Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

¿Por qué el estrés me hace engordar?

¿Por qué el estrés me hace engordar?

¿Por qué el estrés me hace engordar?

Si el título de este artículo ha llamado tu atención, probablemente te ha ocurrido algo similar… o bien conoces a alguien a quien parece ser que en determinados momentos de la vida, hasta un «vaso de agua le ha podido llegar a engordar”.

Es cierto…, esto puede ocurrir. Y para llegar a comprenderlo, primeramente haremos un pequeño apunte sobre este estado al que llamamos “estrés”, las posibles causas que lo desencadenan, y lo que ocurre en nuestro organismo cuando se encuentra bajo este estado.

¿Qué situaciones pueden originar un estado de “estrés”?

  • Problemas laborales y económicos.
  • Problemas familiares.
  • Pérdidas y duelos.
  • Enfermedad.
  • Cambios de vida: mudanzas, tener un hijo, divorcio, etc.
  • Noticias inesperadas.
  • Falta de tiempo.
  • Miedos, fobias.

¿Cómo reacciona nuestro cuerpo ante el estrés?

Creemos que hemos avanzado mucho en nuestra evolución pero, por el contrario, nuestra biología responde exactamente igual que lo haría un “hombre de las cavernas”. Es decir, nuestra mente interpreta que vive una situación de peligro o amenaza, y nuestro cuerpo comienza a funcionar como si realmente un león estuviera a punto de devorarnos, es decir, se prepara para luchar… o para huir.

Y es entonces cuando una cascada de reacciones fisiológicas comienzan a producirse, como consecuencia de determinados cambios hormonales. El hipotálamo estimula la producción en las glándulas suprarrenales de las denominadas “hormonas del estrés”: ADRENALINA y CORTISOL, con el objetivo de aumentar la energía y la fuerza muscular. La sangre se dirige hacia aquellas partes de nuestro cuerpo que la necesitan más, es decir, nuestra musculatura dinámica. Aumenta la frecuencia cardíaca, la respiración se acelera y el cerebro aumenta su estado de alerta, agudizándose nuestros sentidos. Por otro lado, la sangre se retira de aquellos lugares donde no es tan “necesaria” como la zona genital y el aparato digestivo.

Esta situación fisiológica que experimentamos ante una amenaza momentánea tiene un sentido biológico de supervivencia. Y es lógico recuperar la normalidad cuando esta situación desaparece. Sin embargo, en nuestra vida no solemos encontrar muchos “leones en el camino”, sino que nuestro estrés actual suele acaecer en situaciones que se alargan en el tiempo a las que, en consecuencia, hemos de sumar determinadas implicaciones emocionales.

¿Por qué el estrés nos hace engordar?

Como explicaba anteriormente, en un estado de estrés el aparato digestivo no está en su pleno rendimiento. Las digestiones no se van a realizar de manera óptima, los procesos de eliminación, tanto a nivel renal como intestinal, estarán alterados. Todo esto ya nos dará una pauta clara de que los nutrientes que ingerimos no van a ser procesados de manera correcta.

Por otro lado, el inconsciente y su respuesta biológica tiene un gran valor añadido en todo este proceso. Como bien explica Salomón Sellam en su libro “Sobrepeso y Obesidad”, cuando nuestro inconsciente detecta una situación de peligro, reacciona en modo “supervivencia”; si me siento en “peligro de muerte” lo principal que necesitaré para sobrevivir es AGUA. Esto se traduce en una vasoconstricción a nivel renal, que tendrá como consecuencia una retención de líquidos. Por otro lado, con el objetivo de protegernos del peligro y tener reservas suficientes… nuestro organismo tenderá a GUARDAR toda la GRASA que pueda.

En esta situación, es fácil adivinar que hasta un simple vaso de agua nos puede llegar a «engordar». Si a todo esto le añadimos la compulsión de comer derivada de la ansiedad, ya tenemos el cuadro perfecto que relaciona el estrés con un aumento de peso.

En muchas ocasiones, por tanto, el tratamiento va más allá de una dieta de adelgazamiento, ya que ésta NO será efectiva sin que previamente se solucione el problema que está originando la aparición del sobrepeso. La solución del verdadero conflicto tendrá como consecuencia una recuperación de la normalidad en el funcionamiento de nuestro organismo.

Olvida por el momento las dietas, ya que sólo serán origen de frustración y todo ello contribuirá a seguir aumentado la «bola de nieve» del sobrepeso como una «pescadilla que se muerde la cola»…

Es tiempo de poner remedios eficaces… ¡A por ello!

