y sus emociones negativas que terminan convirtiéndose en tóxicas porque no son capaces de convivir con otros seres humanos en el respeto y la consideración.

Ambos extremos son perjudiciales… No reprimas tus emociones, pero aprende a expresarlas con asertividad.

Tus hábitos de vida son los mejores

Crees que eres más “guay” porque comes o no comes determinados alimentos, porque tomas o no tomas determinadas bebidas, porque no te maquillas, no vas a discotecas, no te afeitas o sí lo haces…, no ves la tele o llevas determinado “look hippie” o similar.

Realmente al ego le encanta ser “especial”, “diferente”, “superior”… y no, no porque hagas o dejes de hacer todas estas cosas… te has iluminado. Ni tampoco los demás están en “la oscuridad” porque dejen de hacerlas. Además, tiendes a juzgar a todos aquellos que no hacen lo que tú haces… (son unos inconscientes).

El camino espiritual es solitario

Ahora resulta que eres especial porque ya “no conectas” con la mayoría de las personas (que no piensan como tú), no sabes cómo relacionarte con “los otros”, y estás solo pero te dices a ti mismo que la gente se aleja de ti porque ya no está “en tu misma frecuencia” (elevadísima, claro). Por supuesto, la energía de los demás es más «lenta», «baja» o menos luminosa que la tuya, y por eso se desprenden espontáneamente de tu vida.

Realmente… si este camino te lleva a la soledad (y no a enriquecer tus relaciones), si te lleva a ser más intolerante con el mundo porque éste no hace lo correcto y tu sí… Si solamente puedes relacionarte de forma íntima con personas que piensen y hagan exactamente lo mismo que tú,… este camino no te está ayudando, te está haciendo “distinto” y “especial”. Tranquilizas a tu ego diciéndote a ti mismo que eres el «garbanzo negro» o el «bicho raro», pero estas son solo expresiones para seguir en la separación y la especialidad del ego. Más comidita para él.

Es cierto y a todos nos ha ocurrido. Cuando hay cambios internos, los círculos sociales cambian y, por momentos, pareciera que existen espacios vacíos de personas y relaciones. Pero cuando es una limpieza sana y positiva, ese espacio se llena al cabo de poco tiempo. Por tanto, si te encuentras en soledad durante demasiado tiempo, quizá no estaría de más que te observaras y tomaras conciencia de los posibles motivos por los que te cuesta tanto socializar y crear relaciones íntimas sanas y duraderas.

Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago

Predicas, hablas y aconsejas (sin que te lo pidan), pero tu vida está “patas para abajo”. Lejos de ser un ejemplo silencioso de que todo aquello que has aprendido ha funcionado para mejorar tu vida… te limitas a coleccionar información que luego transmites a otros sin que ni siquiera te estén pidiendo tu ayuda u opinión. Pero es que tú lo haces “por su bien”. Y ya no tienes pareja, amigos o familiares… tienes pacientes.

Muchas personas, tras aprender algunas técnicas deciden que su misión es ayudar a los demás, y eso es genial…, pero no se dan cuenta de que al primero que tienen que ayudar es a sí mismos. Si realmente vas en busca de la iluminación… y la encuentras, no te preocupes, los demás te van a preguntar. El ejemplo habla por sí solo.

Te detienes en mil cosas inútiles

Coleccionas objetos, inciensos, rituales, libros, técnicas, meditaciones, afirmaciones…, pero nunca existe en ti una verdadera predisposición a cambiar.

Entretienes a tu ego con mil cursos sobre mil técnicas distintas, pero realmente nunca te pones manos a la obra con lo importante. Los cambios que realizas nunca son lo suficientemente comprometidos y sigues buscando mágicamente la solución “en el exterior”. Sigues proyectando fuera…, quizás ahora no es el coche o la casa o el último modelo de teléfono, pero sigues creyendo que esa técnica, ese libro, ese gurú TE DARÁ POR FIN la felicidad, la clave, el punto que se te escapa.

Y no, lo único que se te escapa es tu propio ego entre los dedos, que encima ahora te hace creer que éste es el camino correcto. En vez de buscar el coche último modelo… estás buscando el gurú último modelo, pero al final… es lo mismo. El mismo collar con distinto perro, solo que ahora te cuesta mucho más darte cuenta y poder observarlo.

Crees que sabes algo que los demás no saben

Y no digo que no, seguramente hayas aprendido un montón de cosas. Pero ten en cuenta que los demás también saben cosas que tú no sabes. Y en última instancia observa la vida de esa persona… ¿cómo le va? Si la respuesta es “mejor que a mí”, posiblemente deberías aprender algo de ella que tú no sabes y ella sí… ¿no crees?

Quizá tú ya no ves la tele y haces meditación a diario… quizás esa persona es una entusiasta de los programas de corazón, o del fútbol y la política… y no sabe quién es Paulo Coelho… pero quizás y sólo quizás su vida esté bastante más equilibrada que la tuya en todos los aspectos. Así que te animo a que te cuestiones esa creencia de que tu verdad es mejor que la suya y que (pobrecito)… aún no llegó su momento…

Ver la paja en el ojo ajeno

Tienes mucha facilidad para ver los defectos y errores de todo el mundo, pero los tuyos….ya son otro cantar. Te cuesta admitir críticas, errores, en definitiva, tu sombra.

Vuelvo a incidir en lo mismo. Puesto que ahora te sientes mucho más espiritual, con mayor verdad en tu corazón, más “conectado”… te cuesta mucho más que antes ver todo aquello que se encuentra oculto. Incluso cada vez te conviertes en un mayor “maestro de la ocultación”.

“Dios proveerá” “todo ocurre por un motivo”

No digo que esto no sea verdad, pero el ego puede utilizarlo en su propio beneficio y “engorde”. Quizá cumples a rajatabla los mandatos espirituales, pero te olvidas de las reglas terrenales. Y respecto a este punto me viene a la mente el cuento del cura y la inundación:

En un pueblo del litoral hubo una terrible inundación que obligó a sus habitantes a evacuarlo. Es decir, tenían que sacar todas sus pertenencias y llevarlas a otra zona sin agua.
El cura no quería abandonar la iglesia pero el agua subía tanto que tuvo que refugiarse en el techo. Mientras tanto, rezaba:
-¡Dios mío, ayúdame, confío en que vas a salvarme!
Al rato, pasó una lancha de la policía y le dijeron:
-¡Vamos, padre, no se quede allí que es muy peligroso! Suba a la lancha. Vamos a llevarlo con toda la gente.
El sacerdote no les hizo caso y, al rato, tuvo que subir al campanario porque el agua seguía creciendo. Y no dejaba de pedir ayuda a Dios.
-Señor, estoy dándote muestras de mi confianza, ¡sálvame de esta inundación! ¡No me abandones!
Pasó un helicóptero y lo invitaron a subir, pero tampoco quiso. Ya estaba en la puntita del edificio y pasó otra cuadrilla de rescate:
-Padre, usted es el único que queda. ¡Venga!
Pero el cura no quiso ir. Resistió hasta que el agua lo tapó y murió ahogado. Cuando Dios lo recibió en el cielo, el sacerdote se quejó diciéndole:
-¿Qué paso, Dos mío? No me escuchaste? Te pedí ayuda y me abandonaste.
-De ninguna manera-le dijo Dios-.Yo no te abandoné. Es más, te envié mucha ayuda: una lancha de la policía, un helicóptero y una cuadrilla de rescate, pero en todos los casos tú no quisiste verme ni escucharme y los rechazaste…

Y así ocurre en muchas ocasiones, estamos cegados y confundidos por ideas incorrectas de lo que significa que Dios nos va a proveer y que todo tiene un sentido.

Es cierto que somos seres espirituales, que esto no es real, que vivimos en la Matrix… pero la propia Matrix tiene unas reglas que también hay que aprender y hay que practicar. Y este mundo es el lugar en el que ahora te encuentras. Tienes un cuerpo físico que necesita satisfacer sus necesidades básicas. Necesitas un lugar donde vivir, asearte, pagar tus facturas…

Puedes tener una fe infinita, meditar o visualizar 15 horas al día, pero si necesitas un trabajo, todo lo anterior no te servirá de nada si no envías un currículum, si no acudes a entrevistas, si no te reúnes con aquellas personas que puedan ayudarte.

A muchas personas “espirituales” que trabajan por su cuenta les cuesta aceptar dinero a cambio de sus servicios. O son reacias a aprender marketing o técnicas de venta, porque esto tampoco es “espiritual”.

Es muy curioso, pero he conocido a centenares de personas espirituales que están sin blanca cuando precisamente si de algo debería servir este camino es para convertirnos en seres con plena abundancia. No nos olvidemos de que la abundancia atañe a todos los aspectos de la vida (amor, amistad, relaciones, prosperidad, paz, salud)… el bienestar ha de ser completo porque si es parcial o limitado a algunas áreas de nuestra vida…, no tiene mucho sentido.

