Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Ni novios, ni amantes… «Amigos con derechos»

Hace unas pocas décadas y en cuestiones sentimentales no existían muchas opciones, al menos de cara “a la galería”. Dos personas se gustaban y el único camino posible era (en este orden): noviazgo, boda, piso, convivencia, familia…

Hoy en día, afortunadamente, esta es solamente una opción entre otras muchas. En la actualidad tenemos la gran libertad de elegir cómo queremos establecer nuestras relaciones. Y si ambas partes están de acuerdo, todo está perfecto.

El problema radica en que esta libertad de elección puede tornarse a veces en confusión, desorientación y frustración ya que, aunque no seamos conscientes, estamos tremendamente influidos por nuestro entorno y la educación que hemos recibido. Creemos que queremos una relación “como la de toda la vida”, la que hemos visto construir a nuestros padres, familiares, amigos…, pero somos incapaces de encontrarla… ¿por qué?

Hace unos días llegaba a mi consulta un paciente con la siguiente historia:

“Mi vida sentimental es un desastre. Hace ya 2 años vengo manteniendo una relación que no termina de estabilizarse. Nos llevamos genial, hay una comunicación muy buena, estoy muy a gusto con ella, todo es muy mágico y hasta existe una conexión un poco extraña a través de coincidencias, señales… Yo diría que es el tipo de mujer ideal para mí, con la que siempre he querido estar.

Pero en el momento en el que quiero que las cosas se estabilicen, ella da un paso atrás e incluso desaparece unos días del mapa. He intentado hablar muchas veces con ella de este tema, pero no hay forma. Y yo ya no puedo más, estoy pensando en dejarla y buscar a otra persona con la que pueda tener la pareja que quiero.”

Ante un planteamiento así en el que el paciente sufre, cualquiera en su sano juicio le diría que, efectivamente, lo mejor es dejar el espacio libre para que otra persona ocupe el lugar que él quiere realmente.

Pero basándome en la teoría de los espejos (más información aquí), me vi obligada a preguntarle: si esto no es lo que quieres… ¿por qué y para qué has atraído una mujer así a tu vida y has mantenido una relación con ella? ¿Cómo sería la relación que tú quieres?

Curiosamente comenzó a hablarme de lo que no quería: “no quiero tener a alguien todo el día encima de mí, me gusta mi independencia, en verdad me gusta vivir solo…”

Y fue aquí donde abrí los ojos como platos (y él también). Le pregunté cómo había sido su historia sentimental y me contó que llevaba varios años sin pareja estable, y justo antes de esta historia conoció a una chica que sí le planteó estabilizar la relación. En este caso y “casualmente” fue él quien “salió pitando” porque… no le llenaba del todo.

¡¡Cómo es la vida!! La persona que más te gusta es justamente con la que no puedes tener la relación que quieres… y las personas que te plantean la relación que quieresno son las ideales para ti.

Sinceramente creo que aquella persona que tiene CLARO que quiere una pareja estable… la encuentra más pronto o más tarde. Pero andar el camino durante años y años sin que nada cuaje… es para hacerse alguna que otra pregunta…

¿Qué está pasando aquí? ¿Por qué ocurre esto?

El primer diagnóstico podría ser MIEDO AL COMPROMISO (más información aquí). Pero… ¿y si no fuera miedo? ¿Y si fuera simplemente confusión? ¿Y si todavía no has sido consciente de que en verdad no quieres para ti una relación como las “de toda la vida”?

Al plantearle todas estas cuestiones a mi paciente, se quedó pensativo… y sonrió. Ciertamente manifestó que no quería convivir con nadie de manera fija, que realmente estaba a gusto como estaba. Solo quería tener la seguridad de que esa persona iba a estar ahí. Pero amigo… esto ya es otra cosa. Aquí está hablando el ego y su deseo de posesión, de ese deseo de pertenencia que nos hace sentir seguros, que “somos de alguien” y que ese alguien es “nuestro”. Queremos ponerle el apellido de turno: pareja, noviazgo, estable…, para sentirnos más seguros, pero esto no implica que la relación vaya a funcionar mejor. A veces incluso, puede ocurrir lo contrario.

