Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

¿Por qué a las personas buenas y espirituales les va mal?

desarrollo personal personas buenas y espirituales

He observado que, más pronto o más tarde, la mayoría de las personas que deciden transitar por el camino del desarrollo personal tienen un momento de confusión al respecto (sí, yo también tuve ese momento…). Y puesto que lo tuve y lo he podido observar, puedo hablaros ahora de todos aquellos errores que he cometido y veo que cometen muchas personas que transitan este camino.

Lejos de juzgar, creo que es importante observar…

El fin que perseguimos es el BIENESTAR en todos los aspectos de nuestra vida, pero muchas veces el resultado que obtenemos se aleja de ese objetivo primigenio que fue el que nos acercó precisamente a este tipo de teorías, prácticas y “modos distintos de ver la vida”…. ¿Por qué nos ocurre esto?

No nos damos cuenta pero poco a poco…, año a año…, terapia tras terapia… y libro tras libro… vamos “engordando” a nuestro ego en vez de disolverlo (que también fue nuestro primer objetivo). Y es lo que últimamente se viene llamando el EGO ESPIRITUAL. ¿Cómo se comporta? Pues allá vamos:

Sentir emociones negativas no es “espiritual”

Puesto que estás en este camino no puedes permitirte “el lujo” de sentirte triste, inseguro, ni por puesto… enfadarte. No no, tú eres bueno, eres buena persona y las buenas personas se comportan de determinada forma (que tú hayas establecido). Hay que poner la otra mejilla…, vivir con ese energúmeno de persona, sacrificarte haciendo algo que realmente no quieres hacer, etc, etc…. porque todo ello es una «PRUEBA DIVINA».

Veamos, si llega alguien y te pega una patada en la «espinilla»… ¿cuál crees que debería ser tu reacción “espiritual”? ¿Abrirte de brazos y dejarte golpear hasta la muerte? Por favor, sé todo lo espiritual que quieras, pero defiéndete, sal de aquellos lugares y termina con las personas que te maltraten, huye de los ambientes tóxicos y coloca todos los límites que tengas que colocar. Y si dado el caso, tienes que responder con otra patada para defender tu vida, así tendrá que ser.

Eres un ser humano, tienes emociones y seguirás teniéndolas. Y transcenderlas no significa reprimirlas… esconder tus emociones hará que estas pasen a engrosar tu sombra.

En el polo opuesto, también he observado actitudes contrarias. Personas obsesionadas con «no reprimir» su ira y sus emociones negativas que terminan convirtiéndose en tóxicas porque no son capaces de convivir con otros seres humanos en el respeto y la consideración.

Ambos extremos son perjudiciales… No reprimas tus emociones, pero aprende a expresarlas con asertividad.

Tus hábitos de vida son los mejores

Crees que eres más “guay” porque comes o no comes determinados alimentos, porque tomas o no tomas determinadas bebidas, porque no te maquillas, no vas a discotecas, no te afeitas o sí lo haces…, no ves la tele o llevas determinado “look hippie” o similar.

Realmente al ego le encanta ser “especial”, “diferente”, “superior”… y no, no porque hagas o dejes de hacer todas estas cosas… te has iluminado. Ni tampoco los demás están en “la oscuridad” porque dejen de hacerlas. Además, tiendes a juzgar a todos aquellos que no hacen lo que tú haces… (son unos inconscientes).

El camino espiritual es solitario

Ahora resulta que eres especial porque ya “no conectas” con la mayoría de las personas (que no piensan como tú), no sabes cómo relacionarte con “los otros”, y estás solo pero te dices a ti mismo que la gente se aleja de ti porque ya no está “en tu misma frecuencia” (elevadísima, claro). Por supuesto, la energía de los demás es más «lenta», «baja» o menos luminosa que la tuya, y por eso se desprenden espontáneamente de tu vida.

Realmente… si este camino te lleva a la soledad (y no a enriquecer tus relaciones), si te lleva a ser más intolerante con el mundo porque éste no hace lo correcto y tu sí… Si solamente puedes relacionarte de forma íntima con personas que piensen y hagan exactamente lo mismo que tú,… este camino no te está ayudando, te está haciendo “distinto” y “especial”. Tranquilizas a tu ego diciéndote a ti mismo que eres el «garbanzo negro» o el «bicho raro», pero estas son solo expresiones para seguir en la separación y la especialidad del ego. Más comidita para él.

Es cierto y a todos nos ha ocurrido. Cuando hay cambios internos, los círculos sociales cambian y, por momentos, pareciera que existen espacios vacíos de personas y relaciones. Pero cuando es una limpieza sana y positiva, ese espacio se llena al cabo de poco tiempo. Por tanto, si te encuentras en soledad durante demasiado tiempo, quizá no estaría de más que te observaras y tomaras conciencia de los posibles motivos por los que te cuesta tanto socializar y crear relaciones íntimas sanas y duraderas.

Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago

Predicas, hablas y aconsejas (sin que te lo pidan), pero tu vida está “patas para abajo”. Lejos de ser un ejemplo silencioso de que todo aquello que has aprendido ha funcionado para mejorar tu vida… te limitas a coleccionar información que luego transmites a otros sin que ni siquiera te estén pidiendo tu ayuda u opinión. Pero es que tú lo haces “por su bien”. Y ya no tienes pareja, amigos o familiares… tienes pacientes.

Muchas personas, tras aprender algunas técnicas deciden que su misión es ayudar a los demás, y eso es genial…, pero no se dan cuenta de que al primero que tienen que ayudar es a sí mismos. Si realmente vas en busca de la iluminación… y la encuentras, no te preocupes, los demás te van a preguntar. El ejemplo habla por sí solo.

Te detienes en mil cosas inútiles

Coleccionas objetos, inciensos, rituales, libros, técnicas, meditaciones, afirmaciones…, pero nunca existe en ti una verdadera predisposición a cambiar.

Entretienes a tu ego con mil cursos sobre mil técnicas distintas, pero realmente nunca te pones manos a la obra con lo importante. Los cambios que realizas nunca son lo suficientemente comprometidos y sigues buscando mágicamente la solución “en el exterior”. Sigues proyectando fuera…, quizás ahora no es el coche o la casa o el último modelo de teléfono, pero sigues creyendo que esa técnica, ese libro, ese gurú TE DARÁ POR FIN la felicidad, la clave, el punto que se te escapa.

Y no, lo único que se te escapa es tu propio ego entre los dedos, que encima ahora te hace creer que éste es el camino correcto. En vez de buscar el coche último modelo… estás buscando el gurú último modelo, pero al final… es lo mismo. El mismo collar con distinto perro, solo que ahora te cuesta mucho más darte cuenta y poder observarlo.

Crees que sabes algo que los demás no saben

Y no digo que no, seguramente hayas aprendido un montón de cosas. Pero ten en cuenta que los demás también saben cosas que tú no sabes. Y en última instancia observa la vida de esa persona… ¿cómo le va? Si la respuesta es “mejor que a mí”, posiblemente deberías aprender algo de ella que tú no sabes y ella sí… ¿no crees?

Quizá tú ya no ves la tele y haces meditación a diario… quizás esa persona es una entusiasta de los programas de corazón, o del fútbol y la política… y no sabe quién es Paulo Coelho… pero quizás y sólo quizás su vida esté bastante más equilibrada que la tuya en todos los aspectos. Así que te animo a que te cuestiones esa creencia de que tu verdad es mejor que la suya y que (pobrecito)… aún no llegó su momento…

Ver la paja en el ojo ajeno

Tienes mucha facilidad para ver los defectos y errores de todo el mundo, pero los tuyos….ya son otro cantar. Te cuesta admitir críticas, errores, en definitiva, tu sombra.

Vuelvo a incidir en lo mismo. Puesto que ahora te sientes mucho más espiritual, con mayor verdad en tu corazón, más “conectado”… te cuesta mucho más que antes ver todo aquello que se encuentra oculto. Incluso cada vez te conviertes en un mayor “maestro de la ocultación”.

“Dios proveerá” “todo ocurre por un motivo”

No digo que esto no sea verdad, pero el ego puede utilizarlo en su propio beneficio y “engorde”. Quizá cumples a rajatabla los mandatos espirituales, pero te olvidas de las reglas terrenales. Y respecto a este punto me viene a la mente el cuento del cura y la inundación:

En un pueblo del litoral hubo una terrible inundación que obligó a sus habitantes a evacuarlo. Es decir, tenían que sacar todas sus pertenencias y llevarlas a otra zona sin agua.
El cura no quería abandonar la iglesia pero el agua subía tanto que tuvo que refugiarse en el techo. Mientras tanto, rezaba:
-¡Dios mío, ayúdame, confío en que vas a salvarme!
Al rato, pasó una lancha de la policía y le dijeron:
-¡Vamos, padre, no se quede allí que es muy peligroso! Suba a la lancha. Vamos a llevarlo con toda la gente.
El sacerdote no les hizo caso y, al rato, tuvo que subir al campanario porque el agua seguía creciendo. Y no dejaba de pedir ayuda a Dios.
-Señor, estoy dándote muestras de mi confianza, ¡sálvame de esta inundación! ¡No me abandones!
Pasó un helicóptero y lo invitaron a subir, pero tampoco quiso. Ya estaba en la puntita del edificio y pasó otra cuadrilla de rescate:
-Padre, usted es el único que queda. ¡Venga!
Pero el cura no quiso ir. Resistió hasta que el agua lo tapó y murió ahogado. Cuando Dios lo recibió en el cielo, el sacerdote se quejó diciéndole:
-¿Qué paso, Dos mío? No me escuchaste? Te pedí ayuda y me abandonaste.
-De ninguna manera-le dijo Dios-.Yo no te abandoné. Es más, te envié mucha ayuda: una lancha de la policía, un helicóptero y una cuadrilla de rescate, pero en todos los casos tú no quisiste verme ni escucharme y los rechazaste…

Y así ocurre en muchas ocasiones, estamos cegados y confundidos por ideas incorrectas de lo que significa que Dios nos va a proveer y que todo tiene un sentido.