En definitiva… si tienes un cuerpo, tienes un ego, punto. Lo puedes engordar con lechuga, té de hojas silvestres del Himalaya, con conferencias del Dalai lama…. o con gintonic´s, sálvame deluxe o con la final de la champions league. Da igual el ídolo que hayas elegido… no hay diferencia entre escaparte del mundo tomando 4 copas una noche de fiesta, o aislándote cual ermitaño mirando fijamente una vela durante 7 horas diarias.

No, para iluminarte no necesitas estar aislado del mundo. Todos los seres humanos que habitamos el planeta somos espirituales. Y todos tenemos un ego que está en la senda correcta y luminosa. Y ya sea que lo alimentes con hamburguesas o con comida vegana… lo estás alimentando igualmente. Y si además te permites el lujo de juzgar y rechazar a los que ven la tele, comen carne, se ponen minifalda o ven el fútbol… quizá tú seas menos espiritual que el que practica todas estas cosas pero que camina por la vida con verdadera humildad, respeto y sentimiento de igualdad.

Mira a tu alrededor y sobre todo observa si todo eso que practicas y estás aprendiendo realmente está mejorando tu vida, si tus relaciones se han enriquecido (pareja, familia, amigos, relaciones laborales)… si estás creando abundancia y prosperidad, si te sientes más saludable, si ves a cada persona que se cruza en tu camino como tu maestro (sí, también las que no saben nada de “estas cosas”).

Si realmente quieres ayudar, comienza ayudándote a ti mismo de verdad. Atrévete a realizar esa transformación que quieres ver el en mundo. Atrévete a contemplar a los demás como una extensión de tu propia luz (o sombra), ya que todos aquellos con los que te cruces, solo hablan de ti mismo.

Quizá no hagan falta tantas palabras, y sí más ejemplos que inspiren.

Mi abrazo infinito,

Dar… ¿sin esperar nada a cambio?

Dar..¿sin esperar nada a cambio?

Todos en algún momento de nuestra vida hemos escuchado esta frase:

“Da, da sin reservas y… sin esperar nada a cambio”.

Lo que esta enseñanza viene a decirnos es que cuando demos, no lo hagamos pensando en lo que vayamos a obtener a cambio, porque si actuamos de este modo desinteresado sin apegarnos a un resultado concreto, nos será devuelto de alguna forma. Este concepto viene a decirnos que “dar” es el verdadero regalo, y que es lo que verdaderamente genera satisfacción en el ser humano.

Hoy quiero profundizar en el contexto de esta frase, porque observo que en ocasiones puede existir una verdadera confusión al respecto. Veo que muchas personas toman como “ley absoluta” esta afirmación, perdiéndose en ella y, en consecuencia, perdiendo sus propios límites.

Como siempre y en cualquier situación, situarnos en los extremos es lo que nos lleva al desastre. Ni todo en la vida es DAR… ni todo en la vida es RECIBIR. Debemos construir nuestro mundo en un eterno equilibrio “dar-recibir” constante.

Estoy de acuerdo con la frase que nos ocupa en lo general pero no en lo específico. Y voy a explicar lo que digo. Dime si aceptarías “seguir dando” en las siguientes situaciones:

  • Tus clientes obtienen de ti productos o servicios y no te pagan nada por ellos.
  • Vas a trabajar cada día y a final de mes tu jefe no te paga tu sueldo.
  • Tienes una relación de pareja en la que eres maltratado/a.
  • Tienes un amigo que jamás te llama, ni se interesa por ti, ni te escucha…

¿Querrías seguir manteniendo a ese cliente, ese trabajo, esa pareja o ese amigo? Estoy segura de que en cualquiera de los anteriores ejemplos la respuesta que darías ante el “seguir dando sin recibir” sería un NO rotundo.

Aquí no vale pensar que lo que yo estoy dando a una persona que me maltrata… me va a ser devuelto “por otro lado”. Aquí no sirve pensar que si yo voy a trabajar cada día ya me llegará el dinero “por otros medios”.

Aquí lo que debemos hacer es PONER UN LÍMITE. Y si esa persona o ese trabajo no puede ofrecernos nada a cambio… lo más sano es que cerremos la puerta y vayamos en busca de otro jefe que sí nos pague, otro amigo que nos escuche y nos tenga en cuenta y, por supuesto, busquemos otra pareja que nos ame del mismo modo en el que nosotros la estamos amando a ella.

Entonces… ¿Dónde queda esta “ley”? ¿En qué casos debemos aplicarla? ¿Dónde está el límite? ¿Dónde está la confusión?

Pues queridos amigos, la confusión comienza en el momento en el que contemplamos el hecho de DAR siempre “hacia fuera” y nunca “hacia dentro”.

Esto lo explico siempre con un ejemplo sencillo: Imagina que tienes invitados a cenar en tu casa, pero abres tu despensa y la encuentras vacía… ¿qué podrás ofrecerles? Nada, ¿verdad? Por tanto, lo primero que tendrás que hacer es “LLENAR TU DESPENSA”.

¿Y cómo se traduce esto en la realidad? Pues muy simple… llenar tu despensa implica que primero has de darte a ti mismo, ocuparte de lo que tú  necesitas, tener tus necesidades cubiertas. Y si no sabes cuáles son tus necesidades, te doy algunas pistas.

El siguiente esquema representa las necesidades básicas del ser humano. Es la que se conoce como la pirámide de Maslow:

piramide-de-maslow-necesidades

Según la teoría de Maslow, vamos escalando en la pirámide según tenemos cubierto el escalón inferior.

Sugiérele a un indigente que acuda a hacer un trabajo de voluntariado sin recibir nada a cambio. Sí, quizá puedas argumentarle que este acto llenará su alma de satisfacción y es muy cierto…, pero su estómago seguirá vacío porque lo urgente para él es COMER. Es que si no come, se muere.

Si no tenemos las necesidades básicas cubiertas, no podemos estar pensando en satisfacer nuestra alma, que correspondería al último escalón de la pirámide. Y no solo me refiero a las necesidades físicas básicas, sino también las de recibir un sueldo digno, afecto, atención, reconocimiento, amor…  

Todavía hay quien afirma que ocuparse de uno mismo te hace un ser egoísta. Y así sería si en la búsqueda del interés propio estuviéramos perjudicando a los demás… Como os comentaba al inicio del artículo aquí estaríamos en el otro extremo: «todo es para mí». Lo cual también supone romper el equilibrio.

Y bien, después de estas pistas, ¿Consideras que realmente estás cubriendo tus necesidades antes de DAR a los demás? ¿En qué medida llenas tu despensa? Lo cierto es que si te ocupas de llenarla continuamente, siempre podrás seguir teniendo invitados a cenar.

¿Comprendes ahora el concepto?

Y ahora completemos la frase que nos ocupa con la siguiente: “Amarás a los demás como a ti mismo”… ¡Vaya! ¡Esta también es importante! ¿Con cual me quedo de las dos? ¿Tengo que elegir?

Dejando la broma aparte, ¿crees que una persona que mantiene una relación personal o laboral como las de los ejemplos anteriores… se ama a sí misma, está atendiendo a sus necesidades, se está ofreciendo a sí misma lo que necesita?

Cuando te ofreces a ti mismo en primer lugar y constantemente…, cuando tienes tu despensa llena todo el tiempo…, entonces es cuando puedes ofrecer a los demás realmente. Pero no te equivoques, si siempre invitas a las mismas personas a cenar o a todas aquellas que jamás contribuyen a llenar tu despensa…  ésta sólo se vacía y se vacía… lo cual contribuirá a frustrarte, agotar tu energía, enfadarte e incluso a enfermarte. 

Por tanto, no es concebible que mantengas una relación de pareja en la que siempre estás dando y no recibes nada. No es concebible que trabajes y no te paguen. No es concebible que tengas un amigo que no te aprecie.

Mantener relaciones equilibradas y con reciprocidad también forma parte de ese “cuidarte, amarte, atender a tus necesidades”… RECIBIR es la otra cara de la moneda para que puedas seguir DANDO.

Y no…, tampoco olvides ofrecer tu mejor versión al mundo, no esperes a recibir para DAR. Puedes y debes DAR tú como un primer paso… Sonríe, apoya, comparte, cuida tu mundo como te gustaría que él te cuidara a ti. Dar es una bendición y es cierto que puede llegar a convertirse en una gran satisfacción, pero sólo cuando parte de un lugar de plenitud. Sólo cuando el vaso está LLENO puede REBOSAR.

Mi abrazo infinito,

En busca de la Felicidad

Después de conocer a cientos y cientos de personas a lo largo de mi vida, después de hablar con muchas de ellas, incluso después de hacer terapia con algunas… puedo decir que un 99,9% de todas ellas se declaran INFELICES, al menos la mayor parte de su tiempo.

¿Cuál puede ser la razón de esta infelicidad?

La persona “A” observa la vida de la persona “B” y piensa que esta última debería ser feliz porque gana un buen sueldo, algo que ella lleva buscando desde hace tiempo. Pero “B” mira la vida de “A” y supone que ésta será muy feliz ya que tiene una pareja fantástica que es lo que ella desea.

