Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

¡Me bloqueo cuando tengo que tomar una decisión!

Desde lo más sencillo como un par de zapatos, hasta llegar a aspectos significativos como pudieran ser la elección de un lugar donde vivir, un futuro profesional o sentimental…, el tener que elegir entre dos o varias opciones, puede llegar a ser para algunos individuos una situación bastante limitadora, e incluso generadora de gran ansiedad.

Partiremos de algunas de las afirmaciones que he ido escuchando al respecto, para intentar descubrir qué se esconde tras este bloqueo:

  • “Quiero hacerlo tan perfecto y ser tan perfect@… que al final no hago nada”. La mayor parte de las personas indecisas experimentan un alto nivel de exigencia que conlleva un estado permanente de duda y ansiedad, lo cual es lógico ya que es imposible alcanzar la perfección.
  • “No puedo equivocarme”. Pretender que las cosas sean perfectas, quizá esconda cierto grado de inseguridad y falta de auto – confianza. Ésta pudo ser ocasionada en el pasado debido a críticas demasiado duras, quizás fueron niños envueltos en un ambiente demasiado estricto, donde jamás los elogiaron ni reconocieron sus dones y talentos. Cuando únicamente pusieron el “ojo en sus fallos”, el crítico interno fue creciendo junto con el miedo al rechazo. Los niños premiados por ser “buenos”, y castigados por ser “malos”, aprenden que “no son dignos de amor si se equivocan”.
  • “Es mejor que otros tomen las decisiones, prefiero dejarme llevar”. Lo que en principio pudiera suponer un alivio, en el fondo va dejando un sentimiento residual de frustración porque una vez más no han sido capaces de tomar una decisión con seguridad y firmeza, que es lo que en verdad les hubiera gustado hacer. Seguir escapando de esos momentos incómodos dejando que otros los gestionen, les hará sentir cada vez más inseguros y, como una bola de nieve que a su paso va rodeándose de capas y capas, el bloqueo cada vez será más grande con cada nuevo enfrentamiento.
  • “Siempre pienso que las cosas se arreglarán solas, luego pierdo oportunidades por no haber actuado a tiempo”. La madurez, entre otros aspectos, implica tomar plena responsabilidad de nuestros actos y omisiones, así como de las consecuencias que de ellos se derivan. Quizás un exceso de protección experimentado en el pasado por parte de sus cuidadores, les eximió de tener que tomar pequeñas decisiones que, ya en la infancia, suponen pequeños “ensayos” al ponerse en contacto con el aprendizaje que supone la frustración. Esto posibilita como adultos, poder comprender y aceptar que la equivocación forma parte de la vida y del proceso normal de aprendizaje, facilitando el enfrentamiento a decisiones importantes con un adecuado y sano nivel de estrés.
  • “Será lo que tenga que ser”. He observado que en presencia de esta dificultad, muchas personas se refugian en un supuesto destino ineludible. Evitan sentirse protagonistas del suceso, intentando situar la responsabilidad en el destino, en cualquier ente espiritual, en el karma o en cualquier otro aspecto real o irreal que les haga sentir más tranquilos. Una vez más, encontramos cierto rechazo y/o miedo a aceptar responsabilidades.
  • “¿Y si me siento mal?”. También podemos encontrar cierta resistencia a las emociones negativas. Todo ello sigue siendo consecuencia del miedo al rechazo, a la responsabilidad, a la frustración…, y todo ello les sigue anclando a su zona de confort, evitando el riesgo todo lo posible.

Claves para el cambio:

  • Pretender alcanzar la opción perfecta es la primera “imperfección”. Toda decisión tendrá su cuota de pérdida. Valora con la mayor objetividad posible lo que ganas y pierdes con cada opción, pero ten en cuenta que siempre habrá algo que tendrás que dejar atrás o a lo que renunciar. Jamás existirá la opción que reúna la perfección total y absoluta. Puedes pedir a alguna persona de confianza que te ayude profundizar sobre los motivos que tienes para valorar las distintas opciones. Evita preguntar qué haría ella en tu lugar. Es importante que elijas tú mism@.
  • Comienza el entrenamiento con cosas sencillas y ve aumentando la complejidad. Todo el mundo se enfrenta a momentos de dudas e indecisión. No son situaciones agradables pero son pasajeras. Y es un verdadero descanso tomar decisiones de manera firme y segura. Además, cuantas más veces lo hagas, mayor seguridad en ti mismo sentirás.
  • Te recomiendo que pongas fecha a tu decisión, una fecha realista en la que sepas que no vas a perder una posible oportunidad.
  • Tienes derecho a equivocarte y además, es bueno para ti que lo hagas. Te darás cuenta de que no pasa nada, que habrás aprendido algo valioso y que tú mism@ sigues siendo valios@ aunque cometas errores… ¿dejarías de apreciar a un ser querido porque se equivoque? O ¿admirarías su coraje al actuar, equivocarse, fortalecerse, aprender y rectificar las veces que sean necesarias hasta alcanzar la meta que persigue?
  • Despide a tu crítico interno. Cuando te descubras juzgándote por haber hecho algo incorrecto, aprieta el botón “off”. Piensa qué le dirías a un amigo en el caso de encontrarse en tu situación. Recuerda siempre que tú eres tu mejor amig@, comienza a tratarte como tal.
  • No tomar una decisión también es una decisión. Aunque consigas evadirte y dejes a los demás, al destino o a la vida que decida por ti, también estás perdiendo y renunciando a algo. Valora el no tomar una decisión como otra opción más, con la consiguiente responsabilidad sobre las consecuencias. Ten en cuenta además, que en este caso habrás perdido algo más: una pequeña cuota de seguridad y confianza en ti mism@ al evitar el enfrentamiento.
  • La vida es un riesgo en sí misma. Piensa qué sería de la humanidad si nadie hubiera tomado ningún riesgo, si nadie se hubiera equivocado jamás. La zona de confort en realidad no es tan confortable, sólo es conocida… nada más. La naturaleza humana es curiosa y se dirige siempre hacia el deseo de mejorar su estado actual, hacia la evolución. La “seguridad” es una fantasía. Piensa que cualquier circunstancia imprevista también te puede arrebatar igualmente esa zona de confort.
  • Confía en ti, y en que sabrás gestionar los resultados de tu decisión. Piensa en los errores de tu pasado, en lo que aprendiste y en lo importantes que fueron para llegar a este momento. Dar la “vuelta al calcetín” te ayudará a sentir más seguridad de cara al futuro.
  • Piensa menos y siente más. Aprende a tomar decisiones prestando atención a las sensaciones de tu cuerpo. Entre éste y tu subconsciente hay una comunicación clara y directa, únicamente obstaculizada por tu mente y tus pensamientos. Valora racionalmente las opciones, los pros y los contras, y después pide respuestas a tu cuerpo. Siempre habrá alguna opción que te haga sentir mejor.

Fuerza y ¡adelante!

Perdona… pero mi respuesta es NO

Perdona... pero mi respuesta es NO

Perdona... pero mi respuesta es NO

Detrás de cada «no» que callamos se esconde la necesidad de ser aceptad@s y querid@s.

Todos hemos actuado así en alguna ocasión y no hay mayor problema si lo hacemos desde una actitud consciente: «lo hago esta vez por este motivo y para este resultado concreto».

El problema llega cuando se convierte en una costumbre y siempre o casi siempre colocamos las necesidades de los demás por delante de las nuestras. Será entonces cuando comiencen a llegar a nosotros sentimientos de frustración, desvalorización, enfado, etc. No queremos defraudar o disgustar a otr@, pero lo hacemos a costa de defraudarnos a nosotr@s mism@s… ¿merece la pena?

Comienza YA a ensayar tus «noes» desde la asertividad:

  • Ponte en el lugar del otro y piensa cómo te gustaría que te dieran una negativa a ti mism@ en esa situación concreta.
  • Habla de ti, de tus sentimientos y de lo que tú necesitas. No tienes que justificarte, pero en ocasiones es correcto dar una explicación.
  • Busca otras opciones que puedas proponer… quizá pueda existir un punto medio donde las dos partes tengan algo que ganar, aunque haya que ceder un poco.
  • Si la ocasión es propicia, termina tu exposición de forma positiva: agradece a la otra parte su sugerencia, o que haya pensado en ti, etc.

Una sana autoestima consiste en ser coherente con uno mismo. Comienza a respetarte y a ponerte en el primer puesto de tu lista de prioridades. Desde ese lugar te aseguro que podrás hacer mucho más por los demás, y será entonces cuando ganarás su respeto y aceptación.  No esperes que los demás te amen, te respeten y te acepten cuando tú mism@ no lo haces contigo. Recuerda… ¡todo comienza por ti!