Es cierto que somos seres espirituales, que esto no es real, que vivimos en la Matrix… pero la propia Matrix tiene unas reglas que también hay que aprender y hay que practicar. Y este mundo es el lugar en el que ahora te encuentras. Tienes un cuerpo físico que necesita satisfacer sus necesidades básicas. Necesitas un lugar donde vivir, asearte, pagar tus facturas…

Puedes tener una fe infinita, meditar o visualizar 15 horas al día, pero si necesitas un trabajo, todo lo anterior no te servirá de nada si no envías un currículum, si no acudes a entrevistas, si no te reúnes con aquellas personas que puedan ayudarte.

A muchas personas “espirituales” que trabajan por su cuenta les cuesta aceptar dinero a cambio de sus servicios. O son reacias a aprender marketing o técnicas de venta, porque esto tampoco es “espiritual”.

Es muy curioso, pero he conocido a centenares de personas espirituales que están sin blanca cuando precisamente si de algo debería servir este camino es para convertirnos en seres con plena abundancia. No nos olvidemos de que la abundancia atañe a todos los aspectos de la vida (amor, amistad, relaciones, prosperidad, paz, salud)… el bienestar ha de ser completo porque si es parcial o limitado a algunas áreas de nuestra vida…, no tiene mucho sentido.

En definitiva… si tienes un cuerpo, tienes un ego, punto. Lo puedes engordar con lechuga, té de hojas silvestres del Himalaya, con conferencias del Dalai lama…. o con gintonic´s, sálvame deluxe o con la final de la champions league. Da igual el ídolo que hayas elegido… no hay diferencia entre escaparte del mundo tomando 4 copas una noche de fiesta, o aislándote cual ermitaño mirando fijamente una vela durante 7 horas diarias.

No, para iluminarte no necesitas estar aislado del mundo. Todos los seres humanos que habitamos el planeta somos espirituales. Y todos tenemos un ego que está en la senda correcta y luminosa. Y ya sea que lo alimentes con hamburguesas o con comida vegana… lo estás alimentando igualmente. Y si además te permites el lujo de juzgar y rechazar a los que ven la tele, comen carne, se ponen minifalda o ven el fútbol… quizá tú seas menos espiritual que el que practica todas estas cosas pero que camina por la vida con verdadera humildad, respeto y sentimiento de igualdad.

Mira a tu alrededor y sobre todo observa si todo eso que practicas y estás aprendiendo realmente está mejorando tu vida, si tus relaciones se han enriquecido (pareja, familia, amigos, relaciones laborales)… si estás creando abundancia y prosperidad, si te sientes más saludable, si ves a cada persona que se cruza en tu camino como tu maestro (sí, también las que no saben nada de “estas cosas”).

Si realmente quieres ayudar, comienza ayudándote a ti mismo de verdad. Atrévete a realizar esa transformación que quieres ver el en mundo. Atrévete a contemplar a los demás como una extensión de tu propia luz (o sombra), ya que todos aquellos con los que te cruces, solo hablan de ti mismo.

Quizá no hagan falta tantas palabras, y sí más ejemplos que inspiren.

Mi abrazo infinito,

Transforma tu vida con E.F.T.

“La causa de todas las emociones negativas es un desequilibrio en el sistema energético corporal”. Gary Craig.

Al igual que la sangre circula por nuestro organismo a través de los vasos sanguíneos, del mismo modo circula nuestra energía o CHI a través de unos canales energéticos llamados meridianos, estudiados por la medicina china desde hace milenios, y tratados a través de distintas técnicas como la acupuntura.

Cuando experimentamos un suceso que nos ocasiona dolor emocional, nuestro sistema energético queda bloqueado por unos instantes y, aunque más tarde la energía vuelve a fluir, ese dolor deja una especie de “marca” o “señal” que permanece a lo largo del tiempo.

Cualquier recuerdo consciente o inconsciente de aquel suceso, origina en el presente las mismas emociones negativas que acontecieron con aquella experiencia.  Son emociones que han quedado estancadas.

Con E.F.T. (Emotional Freedom Techniques – Técnicas para la Liberación Emocional), llevamos a cabo un protocolo llamado TAPPING que consiste en realizar una digitopuntura (“golpecitos”) en distintos puntos de algunos meridianos energéticos, mientras permanecemos enfocados en las emociones negativas que queremos disolver. El resultado es el restablecimiento del flujo energético que había quedado estancado y la liberación de la emoción asociada. Podemos seguir recordando la experiencia, vivir sucesos similares en el presente, pero la diferencia es que ya no despierta en nosotros aquellas emociones negativas.