“C” observa la vida de “D” y no entiende por qué se queja tanto, ya que trabaja en lo que le apasiona ganando un elevado sueldo con ello y además está rodeada de amigos. Pero “D” mira a “C” añorando una familia amorosa y una salud fantástica como la de “C”.

Si habláramos con estos 4 individuos y les preguntáramos si son felices, quizá dirían que no lo son porque les falta… “algo”. Y esa carencia hace que sus vidas no sean todo lo felices que desearían.

¿Te suena?

Realmente, ¿te has cuestionado qué es para ti la felicidad? ¿Crees que depende de que TODO en tu vida sea PERFECTO? ¿Crees que existe realmente alguien cuya vida sea perfecta todo el tiempo?

Estarás pensando que hay vidas mucho más “fáciles” que otras. Y en esto te doy la razón. Pero incluso en las vidas fáciles de estas personas que vienen a tu mente, también han existido o existirán momentos de infelicidad y dolor.

Por tanto, parece ser que la felicidad nos resulta ESCURRIDIZA, siempre la colocamos en algún lugar del futuro a cuyo destino parece que somos incapaces de llegar. Creemos que somos infelices porque nos falta ese “algo más”: más dinero, más reconocimiento, valoración, amor, pareja, salud, vacaciones, viajes, objetos diversos…

Nos perdemos en los anhelos… y la felicidad se nos va con ellos.

Y no…, no quiero decir con todo esto que “desear” sea algo incorrecto. Querer aumentar nuestro bienestar no es un error. Es más, este estado de anhelar constante… es una característica de nuestro EGO que nos ha resultado útil para crecer y evolucionar. En cada sentimiento de «falta», nace el impulso de salir en la búsqueda para satisfacer esa necesidad. Y, claramente, este es el modo en el que hemos podido avanzar como humanidad…

Pero todo esto tiene su cara amarga… y es que si nos dejamos envolver en el juego del “deseo perpetuo” siempre nos vamos a sentir incompletos. Y esta insatisfacción  estará siempre presente si no nos decidimos a cambiar la perspectiva desde la que contemplamos nuestra vida y nuestro día a día.

¿Podemos vivir una vida sin dolor? ¿Existe una vida sin problemas?

La respuesta es que NO, por tanto, nuestro nivel de bienestar o FELICIDAD no puede estar supeditado a “tener”, ni tampoco a esperar que nuestra vida se convierta en un camino de rosas en el que nunca encontremos un obstáculo.

La vida REAL no es así, frecuentemente nos vamos a encontrar rodeados de eventos que no van a ser los que nuestra mente ha planeado. Por tanto, la obtención de esa tan deseada felicidad no será tanto la persecución de esa vida perfecta, como el aprender a SENTIRLA y mantenerla aún a pesar de que las cosas no sean como queremos.

¿Y cómo podemos hacer esto?

♥♥♥ En primer lugar, deja de contarte siempre el mismo “cuento”. No, no vas a ser FELIZ cuando consigas la casa, el coche, el trabajo, la pareja, la situación que crees PERFECTA para ti. Crees que será así pero echa la vista atrás… estoy segura de que ya has conseguido algunas de las cosas que querías en tu pasado… ¿realmente cuánto duró esa felicidad que pensaste que sería eterna al conseguirlo? Después llegó otro deseo más, y otro más. Y comenzaste otro camino de obstáculos, luchas, dolor y desencanto hasta su nueva consecución.

Tampoco serás FELIZ cuando compres ese libro, ese curso, o aprendas esa técnica milagrosa…  que es otro “cuento” de todas aquellas personas que supuestamente se sienten liberadas de la vida materialista, pero han trasladado su “desear-EGO” a otra fábula que, al igual que ocurre con lo material…, no acaba nunca. Es el mismo “collar” con distinto “perro”. Pero estamos en lo mismo de antes. Buscar… buscar… sin encontrar…

♥♥♥ Es que… “con la crisis que hay…”, “el gobierno”…, “mi jefe”…, “el paro”…, “mi familia”…, “los hombres/mujeres que son iguales”…, “traumas de la infancia”…, “tendré que buscar otro terapeuta porque este no me resuelve”…, “seguro que con este otro curso lo conseguiré”… Realmente, ¿crees que el mundo se acomodará algún día a lo que tú quieres para que seas feliz?

No nos damos cuenta, pero seguimos buscando la “pildorita mágica” a cada paso. Y unas veces la pildorita será algo muy material, pero otras veces vamos buscándola detrás de un terapeuta, un curso, incluso un libro. Y todo aquello que (nos decimos) hacemos para crecer… en verdad esconde un pensamiento del tipo “con esto lo conseguiré”.

No hay nada, no hay nadie ahí fuera que te de lo que estás buscando.

♥♥♥ Has de tomar una DECISIÓN cada día de tu vida si realmente quieres sentirte FELIZ. Y digo bien: CADA DÍA, a cada segundo, a cada instante. Y no es otra que esa que estás imaginando… puedes elegir sentirte feliz AHORA. Sí, puedes. A pesar de que no tengas eso que tanto anhelas, a pesar de que aún no hayas sanado las heridas de tu pasado, a pesar de ese dolor que aún no has superado. A pesar de todas tus circunstancias presentes, sean cuales sean.

♥♥♥ Estoy segura de que en este momento, mientras lees estas líneas puedes cerrar los ojos y agradecer miles de cosas que ya disfrutas en este momento.

Un ejercicio que puede cambiar tu vibración es el de “la cajita del agradecimiento”. Busca una caja que te guste y del tamaño que elijas. Cada noche antes de dormir escribe en un papel todas las cosas que te han ocurrido a lo largo del día por las que puedes dar gracias. Puede ser algo tan simple como una comida, una sonrisa, tener un lugar donde vivir y dormir… o algo especial que te haya ocurrido: sincronías, noticias.

Introducirse en la frecuencia del agradecimiento irá cambiando tu vibración del “deseo-carencia” al “yo soy”. Hazlo como mínimo 40 días. Irás comprobando como, de forma «mágica»… todo aquello que agradeces irá creciendo en tu vida.

♥♥♥ Cuando realmente desees algo, no lo “pidas”, agradece que ya está en tu vida. Así sea un objeto, una persona, ayuda, un estado mental-emocional… agradece que ya está llegando. Y siente esa ALEGRÍA en cada célula de tu cuerpo, aquella que sentirás cuando realmente eso suceda. Las cosas sólo llegarán a tu vida cuando tu vibración sea la de aquello que estás deseando. Si tuvieras que hacer un regalo, ¿a quién se lo entregarías antes? ¿A aquel que lo agradece con sinceridad, o al que está todo el día «enfurruñado»?

Comienza a vivir cada día de tu vida con estas sencillas pautas. Sí, también aunque lo de fuera parezca derrumbarse… porque el peor momento puede llegar a convertirse en un suceso mucho más neutro…, incluso puede pasar de largo mucho antes.

Mi vida no ha sido fácil en absoluto y te puedo asegurar que a día de hoy este modo de pensar y actuar me ha hecho seguir en pie, seguir confiando, seguir adelante con fuerza, alegría, esperanza… Incluso puedo asegurarte que soy mucho más FELIZ que muchas de las personas que conozco cuyas vidas son mucho más “fáciles”…

Cada minuto de cada día, querido amigo, están ahí. Puede que estén escondidas detrás de las circunstancias, la gente, o tras pequeños eventos. En los desafíos, en las puertas cerradas, o cuando pierdes las llaves. Camufladas, disfrazadas o susurrándote al oído. Ronroneando, besándote o silbando en el aire. Sin embargo, la mayoría de las veces, están tumbadas ante nuestros ojos, bajo el cielo azul, a Plena vista. Completamente garantizado: 10.000 razones para ser feliz.

El Universo

Mi abrazo infinito,

Si la mente está ocupada con pensamientos positivos, es más difícil que el cuerpo enferme.

Esta frase del Dalai Lama me ha recordado a un suceso que he vivido esta misma semana. Os cuento:
El martes me dirigía a ver a un cliente NO muy contenta. De camino, el calzado me hizo rozaduras, una cosa muy extraña ya que es cómodo, flexible y llevo tiempo con él.
Al día siguiente antes de salir hacia el mismo lugar, me coloqué unas tiritas estupendas, de éstas gordotas que son casi mágicas porque además, ayudan a curar la herida. En mi mente estaba cuestionándome si continuar o no con este cliente ya que no me agradaba lo más mínimo. Me puse un calzado aún más cómodo y aun con las súper tiritas… ¡¡me dolía horrores caminar!!… y pensé para mí: “claro, lo que me duele es hacer algo que no quiero hacer realmente, así que hoy mismo finiquito esta relación laboral y no se hable más”.
Curiosamente, ese mismo día llegué a un acuerdo muy satisfactorio y, lo más importante, pude ver con claridad lo que este suceso tenía para enseñarme. Era una oportunidad fantástica para aprender a cambiar una parte de mí que justamente me estaba trabajando las últimas semanas.
Salí de allí feliz, con la mente clara, con ese ENTUSIASMO que uno siente cuando comprende las “SEÑALES” que la Vida le envía para avanzar en el camino…
¿Os podéis creer que al salir de allí ese mismo día NO me dolían NADA los pies? ¿De repente funcionaron las tiritas? ¿De repente sanaron las heridas?… han pasado solo 3 días y las heridas son casi inexistentes….
Una vez más puedo comprobar el gran poder de los pensamientos… pero ya no solo en el sentido «absurdo» de pensar en positivo porque sí. Sino del gran poder que tiene tomar CONCIENCIA de que todo lo que nos ocurre son verdaderas oportunidades si aprendemos a quitar el enfoque de las cosas «pequeñitas», y damos el gran salto de poder contemplar los acontecimientos desde una perspectiva ampliada y siempre favorecedora.
Muchas veces el árbol no nos deja ver el bosque… Y ahora piensa: ¿Cuál es tu «herida»? ¿Qué «tiritas» colocas? Aun con las tiritas, ¿te sigue doliendo? ¿Para qué crees que te duele? ¿Para qué estás viviendo esta situación y qué crees que trata de enseñarte? ¿Qué es aquello que tienes que cambiar?…
Fuerza y… ¡adelante!

