Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Un alto en el camino

Deja ya de luchar.
Lo has intentado de todas las formas posibles, y no ha funcionado.
Has puesto todo de tu parte, ya no hay nada más que puedas hacer.

Descansa
Deja que la vida te acune y te lleve al lugar correcto. Quizá no es el momento de que ocurra, quizás algo mejor te espera. Deja libre ese espacio y permite que aparezca.

Suelta
No, no todo está en tu mano. Y lo que sí estuvo en ella… ya lo llevaste a cabo.
Ahora observa cómo la Vida se expresa y te marca el camino…, el siguiente paso.

Acepta
Actuar por actuar agota tu energía y te lleva direct@ a la frustración. Escucha los mensajes, déjate guiar y cuando la situación requiera tu intervención… camina de nuevo.

La vida es un eterno juego en el que los momentos de acción se alternan con aquellos en los que tenemos que dejarnos llevar y fluir. De este modo… la acción se convierte en una intervención correcta, sin derroche de energía, oportuna, eficaz…

No te detengas cuando sabes que tienes cosas por hacer…, pero no trates de abarcar más de lo que puedas alcanzar en este momento.

Mi abrazo infinito,

¡Cambia tus creencias con PSYCH-K®!

Podría definir a PSYCH-K® como una técnica que nos facilita el camino hacia nuestros propósitos.

Aunque creamos que las decisiones que tomamos en nuestra vida son totalmente conscientes, únicamente entre el 3 y el 5% lo son verdaderamente. El resto (95-97%) pertenece al vasto reino del subconsciente, lugar donde se sitúa esa parte desconocida de nuestra psique, y que es la verdadera responsable de nuestro comportamiento y, por tanto, de nuestras decisiones vitales.

La vida que estamos experimentando en cualquiera de sus aspectos está directamente condicionada por nuestras creencias. Éstas se estructuran en los primeros años de nuestra vida (incluyendo el período intrauterino), y establecen lo que somos, cómo nos sentimos y el mundo en el que nos desenvolvemos. Como hemos visto, la gran mayoría son inconscientes…

Así que por más que deseemos y trabajemos con la totalidad de nuestra mente consciente en la persecución de un objetivo, si existen creencias subconscientes que se oponen al mismo… el resultado siempre será el que probablemente ya conozcas: la repetición constante e indeseada del mismo fenómeno de fracaso y auto sabotaje.

Este es uno de los motivos por el que los pensamientos positivos, por sí solos, no puede ser capaces de transformar nuestras vidas. Tampoco la acción resulta eficaz si nuestra mente consciente tiene una información que no es coherente con lo que se encuentra en la mente subconsciente.

¡¡¡Y es aquí donde actúa PSYCH-K®!!!

Con esta técnica somos capaces de crear un estado de cerebro integrado en el cual, los dos hemisferios de nuestro córtex cerebral se activan simultáneamente. Este estado nos permite instalar las creencias que deseamos adquirir y que nos facilitan esa coherencia que deseamos alcanzar para dirigirnos a nuestras metas de manera segura y eficaz.

¿En qué puede ayudarte?

  • Crear relaciones sanas a nivel sentimental, familiar y laboral.
  • Mejorar tu vida laboral y tus ingresos.
  • Trabaja sobre miedos y fobias: volar, hablar en público, etc.
  • Control de peso y adicciones.
  • Estados anímicos como ansiedad, estrés, tristeza, crisis, pérdidas, etc.
  • Elevar tu seguridad y autoestima.
  • Recuperar tu poder personal.
  • Aumentar tu nivel de energía y vitalidad.

¡No estás supeditado a tus creencias… puedes ELEGIRLAS!

Mi abrazo infinito,

8 Señales que te indican que es momento de cambiar

Hay pocas cosas que me atrevo a afirmar como “ciertas”, pero si alguna tengo clara es que todo cambia, constantemente, aunque no tengamos ni siquiera la intención consciente de intervenir en muchos de esos cambios.

