Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Quiéreme así… o mejor no me quieras

Quiéreme así,
Con mis blancos y oscuros, con mi rabia y mi ternura, cuando quiero reír, cuando necesito llorar…

Quiéreme así,
Con discordancias e incoherencias, con aciertos y verdades, cuando me escondo, cuando decido brillar…

Quiéreme así,
Cuando soy un desastre, cuando me pierdo y luego me encuentro, en mi fuerza, en mi debilidad…

Quiéreme así,
Cuando me duele, cuando me alivia… cuando soy fea, cuando mi belleza quiere asomar…

Quiéreme así, o mejor no me quieras.

Querer lo bonito es fácil, querer lo perfecto es sencillo… pero ocurre una cosa, y es que yo soy REAL.

El camino hacia una pareja consciente

Mucho se habla y se seguirá hablando de la “pareja consciente”… pero, ¿en qué consiste exactamente?…, ¿Para qué sirve?…, ¿En qué puede beneficiarnos experimentar una pareja así?

En la pubertad comenzamos a experimentar los primeros impulsos sexuales y la necesidad de unirnos con otro ser. Esta necesidad es natural en el ser humano, y responde al instinto de conservación de la especie por un lado, y al deseo inconsciente de experimentar el amor “perfecto”.

Contamos en principio con las referencias que tenemos “en casa”… es decir, las parejas que hemos tenido cerca: padres, abuelos y quizá hermanos y amigos. En función de estas parejas observadas vamos configurando nuestras creencias al respecto. De igual modo, el aprendizaje que hayamos experimentado en nuestra infancia del amor, nos condicionará a la hora de amar y ser amados en nuestra vida adulta. Finalmente (y en base a todo ello), las experiencias vividas de forma individual influirán de forma importante en el futuro desarrollo de nuestra vida sentimental.

Antes de aproximarme al concepto de pareja consciente, quisiera hablaros a grandes rasgos de la teoría de los cuatro egos, según la cual, Alejandro Jodorowsky diferencia cuatro centros en cada individuo:

  • Ego intelectual: ideas, creencias, formas de ver el mundo y explicarlo racionalmente.
  • Ego emocional: emociones, sentimientos, relaciones, amor.
  • Ego sexual-creativo: actividad sexual, creatividad en todas sus formas, deseos.
  • Ego material: necesidades básicas de supervivencia, alimentación, cuidado del cuerpo, dinero, territorio.

Dirigir las 4 energías hacia un camino transpersonal supone la integración de todas ellas hacia un fin común: lo que pienso es lo que siento y está de acuerdo con lo que hago… Y todo ello es coherente con mis deseos.

Basándonos en esta clasificación, una pareja «adulta» y que camina hacia la consciencia, podría ser la que responde a una UNIÓN en los citados cuatro centros:

  • Unión intelectual: comunicación fluida, sincera  y con sentido del humor, con total libertad de expresión y respetándose los puntos de vista, los intereses y las creencias del otro, tomando las diferencias como un factor que tiende a enriquecer la relación.
  • Unión emocional: existen muestras de afecto, ternura y contacto físico. Se expresan los sentimientos, y los conflictos se resuelven con empatía y cariño. No hay lugar para los chantajes, celos y desconfianzas. Es un amor que se abre al mundo, en el que cada miembro es independiente, sin encerrarse en exclusiva. Se protegen mutuamente sin privarse de su libertad. Se aprende a perdonar y a amar al otro tal y como es, existiendo un equilibrio óptimo en el intercambio «dar-recibir».
  • Unión sexual-creativa: compromiso sexual, disfrute, placer, diversión y complicidad… Se expresan los deseos y fantasías tratando de satisfacerse, aunque con total derecho a negarse y a buscar opciones de placer mutuo. Por otro lado se aceptan y respetan los deseos de la otra parte para su propio desarrollo personal, así como su capacidad creativa para realizarse en el mundo.
  • Unión material: gestión óptima de gastos e ingresos, alimentación, cuidado del cuerpo, salud… Las dos partes comparten espacio y cuestiones domésticas en armonía y respeto mutuo, abandonando los deseos de posesión y sin invadir el espacio del otro. Se acepta que la otra parte tenga deseos de soledad y/o de compartir su tiempo con otras personas de su elección.

Pues bien, si falta la unión en uno de estos cuatro centros, la pareja siempre será discordante y en algún punto… «incompleta». 

