Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

En busca de la Felicidad

Después de conocer a cientos y cientos de personas a lo largo de mi vida, después de hablar con muchas de ellas, incluso después de hacer terapia con algunas… puedo decir que un 99,9% de todas ellas se declaran INFELICES, al menos la mayor parte de su tiempo.

¿Cuál puede ser la razón de esta infelicidad?

La persona “A” observa la vida de la persona “B” y piensa que esta última debería ser feliz porque gana un buen sueldo, algo que ella lleva buscando desde hace tiempo. Pero “B” mira la vida de “A” y supone que ésta será muy feliz ya que tiene una pareja fantástica que es lo que ella desea.

“C” observa la vida de “D” y no entiende por qué se queja tanto, ya que trabaja en lo que le apasiona ganando un elevado sueldo con ello y además está rodeada de amigos. Pero “D” mira a “C” añorando una familia amorosa y una salud fantástica como la de “C”.

Si habláramos con estos 4 individuos y les preguntáramos si son felices, quizá dirían que no lo son porque les falta… “algo”. Y esa carencia hace que sus vidas no sean todo lo felices que desearían.

¿Te suena?

Realmente, ¿te has cuestionado qué es para ti la felicidad? ¿Crees que depende de que TODO en tu vida sea PERFECTO? ¿Crees que existe realmente alguien cuya vida sea perfecta todo el tiempo?

Estarás pensando que hay vidas mucho más “fáciles” que otras. Y en esto te doy la razón. Pero incluso en las vidas fáciles de estas personas que vienen a tu mente, también han existido o existirán momentos de infelicidad y dolor.

Por tanto, parece ser que la felicidad nos resulta ESCURRIDIZA, siempre la colocamos en algún lugar del futuro a cuyo destino parece que somos incapaces de llegar. Creemos que somos infelices porque nos falta ese “algo más”: más dinero, más reconocimiento, valoración, amor, pareja, salud, vacaciones, viajes, objetos diversos…

Nos perdemos en los anhelos… y la felicidad se nos va con ellos.

Y no…, no quiero decir con todo esto que “desear” sea algo incorrecto. Querer aumentar nuestro bienestar no es un error. Es más, este estado de anhelar constante… es una característica de nuestro EGO que nos ha resultado útil para crecer y evolucionar. En cada sentimiento de «falta», nace el impulso de salir en la búsqueda para satisfacer esa necesidad. Y, claramente, este es el modo en el que hemos podido avanzar como humanidad…

Pero todo esto tiene su cara amarga… y es que si nos dejamos envolver en el juego del “deseo perpetuo” siempre nos vamos a sentir incompletos. Y esta insatisfacción  estará siempre presente si no nos decidimos a cambiar la perspectiva desde la que contemplamos nuestra vida y nuestro día a día.

¿Podemos vivir una vida sin dolor? ¿Existe una vida sin problemas?

La respuesta es que NO, por tanto, nuestro nivel de bienestar o FELICIDAD no puede estar supeditado a “tener”, ni tampoco a esperar que nuestra vida se convierta en un camino de rosas en el que nunca encontremos un obstáculo.

La vida REAL no es así, frecuentemente nos vamos a encontrar rodeados de eventos que no van a ser los que nuestra mente ha planeado. Por tanto, la obtención de esa tan deseada felicidad no será tanto la persecución de esa vida perfecta, como el aprender a SENTIRLA y mantenerla aún a pesar de que las cosas no sean como queremos.

¿Y cómo podemos hacer esto?

♥♥♥ En primer lugar, deja de contarte siempre el mismo “cuento”. No, no vas a ser FELIZ cuando consigas la casa, el coche, el trabajo, la pareja, la situación que crees PERFECTA para ti. Crees que será así pero echa la vista atrás… estoy segura de que ya has conseguido algunas de las cosas que querías en tu pasado… ¿realmente cuánto duró esa felicidad que pensaste que sería eterna al conseguirlo? Después llegó otro deseo más, y otro más. Y comenzaste otro camino de obstáculos, luchas, dolor y desencanto hasta su nueva consecución.

Tampoco serás FELIZ cuando compres ese libro, ese curso, o aprendas esa técnica milagrosa…  que es otro “cuento” de todas aquellas personas que supuestamente se sienten liberadas de la vida materialista, pero han trasladado su “desear-EGO” a otra fábula que, al igual que ocurre con lo material…, no acaba nunca. Es el mismo “collar” con distinto “perro”. Pero estamos en lo mismo de antes. Buscar… buscar… sin encontrar…

♥♥♥ Es que… “con la crisis que hay…”, “el gobierno”…, “mi jefe”…, “el paro”…, “mi familia”…, “los hombres/mujeres que son iguales”…, “traumas de la infancia”…, “tendré que buscar otro terapeuta porque este no me resuelve”…, “seguro que con este otro curso lo conseguiré”… Realmente, ¿crees que el mundo se acomodará algún día a lo que tú quieres para que seas feliz?

