Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Cuando pensar demasiado se convierte en "el problema"

«Voy a pensar mucho una cosa para que termine pareciéndome una mala idea»

Hace unos días me encontraba con esta frase y me hizo reflexionar… Ciertamente, la naturaleza de nuestra mente es «pensar», y es un instrumento maravilloso si pudiéramos utilizarlo de forma óptima. Sin embargo, no ocurre así la mayoría de las veces. Nos encontramos con cualquier encrucijada, obstáculo y/o dificultad, y nos embarcamos en el juego de «darle vueltas y más vueltas» buscando multitud de opciones y posibles soluciones para decidirnos a tomar decisiones…  Sin embargo, pensar demasiado nos puede llevar a:

  • Encontrar inconvenientes donde no los hay.
    Decimos que somos «realistas» cuando eso en verdad es bastante relativo. Nuestros «realismos» se basan en experiencias de fracaso anteriores y en muchas ocasiones destapan nuestros miedos e inseguridades. En base a ellos vamos encontrando inconvenientes, y nos contamos multitud de excusas que nos resultan verdaderamente creíbles. Cuanto más pensamos, más razones encontramos para no pasar a la acción.
  • Imaginar problemas que quizá no se presenten nunca.
    Queremos estar seguros y tener todo atado y bien atado. Es una buena opción la de pensar qué es lo peor que podría pasar si actuamos en cualquier dirección. Pero centrarnos en ese posible resultado negativo puede hacer que nos paralicemos en base a pensamientos pesimistas.
  • «Enredarnos» todavía más.
    Analizar una cuestión demasiado tiempo puede propiciar mayor confusión de la que teníamos en un principio. Lejos de aclarar nuestras ideas, ocurre lo contrario… vamos distorsionando lo que tratamos de analizar y cada vez dudamos más. La duda nos paraliza y cada vez nos sentimos más incapaces de solucionar lo que nos ocupa.
  • Perder el contacto con nuestra esencia.
    Nos han hecho creer que somos lo que pensamos. Nada más lejos de la realidad…
    Además, los mismos pensamientos repetidos durante el tiempo suficiente se convierten en creencias y, a no ser que andemos cuestionándolas a menudo, la gran mayoría de nuestras creencias son inconscientes y ni siquiera elegidas por nosotros mism@s. Confiamos demasiado en nuestra mente, cuando lo que existe en ella a veces tiene poco que ver con lo que realmente somos y queremos.
  • Perder el tiempo y perder oportunidades.
    Sin duda, darle vueltas «al tarro» supone perder tiempo y mucha energía. A veces incluso nos hace perder oportunidades, porque cuando finalmente nos decidimos a actuar, puede ser que el momento idóneo ya haya pasado de largo

De esta forma, el problema original se transforma… Pasa de ser una cuestión a resolver, para convertirse en un verdadero quebradero de cabeza que nos hace sentir cada vez peor: inseguridad, dudas, miedo, incertidumbre… Y ¿qué podemos hacer?

  • Distráete.
    Haz cosas que no tengan nada que ver con lo que te preocupa. Pero no luches contra tus pensamientos. Si es un tema que lleva varios días-semanas-meses dando vueltas en tu mente, no te resultará fácil eliminarlo así sin más. Simplemente distrae tu mente con algo que te guste, mejor si es una actividad que requiere concentración.
  • Piensa que ya tienes la solución.
    Pensar más no te hará encontrar mejores soluciones. Recordemos a Arquímedes y a su «Eureka» cuando se encontraba tomando un baño relajadamente. Da la «orden» a tu mente subconsciente de encontrar el camino y deja que ella se ocupe. Mientras, continúa con tu vida e intenta disfrutar y relajarte todo lo que puedas. Cuando el problema visite tu mente… recuérdate que la solución ya está en marcha.
  • Si supieras qué hacer, ¿cómo actuarías?
    Cuando has pensado demasiado, es lógico que las dudas te invadan y te paralicen. Puedes pensar en alguien a quien admiras y que te parezca una persona resolutiva… ¿cómo crees que actuaría esa persona en tu lugar y con tu problema?
  • Recuerda cuál fue tu primera sensación.
    Cuando tienes que tomar una decisión siempre existe una primera reacción visceral, una sensación, una intuición. Segundos más tarde la vas tamizando con el filtro de tu análisis. Pones en marcha la mente y vas olvidando tu reacción primitiva. Ésta se queda sin registrar, cuando en verdad tiene más que ver contigo mism@ que todos los análisis que tu mente pueda hacer de la cuestión posteriormente. Recuerda: lo que SIENTES está más cerca de tu alma que lo que PIENSAS.

Haz memoria… los problemas que tenías hace 10 años, ¿dónde están? O bien se solucionaron, o ya no tienen ninguna importancia. Dentro de 10 años pensarás que perdiste un tiempo precioso dando vueltas a algo que al final solucionaste, o no era para tanto…

Céntrate en la solución y sobre todo no te quedes «paralizad@»… ¡actúa! Cada día que pasas «pensando de más» es un día perdido.

Mi abrazo infinito,

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