Lo cierto es que si en nuestra historia familiar, cercana y personal no se ha experimentado una pareja verdaderamente feliz y realizada, es difícil creer que algo así pueda ser posible para nosotros. Quizás en el momento en que tratamos de construir una pareja, las dudas nos asaltan…las creencias que tenemos al respecto se ponen encima de la mesa (seamos o no conscientes de ellas), y tomamos decisiones en consecuencia, desde un «espacio» muy limitado y condicionado.

Sinceramente, creo que el primer paso para dirigirse hacia una pareja feliz y completa consiste en saber y creer que es POSIBLE llegar a ella. Y que el camino hacia su consecución puede contribuir en alto grado a nuestro desarrollo y crecimiento individual, ya que la experiencia de este tipo de unión implica una coherencia personal que es muy difícil eludir…

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(Enlace recomendado: ¿Por qué no encuentro la pareja que quiero?)

Mi abrazo infinito,

¿Por qué cerramos el corazón al amor?

Hace unos días me encontré con un momento “clave” que puede formar parte del pasado sentimental de muchas personas. Ocurrió durante una terapia, y me refiero a ese momento en el que tras una pérdida o ruptura, y una vez que se produce la aceptación, la persona comienza a buscar dentro de sí misma el aprendizaje de la experiencia.

¿Y por qué digo que es un momento clave?

  • Primero, porque es el momento de tomar una decisión. Siempre elegimos la enseñanza que el acontecimiento ha supuesto para nosotros y nuestra vida.
  • Porque en base a esta decisión se configura una creencia que luego tomaremos como una realidad, y que pasará a formar parte de nuestro comportamiento y futuras reacciones, en todas las situaciones similares que nos acontezcan en el futuro.

 ¡Fijaos qué momento tan importante!

Pongamos que es una chica de 30 años de edad y que acude a terapia por una situación de ruptura sentimental. Durante algunas sesiones se trabaja la pérdida, y llega el momento al que me refiero. Un día me cuenta que se ha encontrado casualmente con su ex. Esta fue la conversación: (Negrita= Terapeuta):

¿Cómo te sentiste al verle? Me sorprendió encontrármelo… Enfadada.

¿Enfadada con quién? Con él, por haberme “sustituido” tan rápidamente. Conmigo, por haberle dejado pasar.

 No te ha sustituido, ha seguido haciendo su vida. Además,  fuiste tú quien se alejó. Cierto, sé que no tengo derecho a sentirme así. Él actuó bien.

No es cuestión de bien o mal, ni de tener derecho. Pero en todo caso, fuiste tú quien decidió alejarse. Sí, eso es verdad. Pensé que las cosas se arreglarían solas o que volvería, como hacía siempre.

Ya sabes que las cosas no se arreglan solas. La mayoría de las veces hay que intervenir. Ha pasado más de un año… ¿por qué no continuas con “tu vida” igual que hace él? Siento que jamás voy a poder confiar en nadie más. Y no sé si merece la pena “meterme en ese jardín” otra vez. Igual es mejor estar sola.

¿Por qué? Porque no puedes fiarte de nadie. Porque si luego ocurre lo mismo… ¿para qué? Estaría bien tener un regulador emocional y así elegir el nivel de amor que quieres sentir. Si no sientes tanto, no sufres luego tanto. Total, si me va a pasar lo mismo… la felicidad se acaba.

Si esta es tu conclusión sobre esta pérdida… siento decirte que no has aprendido nada. Eres una víctima. Sí que he aprendido… (Pensando)…. Es verdad, tienes razón.

No hay nadie ahí fuera que quiera “machacarte”. Todo lo que ocurre es para tu crecimiento o para tu destrucción. Pero eres tú quien elige dónde se quiere situar. Así que no quieres volver a tener pareja. Hombre…, echo de menos muchas cosas. Hay una dualidad en mí: mi corazón quiere una pareja, pero mi mente me dice que es muy difícil y que no vale la pena el esfuerzo.

 Dime, en qué te basas para sacar la conclusión de que no puedes confiar, ¿sientes que te han traicionado? ¿El te traicionó? No, en absoluto.

Entonces no es cuestión de confianza… ¿cuál es la cuestión? Pues no sé, pienso que es difícil confiar otra vez…(Pensando)… Creo que la convivencia en pareja es difícil y lleva mucho esfuerzo, todo el mundo lo dice.

