Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

La soledad… ¿amiga o enemiga?

La soledad... ¿amiga o enemiga?

La soledad... ¿amiga o enemiga?

A muchas personas  les resulta difícil comprender que alguien desee verdaderamente estar unos días a solas, y ya no hablo de unos días… sino simplemente algunas horas. Obviamente, se llevan “mal” con la SOLEDAD.

He tenido algunos pacientes con este problema. Suelen ser personas que buscan la compañía constante y casi de forma indiscriminada. Y si en algún momento se ven solas en casa se lanzan corriendo a encender la televisión o cualquier artefacto en el que puedan escuchar algún ruido externo.

En una ocasión me encontré con una mujer que hasta era incapaz de salir a caminar sin llevar puestos los auriculares. Y cuando digo incapaz… me refiero a que sufría verdaderamente si no la acompañaba alguien, o si no escuchaba ese “run run” de algo que llegara desde “fuera”.

Otra mujer, incapaz en muchas ocasiones de estar sola en casa, se refugiaba en centros comerciales en los que al menos podía distraerse con la ilusión de que había gente a su alrededor, lo cual la hacía sentir más arropada.

Todo vale con tal de no escuchar el SILENCIO. Y ya no tanto el silencio…, sino lo que detrás de él se adivina… Todo vale para no escuchar las propias voces internas… esas que de tanto acallar durante tanto tiempo se han llegado a convertir en gritos sordos.

Tanto huir de uno mismo puede favorecer el mantenimiento de relaciones co-dependientes. Muy lejanas de aquellas que se establecen por elección, por disfrute, por un deseo de compartir lo que uno tiene para ofrecer. Son relaciones que se establecen por auténtica necesidad y, en ocasiones, hasta por desesperación.

Entiendo que aquella persona que tiende a esta huida no puede comprender que otra se quede consigo misma, incluso que necesite este espacio a menudo. Para ellas el amor es sinónimo de necesidad, por tanto, si no las necesitas… es que no las quieres.

16d7f4290a0e80b8996de87db4765d27

¿Por qué hay personas que disfrutan la soledad?

Buscar momentos de soledad nos conecta con todo aquello que NO somos capaces de escuchar en  unas vidas repletas de bullicio, actividades, obligaciones, gente y más gente… ¡¡a nosotros mismos!!

Encontrar estos momentos nos incita a mirar “hacia dentro”, a dejar de escuchar el ruido externo y comenzar a escuchar nuestras voces internas. Conectar con nuestra parte más profunda, nos ayuda a atender nuestras verdaderas necesidades, conocernos mejor y averiguar lo que realmente queremos y deseamos de la Vida, reajustar paso a paso el camino, rectificar si es necesario y, por supuesto, nos ayuda a recargar las pilas.

Estos momentos en lo que uno se permite “llenase de sí mismo” nos prepara para mantener relaciones mucho más sanas y profundas.

Cuando disfrutamos de la soledad, es como si nos dijéramos a nosotros mismos que estamos a gusto en nuestra compañía, y que ésta es válida por sí misma. Por tanto, los demás van a valorar de igual modo lo que nosotros ya hemos aprendido a apreciar. Y en última instancia… si algunos no la valoran, no sufriremos tanto por ello.

Es imprescindible aprender a tener una buena relación con uno mismo, porque de otro modo es imposible establecer relaciones auténticas. Y es más, cuando eres capaz de disfrutar de ti mismo plenamente, te apetece mucho más compartir con los demás. Lo que tú te das… es lo que puedes ofrecer a los demás, lo que no te das… no existe tampoco para otro, aunque pueda parecer que así es.

Y si es tan buena la soledad… ¿por qué yo no la disfruto?

Tengamos en cuenta que vivimos en una sociedad llena de estímulos externos y escaparates por doquier: televisión, redes sociales, whatsapp…, donde podemos entrever las vidas de otros fácil y constantemente.