Y sí, muchos de ellos pueden asustarnos… es la incertidumbre que provoca todo aquello que desconocemos, que no forma parte de nuestro universo rutinario y hasta cierto punto… “controlado”.

Sin embargo, ese control que creemos tener no es real, y la Vida nos lo muestra con cada uno de aquellos sucesos inesperados que nos acontecen… Nosotros mismos vamos cambiando sin apenas darnos cuenta. Solo cuando miramos hacia atrás somos conscientes de que muchas de nuestras ideas, creencias, hábitos, pensamientos y modos de actuar han ido variando a lo largo del tiempo. Algunos cambios nos gustan, otros quizá no tanto…

Sin lugar a dudas, la Vida nos envía señales constantemente, de muchas y variadas formas. Cuando fluimos y nos dejamos “llevar” podemos vivir los cambios de forma armónica y aprovecharlos para crecer y optimizar nuestras vidas. El problema surge cuando nos resistimos y nos negamos a fluir con el devenir de los acontecimientos.

Y puesto que el cambio va a existir igualmente… ¿qué tal si ponemos mayor conciencia en el proceso, y nos ocupamos de dirigirlo hacia el sentido que queremos? ¿Qué tal si aprendemos a escuchar a la Vida y las señales que nos envía?

Algunas de ellas podrían ser:

  • Situaciones que se repiten.

Cuando tienes la sensación de estar viviendo las mismas circunstancias una y otra vez, está claro que tu modo de actuar (y, por tanto, tus creencias), siguen siendo las mismas. Es prácticamente imposible que lo de fuera cambie, si previamente no ha existido un cambio interno.

  • No consigues tus objetivos.

Parece ser que hagas lo que hagas, nunca consigues aquello que te propones. Sientes que hay algo que te frena, como si un obstáculo insalvable e invisible se interpusiera siempre entre tus proyectos y tú. Al igual que en el caso anterior, es ineludible el acercarte a esas partes aún sin contemplar sobre tu persona, y que te impiden que alcances lo que quieres.

  • Aburrimiento y abatimiento.

La rutina puede contigo y no encuentras alicientes en tu vida. No encuentras nada que te apasione, que realmente te encienda el alma.

  • Pérdida del momento presente.

Emociones cercanas a la melancolía implican que estás colocando el foco en el pasado. Cuando la mente huye constantemente hacia atrás en la búsqueda de aquellas etapas felices que ya no están aquí…, es obvio que el momento presente no es lo que esperas o deseas. Si la emoción predominante es la ansiedad, la huida se produce hacia delante. En cualquiera de los dos casos, el malestar te impide permanecer en tus circunstancias actuales y te refugias en una huida mental que te permite escapar de tu momento presente. En definitiva… “pan para hoy y hambre para mañana”.

  • Rupturas y despedidas.

Todo aquello que se va de tu vida solo trata de dejar espacio para lo nuevo que ha de llegar. La pérdida de un trabajo, situación de bienestar, una pareja, un ser querido… puede poner tus circunstancias vitales “patas arriba” y te sitúa en ocasiones ante un inevitable cambio de perspectiva. Aceptar y comprender la pérdida puede llevar más o menos tiempo, según las resistencias que opongas ante el proceso.

  • Enfermedad.

Cuando la enfermedad hace acto de presencia, una parte de tu inconsciente trata de llamar tu atención para “ver la luz”. En este caso, los cambios son inevitables, tanto más importantes cuanto más grave sea la enfermedad que afrontamos.

  • Momentos de crisis.

A veces no es lo que pasa fuera, sino lo que ocurre “dentro”. Es como si algo dentro de ti estallara y se rompiera. Nada te satisface, quizá hasta seas capaz de enumerar todo lo bueno que te rodea, pero sientes un vacío que no puedes llenar con nada de lo que existe en tu vida por más “bueno” que sea. Has perdido el rumbo y no encuentras sentido a tu existencia…

  • Confusión.