Pero tú no la has experimentado. No sabes lo que será para ti. No, pero todo el mundo lo dice.

Y si todo el mundo dice que te tires por un puente, ¿te tiras? Eso es una excusa, ¿cuál es el motivo? (Pensando…) Creo que es difícil que alguien te acepte con todas tus manías.

Las parejas que siguen unidas se aceptan a pesar de esas “manías” de cada uno. Y no pasa nada, eso es el amor. Claro, la cuestión es que siempre pasábamos ratos cortos, y así todo está muy bien. Es cómodo y es fácil mantener una pose. Pero dar ese paso…

¿Por eso te alejaste? Sí, después de tantos años había que plantearse cosas.

¿Y cuál es el miedo a dar ese paso? (Pensando)… Que si convivía conmigo tendría que aguantarme…. Tenía miedo a decepcionarle, que descubriera que no soy perfecta (momento en el que aparecen las lágrimas).

Él tampoco lo es. Nadie es más que nadie. Yo siempre le he visto perfecto, superior a mí.

Porque ves en él las cosas que no eres capaz de ver en ti. Proyectamos lo “malo” de nosotros en los demás, pero también lo “bueno”. Si lo vemos en otro (sea bueno o malo), es porque está en nuestro interior. Visto así…

 Y en todo caso, si creías que él era “demasiado” para ti, tuviste durante muchos años la oportunidad de “ponerte a su altura”. La vida te ofreció esa oportunidad. Y en vez de aprender a desarrollar esas partes de ti que te gustaban de él y subir un escalón, decidiste abandonar. Es verdad.

Y no solo eso, sino que encima de haber tomado esta actitud, te sientes tú la víctima. Cierto…, pues sí que estaba equivocada.

Estabas haciendo una lectura errónea. Y bien, después de esta conversación, ¿Cómo ves la situación? Debería haber aprovechado y aprender a ser un poco como él en las cosas que me gustaban. Tenía miedo a decepcionarle y antes de que eso ocurriera, era mejor irme.

¿Crees que es difícil que alguien te quiera tal y como eres? Si.

 ¿Puede ser que tú no te quieras tal y como eres? (Pensando…) Pues será que no del todo.

Y mirándolo ahora desde la distancia, ¿hubieras actuado de otra forma? Me hubiera arriesgado. La verdad es que merecía la pena. Si hubiera sabido lo que ahora sé…

Entonces… ¿Qué harás en el futuro? Poco a poco, intentaré abrirme.

 ¡Te lo mereces!

El “problema” en este caso ya estaba localizado: una falta de auto-aceptación, que nos ocuparíamos de resolver a partir de ese momento. Todo ello estaba propiciando que esta chica se empezara a contar “una historia” errónea sobre lo sucedido.

Es igual lo que ocurra: que nos dejen, nos traicionen, nos ignoren, etc.… ¡El problema nunca es el otro! Es más fácil culpar a las circunstancias, o a los demás… Es más fácil sentirnos víctimas de la situación y colocar la responsabilidad lo más lejos posible de nosotros. Todo para evitar MIRARNOS y tratar de comprender cuál es el verdadero problema. Repito, el otro sólo es un espejo… solo nos refleja lo que somos incapaces de ver en nosotros.

Es frecuente que se produzca este procedimiento ante desilusiones y/o rupturas sentimentales:

Dolor.

Busco culpables fuera (las circunstancias, el otro me ha hecho esto, o no ha hecho lo de más allá…)

Victimismo (pobre de mí, me han hecho daño)

Creencias erróneas

Cierro mi corazón (auto-castigo)

Me instalo en el sufrimiento (herida que permanece abierta y pasa a formar parte de la «mochila vital»).

Esta lectura errónea trata de evitar la mirada hacia nuestra verdadera responsabilidad. Pero como en el fondo intuimos que nosotros también tenemos nuestra parte de la misma, este sentimiento (sin gestionar de manera adecuada), se transforma en culpabilidad soterrada. Y como «me siento culpable» me auto-castigo del modo: no me volveré a enamorar, es peligroso entregarse, las relaciones son difíciles, jamás podré confiar, tengo que protegerme… Por otro lado, el hecho de que alguien haya decidido no querernos, puede hacernos pensar que no somos dignos de amor.