Fuerza y… ¡adelante!

¡Cambia tus creencias con PSYCH-K®!

¡Cambia tus creencias con PSYCH-K®!

¡Cambia tus creencias con PSYCH-K ®!

Podría definir a PSYCH-K® como una técnica que nos facilita el camino hacia nuestros propósitos.

Aunque creamos que las decisiones que tomamos en nuestra vida son totalmente conscientes, únicamente entre el 3 y el 5% lo son verdaderamente. El resto (95-97%) pertenece al vasto reino del subconsciente, lugar donde se sitúa esa parte desconocida de nuestra psique, y que es la verdadera responsable de nuestro comportamiento y, por tanto, de nuestras decisiones vitales.

La vida que estamos experimentando en cualquiera de sus aspectos está directamente condicionada por nuestras creencias. Éstas se estructuran en los primeros años de nuestra vida (incluyendo el período intrauterino), y establecen lo que somos, cómo nos sentimos y el mundo en el que nos desenvolvemos. Como hemos visto, la gran mayoría son inconscientes…

Así que por más que deseemos y trabajemos con la totalidad de nuestra mente consciente en la persecución de un objetivo, si existen creencias subconscientes que se oponen al mismo… el resultado siempre será el que probablemente ya conozcas: la repetición constante e indeseada del mismo fenómeno de fracaso y auto sabotaje.

Este es uno de los motivos por el que los pensamientos positivos, por sí solos, no puede ser capaces de transformar nuestras vidas. Tampoco la acción resulta eficaz si nuestra mente consciente tiene una información que no es coherente con lo que se encuentra en la mente subconsciente.

¡¡¡Y es aquí donde actúa PSYCH-K®!!!

Con esta técnica somos capaces de crear un estado de cerebro integrado en el cual, los dos hemisferios de nuestro córtex cerebral se activan simultáneamente. Este estado nos permite instalar las creencias que deseamos adquirir y que nos facilitan esa coherencia que deseamos alcanzar para dirigirnos a nuestras metas de manera segura y eficaz.

¿En qué puede ayudarte?

  • Crear relaciones sanas a nivel sentimental, familiar y laboral.
  • Mejorar tu vida laboral y tus ingresos.
  • Trabaja sobre miedos y fobias: volar, hablar en público, etc.
  • Control de peso y adicciones.
  • Estados anímicos como ansiedad, estrés, tristeza, crisis, pérdidas, etc.
  • Elevar tu seguridad y autoestima.
  • Recuperar tu poder personal.
  • Aumentar tu nivel de energía y vitalidad.

¡No estás supeditado a tus creencias… puedes ELEGIRLAS!

Mi abrazo infinito,

 

 

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

Desde lo más sencillo como un par de zapatos, hasta llegar a aspectos significativos como pudieran ser la elección de un lugar donde vivir, un futuro profesional o sentimental…, el tener que elegir entre dos o varias opciones, puede llegar a ser para algunos individuos una situación bastante limitadora, e incluso generadora de gran ansiedad.

Partiremos de algunas de las afirmaciones que he ido escuchando al respecto, para intentar descubrir qué se esconde tras este bloqueo:

  • “Quiero hacerlo tan perfecto y ser tan perfect@… que al final no hago nada”. La mayor parte de las personas indecisas experimentan un alto nivel de exigencia que conlleva un estado permanente de duda y ansiedad, lo cual es lógico ya que es imposible alcanzar la perfección.
  • “No puedo equivocarme”. Pretender que las cosas sean perfectas, quizá esconda cierto grado de inseguridad y falta de auto – confianza. Ésta pudo ser ocasionada en el pasado debido a críticas demasiado duras, quizás fueron niños envueltos en un ambiente demasiado estricto, donde jamás los elogiaron ni reconocieron sus dones y talentos. Cuando únicamente pusieron el “ojo en sus fallos”, el crítico interno fue creciendo junto con el miedo al rechazo. Los niños premiados por ser “buenos”, y castigados por ser “malos”, aprenden que “no son dignos de amor si se equivocan”.
  • “Es mejor que otros tomen las decisiones, prefiero dejarme llevar”. Lo que en principio pudiera suponer un alivio, en el fondo va dejando un sentimiento residual de frustración porque una vez más no han sido capaces de tomar una decisión con seguridad y firmeza, que es lo que en verdad les hubiera gustado hacer. Seguir escapando de esos momentos incómodos dejando que otros los gestionen, les hará sentir cada vez más inseguros y, como una bola de nieve que a su paso va rodeándose de capas y capas, el bloqueo cada vez será más grande con cada nuevo enfrentamiento.
  • “Siempre pienso que las cosas se arreglarán solas, luego pierdo oportunidades por no haber actuado a tiempo”. La madurez, entre otros aspectos, implica tomar plena responsabilidad de nuestros actos y omisiones, así como de las consecuencias que de ellos se derivan. Quizás un exceso de protección experimentado en el pasado por parte de sus cuidadores, les eximió de tener que tomar pequeñas decisiones que, ya en la infancia, suponen pequeños “ensayos” al ponerse en contacto con el aprendizaje que supone la frustración. Esto posibilita como adultos, poder comprender y aceptar que la equivocación forma parte de la vida y del proceso normal de aprendizaje, facilitando el enfrentamiento a decisiones importantes con un adecuado y sano nivel de estrés.
  • “Será lo que tenga que ser”. He observado que en presencia de esta dificultad, muchas personas se refugian en un supuesto destino ineludible. Evitan sentirse protagonistas del suceso, intentando situar la responsabilidad en el destino, en cualquier ente espiritual, en el karma o en cualquier otro aspecto real o irreal que les haga sentir más tranquilos. Una vez más, encontramos cierto rechazo y/o miedo a aceptar responsabilidades.
  • “¿Y si me siento mal?”. También podemos encontrar cierta resistencia a las emociones negativas. Todo ello sigue siendo consecuencia del miedo al rechazo, a la responsabilidad, a la frustración…, y todo ello les sigue anclando a su zona de confort, evitando el riesgo todo lo posible.

Claves para el cambio:

  • Pretender alcanzar la opción perfecta es la primera “imperfección”. Toda decisión tendrá su cuota de pérdida. Valora con la mayor objetividad posible lo que ganas y pierdes con cada opción, pero ten en cuenta que siempre habrá algo que tendrás que dejar atrás o a lo que renunciar. Jamás existirá la opción que reúna la perfección total y absoluta. Puedes pedir a alguna persona de confianza que te ayude profundizar sobre los motivos que tienes para valorar las distintas opciones. Evita preguntar qué haría ella en tu lugar. Es importante que elijas tú mism@.
  • Comienza el entrenamiento con cosas sencillas y ve aumentando la complejidad. Todo el mundo se enfrenta a momentos de dudas e indecisión. No son situaciones agradables pero son pasajeras. Y es un verdadero descanso tomar decisiones de manera firme y segura. Además, cuantas más veces lo hagas, mayor seguridad en ti mismo sentirás.
  • Te recomiendo que pongas fecha a tu decisión, una fecha realista en la que sepas que no vas a perder una posible oportunidad.
  • Tienes derecho a equivocarte y además, es bueno para ti que lo hagas. Te darás cuenta de que no pasa nada, que habrás aprendido algo valioso y que tú mism@ sigues siendo valios@ aunque cometas errores… ¿dejarías de apreciar a un ser querido porque se equivoque? O ¿admirarías su coraje al actuar, equivocarse, fortalecerse, aprender y rectificar las veces que sean necesarias hasta alcanzar la meta que persigue?
  • Despide a tu crítico interno. Cuando te descubras juzgándote por haber hecho algo incorrecto, aprieta el botón “off”. Piensa qué le dirías a un amigo en el caso de encontrarse en tu situación. Recuerda siempre que tú eres tu mejor amig@, comienza a tratarte como tal.
  • No tomar una decisión también es una decisión. Aunque consigas evadirte y dejes a los demás, al destino o a la vida que decida por ti, también estás perdiendo y renunciando a algo. Valora el no tomar una decisión como otra opción más, con la consiguiente responsabilidad sobre las consecuencias. Ten en cuenta además, que en este caso habrás perdido algo más: una pequeña cuota de seguridad y confianza en ti mism@ al evitar el enfrentamiento.
  • La vida es un riesgo en sí misma. Piensa qué sería de la humanidad si nadie hubiera tomado ningún riesgo, si nadie se hubiera equivocado jamás. La zona de confort en realidad no es tan confortable, sólo es conocida… nada más. La naturaleza humana es curiosa y se dirige siempre hacia el deseo de mejorar su estado actual, hacia la evolución. La “seguridad” es una fantasía. Piensa que cualquier circunstancia imprevista también te puede arrebatar igualmente esa zona de confort.
  • Confía en ti, y en que sabrás gestionar los resultados de tu decisión. Piensa en los errores de tu pasado, en lo que aprendiste y en lo importantes que fueron para llegar a este momento. Dar la “vuelta al calcetín” te ayudará a sentir más seguridad de cara al futuro.
  • Piensa menos y siente más. Aprende a tomar decisiones prestando atención a las sensaciones de tu cuerpo. Entre éste y tu subconsciente hay una comunicación clara y directa, únicamente obstaculizada por tu mente y tus pensamientos. Valora racionalmente las opciones, los pros y los contras, y después pide respuestas a tu cuerpo. Siempre habrá alguna opción que te haga sentir mejor.

