Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

La delgada línea entre «aceptar lo que es» y «evadir los problemas»

La delgada línea entre "aceptar lo que es" y "evadir los problemas"

La delgada línea entre "aceptar lo que es" y "evadir los problemas"

«Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia» Reinhold Niebuhr

Sí, es cierto, somos seres humanos… imperfectos. Exigirnos en exceso y buscar constantemente la perfección puede hacernos vivir en un sufrimiento constante. Siempre habrá momentos en los que sintamos miedo, inseguridad, dudas… Nos equivocaremos muchas veces y es fundamental aprender a perdonarnos y a querernos a pesar de todo ello. Aplicar ciertas dosis de auto indulgencia es un mecanismo necesario para alcanzar una sana autoestima.

Sin embargo, situarnos en el otro extremo puede llegar a ser igualmente dañino y auto destructivo. Aceptarse significa ser consciente de que es imposible alcanzar la perfección. Pero prestemos atención ante alguna característica en nuestra personalidad o un comportamiento que genere consecuencias del tipo:

  • Nos hace sufrir en algún aspecto de nuestra vida.
  • Hace sufrir a personas de nuestro entorno.
  • Nos crea situaciones problemáticas.
  • Conlleva pérdidas de algún tipo: personas importantes para nosotros se alejan de nuestra vida, pérdida de empleo, de oportunidades, incapacidad de mantener relaciones afectivas sanas, etc.

En este caso ya no estamos ante un rasgo de nuestra personalidad que debamos aceptar y/o que los demás tengan que aceptar en nosotros. En este caso lo que deberíamos aceptar es que tenemos un asunto que resolver.

Esta falsa auto aceptación es muy frecuente detrás de una típica frase: «es que yo soy así y no puedo cambiar», mientras que en el fondo lo que subyace es una gran resistencia al cambio y una incapacidad para enfrentarse y resolver el verdadero problema.

Lo cierto es que todos nuestros comportamientos son aprendidos y elegidos. No nacimos «así«…, siempre podemos elegir cambiar determinados aspectos, y debemos hacerlo cuando el modo de comportarnos en cuestión genera sufrimiento y situaciones indeseadas (para ti o para las personas que te rodean). Insistir en tapar lo que está suponiendo un problema en nuestras vidas…, pensar que se resolverá solo como por arte de magia…, puede dificultarnos en alto grado nuestro camino. Los problemas no desaparecen porque «miremos para otro lado», más bien ocurre al contrario: cuanto más insistamos en negarlos, más grandes se harán con el paso del tiempo.

Si la Vida te pone delante cualquier tipo de inconveniente no es porque quiera ensañarse contigo, tómalo como un reto, una oportunidad para subir un escalón en tu crecimiento y evolución. Deja de parapetarte tras un falso «todo está bien en mí, yo soy así», «es el mundo el que está en mi contra», y ponte manos a la obra. Las situaciones conflictivas que constantemente te rodean, son un reflejo de un conflicto que aún no has resuelto en tu interior. Si crees que no puedes tú sol@… busca ayuda, para eso estamos los profesionales.

La Vida es un continuo reinventarse, y para hacerlo no queda más remedio que desprenderse de todos aquellos comportamientos que aprendiste en el pasado y que ahora ya están caducos y obsoletos. Termina con lo que ya no sirve y ¡DECÍDETE A BRILLAR! ¡Será entonces cuando tu Vida BRILLE CONTIGO!

Fuerza y ¡ADELANTE!

El gran placer de sentirse útil

El gran placer de sentirse útil

El gran placer de sentirse útil

Hace un par de días charlaba con un amigo sobre lo que significa para mí ser Terapeuta. No será la primera ni la última persona que me plantea la pregunta típica al respecto: “Te quedarás agotada, ¿verdad?”.

Puede ser que contemplando el asunto desde fuera, pareciera que el paciente siempre llega a la consulta para quitarse “algo” de encima (y no precisamente muy positivo), y que el terapeuta cual esponja absorbe todo ese “mal” llevándoselo consigo a casa.

Si en verdad esto fuera así siempre, no existirían los terapeutas de ningún tipo, o seríamos algo así como zombis que caminan por la vida sintiéndose totalmente desgraciados en la incapacidad de despegarse de las “porquerías” que vienen a dejar a nuestras consultas.

Cierto es que hay un pequeño porcentaje de pacientes que pretenden utilizarte como el “cubo de basura” de turno. Es decir, que sólo pretenden soltar su desgracia sin ninguna intención por su parte de ponerse a trabajar en sí mismos y sin pretensión de cambio alguno. Son las grandes víctimas de la vida. Todos los terapeutas tenemos algún paciente de este estilo, a los que sabemos localizar fácilmente y con los que simplemente hemos de dedicarnos a practicar el respeto y la aceptación plena…

Por suerte, un porcentaje infinitamente mayor incluye a esas personas que confían en tu preparación y experiencia para dejarse asesorar en este camino que es la vida. Incluso puedo constatar que en muchas ocasiones mis pacientes han sido de igual modo grandes terapeutas para mí.

Cuántas veces un día gris se ha convertido en un gran arco iris al sentir que alguien ha vuelto a sonreír tras una sesión terapéutica.

Cuántas veces he “resucitado” al sentir el abrazo sincero y agradecido.

Cuántas veces he sentido al finalizar la jornada esa sonrisa interna, ese sentimiento de plenitud que sólo se puede experimentar cuando has podido contribuir de alguna forma a que alguien sea un poquito… solo un poquito más feliz.

Si es cierto que todos somos UNO,… si es cierto que todos formamos parte de este gran Universo que se manifiesta en cada uno de nosotros de forma única… puedo asegurar que ayudar a otro, definitivamente es AYUDARSE A UNO MISMO.

Sólo puedo decir que para mí es un gran HONOR hacer lo que hago, y de hecho te invito a que lo pruebes. Intenta mirar a tu alrededor cada día, quizás un familiar, un amigo, un conocido, o incluso alguien ajeno totalmente a ti puede necesitar tu ayuda para algo que tú puedes ofrecer. No dejes pasar esa oportunidad de comprobar lo que supone este intercambio divino. Te aseguro que terminarás enamorándote del género humano…