Obviamente, toda esta clase de pensamientos de auto-castigo implican una falta de amor hacia uno mismo. Cuando nos amamos nos abrimos al amor, nos sentimos merecedores de que nos amen y podemos reinterpretar los acontecimientos de forma sana, tomando responsabilidad en lo acontecido, y aprendiendo lo que la situación ha venido a enseñarnos. Nunca hay víctimas ni verdugos, solo experiencias que tratan de hacernos CRECER. Por este motivo, el miedo a entregarse en el futuro desaparece… ya que confiamos en nosotros mismos y en la Vida.

En resumidas cuentas, realmente creo que si la conclusión sobre una historia sentimental que termina… es cerrar el corazón, es que no hemos aprendido nada.

Enlace recomendado: ¿Por qué no encuentro la pareja que quiero?

Mi abrazo infinito,

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

Hace unos días un amigo me contaba que quería hacer un cambio laboral y ante varias alternativas no sabía cuál elegir, ya que ninguna de ellas le “llenaba” lo suficiente. Esta cuestión le estaba tomando meses y meses sin entrar en acción. En ese momento mis pensamientos marchaban a mil por hora y me surgieron varias preguntas:

¿Por qué esa opción tenía que ser “perfecta”? ¿Por qué tenía que tenerlo tan, tan claro para lanzarse? ¿Y por qué le daba tanta importancia a la cuestión de elegir?

Y después de hacerle estas preguntas, surgió en mi mente una reflexión: nos educaron para elegir una profesión con una edad en la que apenas sabemos quiénes somos, ni mucho menos lo que queremos. Es absurdo pensar que con 15 o 20 años vamos a tener los mismos gustos, deseos y anhelos que tendremos con 40 o 60. Siempre estamos cambiando y en continua interacción con el mundo que nos rodea, que a su vez cambia constantemente. Quizá lo más lógico sería cambiar de profesión una, o incluso dos veces, a lo largo de nuestra vida.

De alguna manera, hemos sido educados para tomar decisiones que duren “toda la vida” (un trabajo para toda la vida, una pareja para toda la vida…), y probablemente este sea uno de los motivos por los que nos cuesta tanto elegir y por el que tenemos tanto miedo a equivocarnos. También ésta puede ser una de las razones de que busquemos la “perfección” para entrar en acción. Esperamos que llegue la “idea perfecta”, “el trabajo perfecto”, “la profesión ideal”, “la pareja perfecta”, “las condiciones perfectas”, etc. Y mientras esperamos que llegue todo eso tan perfecto e ideal se nos pasa la vida dejando escapar una oportunidad tras otra.

Es lógico pensar que no exista nada tan PERFECTO que lo sigamos queriendo y deseando durante el resto de nuestra vida.

Sí, estoy de acuerdo en que todas las decisiones que tomamos tienen consecuencias y es nuestra responsabilidad valorarlas y tenerlas en cuenta. Pero piensa que a excepción de unas pocas… casi todas nuestras decisiones ¡¡SE PUEDEN CAMBIAR!! Siempre tienes derecho a cambiar de opinión. Es tu vida y sólo tú decides sobre ella. Además, en muchas ocasiones y hasta que no vivimos realmente una situación, no sabremos si es la correcta, cómo nos sentiremos… ni qué resultados tendrá.

Olvida el concepto de “fracaso”, pues en cualquier caso habrás comprobado y tendrás claro lo que ya NO quieres. El fracaso siempre será no haberlo intentado.  Creo que es hora de quitar hierro y presión a un montón de dilemas existenciales (y no tan existenciales).

Guíate por tu intuición…, por lo que has aprendido hasta el momento y coloca encima de la mesa las opciones disponibles.  Piensa en cada una de ellas y visualiza cómo sería tu vida viviendo cada una de ellas. Elige la que mejor te haga sentir, teniendo en cuenta que no ha de ser para siempre y que, en cualquier caso, te aportará una experiencia valiosa.

Deja de ir «de puntillas» y de esperar a la opción “PERFECTA” porque nunca llegará… ¡lánzate con lo que ahora tienes delante! La vida pasa muy rápido y se lleva con ella cada oportunidad perdida… No te quedes pensando en «qué hubiera pasado si…». Una cosa está clara: si no te pones en marcha y pruebas… jamás lo sabrás…

Un abrazo infinito,

Más información aquí

¿Por qué no consigo lo que quiero? 2ª PARTE

Puedes leer la primera parte de este artículo aquí

¿Qué razones INCONSCIENTES podrían esconderse detrás del auto sabotaje?:

FALTA DE MERECIMIENTO.