Ni novios, ni amantes… «Amigos con derechos»

Hace unas pocas décadas y en cuestiones sentimentales no existían muchas opciones, al menos de cara “a la galería”. Dos personas se gustaban y el único camino posible era (en este orden): noviazgo, boda, piso, convivencia, familia…

Hoy en día, afortunadamente, esta es solamente una opción entre otras muchas. En la actualidad tenemos la gran libertad de elegir cómo queremos establecer nuestras relaciones. Y si ambas partes están de acuerdo, todo está perfecto.

El problema radica en que esta libertad de elección puede tornarse a veces en confusión, desorientación y frustración ya que, aunque no seamos conscientes, estamos tremendamente influidos por nuestro entorno y la educación que hemos recibido. Creemos que queremos una relación “como la de toda la vida”, la que hemos visto construir a nuestros padres, familiares, amigos…, pero somos incapaces de encontrarla… ¿por qué?

Hace unos días llegaba a mi consulta un paciente con la siguiente historia:

“Mi vida sentimental es un desastre. Hace ya 2 años vengo manteniendo una relación que no termina de estabilizarse. Nos llevamos genial, hay una comunicación muy buena, estoy muy a gusto con ella, todo es muy mágico y hasta existe una conexión un poco extraña a través de coincidencias, señales… Yo diría que es el tipo de mujer ideal para mí, con la que siempre he querido estar.

Pero en el momento en el que quiero que las cosas se estabilicen, ella da un paso atrás e incluso desaparece unos días del mapa. He intentado hablar muchas veces con ella de este tema, pero no hay forma. Y yo ya no puedo más, estoy pensando en dejarla y buscar a otra persona con la que pueda tener la pareja que quiero.”

Ante un planteamiento así en el que el paciente sufre, cualquiera en su sano juicio le diría que, efectivamente, lo mejor es dejar el espacio libre para que otra persona ocupe el lugar que él quiere realmente.

Pero basándome en la teoría de los espejos (más información aquí), me vi obligada a preguntarle: si esto no es lo que quieres… ¿por qué y para qué has atraído una mujer así a tu vida y has mantenido una relación con ella? ¿Cómo sería la relación que tú quieres?

Curiosamente comenzó a hablarme de lo que no quería: “no quiero tener a alguien todo el día encima de mí, me gusta mi independencia, en verdad me gusta vivir solo…”

Y fue aquí donde abrí los ojos como platos (y él también). Le pregunté cómo había sido su historia sentimental y me contó que llevaba varios años sin pareja estable, y justo antes de esta historia conoció a una chica que sí le planteó estabilizar la relación. En este caso y “casualmente” fue él quien “salió pitando” porque… no le llenaba del todo.

¡¡Cómo es la vida!! La persona que más te gusta es justamente con la que no puedes tener la relación que quieres… y las personas que te plantean la relación que quieresno son las ideales para ti.

Sinceramente creo que aquella persona que tiene CLARO que quiere una pareja estable… la encuentra más pronto o más tarde. Pero andar el camino durante años y años sin que nada cuaje… es para hacerse alguna que otra pregunta…

¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué ocurre esto?

El primer diagnóstico podría ser MIEDO AL COMPROMISO (más información aquí). Pero… ¿y si no fuera miedo? ¿Y si fuera simplemente confusión? ¿Y si todavía no has sido consciente de que en verdad no quieres para ti una relación como las “de toda la vida”?

Al plantearle todas estas cuestiones a mi paciente, se quedó pensativo… y sonrió. Ciertamente manifestó que no quería convivir con nadie de manera fija, que realmente estaba a gusto como estaba. Solo quería tener la seguridad de que esa persona iba a estar ahí. Pero amigo… esto ya es otra cosa. Aquí está hablando el ego y su deseo de posesión, de ese deseo de pertenencia que nos hace sentir seguros, que “somos de alguien” y que ese alguien es “nuestro”. Queremos ponerle el apellido de turno: pareja, noviazgo, estable…, para sentirnos más seguros, pero esto no implica que la relación vaya a funcionar mejor. A veces incluso, puede ocurrir lo contrario.

Por tanto, si realmente es una relación en la que el paciente disfruta, comparte, es feliz, se siente bien, etc., ¿por qué renunciar a ella? ¿Por qué tratar de que sea de otra forma, cuando en verdad él tampoco quiere dar ese paso de… “convivencia, ir juntos a las bodas e ir a comer los domingos a casa de la suegra”? ¿Por qué una relación exitosa (por llamarla de alguna forma), ha de ser de una forma determinada? ¿Y por qué esa manía de ponerle un apellido determinado?

Dos semanas más tarde me contaba que casualmente esta chica había reaparecido de nuevo y que se habían encontrado. Y que todo estaba bien… tal y como estaba. Ahora se sentía preparado para disfrutar de esta relación tal y como es, porque cada día está más seguro de que esto es lo que él TAMBIÉN quiere. Sólo que no lo sabía…

Prestemos atención a los MAESTROS que se nos presentan… todo lo que atraemos a nuestra vida tiene mucho más que ver con nosotros de lo que creemos en principio. Si nuestro paciente realmente hubiera tenido claro que no quiere una relación de este tipo, no se habría “enredado” con esta mujer. La historia se hubiera quedado en un par de encuentros y no habría evolucionado.

Todo aquello que no tiene que ver contigo ni con tu energía, no te llama la atención…, pasa de largo sin más.

Realmente estamos muy condicionados por nuestro entorno, por lo que nos han contado que tienen que ser las cosas, por lo que hemos visto. Creemos que queremos algo pero a veces, solo es lo que nos han dicho que debemos desear. Y en muchas ocasiones aquí es donde nos bloqueamos, nos confundimos, nos desorientamos y, por supuesto…, nos embarga un gran sentimiento de frustración, ya que estamos buscando algo que nunca llegamos a alcanzar… Y la razón es tan simple como que eso realmente no es lo que queremos.

Por suerte, la Vida nos habla a través de sus mensajes… aprendamos a escucharla. Siéntete libre de crear tu relación y tu historia como tú deseas que sea, ES LA TUYA Y LA VAS A VIVIR TÚ.

Mi abrazo infinito,

Para recibir lo que se quiere, antes hay que desprenderse de lo que no se quiere

Esta frase de Alejandro Jodorowsky me ha parecido perfecta como introducción a este artículo.

Soltar… desprenderse… ¡cuánto miedo hay en juego! Mandar todo «a paseo» no es tarea fácil, ni siquiera lo es con aquello que ya no nos resulta útil. Y así nos ocurre…, cuando no tenemos el valor de dejar atrás todo lo inservible, la vida se nos complica, incluso a veces nos «obliga a hacerlo por las malas». Y es entonces cuando pensamos… ¿por qué no lo hice a su debido tiempo?

Leemos por todas partes que lo más sano es SOLTAR, pero no nos dicen cómo hacerlo.

Cuando hablamos de dejar atrás algo que creemos importante…, un nudo aparece en nuestro estómago. Sí, nos da vértigo… Y es que el ego se identifica con todo aquello que TIENE, sea bueno o sea malo, sirva o no sirva, pero siempre necesita referentes para sentirse seguro. Aferrarnos a cosas, personas, situaciones, creencias… nos hace sentir seguros. Nos beneficien o nos perjudiquen… ya las conocemos y son «nuestras».

Junto a este hábito de atesorar referentes, (falsos referentes, diría yo), se encuentra la pregunta: ¿y si aparto esto de mi vida y después no llega nada? El miedo al VACÍO es el gran miedo de nuestra mente egoica. Sin embargo, sabemos (porque lo hemos experimentado muchas veces), que el vacío no existe. Y que todo aquello que se fue de nuestras vidas dio lugar a algo nuevo, más pronto o más tarde. No hay otro modo de renovarse y, por tanto, de avanzar: hay que soltar…

¿Cómo hacerlo? – te preguntarás.