¿En qué puede ayudarte?

  • Recuerdos y estrés postraumático.
  • Miedos y fobias.
  • Adicciones y compulsiones.
  • Alivio de dolores crónicos y psicosomáticos.
  • Estados depresivos, ansiedad, estrés, tristeza, ira, culpabilidad…
  • Insomnio.
  • Inseguridad, timidez.
  • Mejora del rendimiento laboral y deportivo.
  • Mejora de la autoimagen y autoestima.
  • Mejora de las relaciones.
  • Recuperación del poder personal.

Sin duda, es una gran herramienta que puede facilitarnos el camino hacia un mayor bienestar… ¿A qué esperas para probarla?

Mi abrazo infinito,

¡Cambia tus creencias con PSYCH-K®!

Podría definir a PSYCH-K® como una técnica que nos facilita el camino hacia nuestros propósitos.

Aunque creamos que las decisiones que tomamos en nuestra vida son totalmente conscientes, únicamente entre el 3 y el 5% lo son verdaderamente. El resto (95-97%) pertenece al vasto reino del subconsciente, lugar donde se sitúa esa parte desconocida de nuestra psique, y que es la verdadera responsable de nuestro comportamiento y, por tanto, de nuestras decisiones vitales.

La vida que estamos experimentando en cualquiera de sus aspectos está directamente condicionada por nuestras creencias. Éstas se estructuran en los primeros años de nuestra vida (incluyendo el período intrauterino), y establecen lo que somos, cómo nos sentimos y el mundo en el que nos desenvolvemos. Como hemos visto, la gran mayoría son inconscientes…

Así que por más que deseemos y trabajemos con la totalidad de nuestra mente consciente en la persecución de un objetivo, si existen creencias subconscientes que se oponen al mismo… el resultado siempre será el que probablemente ya conozcas: la repetición constante e indeseada del mismo fenómeno de fracaso y auto sabotaje.

Este es uno de los motivos por el que los pensamientos positivos, por sí solos, no puede ser capaces de transformar nuestras vidas. Tampoco la acción resulta eficaz si nuestra mente consciente tiene una información que no es coherente con lo que se encuentra en la mente subconsciente.

¡¡¡Y es aquí donde actúa PSYCH-K®!!!

Con esta técnica somos capaces de crear un estado de cerebro integrado en el cual, los dos hemisferios de nuestro córtex cerebral se activan simultáneamente. Este estado nos permite instalar las creencias que deseamos adquirir y que nos facilitan esa coherencia que deseamos alcanzar para dirigirnos a nuestras metas de manera segura y eficaz.

¿En qué puede ayudarte?

  • Crear relaciones sanas a nivel sentimental, familiar y laboral.
  • Mejorar tu vida laboral y tus ingresos.
  • Trabaja sobre miedos y fobias: volar, hablar en público, etc.
  • Control de peso y adicciones.
  • Estados anímicos como ansiedad, estrés, tristeza, crisis, pérdidas, etc.
  • Elevar tu seguridad y autoestima.
  • Recuperar tu poder personal.
  • Aumentar tu nivel de energía y vitalidad.

¡No estás supeditado a tus creencias… puedes ELEGIRLAS!

Mi abrazo infinito,

Cuando nos olvidamos de sentir…

Piensa y responde sinceramente a la siguiente pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te dedicaste a SENTIR?

Posiblemente, tu primera respuesta ante esta pregunta es “hoy mismo”, o “ayer”… pero presta atención y vuelve a leer la pregunta. ¿De verdad te tomas el tiempo para sentir?

Sinceramente… en mi caso, que soy una mujer sensible y “sentida”… a veces no me tomo el tiempo de sentir. Y eso que estoy acostumbrada a manejarme con mis emociones y a gestionarlas… Y sí, a menudo emprendo la “huida” porque, o bien no tengo tiempo material, o bien me da pereza sentirme “mal” y busco caminos alternativos (pensamientos positivos) para continuar con mi día sin que esas emociones me interfieran nada más que lo justo.

Y esto es lo que solemos hacer tod@s con mayor frecuencia.

Hasta que llega un día en el que las emociones te “atrapan” y se llevan consigo toda la fuerza y la energía que has empleado en ignorarlas. Y entonces llega el momento… ¡toca SENTIR!

Cuando le pido a un paciente que se centre en lo que siente, lo primero que hace es RACIONALIZAR la emoción. Ante la pregunta… ¿qué sientes?, la respuesta suele ser una explicación de algo que le gustaría hacer o decir, una interpretación determinada, incluso una justificación, frases tremendamente elaboradas, etc. Casi siempre es necesario volver a hacer la pregunta… “ya, pero ¿y eso cómo te hace sentir”?… ¿y dónde lo sientes? ¿Lo puedes describir con una única palabra, una sensación, un color?… Las emociones se sienten SIEMPRE en el CUERPO, no se piensan con la MENTE. Incluso a veces no hace falta que sepamos cómo se llama la emoción de la que se trata, pero sí sabemos dónde se sitúa, si es una sensación de ahogo, de presión, de calor. Y sólo entonces, cuando prestamos la debida atención podemos definir lo que sentimos: angustia, tristeza, pena, miedo, etc.