Por tanto, si realmente es una relación en la que el paciente disfruta, comparte, es feliz, se siente bien, etc., ¿por qué renunciar a ella? ¿Por qué tratar de que sea de otra forma, cuando en verdad él tampoco quiere dar ese paso de… “convivencia, ir juntos a las bodas e ir a comer los domingos a casa de la suegra”? ¿Por qué una relación exitosa (por llamarla de alguna forma), ha de ser de una forma determinada? ¿Y por qué esa manía de ponerle un apellido determinado?

Dos semanas más tarde me contaba que casualmente esta chica había reaparecido de nuevo y que se habían encontrado. Y que todo estaba bien… tal y como estaba. Ahora se sentía preparado para disfrutar de esta relación tal y como es, porque cada día está más seguro de que esto es lo que él TAMBIÉN quiere. Sólo que no lo sabía…

Prestemos atención a los MAESTROS que se nos presentan… todo lo que atraemos a nuestra vida tiene mucho más que ver con nosotros de lo que creemos en principio. Si nuestro paciente realmente hubiera tenido claro que no quiere una relación de este tipo, no se habría “enredado” con esta mujer. La historia se hubiera quedado en un par de encuentros y no habría evolucionado.

Todo aquello que no tiene que ver contigo ni con tu energía, no te llama la atención…, pasa de largo sin más.

Realmente estamos muy condicionados por nuestro entorno, por lo que nos han contado que tienen que ser las cosas, por lo que hemos visto. Creemos que queremos algo pero a veces, solo es lo que nos han dicho que debemos desear. Y en muchas ocasiones aquí es donde nos bloqueamos, nos confundimos, nos desorientamos y, por supuesto…, nos embarga un gran sentimiento de frustración, ya que estamos buscando algo que nunca llegamos a alcanzar… Y la razón es tan simple como que eso realmente no es lo que queremos.

Por suerte, la Vida nos habla a través de sus mensajes… aprendamos a escucharla. Siéntete libre de crear tu relación y tu historia como tú deseas que sea, ES LA TUYA Y LA VAS A VIVIR TÚ.

Mi abrazo infinito,

Miedo al compromiso

En la actualidad, hay muchas personas (tanto hombres como mujeres), que experimentan cierto rechazo al compromiso de pareja. En ocasiones puede existir una gran dualidad: una parte de ellas sí quiere y desea estar en pareja, pero otra parte incognoscible parece empeñarse fuertemente en lo contrario, y esta última puede llegar a ser tan potente… que en muchas ocasiones termina ganando la “batalla”.

Hoy os quiero presentar la resolución de un caso real (mejor dicho, el comienzo de su resolución), con respecto a esta problemática.

Un hombre de 45 años, soltero, no logra comprometerse en una pareja y siente un gran bloqueo cuando en su vida se presenta esta circunstancia. Aunque una parte de él la desea y visualiza su futuro sin pareja como una situación no del todo agradable, siente que es incapaz de dar ese paso y que está dejando pasar oportunidades, porque afirma haber conocido mujeres con las que sabe que podría haber sido feliz. Todas sus relaciones terminan con una huida por su parte, o pasando a realizar acciones que dificultan el seguimiento de la relación, lo que termina provocando que le abandonen (auto-sabotaje).

Le pedí que reviviera y recordara algún momento de su pasado en el que se viera en la tesitura de tener que tomar una decisión en cuanto a dar ese paso.

Al revivirlo siente confusión, impotencia y miedo. Dice tener “miedo a comprometerse” sin ser capaz de dar más detalles. Cuando le pregunto sobre la mujer en cuestión, afirma tener sentimientos hacia ella, sentirse a gusto en su presencia y valorarla como posible pareja. Es una gran contradicción, por tanto, entramos en ese recuerdo de situación dual de “querer y no querer, querer y no poder”

Testamos posibles miedos que suelen darse en estas situaciones:

  • Miedo a que me hagan sufrir
  • Miedo a la responsabilidad del compromiso
  • A entregarse
  • A no ser suficientemente bueno, no dar la talla
  • Miedo a fracasar
  • A equivocarse en la elección
  • Perder la autonomía, libertad, ceder
  • Miedo a la pérdida
  • A al engaño y la infidelidad
  • A la convivencia, a compartir
  • A que la pasión se termine… etc.