Comienza la limpieza por lo más fácil: lo material. Con el paso de los años vamos acumulando trastos, y hacemos de nuestras casas grandes museos que van contando nuestra historia. Decimos que dejamos atrás el pasado pero todo aquello que vamos acumulando nos delata. En el fondo nos cuesta desprendernos. Ese traje (que ya no te sirve), pero que te recuerda a ese acontecimiento especial…, ese regalo que te hizo la tía de no sé quién, que no te gusta nada pero que mantienes por si aparece algún día por tu casa… esas camisetas viejas… Dejemos atrás trastos y más trastos que ocupan nuestros armarios, nuestros rincones y que impiden que la energía fluya libremente atrayendo lo nuevo.

Comenzar a desprenderse de lo material es el primer paso. Es una forma de decirle a la Vida que nos sentimos seguros en el AQUÍ y AHORA, y que tenemos confianza en que nos proveerá de todo aquello que vayamos necesitando a cada paso del camino. Limpia, tira, ordena… Es una terapia excelente.

Continuemos por los asuntos pendientes. Sí… vamos acumulando pequeñas cosas que dejamos sin hacer y que vamos cargando en la mochila del «debe»: esa llamada, responder a ese correo, aclarar ese malentendido, acudir a ese lugar, pedir información, reunirnos con esa persona… Todos los asuntos que vamos dejando a medias o directamente sin hacer, nos ocasionan cierto malestar aunque  no seamos conscientes de ello. Ordena tu vida a este respecto, haz una lista con esas tareas pendientes y decide por fin llevarlas a cabo O NO, pero comienza hoy mismo a descargar esa mochila.

Y bien, ahora comenzaremos con la parte más difícil, ya que hablaremos de lo que más nos cuesta soltar…

Conocidos… ¿cuánto tiempo hace que no haces limpieza de «contactos»? En tu teléfono, en tu Facebook, etc. Yo siempre digo que cuando tu teléfono sufre «accidentes» tales como robos, pérdidas, deterioros…, la Vida te está ayudando a desprenderte de todas aquellas personas con las que ya no es necesario que continúes el camino. En estos casos el hecho de soltar se produce «por las malas» como os comentaba al inicio del artículo. Acumular contactos y conocidos con los que ya apenas compartimos modos de ser, de pensar y de contemplar el mundo, también satura el sistema…, impidiendo que nuevas relaciones aparezcan en nuestras vidas mucho más en sintonía con lo que ahora SOMOS.

Amigos… Sí, es genial que continúes manteniendo a tus amigos del colegio. Pero… ¿te has planteado realmente si esas relaciones te sirven? ¿Esas personas realmente te aportan algo valioso? ¿Cómo te sientes cuando te reúnes con ellas? ¿Te apoyan verdaderamente cuando más lo necesitas? Todos vamos cambiando a lo largo del tiempo y, a veces, la gente de nuestro alrededor evoluciona en un sentido muy diferente. Ni mejor ni peor… sólo diferente al nuestro. Continuar con determinadas amistades cuando sabemos que ya no tenemos apenas nada en común, también va cargando esa mochila de «insatisfacción«. Revisa tus relaciones de amistad y comienza a hacer limpieza. Es realmente duro darse cuenta en los momentos de «necesidad» que tus amigos no lo son realmente. Antes de que puedas verte envuelto en una situación de este tipo, piensa y analiza cada una de las relaciones de amistad que mantienes. En el fondo… todos sabemos si esa persona es valiosa para nosotros o si ya llegó el momento de distanciarnos.

Vida laboral…  Despiertas cada día y te diriges como un autómata a tu lugar de trabajo. Pero siempre has querido dedicarte a esa actividad que en verdad enciende tu alma… Y claro, ¿quién puede dejar un trabajo estable con un sueldo ídem? ¿y si todo sale mal? Desde luego es un gran riesgo, ya que todos necesitamos pagar nuestras facturas a final de mes. Por tanto, no te voy a recomendar que hagas «limpieza de este asunto de hoy para mañana». Pero lo que sí te recomiendo es que, sin abandonar tu trabajo actual, vayas dedicando 1 hora al día (o lo que consideres) al desarrollo de ese proyecto que te apasiona. Ve realizándolo de forma paralela y, cuando tu sueño comience a tomar forma y a encarrilarse aportándote ingresos, será el momento de soltar…

Relación sentimental… Sinceramente, creo que necesitaría un artículo sólo para hablar de soltar en este aspecto de nuestra vida. A modo introductorio te dejo algunas preguntas que puedes comenzar a plantearte en este sentido: ¿cómo me siento con esa persona a mi lado?, ¿me aporta lo que yo realmente busco en una relación?, ¿por qué mantengo esta relación (deja a un lado la respuesta «porque le quiero»)?

Emociones… ¿Sabías que podemos ser adictos a las emociones? ¿Cuáles son las más frecuentes en tu día a día? ¿Eres más propenso al enfado, a la tristeza, a la ansiedad…? Te recomiendo que durante unos días te observes con atención y vayas tomando nota. Sin duda, muchas de tus emociones son respuestas a estímulos del entorno, pero otras muchas veces (y más de las que crees), las llevas «puestas». Esto genera un círculo vicioso, ya que tu sistema se retroalimenta de los neurotransmisores que se originan en tu cerebro y se reparten a través del torrente sanguíneo a cada célula de tu cuerpo. Si la emoción se repite lo suficiente, los receptores celulares terminan «necesitando» ese tipo de estímulo, sea positivo o negativo. Si cada célula de tu cuerpo experimenta esa emoción y se encuentra vibrando con la energía correspondiente, todo lo que atraerás en tu día a día se encontrará en consonancia con la emoción dominante.

Ahora que tienes esta información, pensarás sin duda que será mucho más rentable tener «adicción» por las emociones positivas. Sin embargo, las negativas también quieren decirte algo. Y si se repiten con tanta frecuencia, quizá es porque debes atender algún asunto no resuelto de tu presente o de tu pasado, presta atención para descubrir cuál es la mochila que vas cargando y cuál es el asunto que, en este caso, has de soltar…

Pensamientos y creencias… Quizá esta sea la parte más complicada cuando hablamos de desprendernos y soltar. Sin duda, toda nuestra vida y todo lo que hay en ella parte de aquí. Nuestros pensamientos generan las emociones de las que antes hablábamos. Es complicado mantener la atención cada instante de nuestra vida y captar todos los pensamientos que queremos evitar. Pero para esto tenemos a las emociones, ellas nos indican nuestros pensamientos dominantes.

Por otro lado, un pensamiento-emoción que se repite con la suficiente frecuencia puede convertirse en una creencia. Una creencia es una verdad inmutable, un modo de contemplar una parte de la realidad que «nosotros» vemos así y, de hecho, comprobamos que es cierta porque constantemente se repite en nuestra vida. Sin embargo, lo que para ti es una realidad…, para «tu vecino» puede ser totalmente falsa porque él no experimenta eso en absoluto. Es decir, realmente podemos ELEGIR lo que queremos creer, podemos elegir cuál es nuestra visión de la vida en cada uno de sus múltiples aspectos. Nos resultará más difícil en tanto en cuanto esa creencia ya ha manifestado en nuestro pasado varios acontecimientos similares que la refuerzan. Pero si queremos ver cambios en nuestro futuro, no nos queda más remedio que dejar de aferrarnos a esas creencias obsoletas, y comenzar a soltar todas aquellas que nos impiden llegar a alcanzar la vida que deseamos.

Te recomiendo que comiences por lo más sencillo y, según vayas sintiendo que la carga se aminora, te sentirás más libre y decidido para desprenderte de lo que más te cuesta.

Querid@ amig@, si sientes que necesitas un cambio…, si la insatisfacción ha hecho mella en tu día a día pero no sabes muy bien por qué…, si sientes que estás llevando encima demasiadas «mochilas» y la carga comienza a hundirte… quizá ya sea momento de SOLTAR…

Mi abrazo infinito,

Y tú… ¿compites o colaboras?

Este fin de semana estuve colaborando con un cliente en una feria muy conocida en Madrid. Y me encontré con una situación que encontré divertida y, en cierto modo, también supuso un reto, sobre todo en cuanto al abanico de posibilidades que me ofrecía para situarme.

A las pocas horas de llegar, comencé a notar que la compañera que realizaba la misma labor que yo…, me ignoraba de forma notable. En un principio traté varias veces de acercarme a ella y conversar, tal y como hice con todos los que allí se encontraban…, pero me encontré con una evitación constante. Su actitud era de esfuerzo en grado sumo. Tanto que era llamativo: apenas  hacía descansos, no iba a comer, no iba al baño… El segundo día ya no intenté acercarme a ella. Además, llegué cansada y pude darme cuenta de que aprovechó esas dos primeras horas de mi “bajón” para atraer la atención hacia ella. Y tanto se esforzó para opacar mi trabajo… que lo consiguió.