No nos damos cuenta, pero seguimos buscando la “pildorita mágica” a cada paso. Y unas veces la pildorita será algo muy material, pero otras veces vamos buscándola detrás de un terapeuta, un curso, incluso un libro. Y todo aquello que (nos decimos) hacemos para crecer… en verdad esconde un pensamiento del tipo “con esto lo conseguiré”.

No hay nada, no hay nadie ahí fuera que te de lo que estás buscando.

♥♥♥ Has de tomar una DECISIÓN cada día de tu vida si realmente quieres sentirte FELIZ. Y digo bien: CADA DÍA, a cada segundo, a cada instante. Y no es otra que esa que estás imaginando… puedes elegir sentirte feliz AHORA. Sí, puedes. A pesar de que no tengas eso que tanto anhelas, a pesar de que aún no hayas sanado las heridas de tu pasado, a pesar de ese dolor que aún no has superado. A pesar de todas tus circunstancias presentes, sean cuales sean.

♥♥♥ Estoy segura de que en este momento, mientras lees estas líneas puedes cerrar los ojos y agradecer miles de cosas que ya disfrutas en este momento.

Un ejercicio que puede cambiar tu vibración es el de “la cajita del agradecimiento”. Busca una caja que te guste y del tamaño que elijas. Cada noche antes de dormir escribe en un papel todas las cosas que te han ocurrido a lo largo del día por las que puedes dar gracias. Puede ser algo tan simple como una comida, una sonrisa, tener un lugar donde vivir y dormir… o algo especial que te haya ocurrido: sincronías, noticias.

Introducirse en la frecuencia del agradecimiento irá cambiando tu vibración del “deseo-carencia” al “yo soy”. Hazlo como mínimo 40 días. Irás comprobando como, de forma «mágica»… todo aquello que agradeces irá creciendo en tu vida.

♥♥♥ Cuando realmente desees algo, no lo “pidas”, agradece que ya está en tu vida. Así sea un objeto, una persona, ayuda, un estado mental-emocional… agradece que ya está llegando. Y siente esa ALEGRÍA en cada célula de tu cuerpo, aquella que sentirás cuando realmente eso suceda. Las cosas sólo llegarán a tu vida cuando tu vibración sea la de aquello que estás deseando. Si tuvieras que hacer un regalo, ¿a quién se lo entregarías antes? ¿A aquel que lo agradece con sinceridad, o al que está todo el día «enfurruñado»?

Comienza a vivir cada día de tu vida con estas sencillas pautas. Sí, también aunque lo de fuera parezca derrumbarse… porque el peor momento puede llegar a convertirse en un suceso mucho más neutro…, incluso puede pasar de largo mucho antes.

Mi vida no ha sido fácil en absoluto y te puedo asegurar que a día de hoy este modo de pensar y actuar me ha hecho seguir en pie, seguir confiando, seguir adelante con fuerza, alegría, esperanza… Incluso puedo asegurarte que soy mucho más FELIZ que muchas de las personas que conozco cuyas vidas son mucho más “fáciles”…

Cada minuto de cada día, querido amigo, están ahí. Puede que estén escondidas detrás de las circunstancias, la gente, o tras pequeños eventos. En los desafíos, en las puertas cerradas, o cuando pierdes las llaves. Camufladas, disfrazadas o susurrándote al oído. Ronroneando, besándote o silbando en el aire. Sin embargo, la mayoría de las veces, están tumbadas ante nuestros ojos, bajo el cielo azul, a Plena vista. Completamente garantizado: 10.000 razones para ser feliz.

El Universo

Mi abrazo infinito,

La soledad… ¿amiga o enemiga?

A muchas personas  les resulta difícil comprender que alguien desee verdaderamente estar unos días a solas, y ya no hablo de unos días… sino simplemente algunas horas. Obviamente, se llevan “mal” con la SOLEDAD.

He tenido algunos pacientes con este problema. Suelen ser personas que buscan la compañía constante y casi de forma indiscriminada. Y si en algún momento se ven solas en casa se lanzan corriendo a encender la televisión o cualquier artefacto en el que puedan escuchar algún ruido externo.

En una ocasión me encontré con una mujer que hasta era incapaz de salir a caminar sin llevar puestos los auriculares. Y cuando digo incapaz… me refiero a que sufría verdaderamente si no la acompañaba alguien, o si no escuchaba ese “run run” de algo que llegara desde “fuera”.

Otra mujer, incapaz en muchas ocasiones de estar sola en casa, se refugiaba en centros comerciales en los que al menos podía distraerse con la ilusión de que había gente a su alrededor, lo cual la hacía sentir más arropada.

Todo vale con tal de no escuchar el SILENCIO. Y ya no tanto el silencio…, sino lo que detrás de él se adivina… Todo vale para no escuchar las propias voces internas… esas que de tanto acallar durante tanto tiempo se han llegado a convertir en gritos sordos.

Tanto huir de uno mismo puede favorecer el mantenimiento de relaciones co-dependientes. Muy lejanas de aquellas que se establecen por elección, por disfrute, por un deseo de compartir lo que uno tiene para ofrecer. Son relaciones que se establecen por auténtica necesidad y, en ocasiones, hasta por desesperación.