El paciente reaccionó positivamente a: miedo a sufrir, a la responsabilidad de un compromiso, a perder la libertad, a compartir y a entregarse.

De común acuerdo comenzamos con:“miedo a responsabilizarme de un compromiso de pareja”. Situó su miedo en un 7 en una escala de 0 a 10, donde el 0 es ausencia total de miedo y el 10 su punto máximo. A nivel físico, lo sentía en la garganta y en la boca como un mal sabor. Comenzamos a trabajar con E.F.T.

Le pedí al paciente que continuara hablando y diciendo lo que sintiera. En un momento manifestó: “siento que me ahogo”, “me ahogo”, “no puedo escapar… tengo miedo a quedarme atrapado, a quedarme atrapado… como mi madre”. En este momento experimentó una gran liberación emocional que seguimos trabajando hasta que conseguimos que el miedo bajara a 0 en la escala.

Volvimos a testar varios de los miedos del inicio y muchos de ellos habían desaparecido después de esta liberación. En muchas ocasiones, al trabajar un miedo y liberarlo, se liberan otros que hemos nombrado de forma distinta pero que tienen el mismo origen.

Finalmente con PSYCH-K® instalamos creencias positivas que marcarían el inicio de un nuevo modo de pensar y sentir la situación.

Esta persona fue consciente de que guardaba un miedo que no era suyo, o quizá sí pero que nació con la observación de la vida que llevó su madre. Un ama de casa “atrapada” con un marido a la antigua usanza (ausente) y llena de hijos, infeliz por sentirse incapaz de llevar a cabo sus propios sueños. La que quedó “atrapada” en una vida infeliz de pareja fue su madre, pero aquello no tenía nada que ver con él y su propia experiencia.

Frecuentemente, nuestros miedos y creencias (por supuesto inconscientes), nacen de la observación de nuestro entorno. En lo que se refiere a nuestros padres, aunque no hayan manifestado abiertamente su infelicidad, nosotros como hijos nos hacemos “cargo” de dichas emociones porque, obviamente, somos capaces de percibirlas a nivel inconsciente.

Tampoco podemos olvidar que todo aquello experimentado y no resuelto por parte de nuestros ancestros sigue su camino en las nuevas generaciones en busca liberación y reparación. Y esto puede darse de dos formas:

  • Repitiendo la misma situación que nuestro ancestro para poder modificarla y sanarla.
  • Viviendo la situación opuesta (como en el caso de nuestro paciente), en el que el mandato familiar inconsciente era “NO te comprometas porque serás infeliz, perderás tu autonomía y tu libertad”.

Podemos DESTAPAR estas creencias usando multitud de técnicas. Una vez que las hacemos conscientes… PODEMOS CAMBIARLAS. Todas aquellas creencias o miedos que permanecen ocult@s, si tienen el peso suficiente, van a dirigir nuestra vida haciéndonos perder nuestro poder de elección. Y esto puede ocurrir en cualquier aspecto de nuestra vida: sentimental, laboral, económico, salud…

Otro aspecto a trabajar es el perdón, por un lado hacia las personas involucradas en la configuración de nuestra creencia, y también hacia nosotros mismos por habernos hecho daño al mantenerlas durante tanto tiempo. Hay que tener en cuenta que todo lo que cargamos en nuestro inconsciente tiene un sentido, y es el de protegernos. Nuestro paciente sólo seguía esta orden familiar para protegerse de esa supuesta infelicidad, y evitar de este modo repetir el sufrimiento que experimentaron sus ancestros. Ahora… después de poner consciencia… puede ser capaz de pensar que ser libre en el seno de una pareja feliz… ES POSIBLE para él.

NO esperes más… el BIENESTAR que deseas te está esperando…

(Enlace recomendado: ¿Por qué no encuentro la pareja que quiero?)

Mi abrazo infinito,

¿Por qué cerramos el corazón al amor?