Y digo que lo consiguió porque llegó alguien para confirmármelo, incluso me recomendó que “me hiciera valer”. Desde luego, agradecí que me corroborara desde fuera lo que yo estaba percibiendo. Y fue entonces cuando abrí el abanico… tenía varios lugares en los que situarme y desde los que poder actuar:

  • Podía, efectivamente, hacer lo mismo que ella… esforzarme mucho, mucho. Seguir el juego de la competición y tratar de hacer ver a todos lo que “yo valgo”.
  • Podía elegir sentirme “disminuida”, rendirme y claudicar.
  • Y podía elegir contemplar el asunto “desde la butaca”, despersonalizando todo el asunto y a la vez, tratando de comprender lo que estaba ocurriendo en el “escenario”.

Podéis adivinar la opción que elegí… ¡eso es! La tercera.

Obviamente, una persona que se esfuerza tanto por agradar y brillar es porque en el fondo trata de compensar una carencia. En ese momento pude contemplar a mi compañera desde la ternura y la empatía… No me costó trabajo recordar todos aquellos momentos en los que yo misma me había sentido del mismo modo en el pasado. En esas situaciones yo tendía a retraerme, pero comprendía perfectamente el lugar en el que se encontraba y cómo podía sentirse.

Así que decidí enviarla mentalmente este tipo de pensamientos y seguí realizando mi trabajo del mismo modo en el que lo hice hasta ese momento…, sin variar absolutamente nada, haciendo lo que sentía, llevando a cabo mis descansos y tratando a todo el mundo de la misma forma. En definitiva, seguí siendo yo misma. Lo que pude observar es que esta persona fue bajando su ritmo frenético de trabajo y curiosamente, se fueron acercando más personas a mí. No porque yo lo buscara en absoluto, simplemente ocurrió. Sin buscarlo, la situación fue tendiendo al equilibrio y finalmente… nadie destacó más que nadie.

Si me hubiera situado en la primera opción, hubiera entrado en el juego competitivo de “yo soy más que…”, lo cual es totalmente incorrecto. En el segundo caso me hubiera situado en la opción de ser “menos que…”, lo cual también es incorrecto. La tercera opción es la verdaderamente REAL. No hay bienes, ni títulos ni poderes, ni ninguna otra “cosa” que otorgue a un ser humano el «título» de ser más que otro, ni tampoco hay carencias que puedan llevar a que un ser humano sea inferior a otro.

La cultura del poder, del “número uno”, de la lucha y la competición… es un asunto que ya pertenece a otras épocas. Ya es hora de ir abandonando esta cultura patriarcal y el dominio de la mente masculina y sus actitudes propias, tanto en el mundo laboral como en otros ámbitos de la vida.

Hace ya muchos años,  cuando la mujer trataba de introducirse en un mundo laboral repleto de hombres, es comprensible que no tuviera otra forma de sobresalir en él, si no lo hacía desde su mente masculina y con actitudes ídem. Pero en el mundo actual ya vamos comprobando que los valores femeninos pueden y deben aplicarse también al ámbito laboral. La colaboración, la cooperación, la suma de valores y conocimientos es sumamente enriquecedora tanto a nivel individual como a nivel grupal. Es hora de ir transformando ese «ganar-perder» en un… «ganar-ganar», y tratar de comprender y SENTIR que cuando el otro gana yo también gano… ya que verdaderamente el bien del otro también es mi propio bien.

Un motivo para situarse en este tipo de actitudes competitivas es el miedo. Pero recuerda que nadie puede quitarte nada… no existe tal cosa como que alguien pueda «robarte» clientes, un puesto de trabajo o cualquier otra cosa. Ya que todo lo que disfrutas (o no) llega a ti en base a lo que ERES y a la energía que emites. Y, por otro lado, no existe una persona en todo el mundo que sea exactamente igual a ti. Por tanto, no hay nadie con quien puedas competir. No tiene sentido.

En una sociedad orientada durante mucho tiempo a lo racional y a lo mental… la inteligencia emocional trata de buscar su lugar para alcanzar ese equilibrio que cada día se hace más necesario. Recordemos que la separación es algo que tratan de imponernos para favorecer este tipo de conflictos.

No te dejes convencer, no entres en el juego, permanece en tu centro… y comienza a reconocer «al otro» como un aspecto de ti mismo.

Mi abrazo infinito,

La soledad… ¿amiga o enemiga?

A muchas personas  les resulta difícil comprender que alguien desee verdaderamente estar unos días a solas, y ya no hablo de unos días… sino simplemente algunas horas. Obviamente, se llevan “mal” con la SOLEDAD.

He tenido algunos pacientes con este problema. Suelen ser personas que buscan la compañía constante y casi de forma indiscriminada. Y si en algún momento se ven solas en casa se lanzan corriendo a encender la televisión o cualquier artefacto en el que puedan escuchar algún ruido externo.

En una ocasión me encontré con una mujer que hasta era incapaz de salir a caminar sin llevar puestos los auriculares. Y cuando digo incapaz… me refiero a que sufría verdaderamente si no la acompañaba alguien, o si no escuchaba ese “run run” de algo que llegara desde “fuera”.

Otra mujer, incapaz en muchas ocasiones de estar sola en casa, se refugiaba en centros comerciales en los que al menos podía distraerse con la ilusión de que había gente a su alrededor, lo cual la hacía sentir más arropada.

Todo vale con tal de no escuchar el SILENCIO. Y ya no tanto el silencio…, sino lo que detrás de él se adivina… Todo vale para no escuchar las propias voces internas… esas que de tanto acallar durante tanto tiempo se han llegado a convertir en gritos sordos.

Tanto huir de uno mismo puede favorecer el mantenimiento de relaciones co-dependientes. Muy lejanas de aquellas que se establecen por elección, por disfrute, por un deseo de compartir lo que uno tiene para ofrecer. Son relaciones que se establecen por auténtica necesidad y, en ocasiones, hasta por desesperación.

Entiendo que aquella persona que tiende a esta huida no puede comprender que otra se quede consigo misma, incluso que necesite este espacio a menudo. Para ellas el amor es sinónimo de necesidad, por tanto, si no las necesitas… es que no las quieres.

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¿Por qué hay personas que disfrutan la soledad?

Buscar momentos de soledad nos conecta con todo aquello que NO somos capaces de escuchar en  unas vidas repletas de bullicio, actividades, obligaciones, gente y más gente… ¡¡a nosotros mismos!!

Encontrar estos momentos nos incita a mirar “hacia dentro”, a dejar de escuchar el ruido externo y comenzar a escuchar nuestras voces internas. Conectar con nuestra parte más profunda, nos ayuda a atender nuestras verdaderas necesidades, conocernos mejor y averiguar lo que realmente queremos y deseamos de la Vida, reajustar paso a paso el camino, rectificar si es necesario y, por supuesto, nos ayuda a recargar las pilas.

Estos momentos en lo que uno se permite “llenase de sí mismo” nos prepara para mantener relaciones mucho más sanas y profundas.

Cuando disfrutamos de la soledad, es como si nos dijéramos a nosotros mismos que estamos a gusto en nuestra compañía, y que ésta es válida por sí misma. Por tanto, los demás van a valorar de igual modo lo que nosotros ya hemos aprendido a apreciar. Y en última instancia… si algunos no la valoran, no sufriremos tanto por ello.

Es imprescindible aprender a tener una buena relación con uno mismo, porque de otro modo es imposible establecer relaciones auténticas. Y es más, cuando eres capaz de disfrutar de ti mismo plenamente, te apetece mucho más compartir con los demás. Lo que tú te das… es lo que puedes ofrecer a los demás, lo que no te das… no existe tampoco para otro, aunque pueda parecer que así es.

Y si es tan buena la soledad… ¿por qué yo no la disfruto?

Tengamos en cuenta que vivimos en una sociedad llena de estímulos externos y escaparates por doquier: televisión, redes sociales, whatsapp…, donde podemos entrever las vidas de otros fácil y constantemente.

Tanto bullicio nos hace permanecer enfocados en lo externo sin que ello favorezca en absoluto la introspección. Y tantos “escaparates” de vidas diversas a las que asomarnos, provoca que constantemente andemos comparándonos con las vidas de los demás. El prado del vecino siempre parece más verde, los otros siempre parecen tener una vida más divertida e interesante que la nuestra. Lo que ocurre es que no se suelen hacer públicos los malos momentos que, por supuesto, todos tenemos.

Yo también me he sentido sola en ciertos momentos de mi vida. Han sido épocas de rupturas, duelos y despedidas. A veces, ese vacío que deja lo que se va, puede confundirse con un sentimiento de soledad. Y es que inevitablemente nuestra vida experimenta cambios en los que vemos desaparecer de repente situaciones y/o personas que queríamos. Este momento “intermedio” en el que lo viejo se ha ido y lo nuevo todavía no aparece… está repleto de confusión, angustia y vacío.

Si este es tu caso, ten paciencia. Para el Universo no existe el vacío, por tanto, nuevas oportunidades y nuevas personas llegarán a tu Vida para comenzar una nueva etapa. Ser conscientes de que estamos en uno de estos momentos… nos ayuda a transitarlos con mayor paz y serenidad.