Entiendo que aquella persona que tiende a esta huida no puede comprender que otra se quede consigo misma, incluso que necesite este espacio a menudo. Para ellas el amor es sinónimo de necesidad, por tanto, si no las necesitas… es que no las quieres.

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¿Por qué hay personas que disfrutan la soledad?

Buscar momentos de soledad nos conecta con todo aquello que NO somos capaces de escuchar en  unas vidas repletas de bullicio, actividades, obligaciones, gente y más gente… ¡¡a nosotros mismos!!

Encontrar estos momentos nos incita a mirar “hacia dentro”, a dejar de escuchar el ruido externo y comenzar a escuchar nuestras voces internas. Conectar con nuestra parte más profunda, nos ayuda a atender nuestras verdaderas necesidades, conocernos mejor y averiguar lo que realmente queremos y deseamos de la Vida, reajustar paso a paso el camino, rectificar si es necesario y, por supuesto, nos ayuda a recargar las pilas.

Estos momentos en lo que uno se permite “llenase de sí mismo” nos prepara para mantener relaciones mucho más sanas y profundas.

Cuando disfrutamos de la soledad, es como si nos dijéramos a nosotros mismos que estamos a gusto en nuestra compañía, y que ésta es válida por sí misma. Por tanto, los demás van a valorar de igual modo lo que nosotros ya hemos aprendido a apreciar. Y en última instancia… si algunos no la valoran, no sufriremos tanto por ello.

Es imprescindible aprender a tener una buena relación con uno mismo, porque de otro modo es imposible establecer relaciones auténticas. Y es más, cuando eres capaz de disfrutar de ti mismo plenamente, te apetece mucho más compartir con los demás. Lo que tú te das… es lo que puedes ofrecer a los demás, lo que no te das… no existe tampoco para otro, aunque pueda parecer que así es.

Y si es tan buena la soledad… ¿por qué yo no la disfruto?

Tengamos en cuenta que vivimos en una sociedad llena de estímulos externos y escaparates por doquier: televisión, redes sociales, whatsapp…, donde podemos entrever las vidas de otros fácil y constantemente.

Tanto bullicio nos hace permanecer enfocados en lo externo sin que ello favorezca en absoluto la introspección. Y tantos “escaparates” de vidas diversas a las que asomarnos, provoca que constantemente andemos comparándonos con las vidas de los demás. El prado del vecino siempre parece más verde, los otros siempre parecen tener una vida más divertida e interesante que la nuestra. Lo que ocurre es que no se suelen hacer públicos los malos momentos que, por supuesto, todos tenemos.

Yo también me he sentido sola en ciertos momentos de mi vida. Han sido épocas de rupturas, duelos y despedidas. A veces, ese vacío que deja lo que se va, puede confundirse con un sentimiento de soledad. Y es que inevitablemente nuestra vida experimenta cambios en los que vemos desaparecer de repente situaciones y/o personas que queríamos. Este momento “intermedio” en el que lo viejo se ha ido y lo nuevo todavía no aparece… está repleto de confusión, angustia y vacío.

Si este es tu caso, ten paciencia. Para el Universo no existe el vacío, por tanto, nuevas oportunidades y nuevas personas llegarán a tu Vida para comenzar una nueva etapa. Ser conscientes de que estamos en uno de estos momentos… nos ayuda a transitarlos con mayor paz y serenidad.

Si te cuesta verdaderamente estar a solas y necesitas gente a tu lado constantemente (incluso buscas desesperadamente una pareja que te ayude a paliar su soledad), piensa que este sentimiento quizá sea una “llamada” de tu Ser para que comiences a estrechar lazos contigo mismo. Quizá es el momento de comenzar a transitar el camino del    auto-conocimiento. Puedes comenzar por leer algún libro que te inspire (al final te recomiendo algunos), asistir a talleres de crecimiento personal o quizás visitar algún terapeuta que te señale los posibles caminos que pueden acercarte a ese conocimiento de ti mismo y a tu paz mental.

También es posible que te encuentres experimentando un momento en el que las relaciones que mantienes no te satisfacen del todo. Quizá no son lo suficientemente profundas o tan íntimas como quisieras. Para cultivar relaciones satisfactorias tendrás que comenzar tú con un primer paso. Interésate sinceramente por los demás, sé detallista, empatiza con las personas que te encuentres. Mostrar interés por los demás les hará también interesarse por ti. Poco a poco y de forma gradual ve abriéndote y expresándote… Existirán personas a las que les importe poco… pero entre todas aquellas con las que lo intentes, estoy segura de que un par se quedarán en tu vida y valorarán la intimidad que las ofreces. Déjate querer y ábrete a RECIBIR. Siempre ha de existir un equilibrio.

Y por último y ya que ha salido a colación la palabra EQUILIBRIO, ten en cuenta que puede existir una línea muy fina entre desear realmente la soledad como un aspecto sano y necesario…, y tratar de evadir algo que existe en tu vida,  y de lo que tratas de huir buscando un refugio. Timidez, miedo a enfrentar determinadas situaciones, complejos, falta de autoestima, apatía, desmotivación, pérdida de rumbo…, pueden llevarte a una soledad “elegida” como una forma de eludir la responsabilidad de enfrentar el verdadero problema.

