Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Miedo al compromiso

En la actualidad, hay muchas personas (tanto hombres como mujeres), que experimentan cierto rechazo al compromiso de pareja. En ocasiones puede existir una gran dualidad: una parte de ellas sí quiere y desea estar en pareja, pero otra parte incognoscible parece empeñarse fuertemente en lo contrario, y esta última puede llegar a ser tan potente… que en muchas ocasiones termina ganando la “batalla”.

Hoy os quiero presentar la resolución de un caso real (mejor dicho, el comienzo de su resolución), con respecto a esta problemática.

Un hombre de 45 años, soltero, no logra comprometerse en una pareja y siente un gran bloqueo cuando en su vida se presenta esta circunstancia. Aunque una parte de él la desea y visualiza su futuro sin pareja como una situación no del todo agradable, siente que es incapaz de dar ese paso y que está dejando pasar oportunidades, porque afirma haber conocido mujeres con las que sabe que podría haber sido feliz. Todas sus relaciones terminan con una huida por su parte, o pasando a realizar acciones que dificultan el seguimiento de la relación, lo que termina provocando que le abandonen (auto-sabotaje).

Le pedí que reviviera y recordara algún momento de su pasado en el que se viera en la tesitura de tener que tomar una decisión en cuanto a dar ese paso.

Al revivirlo siente confusión, impotencia y miedo. Dice tener “miedo a comprometerse” sin ser capaz de dar más detalles. Cuando le pregunto sobre la mujer en cuestión, afirma tener sentimientos hacia ella, sentirse a gusto en su presencia y valorarla como posible pareja. Es una gran contradicción, por tanto, entramos en ese recuerdo de situación dual de “querer y no querer, querer y no poder”

Testamos posibles miedos que suelen darse en estas situaciones:

  • Miedo a que me hagan sufrir
  • Miedo a la responsabilidad del compromiso
  • A entregarse
  • A no ser suficientemente bueno, no dar la talla
  • Miedo a fracasar
  • A equivocarse en la elección
  • Perder la autonomía, libertad, ceder
  • Miedo a la pérdida
  • A al engaño y la infidelidad
  • A la convivencia, a compartir
  • A que la pasión se termine… etc.

El paciente reaccionó positivamente a: miedo a sufrir, a la responsabilidad de un compromiso, a perder la libertad, a compartir y a entregarse.

De común acuerdo comenzamos con:“miedo a responsabilizarme de un compromiso de pareja”. Situó su miedo en un 7 en una escala de 0 a 10, donde el 0 es ausencia total de miedo y el 10 su punto máximo. A nivel físico, lo sentía en la garganta y en la boca como un mal sabor. Comenzamos a trabajar con E.F.T.

Le pedí al paciente que continuara hablando y diciendo lo que sintiera. En un momento manifestó: “siento que me ahogo”, “me ahogo”, “no puedo escapar… tengo miedo a quedarme atrapado, a quedarme atrapado… como mi madre”. En este momento experimentó una gran liberación emocional que seguimos trabajando hasta que conseguimos que el miedo bajara a 0 en la escala.

Volvimos a testar varios de los miedos del inicio y muchos de ellos habían desaparecido después de esta liberación. En muchas ocasiones, al trabajar un miedo y liberarlo, se liberan otros que hemos nombrado de forma distinta pero que tienen el mismo origen.

Finalmente con PSYCH-K® instalamos creencias positivas que marcarían el inicio de un nuevo modo de pensar y sentir la situación.

Esta persona fue consciente de que guardaba un miedo que no era suyo, o quizá sí pero que nació con la observación de la vida que llevó su madre. Un ama de casa “atrapada” con un marido a la antigua usanza (ausente) y llena de hijos, infeliz por sentirse incapaz de llevar a cabo sus propios sueños. La que quedó “atrapada” en una vida infeliz de pareja fue su madre, pero aquello no tenía nada que ver con él y su propia experiencia.

Frecuentemente, nuestros miedos y creencias (por supuesto inconscientes), nacen de la observación de nuestro entorno. En lo que se refiere a nuestros padres, aunque no hayan manifestado abiertamente su infelicidad, nosotros como hijos nos hacemos “cargo” de dichas emociones porque, obviamente, somos capaces de percibirlas a nivel inconsciente.

Tampoco podemos olvidar que todo aquello experimentado y no resuelto por parte de nuestros ancestros sigue su camino en las nuevas generaciones en busca liberación y reparación. Y esto puede darse de dos formas:

  • Repitiendo la misma situación que nuestro ancestro para poder modificarla y sanarla.
  • Viviendo la situación opuesta (como en el caso de nuestro paciente), en el que el mandato familiar inconsciente era “NO te comprometas porque serás infeliz, perderás tu autonomía y tu libertad”.