¿Por qué es necesario sentir?

Vivimos tanto tiempo en nuestra mente que nos olvidamos de que tenemos un cuerpo. Y es aquí donde “viven” nuestras emociones. Huir de ellas no hará que desaparezcan, por el contrario, pasarán a quedarse “enquistadas”, obstaculizando el flujo de energía… lo que más tarde se traducirá en un síntoma físico o mental. El cuerpo llama nuestra ATENCIÓN, a través de las EMOCIONES, pero estamos tan invadidos por la racionalidad, con toda nuestra energía centrada en la mente… que solamente prestamos atención a nuestro cuerpo cuando se enferma, cuando nos duele, cuando nos “grita”. Y entonces la respuesta rápida es buscar la “pastilla milagrosa”.

De esta forma pasamos la vida llenando la “mochila” de asuntos sin resolver. Más tarde, en el camino hacia nuestra madurez, decimos que tenemos “achaques” o que es “cosa de la edad” sufrir Alzheimer o cualquier tipo de enfermedad … cuando envejecer NO tendría que ser sinónimo de ESTAR ENFERMO. Y sí, tod@s tenemos que morir pero ¿por qué no hacerlo en plenas facultades físicas y mentales? ¿Por qué no hacerlo con consciencia? ¿Por qué no hacerlo con verdadera DIGNIDAD?

¿Y qué podemos hacer?

Te recomiendo que busques un par de horas semanales sólo para ti.

Lleva a cabo un recorrido de los momentos más difíciles de la semana, sobre todo aquellos en los que experimentaste estallidos emocionales que no pudiste resolver al momento.

Vuelve a situarte en ese instante y RE-VIVE las sensaciones. Ahora deja de “protestar” y sólo presta atención a tu cuerpo. Recuerda las preguntas: ¿Dónde lo sientes? ¿Qué sensación tienes? ¿Qué temperatura? ¿Qué color? ¿Qué forma? ¿Llega algún recuerdo? La intención es darle la debida atención a esa emoción… la que está debajo de todos tus “bla, bla, bla” mentales.

Una vez localizada… SIÉNTELA… con toda la intensidad de la que seas capaz. Llora, enfádate, muévete, salta, deja que tu cuerpo se retuerza y se EXPRESE como le dé la gana hacerlo. Suelta, suelta, suelta… quédate y observa.

Pasados unos minutos, notarás que la emoción se va calmando, la intensidad va disminuyendo y poco a poco desaparece… Si observas otra emoción distinta, vuelve a repetir el proceso.

Te darás cuenta de que tu cuerpo está mucho más suelto, relajado…, y un sentimiento de PAZ comenzará a brotar… la emoción ha sido liberada. Será entonces el momento idóneo de utilizar tu mente y pasar a COMPRENDER el por qué de esa emoción: ¿Qué es lo que la origina? ¿Qué podrías hacer para solucionarlo? ¿Qué necesitas cambiar en ti o en tu vida? ¿Puedes hacerlo a solas o quizá necesitas ayuda?

Elabora una SOLUCIÓN y pasa a la ACCIÓN.

Realizar este proceso a menudo te mantendrá “al día”…, dejarás de acumular asuntos y más asuntos, tu energía fluirá libremente y eso se traducirá en un mayor BIENESTAR.

Y…. ¿no es eso lo que constantemente buscamos?

Mi abrazo infinito,

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

Desde lo más sencillo como un par de zapatos, hasta llegar a aspectos significativos como pudieran ser la elección de un lugar donde vivir, un futuro profesional o sentimental…, el tener que elegir entre dos o varias opciones, puede llegar a ser para algunos individuos una situación bastante limitadora, e incluso generadora de gran ansiedad.

Partiremos de algunas de las afirmaciones que he ido escuchando al respecto, para intentar descubrir qué se esconde tras este bloqueo:

  • “Quiero hacerlo tan perfecto y ser tan perfect@… que al final no hago nada”. La mayor parte de las personas indecisas experimentan un alto nivel de exigencia que conlleva un estado permanente de duda y ansiedad, lo cual es lógico ya que es imposible alcanzar la perfección.
  • “No puedo equivocarme”. Pretender que las cosas sean perfectas, quizá esconda cierto grado de inseguridad y falta de auto – confianza. Ésta pudo ser ocasionada en el pasado debido a críticas demasiado duras, quizás fueron niños envueltos en un ambiente demasiado estricto, donde jamás los elogiaron ni reconocieron sus dones y talentos. Cuando únicamente pusieron el “ojo en sus fallos”, el crítico interno fue creciendo junto con el miedo al rechazo. Los niños premiados por ser “buenos”, y castigados por ser “malos”, aprenden que “no son dignos de amor si se equivocan”.
  • “Es mejor que otros tomen las decisiones, prefiero dejarme llevar”. Lo que en principio pudiera suponer un alivio, en el fondo va dejando un sentimiento residual de frustración porque una vez más no han sido capaces de tomar una decisión con seguridad y firmeza, que es lo que en verdad les hubiera gustado hacer. Seguir escapando de esos momentos incómodos dejando que otros los gestionen, les hará sentir cada vez más inseguros y, como una bola de nieve que a su paso va rodeándose de capas y capas, el bloqueo cada vez será más grande con cada nuevo enfrentamiento.
  • “Siempre pienso que las cosas se arreglarán solas, luego pierdo oportunidades por no haber actuado a tiempo”. La madurez, entre otros aspectos, implica tomar plena responsabilidad de nuestros actos y omisiones, así como de las consecuencias que de ellos se derivan. Quizás un exceso de protección experimentado en el pasado por parte de sus cuidadores, les eximió de tener que tomar pequeñas decisiones que, ya en la infancia, suponen pequeños “ensayos” al ponerse en contacto con el aprendizaje que supone la frustración. Esto posibilita como adultos, poder comprender y aceptar que la equivocación forma parte de la vida y del proceso normal de aprendizaje, facilitando el enfrentamiento a decisiones importantes con un adecuado y sano nivel de estrés.
  • “Será lo que tenga que ser”. He observado que en presencia de esta dificultad, muchas personas se refugian en un supuesto destino ineludible. Evitan sentirse protagonistas del suceso, intentando situar la responsabilidad en el destino, en cualquier ente espiritual, en el karma o en cualquier otro aspecto real o irreal que les haga sentir más tranquilos. Una vez más, encontramos cierto rechazo y/o miedo a aceptar responsabilidades.
  • “¿Y si me siento mal?”. También podemos encontrar cierta resistencia a las emociones negativas. Todo ello sigue siendo consecuencia del miedo al rechazo, a la responsabilidad, a la frustración…, y todo ello les sigue anclando a su zona de confort, evitando el riesgo todo lo posible.

Claves para el cambio:

  • Pretender alcanzar la opción perfecta es la primera “imperfección”. Toda decisión tendrá su cuota de pérdida. Valora con la mayor objetividad posible lo que ganas y pierdes con cada opción, pero ten en cuenta que siempre habrá algo que tendrás que dejar atrás o a lo que renunciar. Jamás existirá la opción que reúna la perfección total y absoluta. Puedes pedir a alguna persona de confianza que te ayude profundizar sobre los motivos que tienes para valorar las distintas opciones. Evita preguntar qué haría ella en tu lugar. Es importante que elijas tú mism@.
  • Comienza el entrenamiento con cosas sencillas y ve aumentando la complejidad. Todo el mundo se enfrenta a momentos de dudas e indecisión. No son situaciones agradables pero son pasajeras. Y es un verdadero descanso tomar decisiones de manera firme y segura. Además, cuantas más veces lo hagas, mayor seguridad en ti mismo sentirás.
  • Te recomiendo que pongas fecha a tu decisión, una fecha realista en la que sepas que no vas a perder una posible oportunidad.
  • Tienes derecho a equivocarte y además, es bueno para ti que lo hagas. Te darás cuenta de que no pasa nada, que habrás aprendido algo valioso y que tú mism@ sigues siendo valios@ aunque cometas errores… ¿dejarías de apreciar a un ser querido porque se equivoque? O ¿admirarías su coraje al actuar, equivocarse, fortalecerse, aprender y rectificar las veces que sean necesarias hasta alcanzar la meta que persigue?
  • Despide a tu crítico interno. Cuando te descubras juzgándote por haber hecho algo incorrecto, aprieta el botón “off”. Piensa qué le dirías a un amigo en el caso de encontrarse en tu situación. Recuerda siempre que tú eres tu mejor amig@, comienza a tratarte como tal.
  • No tomar una decisión también es una decisión. Aunque consigas evadirte y dejes a los demás, al destino o a la vida que decida por ti, también estás perdiendo y renunciando a algo. Valora el no tomar una decisión como otra opción más, con la consiguiente responsabilidad sobre las consecuencias. Ten en cuenta además, que en este caso habrás perdido algo más: una pequeña cuota de seguridad y confianza en ti mism@ al evitar el enfrentamiento.
  • La vida es un riesgo en sí misma. Piensa qué sería de la humanidad si nadie hubiera tomado ningún riesgo, si nadie se hubiera equivocado jamás. La zona de confort en realidad no es tan confortable, sólo es conocida… nada más. La naturaleza humana es curiosa y se dirige siempre hacia el deseo de mejorar su estado actual, hacia la evolución. La “seguridad” es una fantasía. Piensa que cualquier circunstancia imprevista también te puede arrebatar igualmente esa zona de confort.
  • Confía en ti, y en que sabrás gestionar los resultados de tu decisión. Piensa en los errores de tu pasado, en lo que aprendiste y en lo importantes que fueron para llegar a este momento. Dar la “vuelta al calcetín” te ayudará a sentir más seguridad de cara al futuro.
  • Piensa menos y siente más. Aprende a tomar decisiones prestando atención a las sensaciones de tu cuerpo. Entre éste y tu subconsciente hay una comunicación clara y directa, únicamente obstaculizada por tu mente y tus pensamientos. Valora racionalmente las opciones, los pros y los contras, y después pide respuestas a tu cuerpo. Siempre habrá alguna opción que te haga sentir mejor.