En definitiva, busca los momentos a solas y busca también el establecimiento de relaciones con tu entorno que llenen tu alma. Aprende a reconocer cuándo quieres compañía y cuándo necesitas de esos momentos para llenarte de ti.

Sin duda alguna, lo único seguro es que  CONTIGO  es con quien pasarás el resto de tu vida. Es hora de comenzar a invertir en esa relación….

Mi abrazo infinito,

Libros recomendados para comenzar:

  • El poder del ahora – Eckhart Tolle
  • Conversaciones con Dios – Neale Donald Walsch
  • El Alquimista – Paulo Coelho
  • Dios vuelve en una harley – Joan Brady
  • El caballero de la armadura oxidada – Robert Fisher
  • Las 9 revelaciones – James Redfield
  • La princesa que creía en cuentos de hadas – Marcia Grad
  • El monje que vendió su Ferrari – Robin S. Sharma

Transforma tu vida con E.F.T.

“La causa de todas las emociones negativas es un desequilibrio en el sistema energético corporal”. Gary Craig.

Al igual que la sangre circula por nuestro organismo a través de los vasos sanguíneos, del mismo modo circula nuestra energía o CHI a través de unos canales energéticos llamados meridianos, estudiados por la medicina china desde hace milenios, y tratados a través de distintas técnicas como la acupuntura.

Cuando experimentamos un suceso que nos ocasiona dolor emocional, nuestro sistema energético queda bloqueado por unos instantes y, aunque más tarde la energía vuelve a fluir, ese dolor deja una especie de “marca” o “señal” que permanece a lo largo del tiempo.

Cualquier recuerdo consciente o inconsciente de aquel suceso, origina en el presente las mismas emociones negativas que acontecieron con aquella experiencia.  Son emociones que han quedado estancadas.

Con E.F.T. (Emotional Freedom Techniques – Técnicas para la Liberación Emocional), llevamos a cabo un protocolo llamado TAPPING que consiste en realizar una digitopuntura (“golpecitos”) en distintos puntos de algunos meridianos energéticos, mientras permanecemos enfocados en las emociones negativas que queremos disolver. El resultado es el restablecimiento del flujo energético que había quedado estancado y la liberación de la emoción asociada. Podemos seguir recordando la experiencia, vivir sucesos similares en el presente, pero la diferencia es que ya no despierta en nosotros aquellas emociones negativas.

¿En qué puede ayudarte?

  • Recuerdos y estrés postraumático.
  • Miedos y fobias.
  • Adicciones y compulsiones.
  • Alivio de dolores crónicos y psicosomáticos.
  • Estados depresivos, ansiedad, estrés, tristeza, ira, culpabilidad…
  • Insomnio.
  • Inseguridad, timidez.
  • Mejora del rendimiento laboral y deportivo.
  • Mejora de la autoimagen y autoestima.
  • Mejora de las relaciones.
  • Recuperación del poder personal.

Sin duda, es una gran herramienta que puede facilitarnos el camino hacia un mayor bienestar… ¿A qué esperas para probarla?

Mi abrazo infinito,

¿Te duele? No te preocupes… Es Dios, haciéndote de nuevo

Reinventarse… ¿duele? Yo diría que sí… es como volver a nacer y eso tiene que doler.

Duele dejar atrás personas, situaciones, incluso creencias, pensamientos y hábitos que ya no sirven, que estorban… porque ya no aportan nada nuevo, porque ya no están vibrando en el nivel de aquello que verdaderamente somos, de aquello que deseamos con toda el ALMA. Y es que ésta nos habla fuerte a veces, quizás “a gritos” en forma de apatía, incomodidad, tristeza, desmotivación, desencanto, enfermedad…

Cuando el camino se convierte en un “sin sentido”… ya no tiene sentido. Y es entonces cuando llega el momento de cambiar, de dar a luz a un nuevo YO. Y los dolores de parto que preceden a ese nacimiento hay que sentirlos, es la vida renovándose a sí misma, es el ego agarrándose con uñas y dientes a lo que ya sabe y conoce. Ese lugar era “calentito y seguro” aunque ya apenas teníamos espacio para movernos ni podíamos respirar.

Lo nuevo da miedo, pero sólo porque es desconocido. Más tarde descubrimos que siempre hemos estado a salvo, que aunque nuestra mente desconozca… el alma siempre SABE.

La Vida nos empuja hacia delante en un intento de expansión y crecimiento de nuestro SER más profundo. Y el dolor no deja de ser una resistencia a ese flujo inevitable.

Renuévate, suelta, confía, fluye… nunca pasa nada… todo está bien… ADELANTE…

Mi abrazo infinito,

Cuando nos olvidamos de sentir…

Piensa y responde sinceramente a la siguiente pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te dedicaste a SENTIR?

Posiblemente, tu primera respuesta ante esta pregunta es “hoy mismo”, o “ayer”… pero presta atención y vuelve a leer la pregunta. ¿De verdad te tomas el tiempo para sentir?