Tanto bullicio nos hace permanecer enfocados en lo externo sin que ello favorezca en absoluto la introspección. Y tantos “escaparates” de vidas diversas a las que asomarnos, provoca que constantemente andemos comparándonos con las vidas de los demás. El prado del vecino siempre parece más verde, los otros siempre parecen tener una vida más divertida e interesante que la nuestra. Lo que ocurre es que no se suelen hacer públicos los malos momentos que, por supuesto, todos tenemos.

Yo también me he sentido sola en ciertos momentos de mi vida. Han sido épocas de rupturas, duelos y despedidas. A veces, ese vacío que deja lo que se va, puede confundirse con un sentimiento de soledad. Y es que inevitablemente nuestra vida experimenta cambios en los que vemos desaparecer de repente situaciones y/o personas que queríamos. Este momento “intermedio” en el que lo viejo se ha ido y lo nuevo todavía no aparece… está repleto de confusión, angustia y vacío.

Si este es tu caso, ten paciencia. Para el Universo no existe el vacío, por tanto, nuevas oportunidades y nuevas personas llegarán a tu Vida para comenzar una nueva etapa. Ser conscientes de que estamos en uno de estos momentos… nos ayuda a transitarlos con mayor paz y serenidad.

Si te cuesta verdaderamente estar a solas y necesitas gente a tu lado constantemente (incluso buscas desesperadamente una pareja que te ayude a paliar su soledad), piensa que este sentimiento quizá sea una “llamada” de tu Ser para que comiences a estrechar lazos contigo mismo. Quizá es el momento de comenzar a transitar el camino del    auto-conocimiento. Puedes comenzar por leer algún libro que te inspire (al final te recomiendo algunos), asistir a talleres de crecimiento personal o quizás visitar algún terapeuta que te señale los posibles caminos que pueden acercarte a ese conocimiento de ti mismo y a tu paz mental.

También es posible que te encuentres experimentando un momento en el que las relaciones que mantienes no te satisfacen del todo. Quizá no son lo suficientemente profundas o tan íntimas como quisieras. Para cultivar relaciones satisfactorias tendrás que comenzar tú con un primer paso. Interésate sinceramente por los demás, sé detallista, empatiza con las personas que te encuentres. 

Mostrar interés por los demás les hará también interesarse por ti. Poco a poco y de forma gradual ve abriéndote y expresándote… Existirán personas a las que les importe poco… pero entre todas aquellas con las que lo intentes, estoy segura de que un par se quedarán en tu vida y valorarán la intimidad que las ofreces. Déjate querer y ábrete a RECIBIR. Siempre ha de existir un equilibrio.

Y por último y ya que ha salido a colación la palabra EQUILIBRIO, ten en cuenta que puede existir una línea muy fina entre desear realmente la soledad como un aspecto sano y necesario…, y tratar de evadir algo que existe en tu vida,  y de lo que tratas de huir buscando un refugio.

Timidez, miedo a enfrentar determinadas situaciones, complejos, falta de autoestima, apatía, desmotivación, pérdida de rumbo…, pueden llevarte a una soledad “elegida” como una forma de eludir la responsabilidad de enfrentar el verdadero problema.

En definitiva, busca los momentos a solas y busca también el establecimiento de relaciones con tu entorno que llenen tu alma. Aprende a reconocer cuándo quieres compañía y cuándo necesitas de esos momentos para llenarte de ti.

Sin duda alguna, lo único seguro es que  CONTIGO  es con quien pasarás el resto de tu vida. Es hora de comenzar a invertir en esa relación….

Mi abrazo infinito,

 

Libros recomendados para comenzar:

  • El poder del ahora – Eckhart Tolle
  • Conversaciones con Dios – Neale Donald Walsch
  • El Alquimista – Paulo Coelho
  • Dios vuelve en una harley – Joan Brady
  • El caballero de la armadura oxidada – Robert Fisher
  • Las 9 revelaciones – James Redfield
  • La princesa que creía en cuentos de hadas – Marcia Grad
  • El monje que vendió su Ferrari – Robin S. Sharma

Amar no es desaparecer… Las parejas «burbuja» y sus consecuencias

Amar no es desaparecer... Las "parejas burbuja" y sus consecuencias

Amar no es desaparecer... Las "parejas burbuja" y sus consecuencias

No dejes que tu pareja ocupe todo tu ser y tu mente, de tal manera que no haya lugar para ti. Amar no es desaparecer.