Fuerza y ¡adelante!

Cuando pensar demasiado se convierte en «el problema»

«Voy a pensar mucho una cosa para que termine pareciéndome una mala idea»

Hace unos días me encontraba con esta frase y me hizo reflexionar… Ciertamente, la naturaleza de nuestra mente es «pensar», y es un instrumento maravilloso si pudiéramos utilizarlo de forma óptima. Sin embargo, no ocurre así la mayoría de las veces. Nos encontramos con cualquier encrucijada, obstáculo y/o dificultad, y nos embarcamos en el juego de «darle vueltas y más vueltas» buscando multitud de opciones y posibles soluciones para decidirnos a tomar decisiones…  Sin embargo, pensar demasiado nos puede llevar a:

  • Encontrar inconvenientes donde no los hay.
    Decimos que somos «realistas» cuando eso en verdad es bastante relativo. Nuestros «realismos» se basan en experiencias de fracaso anteriores y en muchas ocasiones destapan nuestros miedos e inseguridades. En base a ellos vamos encontrando inconvenientes, y nos contamos multitud de excusas que nos resultan verdaderamente creíbles. Cuanto más pensamos, más razones encontramos para no pasar a la acción.
  • Imaginar problemas que quizá no se presenten nunca.
    Queremos estar seguros y tener todo atado y bien atado. Es una buena opción la de pensar qué es lo peor que podría pasar si actuamos en cualquier dirección. Pero centrarnos en ese posible resultado negativo puede hacer que nos paralicemos en base a pensamientos pesimistas.
  • «Enredarnos» todavía más.
    Analizar una cuestión demasiado tiempo puede propiciar mayor confusión de la que teníamos en un principio. Lejos de aclarar nuestras ideas, ocurre lo contrario… vamos distorsionando lo que tratamos de analizar y cada vez dudamos más. La duda nos paraliza y cada vez nos sentimos más incapaces de solucionar lo que nos ocupa.
  • Perder el contacto con nuestra esencia.
    Nos han hecho creer que somos lo que pensamos. Nada más lejos de la realidad…
    Además, los mismos pensamientos repetidos durante el tiempo suficiente se convierten en creencias y, a no ser que andemos cuestionándolas a menudo, la gran mayoría de nuestras creencias son inconscientes y ni siquiera elegidas por nosotros mism@s. Confiamos demasiado en nuestra mente, cuando lo que existe en ella a veces tiene poco que ver con lo que realmente somos y queremos.
  • Perder el tiempo y perder oportunidades.
    Sin duda, darle vueltas «al tarro» supone perder tiempo y mucha energía. A veces incluso nos hace perder oportunidades, porque cuando finalmente nos decidimos a actuar, puede ser que el momento idóneo ya haya pasado de largo

De esta forma, el problema original se transforma… Pasa de ser una cuestión a resolver, para convertirse en un verdadero quebradero de cabeza que nos hace sentir cada vez peor: inseguridad, dudas, miedo, incertidumbre… Y ¿qué podemos hacer?

  • Distráete.
    Haz cosas que no tengan nada que ver con lo que te preocupa. Pero no luches contra tus pensamientos. Si es un tema que lleva varios días-semanas-meses dando vueltas en tu mente, no te resultará fácil eliminarlo así sin más. Simplemente distrae tu mente con algo que te guste, mejor si es una actividad que requiere concentración.
  • Piensa que ya tienes la solución.
    Pensar más no te hará encontrar mejores soluciones. Recordemos a Arquímedes y a su «Eureka» cuando se encontraba tomando un baño relajadamente. Da la «orden» a tu mente subconsciente de encontrar el camino y deja que ella se ocupe. Mientras, continúa con tu vida e intenta disfrutar y relajarte todo lo que puedas. Cuando el problema visite tu mente… recuérdate que la solución ya está en marcha.
  • Si supieras qué hacer, ¿cómo actuarías?
    Cuando has pensado demasiado, es lógico que las dudas te invadan y te paralicen. Puedes pensar en alguien a quien admiras y que te parezca una persona resolutiva… ¿cómo crees que actuaría esa persona en tu lugar y con tu problema?
  • Recuerda cuál fue tu primera sensación.
    Cuando tienes que tomar una decisión siempre existe una primera reacción visceral, una sensación, una intuición. Segundos más tarde la vas tamizando con el filtro de tu análisis. Pones en marcha la mente y vas olvidando tu reacción primitiva. Ésta se queda sin registrar, cuando en verdad tiene más que ver contigo mism@ que todos los análisis que tu mente pueda hacer de la cuestión posteriormente. Recuerda: lo que SIENTES está más cerca de tu alma que lo que PIENSAS.