Hace unos días me encontré con un momento “clave” que puede formar parte del pasado sentimental de muchas personas. Ocurrió durante una terapia, y me refiero a ese momento en el que tras una pérdida o ruptura, y una vez que se produce la aceptación, la persona comienza a buscar dentro de sí misma el aprendizaje de la experiencia.

¿Y por qué digo que es un momento clave?

  • Primero, porque es el momento de tomar una decisión. Siempre elegimos la enseñanza que el acontecimiento ha supuesto para nosotros y nuestra vida.
  • Porque en base a esta decisión se configura una creencia que luego tomaremos como una realidad, y que pasará a formar parte de nuestro comportamiento y futuras reacciones, en todas las situaciones similares que nos acontezcan en el futuro.

 ¡Fijaos qué momento tan importante!

Pongamos que es una chica de 30 años de edad y que acude a terapia por una situación de ruptura sentimental. Durante algunas sesiones se trabaja la pérdida, y llega el momento al que me refiero. Un día me cuenta que se ha encontrado casualmente con su ex. Esta fue la conversación: (Negrita= Terapeuta):

¿Cómo te sentiste al verle? Me sorprendió encontrármelo… Enfadada.

¿Enfadada con quién? Con él, por haberme “sustituido” tan rápidamente. Conmigo, por haberle dejado pasar.

 No te ha sustituido, ha seguido haciendo su vida. Además,  fuiste tú quien se alejó. Cierto, sé que no tengo derecho a sentirme así. Él actuó bien.

No es cuestión de bien o mal, ni de tener derecho. Pero en todo caso, fuiste tú quien decidió alejarse. Sí, eso es verdad. Pensé que las cosas se arreglarían solas o que volvería, como hacía siempre.

Ya sabes que las cosas no se arreglan solas. La mayoría de las veces hay que intervenir. Ha pasado más de un año… ¿por qué no continuas con “tu vida” igual que hace él? Siento que jamás voy a poder confiar en nadie más. Y no sé si merece la pena “meterme en ese jardín” otra vez. Igual es mejor estar sola.

¿Por qué? Porque no puedes fiarte de nadie. Porque si luego ocurre lo mismo… ¿para qué? Estaría bien tener un regulador emocional y así elegir el nivel de amor que quieres sentir. Si no sientes tanto, no sufres luego tanto. Total, si me va a pasar lo mismo… la felicidad se acaba.

Si esta es tu conclusión sobre esta pérdida… siento decirte que no has aprendido nada. Eres una víctima. Sí que he aprendido… (Pensando)…. Es verdad, tienes razón.

No hay nadie ahí fuera que quiera “machacarte”. Todo lo que ocurre es para tu crecimiento o para tu destrucción. Pero eres tú quien elige dónde se quiere situar. Así que no quieres volver a tener pareja. Hombre…, echo de menos muchas cosas. Hay una dualidad en mí: mi corazón quiere una pareja, pero mi mente me dice que es muy difícil y que no vale la pena el esfuerzo.

 Dime, en qué te basas para sacar la conclusión de que no puedes confiar, ¿sientes que te han traicionado? ¿El te traicionó? No, en absoluto.

Entonces no es cuestión de confianza… ¿cuál es la cuestión? Pues no sé, pienso que es difícil confiar otra vez…(Pensando)… Creo que la convivencia en pareja es difícil y lleva mucho esfuerzo, todo el mundo lo dice.

Pero tú no la has experimentado. No sabes lo que será para ti. No, pero todo el mundo lo dice.

Y si todo el mundo dice que te tires por un puente, ¿te tiras? Eso es una excusa, ¿cuál es el motivo? (Pensando…) Creo que es difícil que alguien te acepte con todas tus manías.

Las parejas que siguen unidas se aceptan a pesar de esas “manías” de cada uno. Y no pasa nada, eso es el amor. Claro, la cuestión es que siempre pasábamos ratos cortos, y así todo está muy bien. Es cómodo y es fácil mantener una pose. Pero dar ese paso…

¿Por eso te alejaste? Sí, después de tantos años había que plantearse cosas.

¿Y cuál es el miedo a dar ese paso? (Pensando)… Que si convivía conmigo tendría que aguantarme…. Tenía miedo a decepcionarle, que descubriera que no soy perfecta (momento en el que aparecen las lágrimas).