Si te cuesta verdaderamente estar a solas y necesitas gente a tu lado constantemente (incluso buscas desesperadamente una pareja que te ayude a paliar su soledad), piensa que este sentimiento quizá sea una “llamada” de tu Ser para que comiences a estrechar lazos contigo mismo. Quizá es el momento de comenzar a transitar el camino del    auto-conocimiento. Puedes comenzar por leer algún libro que te inspire (al final te recomiendo algunos), asistir a talleres de crecimiento personal o quizás visitar algún terapeuta que te señale los posibles caminos que pueden acercarte a ese conocimiento de ti mismo y a tu paz mental.

También es posible que te encuentres experimentando un momento en el que las relaciones que mantienes no te satisfacen del todo. Quizá no son lo suficientemente profundas o tan íntimas como quisieras. Para cultivar relaciones satisfactorias tendrás que comenzar tú con un primer paso. Interésate sinceramente por los demás, sé detallista, empatiza con las personas que te encuentres. Mostrar interés por los demás les hará también interesarse por ti. Poco a poco y de forma gradual ve abriéndote y expresándote… Existirán personas a las que les importe poco… pero entre todas aquellas con las que lo intentes, estoy segura de que un par se quedarán en tu vida y valorarán la intimidad que las ofreces. Déjate querer y ábrete a RECIBIR. Siempre ha de existir un equilibrio.

Y por último y ya que ha salido a colación la palabra EQUILIBRIO, ten en cuenta que puede existir una línea muy fina entre desear realmente la soledad como un aspecto sano y necesario…, y tratar de evadir algo que existe en tu vida,  y de lo que tratas de huir buscando un refugio. Timidez, miedo a enfrentar determinadas situaciones, complejos, falta de autoestima, apatía, desmotivación, pérdida de rumbo…, pueden llevarte a una soledad “elegida” como una forma de eludir la responsabilidad de enfrentar el verdadero problema.

En definitiva, busca los momentos a solas y busca también el establecimiento de relaciones con tu entorno que llenen tu alma. Aprende a reconocer cuándo quieres compañía y cuándo necesitas de esos momentos para llenarte de ti.

Sin duda alguna, lo único seguro es que  CONTIGO  es con quien pasarás el resto de tu vida. Es hora de comenzar a invertir en esa relación….

Mi abrazo infinito,

Libros recomendados para comenzar:

  • El poder del ahora – Eckhart Tolle
  • Conversaciones con Dios – Neale Donald Walsch
  • El Alquimista – Paulo Coelho
  • Dios vuelve en una harley – Joan Brady
  • El caballero de la armadura oxidada – Robert Fisher
  • Las 9 revelaciones – James Redfield
  • La princesa que creía en cuentos de hadas – Marcia Grad
  • El monje que vendió su Ferrari – Robin S. Sharma

Amar no es desaparecer… Las parejas «burbuja» y sus consecuencias

No dejes que tu pareja ocupe todo tu ser y tu mente, de tal manera que no haya lugar para ti. Amar no es desaparecer.

Walter Riso

He observado esta actitud en muchas personas (mayores, maduras y sorprendentemente también en las más jóvenes): en el momento en que pasan a formar parte de una situación de pareja (con o sin papeles), van dejando de lado todo “su mundo” para comenzar a formar parte del mundo de «su pareja». Es una actitud típicamente femenina, aunque, por supuesto también hay hombres que la mantienen. Hay que tener en cuenta que aunque las mujeres hemos cambiado mucho nuestros roles en las últimas décadas, seguimos experimentando los coletazos de una sociedad patriarcal en la que la mujer era educada únicamente para ser esposa y madre. Aunque como decía, también hay hombres que tienen este comportamiento, por tanto, hablaré de “personas” en un sentido amplio.

Es lógico y necesario invertir tiempo y energía cuando una nueva pareja está en reciente construcción, incluso es normal que durante los primeros meses de enamoramiento la pareja se sitúe en modo “burbuja”. En esta primera etapa pueden dejarse de lado algunas cosas que se vivían de manera independiente, ya que el estado hormonal-emocional así lo demanda.

Cuando todo este baile hormonal se normaliza es lógico que, para seguir cultivando la relación, siga siendo necesaria esa inversión de tiempo y energía, con más razón si se trata de edificar una familia incluyendo una descendencia. Pero lo más sano es que en esta segunda etapa, la pareja ya establecida vaya abriéndose al mundo, y ambos miembros vayan estableciendo sus lugares en la relación (y fuera de la misma). Existirán amistades y eventos que la pareja compartirá de forma conjunta, pero también se vivirán otras relaciones y situaciones de forma independiente.

Estar “en pareja” es una circunstancia, ser “padre o madre” es un rol que decidimos tomar o no tomar en nuestras vidas, pero antes de todos estos roles y papeles, no olvidemos que somos un SER PLENO, independiente, único, con un propósito propio al venir a este mundo.

Ocurre que en ocasiones, algunas parejas se quedan en esa primera etapa “burbuja”, o incluso no pasan a experimentar la segunda etapa de manera muy sana, pasando a formar parte de un «kit indisoluble» en la que uno de los miembros (o los dos), no es capaz de vivir sus propias relaciones y experiencias vitales. Pasamos de ser “yo” a ser “nosotros” y todo se vive desde este lugar en la que la identidad propia va desapareciendo y borrándose con el paso del tiempo.

¿Cuáles podrían ser los motivos de este comportamiento?

VACÍO-SOLEDAD

Si el estado previo de la persona antes de constituir la pareja era de vacío, aburrimiento…, incluso un gran sentimiento de soledad, es lógico que con la aparición de la pareja, la persona vea “la luz salvadora” de repente, y lo poco o mucho que había construido antes de la pareja pase a un 2º plano en el momento en el que esa persona especial aparece. La pareja entonces será la “encargada” de llenar toda esa vida insulsa, aburrida o solitaria que se estaba experimentando.

CREENCIAS

Muchas personas creen que tener pareja las hará mucho más valiosas a ojos de los demás. Es algo así como pensar: “mirad, alguien me quiere, yo valgo y soy importante”.

Tampoco tenemos que olvidar que todas esas creencias patriarcales de antaño siguen haciendo mella en nuestros comportamientos… términos como “solterona”, “viejo verde” y demás opiniones sociales con respecto a un estado “solitario” en la edad madura… nos hacen pensar que estar solo es algo negativo y no aceptado plenamente en la sociedad, lo que nos lleva a establecer parejas como una necesidad, y no como una elección vital.

INSEGURIDAD

Muchas personas necesitan un apoyo íntimo y cercano para sentirse arropadas y seguras frente al mundo. Necesitan que esa pareja les aporte una confianza que ellas, por sí mismas, no han sido capaces de desarrollar de manera autónoma.

Una pareja creada bajo estas bases de necesidad es lógico que trate de mantenerse casi “a toda costa”, y si para ello es necesario olvidarse de uno mismo… pues así se hará, a través de una serie de comportamientos típicos:

  • Se dejan de cultivar las amistades propias, relaciones familiares, hobbies, etc.
  • La pareja pasa a formar la prioridad absoluta, así como sus necesidades.
  • Se olvidan los propios sueños y necesidades.
  • Cada vez se hacen más cosas con la pareja, y menos a solas.
  • Poco a poco… los pensamientos, modos de ser y comportarse se asemejan a los de la pareja y ya casi da igual hablar con uno u otro, ya que ambos miembros parecen “clones”.

Es lógico pensar que una pareja que se ha construido en base a este tipo de necesidades no resueltas de manera individual…, no puede permanecer de manera sana en el tiempo. Buscamos que esa persona nos aporte lo que no hemos sido capaces de desarrollar, y eso no funciona durante mucho tiempo. Llega un momento en el que, a nivel inconsciente, percibimos que todo aquello que pretendíamos TAPAR, no puede ofrecérnoslo nadie:

  • Si lo que querías tapar era la soledad, no aprendiste a estar contigo mismo.
  • Si lo que querías tapar era una vida insulsa y aburrida, no aprendiste a encontrar tu verdadero camino, ese que te apasiona.
  • Si lo que querías tapar era una valoración a ojos de los demás, no aprendiste a valorarte y a amarte.
  • Si lo que querías tapar era la falta de apoyo y la inseguridad, no aprendiste a apoyarte ni a desarrollar la confianza en ti mismo.

… Y entonces todo aquello que tratábamos de OCULTAR con la presencia de esa pareja… sale más adelante de modo mucho más potente, quedando al descubierto a través de exigencias desmedidas hacia el otro. Y entonces una idea llega a la mente: “me equivoqué”, “esta no era la persona”, “hay que buscar otra”.  Y de nuevo, volvemos a buscar una nueva pareja, pensando que será la próxima la que “NOS DE” todo aquello que buscamos. Seguimos encargando al otro que haga nuestros deberes… y así podemos pasarnos la vida entera. O bien (como se hacía antiguamente casi por obligación), nos quedamos en esa pareja burbuja que hemos construido con todos esos sentimientos de insatisfacción, frustración, infelicidad y por supuesto… desamor.