Fuerza y ¡adelante!

¿Cómo puedo resolver mi ansiedad?

¿Cómo puedo resolver mi ansiedad?

¿Cómo puedo resolver mi ansiedad?

La ansiedad es esa emoción que nos hace huir hacia delante en busca de un «placer» que no encontramos en el momento presente.

En la imposibilidad de que el tiempo avance y nos lleve a ese lugar que buscamos absurdamente en un «futuro ideal«, tendemos a «parchear» nuestras necesidades presentes a través de comportamientos compulsivos: comida, bebida, tabaco, sexo, trabajo, deporte, etc.  Como es lógico, cualquier parche no es nada más que eso y, en consecuencia, lejos de calmar esa ansiedad, ésta puede ir en aumento ya que los motivos de su aparición siguen sin resolverse.

Bien, y ¿qué puedes hacer al respecto?

En primer lugar, no salgas corriendo. Por una vez deja de huir y de buscar compulsivamente ansiolíticos de «emergencia» y/o distractores que sigan adormeciendo tu conciencia. Aunque creas que te calman momentáneamente, la mayoría de ellos contribuirán a hacer que te sientas aún peor. El vacío se irá haciendo más grande con el paso del tiempo.

Toma consciencia. Saber reconocer una emoción es el primer paso para gestionarla. Observa: ¿Qué sientes exactamente? incomodidad, insatisfacción, miedo, falta de confianza…. desgrana la emoción y ponla en palabras. ¿Dónde la sientes? En el pecho, en el estómago, temblores, palpitaciones… repasa mentalmente todo tu cuerpo, sitúa la emoción y los síntomas relacionados.

Una vez que hayas tomado contacto plenamente contigo mism@, pregúntate cuál es el motivo real de esa incomodidad o insatisfacción:

– Puedes descubrir que la ansiedad estaba tapando otra emoción con la que no querías tomar contacto: tristeza, miedo, enfado… Si es así vuelve a tomar contacto con la «nueva» emoción y repite el proceso: ¿qué sientes exactamente, dónde lo sientes?

– Observa tu vida: ¿qué es lo que hay en ella que te ocasiona estas emociones? ¿de qué tratas de huir exactamente? ¿qué es lo que no te gusta de tu momento presente?

– Si pudieras cambiar algo, ¿qué sería? ¿cómo te gustaría que fuera tu vida? ¿qué es lo que necesitas realmente, qué es lo que te haría sentir bien? ¿hay algo que no te permites satisfacer? ¿por qué?

– Si te descubres queriendo cambiar algo que es imposible, la impotencia y la frustración no te llevarán muy lejos. Busca formas creativas de vivir el cambio y piensa que cualquier tipo de pérdida trae consigo la llegada de nuevas formas y caminos. Deja de luchar contra los acontecimientos y comienza a fluir con ellos hasta que la aceptación se haga presente. Piensa que el futuro será distinto pero puede ser aún mejor… recuerda que tú estás «al mando» y siempre puedes elegir. No eres una marioneta en manos del destino, toma acción y comienza a realizar los cambios oportunos.

Sea cual sea el origen de tu ansiedad, considérala bienvenida. Es el síntoma de que algo en tu vida no es como quisieras y será lo que te empuje a buscar otros caminos que te hagan sentir mejor.

La incomodidad del alma es lo que le lleva al ser humano a buscar nuevas formas de ampliar su consciencia y, por tanto, a seguir el camino de su inevitable crecimiento y evolución. Escúchate y comienza a sentir el reclamo y la libertad de un «nuevo YO» que pugna por salir a la superficie…

Fuerza y… ¡adelante!