Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Para recibir lo que se quiere, antes hay que desprenderse de lo que no se quiere

Esta frase de Alejandro Jodorowsky me ha parecido perfecta como introducción a este artículo.

Soltar… desprenderse… ¡cuánto miedo hay en juego! Mandar todo «a paseo» no es tarea fácil, ni siquiera lo es con aquello que ya no nos resulta útil. Y así nos ocurre…, cuando no tenemos el valor de dejar atrás todo lo inservible, la vida se nos complica, incluso a veces nos «obliga a hacerlo por las malas». Y es entonces cuando pensamos… ¿por qué no lo hice a su debido tiempo?

Leemos por todas partes que lo más sano es SOLTAR, pero no nos dicen cómo hacerlo.

Cuando hablamos de dejar atrás algo que creemos importante…, un nudo aparece en nuestro estómago. Sí, nos da vértigo… Y es que el ego se identifica con todo aquello que TIENE, sea bueno o sea malo, sirva o no sirva, pero siempre necesita referentes para sentirse seguro. Aferrarnos a cosas, personas, situaciones, creencias… nos hace sentir seguros. Nos beneficien o nos perjudiquen… ya las conocemos y son «nuestras».

Junto a este hábito de atesorar referentes, (falsos referentes, diría yo), se encuentra la pregunta: ¿y si aparto esto de mi vida y después no llega nada? El miedo al VACÍO es el gran miedo de nuestra mente egoica. Sin embargo, sabemos (porque lo hemos experimentado muchas veces), que el vacío no existe. Y que todo aquello que se fue de nuestras vidas dio lugar a algo nuevo, más pronto o más tarde. No hay otro modo de renovarse y, por tanto, de avanzar: hay que soltar…

¿Cómo hacerlo? – te preguntarás.

Comienza la limpieza por lo más fácil: lo material. Con el paso de los años vamos acumulando trastos, y hacemos de nuestras casas grandes museos que van contando nuestra historia. Decimos que dejamos atrás el pasado pero todo aquello que vamos acumulando nos delata. En el fondo nos cuesta desprendernos. Ese traje (que ya no te sirve), pero que te recuerda a ese acontecimiento especial…, ese regalo que te hizo la tía de no sé quién, que no te gusta nada pero que mantienes por si aparece algún día por tu casa… esas camisetas viejas… Dejemos atrás trastos y más trastos que ocupan nuestros armarios, nuestros rincones y que impiden que la energía fluya libremente atrayendo lo nuevo.

Comenzar a desprenderse de lo material es el primer paso. Es una forma de decirle a la Vida que nos sentimos seguros en el AQUÍ y AHORA, y que tenemos confianza en que nos proveerá de todo aquello que vayamos necesitando a cada paso del camino. Limpia, tira, ordena… Es una terapia excelente.

Continuemos por los asuntos pendientes. Sí… vamos acumulando pequeñas cosas que dejamos sin hacer y que vamos cargando en la mochila del «debe»: esa llamada, responder a ese correo, aclarar ese malentendido, acudir a ese lugar, pedir información, reunirnos con esa persona… Todos los asuntos que vamos dejando a medias o directamente sin hacer, nos ocasionan cierto malestar aunque  no seamos conscientes de ello. Ordena tu vida a este respecto, haz una lista con esas tareas pendientes y decide por fin llevarlas a cabo O NO, pero comienza hoy mismo a descargar esa mochila.

Y bien, ahora comenzaremos con la parte más difícil, ya que hablaremos de lo que más nos cuesta soltar…

Conocidos… ¿cuánto tiempo hace que no haces limpieza de «contactos»? En tu teléfono, en tu Facebook, etc. Yo siempre digo que cuando tu teléfono sufre «accidentes» tales como robos, pérdidas, deterioros…, la Vida te está ayudando a desprenderte de todas aquellas personas con las que ya no es necesario que continúes el camino. En estos casos el hecho de soltar se produce «por las malas» como os comentaba al inicio del artículo. Acumular contactos y conocidos con los que ya apenas compartimos modos de ser, de pensar y de contemplar el mundo, también satura el sistema…, impidiendo que nuevas relaciones aparezcan en nuestras vidas mucho más en sintonía con lo que ahora SOMOS.

Amigos… Sí, es genial que continúes manteniendo a tus amigos del colegio. Pero… ¿te has planteado realmente si esas relaciones te sirven? ¿Esas personas realmente te aportan algo valioso? ¿Cómo te sientes cuando te reúnes con ellas? ¿Te apoyan verdaderamente cuando más lo necesitas? Todos vamos cambiando a lo largo del tiempo y, a veces, la gente de nuestro alrededor evoluciona en un sentido muy diferente. Ni mejor ni peor… sólo diferente al nuestro. Continuar con determinadas amistades cuando sabemos que ya no tenemos apenas nada en común, también va cargando esa mochila de «insatisfacción«. Revisa tus relaciones de amistad y comienza a hacer limpieza. Es realmente duro darse cuenta en los momentos de «necesidad» que tus amigos no lo son realmente. Antes de que puedas verte envuelto en una situación de este tipo, piensa y analiza cada una de las relaciones de amistad que mantienes. En el fondo… todos sabemos si esa persona es valiosa para nosotros o si ya llegó el momento de distanciarnos.

