Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

¿Somos adictos al drama?

¿Somos adictos al drama?

Estamos hartos de escuchar, leer y ver por todas partes que si queremos ver cambios en nuestro mundo externo, el primer cambio que deberíamos hacer es en nuestro mundo interno. Frases como “sé tú mismo el cambio que quieres ver en el mundo” … nos empujan a hacer lo que, efectivamente debemos hacer, y es decidirnos a CAMBIAR.

Pero ¿por qué nos cuesta tanto?

Primeramente, quiero hablaros de una de las leyes fundamentales del funcionamiento de nuestra mente. Y es el amor a lo conocido. Nuestra mente ama lo que es conocido, previsible, porque es controlable, porque lo puede manejar. 

Todo lo que sea desconocido, para nuestra mente es un peligro, una amenaza. Supone una cierta “pérdida de control”, y eso le asusta. Por tanto, la inercia siempre será llevarnos hacia lo que ya conocemos, por más que la situación que vivamos nos resulte incómoda, incluso dolorosa.

Y así nos ocurre, aunque nos duela la situación que estamos viviendo, este dolor es mucho menor que el de explorar una situación desconocida. Por este motivo solamente nos decidimos a cambiar cuando este dolor ya es muy insoportable y supera de alguna manera a ese miedo que supone una situación totalmente nueva para nosotros.

Una forma que tenemos de ir acercándonos a aquello que a día de hoy es desconocido para nuestra mente es la visualización. Si vamos practicando el vernos en aquel comportamiento, en aquella situación que hoy nos da miedo o nos incomoda, nos vamos acercando poco a poco, y vamos haciendo conocida esa situación a través de ciertas imágenes mentales. Nuestra mente no es capaz de diferenciar si esas imágenes son reales o no. Por tanto, irá normalizando la nueva situación.  De este modo, cuando nos disponemos a hacer cambios en nuestro día a día, nuestra mente no va a disparar esas alarmas de manera tan brutal.

Y una segunda causa que también es muy potente y que nos impide hacer los cambios que deseamos es la adicción que tenemos al drama

Te contaré mi caso personal para ilustrarte con un ejemplo, de este modo comprenderás lo que quiero transmitirte. Hace ya años viví una situación muy, muy dura…. Perdí a mi padre bastante joven, y a los dos meses de morir mi padre, a mi madre le diagnosticaron Alzheimer en grado 4 de 7. Después de aquello, permanecí durante unos años dedicada a su cuidado. Tuve que abandonar mi vida en todos los aspectos, porque el cuidado de una persona en esta situación es 24/7. No te voy a engañar, fue muy duro y pude experimentar en mi carnes lo que supone el síndrome del cuidador quemado. Este síndrome supone la vivencia de un cuadro de sintomatología muy compleja, tanto a nivel mental-emocional, como físico y conductual.

Esta situación se resolvió y pude recuperar mi Vida, pero aún así, durante un tiempo me sentía incapaz de remontar. De algún modo que no comprendía, me había quedado «enganchada» a ese papel de cuidadora y seguía experimentando todo ese cuadro de síntomas. Sí, quizá de forma más liviana, pero me sentía incapaz de salir de esa tristeza, de ese cansancio crónico… del aislamiento, de algunos síntomas físicos… 

En resumidas cuentas, me había construido una IDENTIDAD, y me había quedado atrapada en ese personaje. 

Seguía siendo esa cuidadora aun sin tener ya la necesidad de cuidar a mi madre. Mi mente estaba en el pasado y seguía actualizándolo y viviéndolo día a día en mi presente.

Aquella Diana entusiasta, alegre, optimista, con sentido del humor, lanzada, valiente… se quedó en nada, se fue… y en su lugar quedó una Diana encerrada en sí misma, en su desgracia, en el victimismo… y no encontraba la forma de salir de ese pozo.

¿Por qué ocurre esto?

Porque nos hemos convertido en ADICTOS AL DRAMA.