Sinceramente… en mi caso, que soy una mujer sensible y “sentida”… a veces no me tomo el tiempo de sentir. Y eso que estoy acostumbrada a manejarme con mis emociones y a gestionarlas… Y sí, a menudo emprendo la “huida” porque, o bien no tengo tiempo material, o bien me da pereza sentirme “mal” y busco caminos alternativos (pensamientos positivos) para continuar con mi día sin que esas emociones me interfieran nada más que lo justo.

Y esto es lo que solemos hacer tod@s con mayor frecuencia.

Hasta que llega un día en el que las emociones te “atrapan” y se llevan consigo toda la fuerza y la energía que has empleado en ignorarlas. Y entonces llega el momento… ¡toca SENTIR!

Cuando le pido a un paciente que se centre en lo que siente, lo primero que hace es RACIONALIZAR la emoción. Ante la pregunta… ¿qué sientes?, la respuesta suele ser una explicación de algo que le gustaría hacer o decir, una interpretación determinada, incluso una justificación, frases tremendamente elaboradas, etc. Casi siempre es necesario volver a hacer la pregunta… “ya, pero ¿y eso cómo te hace sentir”?… ¿y dónde lo sientes? ¿Lo puedes describir con una única palabra, una sensación, un color?… Las emociones se sienten SIEMPRE en el CUERPO, no se piensan con la MENTE. Incluso a veces no hace falta que sepamos cómo se llama la emoción de la que se trata, pero sí sabemos dónde se sitúa, si es una sensación de ahogo, de presión, de calor. Y sólo entonces, cuando prestamos la debida atención podemos definir lo que sentimos: angustia, tristeza, pena, miedo, etc.

¿Por qué es necesario sentir?

Vivimos tanto tiempo en nuestra mente que nos olvidamos de que tenemos un cuerpo. Y es aquí donde “viven” nuestras emociones. Huir de ellas no hará que desaparezcan, por el contrario, pasarán a quedarse “enquistadas”, obstaculizando el flujo de energía… lo que más tarde se traducirá en un síntoma físico o mental. El cuerpo llama nuestra ATENCIÓN, a través de las EMOCIONES, pero estamos tan invadidos por la racionalidad, con toda nuestra energía centrada en la mente… que solamente prestamos atención a nuestro cuerpo cuando se enferma, cuando nos duele, cuando nos “grita”. Y entonces la respuesta rápida es buscar la “pastilla milagrosa”.

De esta forma pasamos la vida llenando la “mochila” de asuntos sin resolver. Más tarde, en el camino hacia nuestra madurez, decimos que tenemos “achaques” o que es “cosa de la edad” sufrir Alzheimer o cualquier tipo de enfermedad … cuando envejecer NO tendría que ser sinónimo de ESTAR ENFERMO. Y sí, tod@s tenemos que morir pero ¿por qué no hacerlo en plenas facultades físicas y mentales? ¿Por qué no hacerlo con consciencia? ¿Por qué no hacerlo con verdadera DIGNIDAD?

¿Y qué podemos hacer?

Te recomiendo que busques un par de horas semanales sólo para ti.

Lleva a cabo un recorrido de los momentos más difíciles de la semana, sobre todo aquellos en los que experimentaste estallidos emocionales que no pudiste resolver al momento.

Vuelve a situarte en ese instante y RE-VIVE las sensaciones. Ahora deja de “protestar” y sólo presta atención a tu cuerpo. Recuerda las preguntas: ¿Dónde lo sientes? ¿Qué sensación tienes? ¿Qué temperatura? ¿Qué color? ¿Qué forma? ¿Llega algún recuerdo? La intención es darle la debida atención a esa emoción… la que está debajo de todos tus “bla, bla, bla” mentales.

Una vez localizada… SIÉNTELA… con toda la intensidad de la que seas capaz. Llora, enfádate, muévete, salta, deja que tu cuerpo se retuerza y se EXPRESE como le dé la gana hacerlo. Suelta, suelta, suelta… quédate y observa.

Pasados unos minutos, notarás que la emoción se va calmando, la intensidad va disminuyendo y poco a poco desaparece… Si observas otra emoción distinta, vuelve a repetir el proceso.

Te darás cuenta de que tu cuerpo está mucho más suelto, relajado…, y un sentimiento de PAZ comenzará a brotar… la emoción ha sido liberada. Será entonces el momento idóneo de utilizar tu mente y pasar a COMPRENDER el por qué de esa emoción: ¿Qué es lo que la origina? ¿Qué podrías hacer para solucionarlo? ¿Qué necesitas cambiar en ti o en tu vida? ¿Puedes hacerlo a solas o quizá necesitas ayuda?

Elabora una SOLUCIÓN y pasa a la ACCIÓN.

Realizar este proceso a menudo te mantendrá “al día”…, dejarás de acumular asuntos y más asuntos, tu energía fluirá libremente y eso se traducirá en un mayor BIENESTAR.

Y…. ¿no es eso lo que constantemente buscamos?