Haz memoria… los problemas que tenías hace 10 años, ¿dónde están? O bien se solucionaron, o ya no tienen ninguna importancia. Dentro de 10 años pensarás que perdiste un tiempo precioso dando vueltas a algo que al final solucionaste, o no era para tanto…

Céntrate en la solución y sobre todo no te quedes «paralizad@»… ¡actúa! Cada día que pasas «pensando de más» es un día perdido.

Mi abrazo infinito,

¿Cómo puedes canalizar tu rabia?

Pues sí…, la rabia no es una emoción tan negativa como parece. Por el contrario, puede ser una emoción útil y beneficiosa si aprendemos a gestionarla.

En ocasiones, llega a nosotros después de haber estado algún tiempo tristes o quizás algo depresivos. Es buena señal y debemos permitirnos sentirla, ya que la tristeza es una emoción de indefensión y pérdida de poder. Pasar a experimentar una emoción de ira o rabia supone que hemos recuperado una cuota de ese poder perdido, por tanto, podemos considerar que hemos subido un “peldaño” en la escala emocional.
La ira también se manifiesta como respuesta a situaciones en las que queremos afirmarnos, bien porque hemos sufrido una injusticia, o porque nos sentimos atacados e inseguros y necesitamos defendernos.

Solemos reprimirla en muchas ocasiones en parte por la educación recibida (nos han enseñado que “tenemos que ser buen@s”), en parte por temor al rechazo de los demás si la expresamos. Sin embargo, reprimirla nos puede ocasionar multitud de síntomas y enfermedades físicas, pérdida de poder y el evitar realizar acciones concretas que incrementarían nuestro bienestar.
En el otro extremo, expresarla de manera inadecuada nos puede ocasionar un tremendo malestar, situaciones agresivas e indeseadas, y de las cuales puede que nos arrepintamos una vez que ha llegado la calma y ya somos capaces de racionalizar lo que ha ocurrido.

De cualquier manera, es una emoción que implica ACCIÓN. Y debemos considerarla beneficiosa cuando nos lleva en la dirección correcta.

Bien, y ¿cuál es esa dirección? ¿Cómo gestionarla de manera correcta sin reprimirla y/o sin que se nos “vaya de las manos”?

Pautas a seguir:

Toma un descanso.
Inmersos en la rabia no podemos pensar de manera óptima. Por tanto, intenta no conversar con nadie en este estado. Tómate el tiempo que necesites para realizar esa llamada, ese encuentro, etc. Si te ha surgido en medio de un diálogo lo mejor que puedes hacer es utilizar una excusa y marcharte durante un rato (ve al baño, da un paseo…).

Muévete.
Si es posible lleva a cabo cualquier tipo de ejercicio cardiovascular: camina rápido, corre, etc. “Sudar” es una manera muy sana de canalizar esta energía.

Respira.
La rabia hace que nuestra respiración sea más rápida, agitada y se concentre en la parte superior del árbol respiratorio. Cambiando la respiración de manera consciente, podemos cambiar nuestro estado mental – emocional. Lleva a cabo unas cuantas respiraciones diafragmáticas llevando tu atención al abdomen, a la entrada y salida de aire…

Escribe.
Racionaliza el objeto de tu ira: ¿Qué o quién te molesta tanto y por qué? ¿Qué crees que han podido “hacerte” que puede quitarte tu poder? ¿Qué parte de ti se siente amenazada? ¿Qué es eso que te causa tanta impotencia?

Ten en cuenta que NADIE puede robarte tu paz mental si tú no lo permites. La rabia, como cualquier otra emoción, ha surgido de ti… sólo tú la has puesto “ahí”. Piensa que las situaciones y las personas quizá no sean como tú quieres que sean, sino que SON COMO SON. Si analizas los motivos que te han llevado a sentir esa rabia, sabrás lo que tienes que hacer en consecuencia: trabajarte la ACEPTACIÓN (de una situación, de una persona concreta), poner LÍMITES en tus relaciones y pensar más en ti y en tus necesidades (personales, laborales), etc.

Haz lo que tengas que hacer, pero siempre después de que la rabia haya sido canalizada y racionalizada. Y sobre todo… ¡¡jamás la reprimas!! SIÉNTELA y profundiza en ella, ya que, como ves, es una emoción que puedes aprovechar para saber qué hay dentro de ti, conocerte mejor y sobre todo descubrir cuáles son las acciones has de llevar a cabo en busca de la paz que tanto anhelas.

Mi abrazo infinito,