Cuando la toma de decisiones siempre se convierte en un gran dilema en tu vida, quizá te encuentres desorientad@ con respecto a lo que realmente quieres. Si no tienes claros tus objetivos ni hacia donde quieres dirigirte, cualquier decisión a tomar se convierte en un pozo oscuro del que te cuesta salir. Quizá una parte de ti te lleva hacia una dirección, mientras existe otra parte que se dirige justamente hacia el sentido contrario. Comprender cuál de esas partes eres TÚ, y cuáles son programas aprendidos o heredados, es parte indispensable para avanzar en tu camino.

Sea cual sea tu malestar o la circunstancia que estés experimentando, el simple hecho de que haga acto de presencia en tu vida ya te está indicando que hay algo que revisar y reajustar. Quizá sea el momento de deshacerse de esas personas, esa actividad, ese hábito o comportamiento, esas creencias… para dar paso a un nuevo YO, a ese que verdaderamente SIENTES que ERES, a ese que en el fondo intuyes y que hasta el momento ha permanecido en la sombra…

No creo en la casualidad ni en la fatalidad…, realmente creo que la Vida nos va marcando el camino que hemos venido a realizar. Y que el sufrimiento que padecemos tiene su origen en las resistencias que vamos colocando ante las “señales” que nos ofrece.

¡Atrévete!… es momento de CAMBIAR.

Mi abrazo infinito,

Aprende a identificar las causas metafísicas de tus síntomas físicos

En pleno auge de la terapia de descodificación biológica, nos encontramos con multitud de información, así  como diccionarios que tratan de ofrecernos orientaciones precisas con respecto a los síntomas y enfermedades que padecemos.

Sin embargo, a veces un exceso de información puede confundirnos ya que seguimos permaneciendo “fuera”, en lugar de prestar atención a lo que realmente nos ocupa. Cada persona y cada caso han de ser estudiados de manera independiente y, aunque la bibliografía al respecto pueda ofrecernos pistas, no podemos dejar de hacernos las preguntas pertinentes para descubrir nuestros propios motivos.

Vivimos en un mundo dual donde no existe la luz sin la sombra, y en esa búsqueda constante de “la luz” nos olvidamos de aceptar “la sombra” como parte de la Vida y como parte integrante de nuestra UNIDAD.

Por tanto, la enfermedad o el síntoma llegan a nuestra vida como una expresión inconsciente en nuestro cuerpo físico, de aquellas partes que no hemos podido o no hemos sabido aceptar. Observando la cuestión desde este punto de vista, podemos llegar a proclamar que la enfermedad nos ofrece la oportunidad de SANAR y RESOLVER, ya que al aceptar lo que hemos reprimido o rechazado, podemos recuperar el EQUILIBRIO perdido.

Y bien, ¿Cómo podemos participar en nuestro proceso curativo?

Momento en el que aparece.

Es importante el momento en el que se presenta el síntoma o el acontecimiento (accidente, golpe, etc.). ¿Qué pensamientos y emociones estaban teniendo lugar en el momento de su aparición? ¿Ocurrió algo, alguna noticia, algún suceso significativo?

Intenta hacer memoria de ese momento, puede darte muchísima información.

Atención al síntoma.

No es lo mismo un dolor agudo, sordo, punzante, ardor, inflamación… Por ejemplo, cualquier clase de inflamación o –itis suele reflejar enfado o ira reprimidos. ¿Cómo describes tu síntoma? Si no puedes asociar de inicio una emoción al tipo de dolor o molestia, observa que clase de emociones te provoca o te despierta cuando se presenta.

Lugar donde se localiza.

No es lo mismo que se sitúe en una mano, que en el estómago o en las articulaciones. ¿Para qué sirve esa zona de tu cuerpo? ¿Qué funciones realiza? ¿Qué significa para ti? De esta forma podemos asociar de una manera más fidedigna, porque aunque la fisiología sea común para todos, una lesión de muñeca no va a significar lo mismo para un futbolista que para un masajista.