Mi abrazo infinito,

Cuidar de nuestros padres… una tarea compleja

Debido a la multitud de casos que encuentro en mi consulta, hoy quiero hablaros de un tema que no me resulta nada fácil abordar. Aun así considero necesario hacerlo, puesto que la vida de muchas personas resulta afectada por esta problemática. Tanto más compleja cuanto mayor es el nivel de dependencia de los padres que están a su cuidado.

En las antiguas civilizaciones los ancianos eran venerados y muy respetados, ya que en ellos residía la gran sabiduría de la vida. Actuaban como consejeros situándose en un lugar privilegiado, y convirtiéndose así en un gran apoyo para los jóvenes dentro de comunidad.

En nuestra sociedad, los mayores se comportan de forma muy distinta. Quizás al final de nuestra vida se “nos ve el plumero” y nuestros últimos días tienen bastante que ver con el modo en que hemos vivido: el cuidado que le hayamos dado a nuestro cuerpo, a nuestra psique, la gestión de nuestras emociones, el olvido de nuestra parte trascendental o más profunda…

Todo ello junto con la creencia en una vida de sufrimiento y enfermedad, el miedo y el evitamiento de la muerte…, quizá nos hace convertirnos en ancianos enfermos, dependientes y seniles condenados a sufrir regresiones a la infancia, en un intento de huir de nuestro momento presente, y cuyos comportamientos están más cercanos a los de un niño, que a aquellos sabios ancianos de la antigüedad.

Por otro lado, he de decir que es natural y un deber de los padres el cuidar a sus hijos, procurándoles las herramientas necesarias para convertirles en seres independientes y autosuficientes. Pero que los hijos cuiden de los padres… NO es lo natural. Y quiero explicar esta afirmación, ya que entiendo que para algunos puede resultar “chocante”.

Imaginaos si todos nosotros nos viéramos en la situación de tener que sacrificar nuestras vidas en pos del cuidado de nuestros padres. Obviamente, llegaría un momento en el que la supervivencia de la especie estaría en grave peligro.

He encontrado varios casos (de hombres y mujeres), en los que después de haber fallecido sus padres se despertaron un día…, con una edad “madura” y… completamente SOLOS. De repente se dan cuenta de que han sacrificado la creación de su propia familia por cuidar y acompañar a sus padres hasta el final de sus días… Incluso he podido ver casos de “sustitución del cónyuge fallecido”: personas que se comportan con sus padres del modo en que lo haría la pareja desaparecida, o del modo en que ell@s se comportarían con sus parejas.

Dejando a un lado los “edipos” y “electras” del mundo… también hay casos en los que habiendo construido una familia, ésta se coloca en un segundo plano y se deja “a su suerte”, ocasionando verdaderos problemas debido a su desatención.

También hay situaciones en los que son varios los aspectos de la vida que quedan limitados: el desarrollo de la propia familia, el aspecto laboral, sueños personales, etc.

Repito, si estas situaciones fueran lo natural… la vida se extinguiría.

¿Quiere decir esto que debemos abandonar a nuestros padres? ¡¡Por supuesto que no!!

Cada caso es un mundo y debe ser tratado de manera personalizada, pero considero que hay ciertas pautas que podríamos tener en cuenta en estos casos:

  • Lo primero que jamás has de olvidar es que estás aquí para desarrollar tu vida de forma PLENA. Y ni siquiera tus seres más queridos tienen el derecho de arrebatártela. Es más, si te aman deberían apoyarte y no obstruirte… Las relaciones familiares pueden ser tanto o más tóxicas que el resto y, en ocasiones incluso lo más sano es alejarnos, sobre todo si nuestra salud física y/o mental está en riesgo, o nuestra vida de repente se transforma en una carga difícil de llevar.
  • Si tus padres se comportan como niños, tendrás que tratarlos como a niños. Igual que ponemos límites a nuestros pequeños y les decimos que NO para educarlos, del mismo modo tendremos que actuar con nuestros mayores. Cariño, compañía y ayuda… . Sacrificar tu vida… NO.
  • Cuidado con las manipulaciones. Muchas enfermedades y dolencias (incluidas las seniles), pueden ser mecanismos (¡ojo!, en su mayoría inconscientes), para manipular al entorno y tenerlo siempre a disposición. Hazte respetar y te respetarán.
  • No entres en la pena, ni mucho menos en la CULPA. Tus padres eligieron libremente su vida, tomaron sus decisiones y tú no eres responsable de sus consecuencias. Solo eres responsable de las tuyas. Que esa “pena” en todo caso comience por ti. Y en cuanto a la culpa, ten en cuenta que es una de las emociones más tóxicas que puedes llegar a sentir y, sobre todo, la que da vía libre a la manipulación. Cuando un@ se siente culpable, busca siempre un “castigo”, y este puede ser auto infringido en forma de auto sabotajes varios, o a través del otro dejándonos manipular. Entrar en el juego culpa-manipulación-culpa puede ser algo peligroso que termine con tu paz y tu libertad.
  • Cuenta con tus herman@s. Ellos también son sus padres y la tarea debería ser repartida a partes iguales. Porque uno tenga familia, otro no, quizás alguno viva con ellos, etc.,… no tiene que hacerse más o menos cargo. Lo mejor es tener una conversación sincera, y que tod@s entiendan que cada uno tiene derecho a hacer su vida al 100%, independientemente de las circunstancias presentes. El derecho a elegir el futuro debe ser igual para todos.
  • Si eres hij@ únic@ o tus herman@s se desentienden claramente, tendrás que pedir ayuda y/o asesoramiento. Busca información, terapeutas, lugares donde puedas acudir, incluso ayuda de otros familiares, amigos que hayan pasado por tu situación… siempre hay opciones, busca y encontrarás.
  • Esta situación, al igual que cualquier otra de tu vida, te aporta un aprendizaje. No te olvides de preguntarte “para qué” te encuentras en esta circunstancia y disponte a llevar a cabo las acciones que la situación te obligue a realizar. Nada llega a tu vida como una maldición sino como una oportunidad de desarrollo y sanación.
  • Busca el equilibrio, no se trata de darlo todo por tus padres o darlo todo por ti. Habrá ocasiones en las que tengas que colocar tus prioridades por delante, y otras en las que tus padres te llevarán la delantera. Pero ten siempre presente que en el punto medio se encuentra la virtud.
  • Si tienes la posibilidad, intenta comunicarte con tus padres y explicarles la situación y los motivos por los que haces las cosas.