En ocasiones puede ser que deseemos algo con todo nuestro Ser pero cuando estamos a punto de conseguirlo, de algún modo sentimos que no somos merecedores de ello y, por tanto, hacemos todo lo posible para que nuestro sueño se vuelva a alejar de nuevo. Quizás en algún punto nos sentimos culpables… o no terminamos de sentirnos a la altura

CARENCIA.

A veces le damos tantísima importancia a lo que deseamos, que sentimos que nuestra vida no puede tener sentido o ser PLENA sin que ese deseo se realice. Estar inmersos en la carencia sólo nos conducirá al lado opuesto de lo que queremos conseguir. Si nuestras emociones están más cercanas a la tristeza, frustración, insatisfacción, infelicidad, etc…. el Universo captará esa frecuencia vibratoria como si de un DIAL se tratara, y eso mismo es lo que nos devolverá.

GANANCIA ESCONDIDA.

Pudiera ser que aunque tengamos un deseo muy fuerte de adelgazar, curarnos, mejorar nuestra situación financiera, etc., encontramos un “placer escondido” situándonos en la QUEJA como una forma de llamar la atención sobre nuestro entorno, quizás pensando que, de este modo, obtendremos el cariño, la atención y el amor que estamos buscando en realidad. Este motivo es suficiente para no “mover un dedo” hacia el verdadero cambio.

RESISTENCIA AL CAMBIO – PERMANENCIA EN LA ZONA DE CONFORT.

Aunque la situación que vivamos sea indeseada, incómoda e incluso nos haga sufrir…, ya es una situación conocida. Todo lo que conocemos y que forma parte de nuestra rutina nos resulta cómodo. Nos cuesta mucho cambiar ya que lo desconocido nos da VÉRTIGO, nos pone en ALERTA…, nos da miedo “perder el control”, aunque sepamos que en verdad cumplir nuestro sueño puede mejorar de manera notable nuestra vida.

MIEDO.

Muchas de nuestras conductas están basadas en miedos inconscientes con respecto al disfrute del objeto de nuestro deseo. Quizá creemos que estamos abiertos al amor de pareja, pero cuando aparece la oportunidad REAL nuestros pensamientos y actitudes hacen que de algún modo (siempre muy lógico para nuestra mente consciente), terminen por arruinar esa oportunidad. Ten en cuenta que los miedos siempre son IRREALES y consecuencia de creencias erróneas que mantenemos en lo más profundo.

SISTEMA DE CREENCIAS.

Es inevitable hacer una revisión sobre las creencias que tenemos respecto a lo que queremos obtener. Por ejemplo, quizás tus creencias sobre el dinero y la gente que lo posee son tan negativas que te alejarás siempre de un modo u otro de esa situación «deseada». Si crees que la gente rica es egoísta, miserable o dañina… lógicamente tú no querrás convertirte en alguien así. Otro tipo de creencias tales como: “tener mucho dinero me complicará la vida porque no sabría gestionarlo”, “si tengo mucho dinero sólo me querrán por el interés”, etc., provocarán que el dinero huya de ti constantemente.

DESEOS «PRESTADOS»

A veces ocurre que no sabemos lo que queremos realmente, o quizás sí lo sabemos pero no es un deseo “nuestro”. Es decir, no está alineado con los verdaderos deseos de nuestra alma. Luchamos con todas nuestras fuerzas por conseguir algo, pero jamás obtenemos resultados. Y es que en el fondo eso NO es lo que verdaderamente deseamos en lo más profundo. Por tanto, siempre haremos o dejaremos de hacer “alguna cosa” para que aquello jamás termine de materializarse. Por ejemplo, muchas personas se han visto obligadas a perpetuar una profesión familiar generación tras generación sin preguntarse si era eso lo que de verdad deseaban. Otro caso típico es creer que deseamos determinadas cosas que sólo están en nuestra mente porque es lo que «hace todo el mundo», «lo que hicieron mis padres», «lo que hacen mis amigos», porque «las cosas deben ser así»… en definitiva, impuestas por la Sociedad y la gente más cercana a nosotros. Así que la única forma de escapar de ese futuro impuesto es meter la pata inconscientemente para que jamás llegue a realizarse.