Prohibición.

Muchos síntomas nos prohíben hacer determinadas cosas: ir a trabajar, realizar una tarea específica, etc. Observa qué es lo que te prohíbe realizar tu sintomatología. Normalmente, aquello que nos prohíbe hacer, representa deseos ocultos y que no nos permitimos satisfacer. Si no quiero ir a una fiesta a la que me han invitado, es más fácil no asistir si me escudo detrás de un resfriado que decir que “no” simple y llanamente.

Obligación.

Por otro lado, a veces nuestros síntomas nos obligan a hacer las cosas que en el fondo estamos “deseando” y que no nos permitimos satisfacer, como puede ser descansar, dejar que nos cuiden, obtener atención y un cariño que no nos atrevemos a pedir, etc…

En otras ocasiones, nuestros síntomas nos obligan a realizar cambios más importantes y trascendentales. Y pueden suponer desde un cambio de hábitos de vida más saludables (ejercicio físico, alimentación, etc.), hasta determinadas conductas como salir de nuestra zona de confort y atrevernos a hacer algo que tememos.

Responsabilidad.

La enfermedad o el síntoma han aparecido en este momento simplemente porque es el momento de enfrentar los cambios que supone su aparición. Asumir la responsabilidad supone:

Tomar conciencia – Aceptación – Acción

Conocer y darse cuenta de lo que ha venido a enseñarnos la enfermedad no es suficiente, el proceso de tomar conciencia y aceptar no sirve de nada si todo ello no supone un modo distinto de ACTUAR o COMPORTARSE.

“La enfermedad siempre es una crisis y toda crisis exige una evolución. La enfermedad quiere conducirnos a zonas nuevas, desconocidas y no vividas”.  DETHLEFSEN, Thorwald y  DAHLKE, Rüdiger: “La enfermedad como camino”

Últimas recomendaciones.

La medicina convencional lleva muchos años estudiando la enfermedad con ciertos resultados exitosos. Utilicemos el sentido común y no abandonemos ningún tratamiento médico si así nos ha sido prescrito. La “pastilla” no es la única solución pero sí puede ofrecernos alivio mientras estudiamos los motivos que se esconden tras la situación que vivimos.

Por desgracia aún no se ha encontrado la terapia óptima que garantice una curación de forma total y absoluta. Si así fuera, supongo que ya hubiésemos tenido conocimiento de ella. Por este motivo, creo que se va haciendo cada vez más necesaria la aplicación de una ATENCIÓN INTEGRAL donde el ser humano pueda ser contemplado a todos los niveles, sin descartar previamente ninguna forma de terapia.

En definitiva, no creo que la solución sea elegir una forma de terapia y eliminar otra, sino que, por el contrario, podemos sumarlas y de esta forma reunir la mayor cantidad de herramientas que se encuentran a nuestro alcance, para así aumentar las posibilidades de alcanzar la curación.

Mi abrazo infinito,

Es hora de soltar lastre y… ¡avanzar!

El dolor es natural e inherente al ser humano. Procede del inventario de pérdidas que sufrimos a lo largo de nuestras vidas, y también a consecuencia de las interpretaciones que hacemos sobre lo que observamos en nuestra experiencia vital. Sea como sea y proceda de donde proceda debemos darle cabida y salida, comprendiendo que su aparición en nuestras vidas tiene un propósito y un sentido

Sin embargo, a veces ocurre que no sabemos gestionarlo y pasa a quedarse “enquistado”, pudiendo ocasionar el padecimiento de enfermedades y síntomas físicos por un lado; o el ingreso a un progresivo estado mental de continuo malestar. En este caso ya no hablamos de dolor: el sufrimiento ha hecho acto de presencia en nuestra vida.

¿Cómo puedes detectar que tu vida se ha quedado anclada en el sufrimiento?

  • Amargura.