No te dejes llevar por las circunstancias y gestiona esta situación con plena conciencia. Y sobre todo, no te abandones a ti mism@, por no abandonar a tus padres. Estoy segura de que ellos siguen queriendo lo mejor para ti, y en su “sano juicio” comprenderían tu comportamiento.

Paciencia, fuerza y … ¡adelante!

Mi día libre de pensamientos positivos

En un momento de furor de la psicología positiva y los pensamientos ídem, parece fuera de lugar tener un día o, ni siquiera un instante, en el que podamos ejercer nuestro derecho a sentirnos mal…

Por si no tuviéramos bastante con toda la presión cultural y social: ser un buen profesional, tener éxito, dinero, viajar…, ser buen padre/madre, amigo, hijo…, tener la salud perfecta, la pareja perfecta, la familia feliz, una imagen impecable…

Por si todo esto no fuera suficiente…, además tenemos que estar siempre alegres y agradecidos, ser compasivos y comprensivos, amarnos mucho, aceptar todo lo que ocurre, no juzgar a nada ni a nadie, ser valientes, empáticos, buscar la felicidad en nuestro interior, sentirnos en paz, perdonar a todo y a todos, trascender el ego

Ufff, ¡qué estrés!

Sinceramente, hay días en los que me apetece pegar cuatro patadas a todos los libros de crecimiento personal, coaching y psicología positiva que me encuentro, y convertirme en una asesina en serie, en un alma en pena o en una loca de atar.

Pues sí…, a veces me siento triste, insegura, tengo miedo, me enfado y grito, me equivoco y me siento mal por ello, no tengo dinero y me molesta, tengo mil dudas, no aguanto a mi jefe y le daría una patada en la espinilla, me enfado con mi madre, me enfado con el mundo y pienso que la vida es injusta (por no decir “una mierda”).

Pues sí…, tengo días en los que cogería “los trastos” y dejaría todo y a todos para largarme muy muy lejos, cambiarme de nombre y raparme el pelo al cero.

Si no tuviera un EGO con todo lo que ello implica… quizás viviría en otra dimensión, quizá con un aura dorada… quizá con alas gigantes…, quizá sintiendo paz y amor infinitos.

Pero resulta que tengo un cuerpo físico que duele y se enferma, que envejece y tiene sus límites.

Resulta que tengo una mente más o menos desordenada con un montón de programas inconscientes que puedo tardar mil vidas en descubrir.

Resulta que tengo emociones muy feas que me resulta incómodo expresar en este mundo “políticamente correcto”.

Resulta que soy humana…

Y también soy todo esto… al igual que tú.

Y de vez en cuando, en el ejercicio de mi libertad… reivindico el derecho a vivir… ¡MI DÍA LIBRE DE PENSAMIENTOS POSITIVOS!

¿Te apuntas?

La delgada línea entre «aceptar lo que es» y «evadir los problemas»

«Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia» Reinhold Niebuhr

Sí, es cierto, somos seres humanos… imperfectos. Exigirnos en exceso y buscar constantemente la perfección puede hacernos vivir en un sufrimiento constante. Siempre habrá momentos en los que sintamos miedo, inseguridad, dudas… Nos equivocaremos muchas veces y es fundamental aprender a perdonarnos y a querernos a pesar de todo ello. Aplicar ciertas dosis de auto indulgencia es un mecanismo necesario para alcanzar una sana autoestima.

Sin embargo, situarnos en el otro extremo puede llegar a ser igualmente dañino y auto destructivo. Aceptarse significa ser consciente de que es imposible alcanzar la perfección. Pero prestemos atención ante alguna característica en nuestra personalidad o un comportamiento que genere consecuencias del tipo:

  • Nos hace sufrir en algún aspecto de nuestra vida.
  • Hace sufrir a personas de nuestro entorno.
  • Nos crea situaciones problemáticas.
  • Conlleva pérdidas de algún tipo: personas importantes para nosotros se alejan de nuestra vida, pérdida de empleo, de oportunidades, incapacidad de mantener relaciones afectivas sanas, etc.