Y no pocas veces, podemos observar lo que ocurre finalmente. Llega a nuestra vida una situación de divorcio o viudedad que puede llegar a ser verdaderamente traumática, porque seguimos encontrándonos con los deberes sin hacer. Y en estos momentos… preguntas que deberíamos habernos hecho hace muchos años: “¿quién soy yo, qué quiero de la Vida, qué he venido a construir…?” siguen sin plantearse y, por supuesto, sin responderse.

Nos encontramos con una edad avanzada, quizá enfermos, quizá dependientes… quizá muy solos… porque no supimos resolver a tiempo nuestros conflictos vitales, porque no supimos construir más allá de una única persona que en su día buscamos para que iluminara nuestra vida, sin ser conscientes de que la única persona que nos puede iluminar es la que se encuentra ahí cuando miramos a un espejo.

Si estás leyendo esto… te digo con el corazón en la mano: no dejes que la inercia y la inconsciencia te lleven a ese tipo de pareja. Estás a tiempo de hacer tus deberes. Tus conflictos irán siempre contigo… con la pareja que tengas ahora, con la siguiente, o cuando estés sol@. No esperes más y ponte manos a la obra para convertirte en ese Ser pleno que pueda transitar su camino en compañía de otro Ser pleno.

Mi abrazo infinito,

¿Y si lo que ocurre es que tienes miedo al éxito?…

miedo al exito

Se suele hablar mucho del miedo al fracaso cuando se trata de ponernos en marcha hacia lo que realmente queremos. Está claro que bajo este miedo subyace la pregunta… “¿y si todo sale mal?”. Sin embargo, hay otra cuestión que muchos y muchas olvidan. Y es todo aquello que se esconde bajo la pregunta… “¿y si lo consigo?”.

En ocasiones, esta última pregunta esconde ciertos temores y quizá mucho más potentes que la primera cuestión que planteábamos, ya que si fracasamos en nuestros intentos, como mínimo volveríamos a la situación que ya experimentamos en el presente o a una muy similar que, después de todo, ya es conocida. Quizá podemos considerar que hemos perdido algo de tiempo, quizás algo de dinero (en caso de que hayamos invertido), sentirnos durante algún tiempo desilusionados, tristes o frustrados… Y no dudo que estas situaciones potenciales puedan ser susceptibles de crearnos ciertos miedos o hándicaps a la hora de perseguir nuestros objetivos.

Sin embargo… ¿qué puede ocurrir si todo sale bien? ¿Cómo será nuestra vida si conseguimos nuestros propósitos? ¿Qué cambios acontecerán?

Cuando conseguimos algún objetivo que puede hacer que nuestra vida cambie de manera sustancial, es posible que nos encontremos experimentando o viviendo una situación desconocida por nosotros hasta el momento. Y ya sabemos que todo lo desconocido nos hace sentir inseguros y, por tanto, nos puede asustar mucho más que ese supuesto fracaso al que nos referíamos.

Por tanto, considero importante y necesario hacer un análisis de este posible “temor” y lo que puede existir detrás de él, con el objetivo de que puedas encontrar lo que realmente te limita. Recuerda que cualquier clase de miedo está alimentado por creencias inconscientes que suponen una amenaza para nuestra seguridad, pero la mayoría de las veces, nos están impidiendo un verdadero bienestar.

Pasaremos a exponer distintas creencias inconscientes que pueden alimentar tu “miedo al éxito”:

“NO SABRÉ MANTENERLO”, «PUEDO PERDERLO»

Una creencia frecuente es que cuando consigamos lo que queremos, no vamos a saber gestionarlo y, por tanto, tememos perderlo. En este caso piensa que si has conseguido atraer esa situación a tu vida es porque te encontrabas preparad@ y en resonancia con ello. Por tanto, confía en que la Vida te irá proporcionando en cada paso del camino todas aquellos aprendizajes que necesitas para que tu vibración se vaya acercando a la de tu objetivo.

Y, en el caso hipotético de que pudieras «perder» algo de lo conseguido, ya habrás aprendido a andar el camino para volver a recuperarlo fácil y rápidamente.

“ME VAN A ENVIDIAR”

No es agradable saber que nos envidian, sobre todo porque supone un cierto temor a que puedan dañarnos. Es cierto que aquellas personas que experimentan este sentimiento pueden sentirse incómodas con tu éxito. Y quizás inconscientemente, pueden tratar de hacerte daño retirándote su apoyo, criticándote, etc. En este caso, no pierdas de vista tu objetivo y recuerda que la persona que más sufre es la que siente envidia. Además, nadie puede hacerte daño si tú no lo permites. No prestes atención a estas personas y trata de quitarles importancia, incluso puedes tomarlo como algo bueno… si alguien te envidia… ¡¡algo estarás haciendo bien!!

“MIEDO A DESTACAR, A BRILLAR”

A veces, esto de “dejarse ver demasiado” puede darnos un poco de apuro. Quizás por el motivo que anteriormente comentábamos, y también porque podemos llegar a pensar en ser objeto de mayor exigencia por parte de los demás. Mientras estamos escondidos y en “la sombra” nadie ve lo que hacemos mal, nuestros errores pasan desapercibidos y nadie se da cuenta. Si nos dejamos ver y nos mostramos… también verán nuestras imperfecciones y errores. Podemos experimentar rechazo

Piensa en alguien a quien admires y que se deje ver… ¿qué ocurre cuando mete la pata? No resulta tan importante, ¿verdad? En unos minutos te has olvidado de ello. Incluso puede hacerte sentir mejor ver cómo aquellos a los que admiras también son humanos e imperfectos… como lo eres tú.

Los errores nos acercan los unos a los otros porque nadie es infalible. Trabaja en la aceptación y el perdón de todo aquello que consideras imperfecto en tu persona. Este es un gran secreto para el éxito…

“MIEDO A LAS REACCIONES DE LOS SERES QUERIDOS”

¿Qué pensará y cómo se sentirá mi… padre, amigo, pareja, primo, hermana…?

Grábate a fuego desde este momento lo siguiente: si a alguien que dice que te quiere, le molesta ver que brillas, que tienes éxito, que consigues tus sueños… ese alguien NO te quiere. Y estoy de acuerdo en que puede llegar a ser muy doloroso ver cómo aquella persona en la que confiabas y a la que realmente amabas… te retira su apoyo o su cariño cuando triunfas. Es lo que han llamado “la soledad del triunfador”.

Pero también te digo algo, y es que al igual que podemos descubrir a nuestros verdaderos “apoyos” en los peores momentos, también los descubrimos en los mejores… No te preocupes… llegarán nuevas personas más acordes a tu vibración actual. Es necesario hacer limpieza de todas aquellas relaciones que, en verdad, no eran tan puras y auténticas como tú pensabas y que, por tanto,… realmente no te servían.

“TENDRÉ QUE TRABAJAR MUCHO”

Es una creencia muy limitante y totalmente falsa pensar que para tener éxito hay que trabajar muy duro. Mira hacia aquella persona a la que admiras… ¿de verdad trabaja más que tú? ¿Y cuántas personas tienes a tu alrededor que trabajan muchas horas al día y fines de semana, y que apenas llegan a final de mes?

Con este ejemplo te darás cuenta de que esta creencia no se sostiene por sí misma. Además, ten en cuenta que todo el trabajo que lleves a cabo será infinitamente más placentero, porque tú lo has elegido y porque es lo que realmente quieres hacer.

“PUEDO CONVERTIRME EN ALGUIEN MUY DISTINTO”

Obviamente, para llegar a alcanzar cualquier objetivo… habrás adquirido una serie de aprendizajes que harán cambiar tu vibración, tus pensamientos, tu modo de sentir. Pero… ¿no crees que todo esto supondrá una gran mejora? Si crees que el éxito te hará menos humilde, o quizás egoísta, mala persona… estás poniendo el foco en aquellas personas exitosas que son así… ¿a cuántas personas de éxito conoces realmente para afirmar esto? ¿Y a cuantas personas conoces en vidas no exitosas que son “mala gente”?

Piensa que el éxito, al igual que el dinero, solo potencia lo que ya está ahí. Si eres generos@, con buen corazón, empatía, humildad… el éxito potenciará estos valores. Podrás ayudar a muchas más personas desde una posición exitosa que desde la sombra… ¿no te parece?

En cualquier caso, piensa que siempre habrá alguien que te critique, que te rechace, que te envidie… estés en el lugar en el que estés. Siempre puedes SER como tú elijas ser… estés donde estés. Siempre vas a perder algo o a alguien… consigas tus sueños o no. Evitar el éxito no hará que todo esto desaparezca de tu vida. Sí, existirán personas que se sientan incómodas con tu éxito, pero también encontrarás a todas aquellas que se sientan inspiradas con tu camino. Serás un buen ejemplo a seguir, un punto de luz y esperanza para todas aquellas personas que quieren mejorar y evolucionar en sus vidas… ¿No es fascinante?… Entonces ¿a qué esperas para ponerte en marcha?

Fuerza y … ¡adelante!