Él tampoco lo es. Nadie es más que nadie. Yo siempre le he visto perfecto, superior a mí.

Porque ves en él las cosas que no eres capaz de ver en ti. Proyectamos lo “malo” de nosotros en los demás, pero también lo “bueno”. Si lo vemos en otro (sea bueno o malo), es porque está en nuestro interior. Visto así…

 Y en todo caso, si creías que él era “demasiado” para ti, tuviste durante muchos años la oportunidad de “ponerte a su altura”. La vida te ofreció esa oportunidad. Y en vez de aprender a desarrollar esas partes de ti que te gustaban de él y subir un escalón, decidiste abandonar. Es verdad.

Y no solo eso, sino que encima de haber tomado esta actitud, te sientes tú la víctima. Cierto…, pues sí que estaba equivocada.

Estabas haciendo una lectura errónea. Y bien, después de esta conversación, ¿Cómo ves la situación? Debería haber aprovechado y aprender a ser un poco como él en las cosas que me gustaban. Tenía miedo a decepcionarle y antes de que eso ocurriera, era mejor irme.

¿Crees que es difícil que alguien te quiera tal y como eres? Si.

 ¿Puede ser que tú no te quieras tal y como eres? (Pensando…) Pues será que no del todo.

Y mirándolo ahora desde la distancia, ¿hubieras actuado de otra forma? Me hubiera arriesgado. La verdad es que merecía la pena. Si hubiera sabido lo que ahora sé…

Entonces… ¿Qué harás en el futuro? Poco a poco, intentaré abrirme.

 ¡Te lo mereces!

El “problema” en este caso ya estaba localizado: una falta de auto-aceptación, que nos ocuparíamos de resolver a partir de ese momento. Todo ello estaba propiciando que esta chica se empezara a contar “una historia” errónea sobre lo sucedido.

Es igual lo que ocurra: que nos dejen, nos traicionen, nos ignoren, etc.… ¡El problema nunca es el otro! Es más fácil culpar a las circunstancias, o a los demás… Es más fácil sentirnos víctimas de la situación y colocar la responsabilidad lo más lejos posible de nosotros. Todo para evitar MIRARNOS y tratar de comprender cuál es el verdadero problema. Repito, el otro sólo es un espejo… solo nos refleja lo que somos incapaces de ver en nosotros.

Es frecuente que se produzca este procedimiento ante desilusiones y/o rupturas sentimentales:

Dolor.

Busco culpables fuera (las circunstancias, el otro me ha hecho esto, o no ha hecho lo de más allá…)

Victimismo (pobre de mí, me han hecho daño)

Creencias erróneas

Cierro mi corazón (auto-castigo)

Me instalo en el sufrimiento (herida que permanece abierta y pasa a formar parte de la «mochila vital»).

Esta lectura errónea trata de evitar la mirada hacia nuestra verdadera responsabilidad. Pero como en el fondo intuimos que nosotros también tenemos nuestra parte de la misma, este sentimiento (sin gestionar de manera adecuada), se transforma en culpabilidad soterrada. Y como «me siento culpable» me auto-castigo del modo: no me volveré a enamorar, es peligroso entregarse, las relaciones son difíciles, jamás podré confiar, tengo que protegerme… Por otro lado, el hecho de que alguien haya decidido no querernos, puede hacernos pensar que no somos dignos de amor.

Obviamente, toda esta clase de pensamientos de auto-castigo implican una falta de amor hacia uno mismo. Cuando nos amamos nos abrimos al amor, nos sentimos merecedores de que nos amen y podemos reinterpretar los acontecimientos de forma sana, tomando responsabilidad en lo acontecido, y aprendiendo lo que la situación ha venido a enseñarnos. Nunca hay víctimas ni verdugos, solo experiencias que tratan de hacernos CRECER. Por este motivo, el miedo a entregarse en el futuro desaparece… ya que confiamos en nosotros mismos y en la Vida.

En resumidas cuentas, realmente creo que si la conclusión sobre una historia sentimental que termina… es cerrar el corazón, es que no hemos aprendido nada.

Enlace recomendado: ¿Por qué no encuentro la pareja que quiero?

Mi abrazo infinito,