Vida laboral…  Despiertas cada día y te diriges como un autómata a tu lugar de trabajo. Pero siempre has querido dedicarte a esa actividad que en verdad enciende tu alma… Y claro, ¿quién puede dejar un trabajo estable con un sueldo ídem? ¿y si todo sale mal? Desde luego es un gran riesgo, ya que todos necesitamos pagar nuestras facturas a final de mes. Por tanto, no te voy a recomendar que hagas «limpieza de este asunto de hoy para mañana». Pero lo que sí te recomiendo es que, sin abandonar tu trabajo actual, vayas dedicando 1 hora al día (o lo que consideres) al desarrollo de ese proyecto que te apasiona. Ve realizándolo de forma paralela y, cuando tu sueño comience a tomar forma y a encarrilarse aportándote ingresos, será el momento de soltar…

Relación sentimental… Sinceramente, creo que necesitaría un artículo sólo para hablar de soltar en este aspecto de nuestra vida. A modo introductorio te dejo algunas preguntas que puedes comenzar a plantearte en este sentido: ¿cómo me siento con esa persona a mi lado?, ¿me aporta lo que yo realmente busco en una relación?, ¿por qué mantengo esta relación (deja a un lado la respuesta «porque le quiero»)?

Emociones… ¿Sabías que podemos ser adictos a las emociones? ¿Cuáles son las más frecuentes en tu día a día? ¿Eres más propenso al enfado, a la tristeza, a la ansiedad…? Te recomiendo que durante unos días te observes con atención y vayas tomando nota. Sin duda, muchas de tus emociones son respuestas a estímulos del entorno, pero otras muchas veces (y más de las que crees), las llevas «puestas». Esto genera un círculo vicioso, ya que tu sistema se retroalimenta de los neurotransmisores que se originan en tu cerebro y se reparten a través del torrente sanguíneo a cada célula de tu cuerpo. Si la emoción se repite lo suficiente, los receptores celulares terminan «necesitando» ese tipo de estímulo, sea positivo o negativo. Si cada célula de tu cuerpo experimenta esa emoción y se encuentra vibrando con la energía correspondiente, todo lo que atraerás en tu día a día se encontrará en consonancia con la emoción dominante.

Ahora que tienes esta información, pensarás sin duda que será mucho más rentable tener «adicción» por las emociones positivas. Sin embargo, las negativas también quieren decirte algo. Y si se repiten con tanta frecuencia, quizá es porque debes atender algún asunto no resuelto de tu presente o de tu pasado, presta atención para descubrir cuál es la mochila que vas cargando y cuál es el asunto que, en este caso, has de soltar…

Pensamientos y creencias… Quizá esta sea la parte más complicada cuando hablamos de desprendernos y soltar. Sin duda, toda nuestra vida y todo lo que hay en ella parte de aquí. Nuestros pensamientos generan las emociones de las que antes hablábamos. Es complicado mantener la atención cada instante de nuestra vida y captar todos los pensamientos que queremos evitar. Pero para esto tenemos a las emociones, ellas nos indican nuestros pensamientos dominantes.

Por otro lado, un pensamiento-emoción que se repite con la suficiente frecuencia puede convertirse en una creencia. Una creencia es una verdad inmutable, un modo de contemplar una parte de la realidad que «nosotros» vemos así y, de hecho, comprobamos que es cierta porque constantemente se repite en nuestra vida. Sin embargo, lo que para ti es una realidad…, para «tu vecino» puede ser totalmente falsa porque él no experimenta eso en absoluto. Es decir, realmente podemos ELEGIR lo que queremos creer, podemos elegir cuál es nuestra visión de la vida en cada uno de sus múltiples aspectos. Nos resultará más difícil en tanto en cuanto esa creencia ya ha manifestado en nuestro pasado varios acontecimientos similares que la refuerzan. Pero si queremos ver cambios en nuestro futuro, no nos queda más remedio que dejar de aferrarnos a esas creencias obsoletas, y comenzar a soltar todas aquellas que nos impiden llegar a alcanzar la vida que deseamos.

Te recomiendo que comiences por lo más sencillo y, según vayas sintiendo que la carga se aminora, te sentirás más libre y decidido para desprenderte de lo que más te cuesta.

Querid@ amig@, si sientes que necesitas un cambio…, si la insatisfacción ha hecho mella en tu día a día pero no sabes muy bien por qué…, si sientes que estás llevando encima demasiadas «mochilas» y la carga comienza a hundirte… quizá ya sea momento de SOLTAR…

Mi abrazo infinito,

8 Señales que te indican que es momento de cambiar

Hay pocas cosas que me atrevo a afirmar como “ciertas”, pero si alguna tengo clara es que todo cambia, constantemente, aunque no tengamos ni siquiera la intención consciente de intervenir en muchos de esos cambios.

Y sí, muchos de ellos pueden asustarnos… es la incertidumbre que provoca todo aquello que desconocemos, que no forma parte de nuestro universo rutinario y hasta cierto punto… “controlado”.