Podemos DESTAPAR estas creencias usando multitud de técnicas. Una vez que las hacemos conscientes… PODEMOS CAMBIARLAS. Todas aquellas creencias o miedos que permanecen ocult@s, si tienen el peso suficiente, van a dirigir nuestra vida haciéndonos perder nuestro poder de elección. Y esto puede ocurrir en cualquier aspecto de nuestra vida: sentimental, laboral, económico, salud…

Otro aspecto a trabajar es el perdón, por un lado hacia las personas involucradas en la configuración de nuestra creencia, y también hacia nosotros mismos por habernos hecho daño al mantenerlas durante tanto tiempo. Hay que tener en cuenta que todo lo que cargamos en nuestro inconsciente tiene un sentido, y es el de protegernos. Nuestro paciente sólo seguía esta orden familiar para protegerse de esa supuesta infelicidad, y evitar de este modo repetir el sufrimiento que experimentaron sus ancestros. Ahora… después de poner consciencia… puede ser capaz de pensar que ser libre en el seno de una pareja feliz… ES POSIBLE para él.

NO esperes más… el BIENESTAR que deseas te está esperando…

(Enlace recomendado: ¿Por qué no encuentro la pareja que quiero?)

Mi abrazo infinito,

Psicogenealogía: no somos tan libres como creemos…

«El árbol genealógico es a la vez nuestra mayor trampa y nuestro tesoro más preciado» Marianne Costa

Trampa que lleva a traicionarnos a nosotros mismos por quedarnos apegados fielmente a contratos inconscientes. Tesoro que nos engendra y nos da la posibilidad de vivir desarrollando la conciencia.

Desde hace varias décadas la psicogenealogía o estudio del árbol genealógico ha sido un tema abordado en la psicoterapia. Freud fue el primero en resaltar la gran importancia y relevancia de los vínculos experimentados en la primera infancia con nuestros padres. Más tarde, Carl Jung se atrevió a ir más allá y propuso la existencia de un inconsciente colectivo en el que incluía al inconsciente familiar. Él mismo estudió su propio árbol genealógico.

Posteriormente, diversos psicólogos y terapeutas fueron aportando sus propias experiencias y estudios al respecto:  Ane Ancelin Schützenberger, J. Levy Moreno, Didier Dumas, Gregory Bateson, Virginia Satir, Fritz Perls, Milton Erickson, Carl Whitaker, Levi Moreno y Bert Hellinger. En la actualidad también son interesantes la visiones de Salomón Sellam, Christian Flèche, Jean Guillaume Salles y Enric Corbera. Estos últimos también trabajan con descodificación biológica o psicosomática.

Sin olvidar las aportaciones de Marianne Costa, Alejandro y Cristóbal Jodorowsky.

Pero no quiero que este artículo se convierta en un listado de nombres o en una investigación bibliográfica al respecto. Mi intención es arrojar un poco de luz sobre la importancia de estudiar nuestro «inconsciente familiar» y los beneficios que nos puede aportar este estudio en nuestras vidas.

La psicogenealogía parte de la premisa de que determinados comportamientos inconscientes se transmiten de generación en generación e impiden al sujeto autorrealizarse, por lo que para que un individuo tome consciencia de ellos y se pueda desvincular de los mismos es necesario que estudie su árbol genealógico.

«El árbol está vivo dentro de mí. Yo soy el árbol. Yo soy toda mi familia. Nadie tiene problemas individuales porque toda la familia está siempre en juego. El inconsciente familiar existe. Desde el mismo momento en que alguien toma conciencia de algo,hace que todos los suyos también la tomen. Ese alguien es la luz. Si uno hace su trabajo, todo el árbol se purifica» Alejandro Jodorowsky

El árbol genealógico es un sistema de repeticiones: nombres, fechas, situaciones, enfermedades, muertes… etc, que se van transmitiendo de generación en generación. Cada uno de nosotros llevamos, como si fuéramos «pequeños hologramas» toda la información a nivel inconsciente, y la manifestamos a través de obstáculos y sufrimientos diversos: relaciones fallidas, incapacidad de amar, dificultades económicas, problemas sexuales y un sinfín de situaciones que nos impiden ser felices y, sobre todo, ser NOSOTROS MISMOS.

Sanar el árbol, por tanto, implica ser capaces de llevar a cabo nuestro DESTINO PERSONAL. Liberarnos de sus ataduras y repeticiones nos conecta con nuestro SER esencial, y será entonces cuando seamos capaces de hacer lo que realmente vinimos a hacer… 

Mi abrazo infinito,