FIDELIDAD FAMILAR

Conseguir cosas que nuestros seres queridos jamás han conseguido puede hacernos sentir que estamos “traicionándolos” de algún modo. El ser humano necesita sentir que pertenece a un “grupo o clan”, pero este grupo al que pertenecemos puede anclarnos en determinadas situaciones como una economía deficiente, matrimonios infelices y un sinfín de historias que inconscientemente nos hace repetir patrones como una forma de “fidelidad” hacia nuestro entorno más cercano. Piensa por un momento cómo reaccionaría tu gente si de repente te convirtieras en millonari@, disfrutaras de una pareja estupenda, etc.… ¿qué ocurriría con esas relaciones si de repente sacas “tus pies del tiesto”?

¿Y QUÉ PODEMOS HACER?

Una vez más aparece la palabra mágica: CONSCIENCIA. Si seguimos actuando con el «piloto automático», dormidos y sin darnos cuenta de lo que ocurre y el motivo por el que ocurre… seguirán repitiéndose los mismos patrones constantemente en nuestras vidas.

Repasa todos todos los puntos anteriores, sé sincer@ contigo mism@ y cuando sientas una «punzada» en el estómago al leer alguno o varios de ellos… detente, quizás estás dando con alguna CLAVE importante que puede hacer que tu vida COMIENCE A CAMBIAR… ¡ADELANTE!

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Un abrazo infinito,

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios – Parte 3

Puedes leer aquí la primera parte y aquí la segunda.

“Y llegó el retoño…”

Me sorprende que tantas y tantas parejas puedan llegar a ser padres simplemente porque es “lo que toca” (condicionamiento social), para “solucionar problemas”, para “llenar vacíos”, etc.

En mi opinión, ser padre/madre es una de las responsabilidades más grandes que pueden existir en la vida. Tal acontecimiento ha de ser contemplado de manera plenamente consciente y responsable. Seremos un vehículo a la vida para un ser que vendrá a expresar determinados dones y comportamientos. Hemos de ser conscientes de que un hijo será en principio un mero “repetidor” de nuestras creencias, pensamientos, emociones y modos de vida. Deberíamos, por tanto, hacer un gran ejercicio de introspección… ¿quiénes somos y por qué queremos tener un hijo? ¿Cómo vamos a educarle? ¿Qué valores son los que queremos transmitirle? ¿Podemos y queremos hacer frente a esta responsabilidad (emocional, económica…)? ¿Cómo vamos a compartirla? ¿A qué cosas tenemos que renunciar?…

En muchas ocasiones hay parejas que se rompen cuando los hijos hacen su aparición. Y es que lejos de pensar en que un hijo pueda solucionar los problemas, ocurre precisamente al contrario: un hijo pone en evidencia la relación que realmente existe entre los padres, así como su nivel de responsabilidad y compromiso. Cuestiones que han de estar bien claras antes de que este acontecimiento tenga lugar.

Por otro lado, la pareja puede disolverse entre los pañales… Es importante ser conscientes de este hecho, y es que los primeros meses serán absorbentes por parte del bebé, y la pareja tendrá poco tiempo para manifestarse como tal. Es importante plantear opciones que favorezcan los encuentros. Y, por supuesto, pasados los primeros meses recuperar y replantear la nueva situación entre la pareja.

Una vez más, planteémoslo como una opción que podemos elegir llevar a cabo o no, en pos de otros proyectos creativos…

“Me equivoqué…”

Ten en cuenta que lo único que perdura es el cambio. Tú cambias, tu pareja también. Con el paso del tiempo pueden variar los objetivos…, el crecimiento de uno de los cónyuges se dirige hacia un lugar a donde el otro no quiere ir…, el “nuevo yo” de tu pareja parece que ya no tiene mucho que ver contigo…

No pasa nada, contempla todo lo compartido, todo lo que has disfrutado, lo que has aprendido. Recuerda que la frase “hasta que la muerte nos separe”… ¡¡¡está obsoleta!!!

La frustración no tiene cabida cuando siempre puedes irte, cuando siempre puedes cambiar, cuando siempre eres libre de dejar aquello con lo que no te sientes feliz. Incluso si te casaste, incluso si pensaste que aquello podía durar toda la vida…

No existe el fracaso… solo el aprendizaje. No existe la equivocación… solo la experiencia.