Walter Riso

He observado esta actitud en muchas personas (mayores, maduras y sorprendentemente también en las más jóvenes): en el momento en que pasan a formar parte de una situación de pareja (con o sin papeles), van dejando de lado todo “su mundo” para comenzar a formar parte del mundo de «su pareja»

Es una actitud típicamente femenina, aunque, por supuesto también hay hombres que la mantienen. Hay que tener en cuenta que aunque las mujeres hemos cambiado mucho nuestros roles en las últimas décadas, seguimos experimentando los coletazos de una sociedad patriarcal en la que la mujer era educada únicamente para ser esposa y madre. Aunque como decía, también hay hombres que tienen este comportamiento, por tanto, hablaré de “personas” en un sentido amplio.

Es lógico y necesario invertir tiempo y energía cuando una nueva pareja está en reciente construcción, incluso es normal que durante los primeros meses de enamoramiento la pareja se sitúe en modo “burbuja”. En esta primera etapa pueden dejarse de lado algunas cosas que se vivían de manera independiente, ya que el estado hormonal-emocional así lo demanda.

Cuando todo este baile hormonal se normaliza es lógico que, para seguir cultivando la relación, siga siendo necesaria esa inversión de tiempo y energía, con más razón si se trata de edificar una familia incluyendo una descendencia. Pero lo más sano es que en esta segunda etapa, la pareja ya establecida vaya abriéndose al mundo, y ambos miembros vayan estableciendo sus lugares en la relación (y fuera de la misma). Existirán amistades y eventos que la pareja compartirá de forma conjunta, pero también se vivirán otras relaciones y situaciones de forma independiente.

Estar “en pareja” es una circunstancia, ser “padre o madre” es un rol que decidimos tomar o no tomar en nuestras vidas, pero antes de todos estos roles y papeles, no olvidemos que somos un SER PLENO, independiente, único, con un propósito propio al venir a este mundo.

Ocurre que en ocasiones, algunas parejas se quedan en esa primera etapa “burbuja”, o incluso no pasan a experimentar la segunda etapa de manera muy sana, pasando a formar parte de un «kit indisoluble» en la que uno de los miembros (o los dos), no es capaz de vivir sus propias relaciones y experiencias vitales. Pasamos de ser “yo” a ser “nosotros” y todo se vive desde este lugar en la que la identidad propia va desapareciendo y borrándose con el paso del tiempo.

¿Cuáles podrían ser los motivos de este comportamiento?

VACÍO-SOLEDAD

Si el estado previo de la persona antes de constituir la pareja era de vacío, aburrimiento…, incluso un gran sentimiento de soledad, es lógico que con la aparición de la pareja, la persona vea “la luz salvadora” de repente, y lo poco o mucho que había construido antes de la pareja pase a un 2º plano en el momento en el que esa persona especial aparece. La pareja entonces será la “encargada” de llenar toda esa vida insulsa, aburrida o solitaria que se estaba experimentando.

CREENCIAS

Muchas personas creen que tener pareja las hará mucho más valiosas a ojos de los demás. Es algo así como pensar: “mirad, alguien me quiere, yo valgo y soy importante”.

Tampoco tenemos que olvidar que todas esas creencias patriarcales de antaño siguen haciendo mella en nuestros comportamientos… términos como “solterona”, “viejo verde” y demás opiniones sociales con respecto a un estado “solitario” en la edad madura… nos hacen pensar que estar solo es algo negativo y no aceptado plenamente en la sociedad, lo que nos lleva a establecer parejas como una necesidad, y no como una elección vital.