Mi abrazo infinito,

 

¿Cómo puedo resolver mi ansiedad?

¿Cómo puedo resolver mi ansiedad?

¿Cómo puedo resolver mi ansiedad?

La ansiedad es esa emoción que nos hace huir hacia delante en busca de un «placer» que no encontramos en el momento presente.

En la imposibilidad de que el tiempo avance y nos lleve a ese lugar que buscamos absurdamente en un «futuro ideal«, tendemos a «parchear» nuestras necesidades presentes a través de comportamientos compulsivos: comida, bebida, tabaco, sexo, trabajo, deporte, etc.  Como es lógico, cualquier parche no es nada más que eso y, en consecuencia, lejos de calmar esa ansiedad, ésta puede ir en aumento ya que los motivos de su aparición siguen sin resolverse.

Bien, y ¿qué puedes hacer al respecto?

En primer lugar, no salgas corriendo. Por una vez deja de huir y de buscar compulsivamente ansiolíticos de «emergencia» y/o distractores que sigan adormeciendo tu conciencia. Aunque creas que te calman momentáneamente, la mayoría de ellos contribuirán a hacer que te sientas aún peor. El vacío se irá haciendo más grande con el paso del tiempo.

Toma consciencia. Saber reconocer una emoción es el primer paso para gestionarla. Observa: ¿Qué sientes exactamente? incomodidad, insatisfacción, miedo, falta de confianza…. desgrana la emoción y ponla en palabras. ¿Dónde la sientes? En el pecho, en el estómago, temblores, palpitaciones… repasa mentalmente todo tu cuerpo, sitúa la emoción y los síntomas relacionados.

Una vez que hayas tomado contacto plenamente contigo mism@, pregúntate cuál es el motivo real de esa incomodidad o insatisfacción:

– Puedes descubrir que la ansiedad estaba tapando otra emoción con la que no querías tomar contacto: tristeza, miedo, enfado… Si es así vuelve a tomar contacto con la «nueva» emoción y repite el proceso: ¿qué sientes exactamente, dónde lo sientes?

– Observa tu vida: ¿qué es lo que hay en ella que te ocasiona estas emociones? ¿de qué tratas de huir exactamente? ¿qué es lo que no te gusta de tu momento presente?

– Si pudieras cambiar algo, ¿qué sería? ¿cómo te gustaría que fuera tu vida? ¿qué es lo que necesitas realmente, qué es lo que te haría sentir bien? ¿hay algo que no te permites satisfacer? ¿por qué?

– Si te descubres queriendo cambiar algo que es imposible, la impotencia y la frustración no te llevarán muy lejos. Busca formas creativas de vivir el cambio y piensa que cualquier tipo de pérdida trae consigo la llegada de nuevas formas y caminos. Deja de luchar contra los acontecimientos y comienza a fluir con ellos hasta que la aceptación se haga presente. Piensa que el futuro será distinto pero puede ser aún mejor… recuerda que tú estás «al mando» y siempre puedes elegir. No eres una marioneta en manos del destino, toma acción y comienza a realizar los cambios oportunos.

Sea cual sea el origen de tu ansiedad, considérala bienvenida. Es el síntoma de que algo en tu vida no es como quisieras y será lo que te empuje a buscar otros caminos que te hagan sentir mejor.

La incomodidad del alma es lo que le lleva al ser humano a buscar nuevas formas de ampliar su consciencia y, por tanto, a seguir el camino de su inevitable crecimiento y evolución. Escúchate y comienza a sentir el reclamo y la libertad de un «nuevo YO» que pugna por salir a la superficie…

Fuerza y… ¡adelante!

 

¡Vivir sin complejos!

¡Vivir sin complejos!

¡Vivir sin complejos!

Puede ser que haya algo en tu imagen o en tu personalidad que no te guste demasiado.

Lo cierto es que todos, en mayor o menor grado, tenemos nuestros complejillos e inseguridades. Para muchas personas esto no supone un problema y son capaces de vivir una vida equilibrada a pesar de ell@s. Sin embargo, en una sociedad en la que constantemente se ensalza la perfección, esos “complejillos” pueden llegar a ocasionar un verdadero malestar. A veces incluso, puede llegar a condicionar determinadas parcelas de la vida como pueden ser las relaciones personales, las relaciones sociales, aspecto laboral, etc.

Y bien, ¿cómo podemos gestionar esas partes que rechazamos de nosotros mismos?

ACEPTACIÓN.

El primer paso es aceptar que la perfección no existe.