Cuando vivimos una situación dura, difícil y la hemos interpretado de una determinada manera, comenzamos a ELEGIR una serie de pensamientos que, repetidos a lo largo del tiempo, van creando en nuestro cerebro unos caminos neuronales  que crean como una especie de huella marcada, y no es otra cosa que conexiones que se han activado una y otra vez, una y otra vez… y que de tanto activarlas, ya lo hacen de manera automática

Por otro lado tenemos a nuestras amigas las emociones, resultado de los pensamientos… En realidad, ahora está en estudio la duda de si son antes los pensamientos y después las emociones, o al revés. De todas formas, comprenderás que exista esta duda con la siguiente explicación.

Supongamos que primero está un pensamiento, y que de él se deriva una emoción. ¿Por qué ocurre esto? Un pensamiento envía una señal química al cuerpo a través de neuropéptidos. El sistema endocrino recibe estas señales, y a través de sus glándulas, se generan hormonas. Si estamos pensando en una situación desagradable, si esos pensamientos son dramáticos, negativos, etc… obviamente, las hormonas que vamos a segregar son las hormonas del estrés: cortisol, adrenalina, etc.

Lo que ocurre es que la información también se produce al revés. El circuito se retroalimenta porque las células de nuestro cuerpo también envían señales al cerebro para decirle cómo se sienten, que normalmente es una confirmación de lo que se está cociendo a nivel cerebral. Es decir, si yo estoy pensando “mi vida es una mierda”, envío esta información a mis células, y mi cuerpo le responde a mi cerebro; sí, ok, nuestra vida es una mierda,… sigamos.

Por tanto, esta huella no solo se produce a nivel cerebral, sino también a nivel corporal. Todas nuestras células tienen memoria.

Pensamiento y emoción repetidos en el tiempo van generando una serie de conductas y creando un modo de ser, una INDENTIDAD.

Pero es que aquí no queda todo. Y es que nuestras células se han acostumbrado a recibir esa información determinada… han memorizado esas emociones y ya han pasado a formar parte del inconsciente, es decir, llega un momento en que todo esto es tan automático, que ya ni recordamos cuándo y ni cómo empezó. 

Ya no recordamos ese primer pensamiento, es decir, se ha convertido en un hábito, nuestras células se han vuelto adictas a estas sustancias químicas y para sentirse vivas… van a necesitar esa comidita que llevamos tanto tiempo ofreciéndolas… e incluso, cada vez van a necesitar estímulos más y más fuertes. Y estarás de acuerdo conmigo en que todo lo que tiene que ver con «emociones dramáticas», «pasión» y «sufrimiento»… resulta ser la mar de intenso y estimulante.

Sin darnos cuenta, nos hemos vuelto adictos a este círculo vicioso y, solamente, podremos salir de él cuando somos conscientes de lo que está ocurriendo.

Por este motivo, vamos a terapia, asistimos a multitud de cursos, leemos libros… pero el cambio no sucede. O comienza a suceder pero nos vemos incapaces de mantenerlo, porque nuestro cuerpo-mente se ha acostumbrado a vivir en un estado determinado, en una identidad determinada, y tira de hábitos. Y además, si privamos a nuestras células de estos pensamientos y emociones a los que ya se ha acostumbrado… van a sentir un síndrome de abstinencia. Nos van a pedir la comidita de antes, sin que nos demos cuenta.

Por eso, por más que intentamos cambiar, al final, caemos de nuevo en lo mismo.

Y si, además, esta identidad lleva mucho tiempo con nosotros, si ha sido construida desde la infancia, la toma de conciencia puede ser, quizá, un poco más confusa. 

Sin embargo, querido/a amigo/a, el cambio es posible, siempre podemos elegir crear un nuevo personaje, una nueva identidad que nos acerque cada día un poquito más a esa vida que queremos y deseamos construir. Y a la cual tenemos pleno derecho

No dejes de pasarte por mi Escuela, ya que a través de las distintas formaciones, podrás realizar este trabajo y muchos otros más. 

Aquí te dejo el enlace al vídeo de YouTube, donde explico todo lo anterior:

 Mi abrazo infinito,