En este caso ya no estamos ante un rasgo de nuestra personalidad que debamos aceptar y/o que los demás tengan que aceptar en nosotros. En este caso lo que deberíamos aceptar es que tenemos un asunto que resolver.

Esta falsa auto aceptación es muy frecuente detrás de una típica frase: «es que yo soy así y no puedo cambiar», mientras que en el fondo lo que subyace es una gran resistencia al cambio y una incapacidad para enfrentarse y resolver el verdadero problema.

Lo cierto es que todos nuestros comportamientos son aprendidos y elegidos. No nacimos «así«…, siempre podemos elegir cambiar determinados aspectos, y debemos hacerlo cuando el modo de comportarnos en cuestión genera sufrimiento y situaciones indeseadas (para ti o para las personas que te rodean). Insistir en tapar lo que está suponiendo un problema en nuestras vidas…, pensar que se resolverá solo como por arte de magia…, puede dificultarnos en alto grado nuestro camino. Los problemas no desaparecen porque «miremos para otro lado», más bien ocurre al contrario: cuanto más insistamos en negarlos, más grandes se harán con el paso del tiempo.

Si la Vida te pone delante cualquier tipo de inconveniente no es porque quiera ensañarse contigo, tómalo como un reto, una oportunidad para subir un escalón en tu crecimiento y evolución. Deja de parapetarte tras un falso «todo está bien en mí, yo soy así», «es el mundo el que está en mi contra», y ponte manos a la obra. Las situaciones conflictivas que constantemente te rodean, son un reflejo de un conflicto que aún no has resuelto en tu interior. Si crees que no puedes tú sol@… busca ayuda, para eso estamos los profesionales.

La Vida es un continuo reinventarse, y para hacerlo no queda más remedio que desprenderse de todos aquellos comportamientos que aprendiste en el pasado y que ahora ya están caducos y obsoletos. Termina con lo que ya no sirve y ¡DECÍDETE A BRILLAR! ¡Será entonces cuando tu Vida BRILLE CONTIGO!

Fuerza y ¡ADELANTE!

¡¡No quiero estar triste!!

La tristeza, como cualquier otra emoción, es útil si sabemos comprender su significado. Nos han enseñado que estar tristes es “malo”, que no debemos sentirnos así y que tenemos que hacer cualquier cosa para abandonar ese estado. Sin embargo, huir de las emociones sólo hace que permanezcan por más tiempo y quizás que puedan terminar instaladas en nuestro cuerpo físico en forma de síntomas y enfermedades.

En pleno furor del “pensamiento positivo” nos olvidamos de sentir aquellas emociones que también llegan para decirnos y mostrarnos algo importante sobre nosotros.

 ¿De qué sirve estar triste? – te preguntas.

 La tristeza nos da la oportunidad de viajar a nuestro interior y conectar más fácilmente con el corazón. Inmersos en la tristeza nos sentimos más humanos, más empáticos y compasivos; conectamos con nuestra parte más sensible y vulnerable, que llama la atención sobre nuestras verdaderas necesidades:

  •  No huyas… ¡¡permítete SENTIR!! Navega hasta el fondo de la emoción y observa qué es lo que te está mostrando. Al principio puede ser incómodo, pero verás que si te propones sentir la emoción en su máximo grado, irá desapareciendo poco a poco.
  •  ¡¡Llora!! Si sientes ganas… hazlo, aunque no sepas por qué ni para qué. Acumulamos llantos pasados que no hemos drenado correctamente, bien porque no nos lo hemos permitido, bien porque ni siquiera hemos tenido tiempo. Llorar es francamente liberador y sanador. No permitas que las lágrimas no vertidas te llenen de amargura… ¡libéralas!
  •  Permítele el paso a la melancolía… ¿a quién o a qué cosas echas de menos? ¿Quizás una época más feliz, una persona, un estado mental o emocional concreto? Ser conscientes de lo que echamos de menos, de aquello que nos falta…, puede ser un aspecto movilizador para buscar eso mismo en el momento presente. En ocasiones no es la persona o cosa concreta lo que deseamos, sino el estado mental y emocional que su presencia nos ocasionaba. Busca aquello que te haga sentir de igual forma en el presente, con tus circunstancias actuales, con tu personalidad actual… ¡seguro que lo encuentras!
  •  Siente, conecta y libera la tristeza… pero ¡no te quedes enganchado a ella! La tristeza mantenida en el tiempo puede llevarte a un estado depresivo que encarcele tu vida y no te permita avanzar. No es sano huir de las emociones, pero tampoco lo es quedarse en ellas más tiempo del que es útil y necesario. Si ves que la emoción te desborda y no puedes hacerte cargo, busca ayuda profesional. Elige siempre seguir hacia delante, recupera tu poder y tu fuerza, recupera tu propósito y déjate ayudar si crees que lo necesitas.

Mi abrazo infinito,