Puede que seas tímido o te sientas inseguro ante determinadas situaciones… Quizá no te gusta tu nariz, o tus piernas, o tu altura… Pues bien, cuando te sorprendas a ti mismo pensando en eso que no te gusta, comienza a repetirte: “soy fulanito y esta es mi nariz, o me siento inseguro, o tengo miedo… y me quiero a pesar de ello”. Hazlo de esta forma cada vez que te encuentres con algo que no te guste de ti.

Deja de luchar y de rechazar constantemente esos aspectos y admítelos como parte de ti. La propia lucha dará aún más energía e importancia a esas cuestiones que, en vez de desaparecer ante la lucha, crecerán ante tu visión “importante” de las mismas.

NO INTENTES OCULTARLO.

Cuando intentamos tapar o esconder lo que no nos gusta (sobre todo para que los demás no lo noten), podemos llegar a actuar de forma extraña. Sé coherente con la afirmación anterior y recuérdate que te quieres actuando de forma insegura. También te quieres aunque sientas miedo, y sigues queriéndote aunque no tengas un cuerpo perfecto.

Intentar convencerte de que eres un bellezón cuando estás lejos de serlo, o que eres una persona muy segura de sí misma cuando te están temblando las piernas… no funciona. Permítete ser imperfecto y sobre todo… piensa que tienes derecho a ser como eres.

POTENCIA LO QUE SÍ TE GUSTA.

Comienza por hacer un listado con tus cualidades y enfócate en ellas. Deja de prestar atención a lo que NO te gusta y pon atención en las cosas bonitas que sí tienes y que, por tanto, puedes desarrollar aún más.

Quizá te sientas tímido en muchas situaciones…, pero tienes un sentido del humor excelente. Trabaja en ello y comprobarás que si te enfocas en esa cualidad y dejas de prestar atención a tu timidez, ésta se irá evaporando por arte de magia.

Quizá no eres muy agraciado físicamente, pero eres una persona alegre y te encanta conversar y escuchar a los demás. Pon tu atención en esa forma de ser que te “sale de forma tan natural”… Entonces tu imagen se disolverá en el contacto con los demás.

SI PUEDES CAMBIAR ALGO… ¡HAZLO!

Ciertamente, hay aspectos que nos toca aceptar sin más porque forman parte de nuestra genética y/o nuestro carácter. Pero en ocasiones, podremos dar un paso más y cambiar algunas cosas porque está en nuestra mano y sabemos que nos hará sentir mejor y/o mejorará nuestra Vida.

Por ejemplo, podemos alimentarnos mejor para bajar de peso si eso es lo que queremos, o hacer deporte, lo que además contribuirá a mejorar nuestro estado de salud. También podemos consultar con un terapeuta que nos ayude a “limar” aspectos de nuestro carácter que nos dificultan determinados aspectos de nuestra vida.

Aun así, el simple hecho de aceptar y dejar de luchar contra nuestros defectos poniendo el foco en nuestras cualidades, puede ocasionar una gran transformación por sí mismo.

Tan perjudicial es situarse en un extremo autoindulgente: “me acepto y no necesito mejorar nada”, cuando en verdad estamos cerrando los ojos a los problemas; como encontrarse en la situación contraria: “no valgo nada, soy inútil, soy peor que…”.

El secreto consiste en situarse en una posición de equilibrio: “ni mejor ni peor que nadie, simplemente soy yo y trato de ser la mejor versión de mí mism@”.

Y si crees que tú sol@ no eres capaz de sentirte mejor, no dudes en pedir ayuda. Existen multitud de técnicas que pueden ayudarte: E.F.T.PSYCH-K®, etc. ACEPTARTE es el punto de partida para poder cambiar a mejor. Es hora de dar un paso adelante… ¡Te lo mereces!

Mi abrazo infinito,

El camino hacia una sana autoestima

El camino hacia una sana autoestima

El camino hacia una sana autoestima

Aceptarse… quererse… son conceptos que se escuchan frecuentemente en el mundo terapéutico. Pero… ¿Sabemos en qué consiste verdaderamente ACEPTARSE? ¿Cómo se hace “eso”? ¿Puede uno levantarse un día de la cama y decir: “me quiero y me acepto” pase lo que pase y le pese a quien le pese?