Sin embargo, ese control que creemos tener no es real, y la Vida nos lo muestra con cada uno de aquellos sucesos inesperados que nos acontecen… Nosotros mismos vamos cambiando sin apenas darnos cuenta. Solo cuando miramos hacia atrás somos conscientes de que muchas de nuestras ideas, creencias, hábitos, pensamientos y modos de actuar han ido variando a lo largo del tiempo. Algunos cambios nos gustan, otros quizá no tanto…

Sin lugar a dudas, la Vida nos envía señales constantemente, de muchas y variadas formas. Cuando fluimos y nos dejamos “llevar” podemos vivir los cambios de forma armónica y aprovecharlos para crecer y optimizar nuestras vidas. El problema surge cuando nos resistimos y nos negamos a fluir con el devenir de los acontecimientos.

Y puesto que el cambio va a existir igualmente… ¿qué tal si ponemos mayor conciencia en el proceso, y nos ocupamos de dirigirlo hacia el sentido que queremos? ¿Qué tal si aprendemos a escuchar a la Vida y las señales que nos envía?

Algunas de ellas podrían ser:

  • Situaciones que se repiten.

Cuando tienes la sensación de estar viviendo las mismas circunstancias una y otra vez, está claro que tu modo de actuar (y, por tanto, tus creencias), siguen siendo las mismas. Es prácticamente imposible que lo de fuera cambie, si previamente no ha existido un cambio interno.

  • No consigues tus objetivos.

Parece ser que hagas lo que hagas, nunca consigues aquello que te propones. Sientes que hay algo que te frena, como si un obstáculo insalvable e invisible se interpusiera siempre entre tus proyectos y tú. Al igual que en el caso anterior, es ineludible el acercarte a esas partes aún sin contemplar sobre tu persona, y que te impiden que alcances lo que quieres.

  • Aburrimiento y abatimiento.

La rutina puede contigo y no encuentras alicientes en tu vida. No encuentras nada que te apasione, que realmente te encienda el alma.

  • Pérdida del momento presente.

Emociones cercanas a la melancolía implican que estás colocando el foco en el pasado. Cuando la mente huye constantemente hacia atrás en la búsqueda de aquellas etapas felices que ya no están aquí…, es obvio que el momento presente no es lo que esperas o deseas. Si la emoción predominante es la ansiedad, la huida se produce hacia delante. En cualquiera de los dos casos, el malestar te impide permanecer en tus circunstancias actuales y te refugias en una huida mental que te permite escapar de tu momento presente. En definitiva… “pan para hoy y hambre para mañana”.

  • Rupturas y despedidas.

Todo aquello que se va de tu vida solo trata de dejar espacio para lo nuevo que ha de llegar. La pérdida de un trabajo, situación de bienestar, una pareja, un ser querido… puede poner tus circunstancias vitales “patas arriba” y te sitúa en ocasiones ante un inevitable cambio de perspectiva. Aceptar y comprender la pérdida puede llevar más o menos tiempo, según las resistencias que opongas ante el proceso.

  • Enfermedad.

Cuando la enfermedad hace acto de presencia, una parte de tu inconsciente trata de llamar tu atención para “ver la luz”. En este caso, los cambios son inevitables, tanto más importantes cuanto más grave sea la enfermedad que afrontamos.

  • Momentos de crisis.

A veces no es lo que pasa fuera, sino lo que ocurre “dentro”. Es como si algo dentro de ti estallara y se rompiera. Nada te satisface, quizá hasta seas capaz de enumerar todo lo bueno que te rodea, pero sientes un vacío que no puedes llenar con nada de lo que existe en tu vida por más “bueno” que sea. Has perdido el rumbo y no encuentras sentido a tu existencia…

  • Confusión.

Cuando la toma de decisiones siempre se convierte en un gran dilema en tu vida, quizá te encuentres desorientad@ con respecto a lo que realmente quieres. Si no tienes claros tus objetivos ni hacia donde quieres dirigirte, cualquier decisión a tomar se convierte en un pozo oscuro del que te cuesta salir. Quizá una parte de ti te lleva hacia una dirección, mientras existe otra parte que se dirige justamente hacia el sentido contrario. Comprender cuál de esas partes eres TÚ, y cuáles son programas aprendidos o heredados, es parte indispensable para avanzar en tu camino.

Sea cual sea tu malestar o la circunstancia que estés experimentando, el simple hecho de que haga acto de presencia en tu vida ya te está indicando que hay algo que revisar y reajustar. Quizá sea el momento de deshacerse de esas personas, esa actividad, ese hábito o comportamiento, esas creencias… para dar paso a un nuevo YO, a ese que verdaderamente SIENTES que ERES, a ese que en el fondo intuyes y que hasta el momento ha permanecido en la sombra…

No creo en la casualidad ni en la fatalidad…, realmente creo que la Vida nos va marcando el camino que hemos venido a realizar. Y que el sufrimiento que padecemos tiene su origen en las resistencias que vamos colocando ante las “señales” que nos ofrece.

¡Atrévete!… es momento de CAMBIAR.

Mi abrazo infinito,