…………

En definitiva y detrás de estos planteamientos, subyace mi intención de contemplar la pareja desde otra perspectiva quizás no tan convencional por un simple motivo: es evidente que el modelo de pareja que nos han transmitido nuestros padres y abuelos no está funcionando en la actualidad. Hemos cambiado y, por tanto, deberíamos establecer otro tipo de relaciones más acordes a nuestro modo de ser, pensar y vivir. Podemos elegir si queremos casarnos o no, si queremos convivir o no, si queremos llevar a nuestra pareja a los cumpleaños de nuestros amigos o no, si queremos tener hijos o por el contrario queremos viajar, desarrollar nuestras profesiones, etc.

Si encontrar una pareja es un tema “complejo” en tu vida, te invito a que respondas a las siguientes cuestiones:

¿Por qué quiero una pareja y para qué?

¿Por qué motivos podría NO desear tener pareja?

¿Cómo han sido mis parejas anteriores y cómo son las parejas que me rodean: padres, hermanos, amigos…?

¿Podría ser posible una relación “a mi medida” distinta de las que he tenido y contemplado?

¿Cómo tendría que ser esa relación para que yo me sintiera a gusto y feliz? ¿Qué cualidades debería tener la persona que busco para esa relación?

Cuando digo que quiero “crecer” en una pareja o que ésta ha de «sumar» en mi vida, ¿a qué me refiero exactamente?

¿Qué puede aportarme la pareja que no me ofrece otra cosa en la vida?

¿Siento que al tener pareja pierdo más que gano? ¿A qué cosas tendría que renunciar? ¿Por qué tendría que renunciar a ellas?

¿Quiero tener hijos? ¿Por qué? ¿Por qué no?

Ser sinceros con nosotros mismos, saber lo que queremos y ser consecuentes con ello es la verdadera clave. No todos deseamos lo mismo, por tanto, no todas las parejas deberían establecerse de igual modo… ¡¡SIÉNTETE LIBRE PARA INVERTAR LA TUYA!!

Ten por seguro que si tienes las cosas claras, atraerás a tu vida aquella persona que se ajuste a tu modo de contemplar las cosas. La confusión sólo atrae relaciones confusas, vagas e inconclusas que contribuirán a llenar tu experiencia amorosa de frustración y desencanto.

Mi abrazo infinito,

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios – Parte 2

Puedes leer la primera parte aquí

“Yo sé cómo es él/ella…”

En ocasiones puede ocurrir que damos por hecho la personalidad de nuestra pareja, damos por hecho que siempre estará a nuestro lado, o que reaccionará de determinada manera ante determinados acontecimientos…

Olvidamos que al igual que nosotros vamos cambiando y creciendo, nuestra pareja también lo hace constantemente. Sería ideal si nos ocupáramos de redescubrir cada día a esa persona que tenemos a nuestro lado. Enfocarnos en la idea de que podemos seguir sorprendiéndonos cada día por distintos aspectos de nuestra pareja nos aportará esa chispa que muchas veces se va perdiendo cuando pasa el tiempo.

En el lado menos positivo, podríamos evitar sorpresas del tipo “jamás pensé que pudiera hacer esto”, o “que engañad@ me tenía”. Ante una ruptura es frecuente escuchar este tipo de comentarios. Y es que nuestra mente, por una cuestión práctica, tiende a los pensamientos totalitarios en base a unos pocos datos. Conocemos a una persona durante un tiempo y ya creemos conocerla por completo, lo cual no es del todo cierto.

Prestemos atención y miremos cada día con ojos nuevos… todo cambia…

“Los amigos de mi pareja son mis amigos…”

Los amigos de tu pareja son sus amigos, la familia de tu pareja es su familia. Tú tienes tus amigos y tu familia. Y no tienen por qué mezclarse obligatoriamente.

Es lógico que a ti siempre te apetezca salir con tus amigos y estar con tu familia. Pero quizás a tu pareja no le apetezca tanto, o no todas las veces. Olvidemos que nuestra pareja sea un “pack indivisible” con un calendario de eventos por cumplir. Los compromisos que tú tengas o hayas adquirido con tu gente no tienen por qué arrastrar también a tu pareja. Piensa cuáles son los momentos en los que consideras importante que tu pareja esté a tu lado y los que quizás no lo sean tanto.