Vives el día a día con normalidad, pero siempre hay en ti un trasfondo de tristeza. Hay una sensación de angustia y malestar latente, que puede emerger ante cualquier contratiempo de la vida diaria, elevando ese nivel de malestar a una intensidad que es desproporcionada con respecto al suceso que estás experimentando en el presente.

  • Victimismo y queja.

En tus conversaciones es frecuente sacar a colación los motivos de tu sufrimiento. Para ti son razones “de peso”, incluso a veces puedes llegar a considerarte un ser desgraciado y susceptible de lástima. Por otro lado, todas las soluciones que te proponen jamás te sirven. Te niegas a recibir ayuda porque sientes que tus motivos son importantes y muy reales para sentirte como te sientes. Y ante eso… “no se puede hacer nada”.

  • Aislamiento.

En el extremo contrario de la queja, quizá tiendes a poner distancia entre tu persona y el resto del mundo. La actitud de victimismo es la misma, solo que no la expresas. En ambos casos la persona está pendiente únicamente de sí misma, concediéndose excesiva importancia y situándose en el ombligo del mundo como la más desgraciada. En este caso, tampoco pides ayuda por “no molestar”, incluso crees que no la necesitas o que lo que te digan no te hará sentir mejor.

  • Pesimismo.

Eres incapaz de sentirte bien con todo lo bueno que hay en tu vida en este momento. Sí, eres capaz de enumerar todas las cosas positivas, pero no son suficientes para hacerte sentir bien… las negativas tienen un enorme peso y son mucho más importantes para ti.

  • Tu mente está en el pasado.

Muchas de las razones de tu malestar se encuentran en el pasado. Pérdidas, rupturas, etc., que hace años que ocurrieron y siguen activas en tu mente como el primer día.

  • Pérdida de rumbo.

No tienes claro lo que deseas en tu futuro y/o no hay nada que te motive. No encuentras un propósito o la esperanza te ha abandonado.

  • Miedos.

La mala gestión de tus situaciones dolorosas del pasado te han hecho mirar hacia el futuro con temor, ante la posibilidad de que te vuelva a ocurrir lo mismo. El miedo es un recuerdo de dolor que se proyecta al futuro. Esto hace que te conviertas en un ser retraído, cerrado, incapaz de abrirte a nuevas experiencias similares a las acontecidas.

  • Incapacidad de volver a ser feliz.

Puede ser que tengas miedo a ilusionarte o a sentirte bien de nuevo, no vaya a ser que la vida te vuelva a dar otro “susto”. Desde luego, si hay un Dios ahí arriba solamente ha puesto el ojo en ti y definitivamente te ha cogido manía.

  • Resistencia.

Sientes que tu vida es horrorosa y que no te mereces que te haya ocurrido todo aquello. Sigues “peleando” con el mundo, envuelt@ en un sentimiento de rabia e injusticia. Sin duda, la vida de los demás es mucho mejor que la tuya.

Ahora recuerdo que allá por mis 13 o 14 años escuché una conversación entre los “mayores” haciendo inventario de sus dolores y desgracias… ¡A cuál más desdichado! Parecía que hasta competían por ser el peor. Por aquel entonces no podía comprender cómo era posible que no alcanzaran a ver la vida como yo la veía: divertida, excitante, emocionante y llena de cosas por explorar y alcanzar.

Ahora ya de adulta recuerdo esta conversación…, y sí, entiendo por qué se sentían así… porque todo lo que no dejas ir, lo cargas. Y todo lo que cargas… te pesa. Y todo lo que te pesa… ¡termina por hundirte!

“Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la consciencia cósmica a que los reproduzcan tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas, te transforma” Carl Gustav Jung.

Todos hemos vivido y quizá vivamos experiencias desagradables en nuestras vidas. Pero si seguimos llenando la mochila de “agravios vitales” sin resolver, llegará un momento en que esta mochila va a pesar demasiado y no vamos a poder más con ella. Entonces será ella la que pueda con nosotros. Es hora de soltar lastre y… ¡avanzar!