INSEGURIDAD

Muchas personas necesitan un apoyo íntimo y cercano para sentirse arropadas y seguras frente al mundo. Necesitan que esa pareja les aporte una confianza que ellas, por sí mismas, no han sido capaces de desarrollar de manera autónoma.

Una pareja creada bajo estas bases de necesidad es lógico que trate de mantenerse casi “a toda costa”, y si para ello es necesario olvidarse de uno mismo… pues así se hará, a través de una serie de comportamientos típicos:

  • Se dejan de cultivar las amistades propias, relaciones familiares, hobbies, etc.
  • La pareja pasa a formar la prioridad absoluta, así como sus necesidades.
  • Se olvidan los propios sueños y necesidades.
  • Cada vez se hacen más cosas con la pareja, y menos a solas.
  • Poco a poco… los pensamientos, modos de ser y comportarse se asemejan a los de la pareja y ya casi da igual hablar con uno u otro, ya que ambos miembros parecen “clones”.

Es lógico pensar que una pareja que se ha construido en base a este tipo de necesidades no resueltas de manera individual…, no puede permanecer de manera sana en el tiempo. Buscamos que esa persona nos aporte lo que no hemos sido capaces de desarrollar, y eso no funciona durante mucho tiempo. Llega un momento en el que, a nivel inconsciente, percibimos que todo aquello que pretendíamos TAPAR, no puede ofrecérnoslo nadie:

  • Si lo que querías tapar era la soledad, no aprendiste a estar contigo mismo.
  • Si lo que querías tapar era una vida insulsa y aburrida, no aprendiste a encontrar tu verdadero camino, ese que te apasiona.
  • Si lo que querías tapar era una valoración a ojos de los demás, no aprendiste a valorarte y a amarte.
  • Si lo que querías tapar era la falta de apoyo y la inseguridad, no aprendiste a apoyarte ni a desarrollar la confianza en ti mismo.

… Y entonces todo aquello que tratábamos de OCULTAR con la presencia de esa pareja… sale más adelante de modo mucho más potente, quedando al descubierto a través de exigencias desmedidas hacia el otro. Y entonces una idea llega a la mente: “me equivoqué”, “esta no era la persona”, “hay que buscar otra”.  

Y de nuevo, volvemos a buscar una nueva pareja, pensando que será la próxima la que “NOS DE” todo aquello que buscamos. Seguimos encargando al otro que haga nuestros deberes… y así podemos pasarnos la vida entera. O bien (como se hacía antiguamente casi por obligación), nos quedamos en esa pareja burbuja que hemos construido con todos esos sentimientos de insatisfacción, frustración, infelicidad y por supuesto… desamor.

Y no pocas veces, podemos observar lo que ocurre finalmente. Llega a nuestra vida una situación de divorcio o viudedad que puede llegar a ser verdaderamente traumática, porque seguimos encontrándonos con los deberes sin hacer. Y en estos momentos… preguntas que deberíamos habernos hecho hace muchos años: “¿quién soy yo, qué quiero de la Vida, qué he venido a construir…?” siguen sin plantearse y, por supuesto, sin responderse.

Nos encontramos con una edad avanzada, quizá enfermos, quizá dependientes… quizá muy solos… porque no supimos resolver a tiempo nuestros conflictos vitales, porque no supimos construir más allá de una única persona que en su día buscamos para que iluminara nuestra vida, sin ser conscientes de que la única persona que nos puede iluminar es la que se encuentra ahí cuando miramos a un espejo.

Si estás leyendo esto… te digo con el corazón en la mano: no dejes que la inercia y la inconsciencia te lleven a ese tipo de pareja. Estás a tiempo de hacer tus deberes. Tus conflictos irán siempre contigo… con la pareja que tengas ahora, con la siguiente, o cuando estés sol@. No esperes más y ponte manos a la obra para convertirte en ese Ser pleno que pueda transitar su camino en compañía de otro Ser pleno.

Mi abrazo infinito,