Ser flexible y practicar la empatía, (ponerse en el lugar del otro), es un regalo para cualquier relación que establezcamos. Dar la opción de que el otro elija, también a ti te da esa libertad. Piensa qué estupendo sería si no tuvieras que “comerte con patatas a la tía Juana” todos los domingos…

“Se casaron, fueron felices y comieron perdices…”

 Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Pues bien, el cuento no ha hecho más que empezar… Desde que somos niños nos hacen creer que el objetivo es “cazar a la presa” y que con esto ya está todo hecho. “Nos queremos y el amor puede con todo”…

Lo que sí puede «terminar» con toda pareja que se precie es dejarla a su suerte.

Piensa en cómo actúas con tus amigos o tus familiares. Sabes perfectamente que el mero vínculo de sangre o tener a un amigo en la lista telefónica no es suficiente para que esa relación prospere. Pues no comprendo por qué con la pareja se dejan las cosas en manos del “Amor. Como si éste fuera un señor todopoderoso que nos tocara cada día con una varita mágica y resolviera todos nuestros desencuentros.

La chispa, el misterio, la emoción… es algo que tenemos que trabajar si no queremos que el cuento termine mucho antes de lo que pensábamos. Cuida a tu pareja, diviértete, trabaja los detalles, respétala, sorpréndela, haz que la rutina no se apodere de ella. Una vez más te digo… no te equivoques pensando que esa persona va a estar ahí siempre. El “señor Amor” puede largarse cualquier día si lo le prestas atención.

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Tres divorcios por cada cuatro matrimonios – Parte 1

Nuestras madres y abuelas nos dicen que ya no aguantamos como antes. Y quizás tengan razón…. Pero en mi opinión no aguantamos porque una relación no hay que aguantarla, hay que DISFRUTARLA.

El compromiso es un acto que realizamos de forma consciente y elegida porque suponemos que nos va a aportar algo positivo. Nos comprometemos con un proyecto que nos ilusiona, con los amigos con quienes nos divertimos y compartimos libremente… Nos comprometemos con asistir al gimnasio, con la lectura de determinado libro, etc.

Pero ¿qué está ocurriendo con el compromiso sentimental? ¿Por qué se producen tantas rupturas? ¿Por qué tantas personas instaladas en la soltería? ¿Qué hay detrás de un compromiso sentimental que tanto nos echa para atrás o que no somos capaces de mantener a lo largo del tiempo?

Analicemos algunos aspectos:

“Y convivieron felices para siempre…”

Parece ser que si te enamoras y eres correspondido, llega un momento crucial en cualquier pareja en el que irremediablemente, (decidas o no pasar por la vicaría), has de convivir. Todos hemos experimentado la convivencia (no sólo en pareja), y sabemos que no es fácil. Hay personas que se adaptan más fácilmente, pero quizás haya otras que debido a su carácter les resulte más difícil.

La convivencia conlleva un desgaste diario que puede terminar con el amor más potente del mundo. Pero… ¿necesariamente hemos de convivir del modo que nos han contado? Porque quizás haya días en los que te apetezca estar con tu pareja y otros en los que no. Quizás haya noches en las que desees dormir en compañía, y otras noches no. Quizás algunos días  te apetece estar sol@ o en compañía de amigos y familiares. Y no creo que por este motivo vayas a querer menos a tu pareja.

Considero fundamental seguir manteniendo un cierto espacio de intimidad. Contemplar a tu pareja de “todas las formas posibles en todos los momentos del día”, puede ser algo que vaya apagando poco a poco la magia y el misterio.

Quizás ambos componentes puedan ponerse de acuerdo y convivir aportándose pequeños tiempos de “descanso”. O quizás los fines de semana puedan ser compartidos, y entre semana vivir cada uno en su casa. O tú en tu casa y yo en la mía y cuando nos apetezca y libremente compartimos vivienda. Es decir, no es descabellado el que ambos cónyuges sigan manteniendo sus domicilios y así tener un lugar en el que retirarse de vez en cuando…

En muchos casos es necesaria una mínima distancia desde la que surja el deseo de compartir. Un “empacho diario” no nos aporta el margen suficiente para que el deseo nazca y se renueve. Seguir manteniendo los momentos de soledad y los compartidos con nuestra gente nos enriquece…  y este hecho puede a su vez enriquecer a la pareja.

¡¡Sólo tienes esta vida!! Sentirte libre para elegir con quién quieres compartir tus momentos puede hacer cualquier pareja “eterna”, al poder contemplarla cada día como una opción y no tanto como una obligación con la que un día decidiste comprometerte…

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Enlace recomendado: ¿Por qué no encuentro la pareja que quiero?