Fuerza y… ¡adelante!

Perdona… pero mi respuesta es NO

Detrás de cada «no» que callamos se esconde la necesidad de ser aceptad@s y querid@s.

Todos hemos actuado así en alguna ocasión y no hay mayor problema si lo hacemos desde una actitud consciente: «lo hago esta vez por este motivo y para este resultado concreto».
El problema llega cuando se convierte en una costumbre y siempre o casi siempre colocamos las necesidades de los demás por delante de las nuestras. Será entonces cuando comiencen a llegar a nosotros sentimientos de frustración, desvalorización, enfado, etc. No queremos defraudar o disgustar a otr@, pero lo hacemos a costa de defraudarnos a nosotr@s mism@s… ¿merece la pena?

Comienza YA a ensayar tus «noes» desde la asertividad:

  • Ponte en el lugar del otro y piensa cómo te gustaría que te dieran una negativa a ti mism@ en esa situación concreta.
  • Habla de ti, de tus sentimientos y de lo que tú necesitas. No tienes que justificarte, pero en ocasiones es correcto dar una explicación.
  • Busca otras opciones que puedas proponer… quizá pueda existir un punto medio donde las dos partes tengan algo que ganar, aunque haya que ceder un poco.
  • Si la ocasión es propicia, termina tu exposición de forma positiva: agradece a la otra parte su sugerencia, o que haya pensado en ti, etc.

Una sana autoestima consiste en ser coherente con uno mismo. Comienza a respetarte y a ponerte en el primer puesto de tu lista de prioridades. Desde ese lugar te aseguro que podrás hacer mucho más por los demás, y será entonces cuando ganarás su respeto y aceptación.  No esperes que los demás te amen, te respeten y te acepten cuando tú mism@ no lo haces contigo. Recuerda… ¡todo comienza por ti!

Mi abrazo infinito,

¿Cómo puedes canalizar tu rabia?

Pues sí…, la rabia no es una emoción tan negativa como parece. Por el contrario, puede ser una emoción útil y beneficiosa si aprendemos a gestionarla.

En ocasiones, llega a nosotros después de haber estado algún tiempo tristes o quizás algo depresivos. Es buena señal y debemos permitirnos sentirla, ya que la tristeza es una emoción de indefensión y pérdida de poder. Pasar a experimentar una emoción de ira o rabia supone que hemos recuperado una cuota de ese poder perdido, por tanto, podemos considerar que hemos subido un “peldaño” en la escala emocional.
La ira también se manifiesta como respuesta a situaciones en las que queremos afirmarnos, bien porque hemos sufrido una injusticia, o porque nos sentimos atacados e inseguros y necesitamos defendernos.

Solemos reprimirla en muchas ocasiones en parte por la educación recibida (nos han enseñado que “tenemos que ser buen@s”), en parte por temor al rechazo de los demás si la expresamos. Sin embargo, reprimirla nos puede ocasionar multitud de síntomas y enfermedades físicas, pérdida de poder y el evitar realizar acciones concretas que incrementarían nuestro bienestar.
En el otro extremo, expresarla de manera inadecuada nos puede ocasionar un tremendo malestar, situaciones agresivas e indeseadas, y de las cuales puede que nos arrepintamos una vez que ha llegado la calma y ya somos capaces de racionalizar lo que ha ocurrido.

De cualquier manera, es una emoción que implica ACCIÓN. Y debemos considerarla beneficiosa cuando nos lleva en la dirección correcta.

Bien, y ¿cuál es esa dirección? ¿Cómo gestionarla de manera correcta sin reprimirla y/o sin que se nos “vaya de las manos”?

Pautas a seguir:

Toma un descanso.
Inmersos en la rabia no podemos pensar de manera óptima. Por tanto, intenta no conversar con nadie en este estado. Tómate el tiempo que necesites para realizar esa llamada, ese encuentro, etc. Si te ha surgido en medio de un diálogo lo mejor que puedes hacer es utilizar una excusa y marcharte durante un rato (ve al baño, da un paseo…).

Muévete.
Si es posible lleva a cabo cualquier tipo de ejercicio cardiovascular: camina rápido, corre, etc. “Sudar” es una manera muy sana de canalizar esta energía.

Respira.
La rabia hace que nuestra respiración sea más rápida, agitada y se concentre en la parte superior del árbol respiratorio. Cambiando la respiración de manera consciente, podemos cambiar nuestro estado mental – emocional. Lleva a cabo unas cuantas respiraciones diafragmáticas llevando tu atención al abdomen, a la entrada y salida de aire…

Escribe.
Racionaliza el objeto de tu ira: ¿Qué o quién te molesta tanto y por qué? ¿Qué crees que han podido “hacerte” que puede quitarte tu poder? ¿Qué parte de ti se siente amenazada? ¿Qué es eso que te causa tanta impotencia?

Ten en cuenta que NADIE puede robarte tu paz mental si tú no lo permites. La rabia, como cualquier otra emoción, ha surgido de ti… sólo tú la has puesto “ahí”. Piensa que las situaciones y las personas quizá no sean como tú quieres que sean, sino que SON COMO SON. Si analizas los motivos que te han llevado a sentir esa rabia, sabrás lo que tienes que hacer en consecuencia: trabajarte la ACEPTACIÓN (de una situación, de una persona concreta), poner LÍMITES en tus relaciones y pensar más en ti y en tus necesidades (personales, laborales), etc.

Haz lo que tengas que hacer, pero siempre después de que la rabia haya sido canalizada y racionalizada. Y sobre todo… ¡¡jamás la reprimas!! SIÉNTELA y profundiza en ella, ya que, como ves, es una emoción que puedes aprovechar para saber qué hay dentro de ti, conocerte mejor y sobre todo descubrir cuáles son las acciones has de llevar a cabo en busca de la paz que tanto anhelas.

Mi abrazo infinito,

El camino hacia una sana autoestima

Aceptarse… quererse… son conceptos que se escuchan frecuentemente en el mundo terapéutico. Pero… ¿Sabemos en qué consiste verdaderamente ACEPTARSE? ¿Cómo se hace “eso”? ¿Puede uno levantarse un día de la cama y decir: “me quiero y me acepto” pase lo que pase y le pese a quien le pese?

Cierto es que uno jamás deja de conocerse. Y CONOCERSE es tener la posibilidad de aceptarse. Y aceptarse lleva implícito el QUERERSE. Cuando uno se quiere es capaz de vivir la vida que desea en armonía con su entorno, es capaz de poner límites sanos en sus relaciones, obedece a sus necesidades, es capaz de compartir desde la independencia y el desapego, reconoce que es un ser único e irrepetible que llega a este mundo con unos talentos y unos dones que nadie más expresará del mismo modo… Sí, la verdadera autoestima comienza con el AUTOCONOCIMIENTO y el reconocimiento de nuestros límites y potencialidades.

Es fácil (en ocasiones no tanto) ver cuáles son nuestras cualidades, pero no es tan sencillo descubrir nuestros límites y fallos, darnos cuenta de nuestro lado más oscuro, lo que en psicología se denomina “la sombra”: aspectos de nuestra personalidad que tratamos de “barrer bajo la alfombra” porque no nos gustan y/o nos avergüenzan.

A veces no es agradable mirarse de frente con sinceridad…, sin embargo, no existe otro modo de crecer y dar pasos hacia delante. Cuando “sabes”, cuando te “das cuenta” comienzas a pulir el DIAMANTE que en verdad eres. Solo desde este lugar de plena consciencia puedes comenzar a realizar cambios. Es el momento de disolver los automatismos y convertirlos en acciones elegidas y conscientes que te dirigen hacia tu verdadero SER y lo que deseas experimentar en tu vida.

Puedes ampliar información aquí

Fuerza y ¡ADELANTE!