Cierto es que uno jamás deja de conocerse. Y CONOCERSE es tener la posibilidad de aceptarse. Y aceptarse lleva implícito el QUERERSE. Cuando uno se quiere es capaz de vivir la vida que desea en armonía con su entorno, es capaz de poner límites sanos en sus relaciones, obedece a sus necesidades, es capaz de compartir desde la independencia y el desapego, reconoce que es un ser único e irrepetible que llega a este mundo con unos talentos y unos dones que nadie más expresará del mismo modo… Sí, la verdadera autoestima comienza con el AUTOCONOCIMIENTO y el reconocimiento de nuestros límites y potencialidades.

Es fácil (en ocasiones no tanto) ver cuáles son nuestras cualidades, pero no es tan sencillo descubrir nuestros límites y fallos, darnos cuenta de nuestro lado más oscuro, lo que en psicología se denomina “la sombra”: aspectos de nuestra personalidad que tratamos de “barrer bajo la alfombra” porque no nos gustan y/o nos avergüenzan.

A veces no es agradable mirarse de frente con sinceridad…, sin embargo, no existe otro modo de crecer y dar pasos hacia delante. Cuando “sabes”, cuando te “das cuenta” comienzas a pulir el DIAMANTE que en verdad eres. Solo desde este lugar de plena consciencia puedes comenzar a realizar cambios. Es el momento de disolver los automatismos y convertirlos en acciones elegidas y conscientes que te dirigen hacia tu verdadero SER y lo que deseas experimentar en tu vida.

Puedes ampliar información aquí

Fuerza y ¡ADELANTE!

La delgada línea entre «aceptar lo que es» y «evadir los problemas»

La delgada línea entre "aceptar lo que es" y "evadir los problemas"

La delgada línea entre "aceptar lo que es" y "evadir los problemas"

«Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia» Reinhold Niebuhr

Sí, es cierto, somos seres humanos… imperfectos. Exigirnos en exceso y buscar constantemente la perfección puede hacernos vivir en un sufrimiento constante. Siempre habrá momentos en los que sintamos miedo, inseguridad, dudas… Nos equivocaremos muchas veces y es fundamental aprender a perdonarnos y a querernos a pesar de todo ello. Aplicar ciertas dosis de auto indulgencia es un mecanismo necesario para alcanzar una sana autoestima.

Sin embargo, situarnos en el otro extremo puede llegar a ser igualmente dañino y auto destructivo. Aceptarse significa ser consciente de que es imposible alcanzar la perfección. Pero prestemos atención ante alguna característica en nuestra personalidad o un comportamiento que genere consecuencias del tipo:

  • Nos hace sufrir en algún aspecto de nuestra vida.
  • Hace sufrir a personas de nuestro entorno.
  • Nos crea situaciones problemáticas.
  • Conlleva pérdidas de algún tipo: personas importantes para nosotros se alejan de nuestra vida, pérdida de empleo, de oportunidades, incapacidad de mantener relaciones afectivas sanas, etc.

En este caso ya no estamos ante un rasgo de nuestra personalidad que debamos aceptar y/o que los demás tengan que aceptar en nosotros. En este caso lo que deberíamos aceptar es que tenemos un asunto que resolver.

Esta falsa auto aceptación es muy frecuente detrás de una típica frase: «es que yo soy así y no puedo cambiar», mientras que en el fondo lo que subyace es una gran resistencia al cambio y una incapacidad para enfrentarse y resolver el verdadero problema.

Lo cierto es que todos nuestros comportamientos son aprendidos y elegidos. No nacimos «así«…, siempre podemos elegir cambiar determinados aspectos, y debemos hacerlo cuando el modo de comportarnos en cuestión genera sufrimiento y situaciones indeseadas (para ti o para las personas que te rodean). Insistir en tapar lo que está suponiendo un problema en nuestras vidas…, pensar que se resolverá solo como por arte de magia…, puede dificultarnos en alto grado nuestro camino. Los problemas no desaparecen porque «miremos para otro lado», más bien ocurre al contrario: cuanto más insistamos en negarlos, más grandes se harán con el paso del tiempo.

Si la Vida te pone delante cualquier tipo de inconveniente no es porque quiera ensañarse contigo, tómalo como un reto, una oportunidad para subir un escalón en tu crecimiento y evolución. Deja de parapetarte tras un falso «todo está bien en mí, yo soy así», «es el mundo el que está en mi contra», y ponte manos a la obra. Las situaciones conflictivas que constantemente te rodean, son un reflejo de un conflicto que aún no has resuelto en tu interior. Si crees que no puedes tú sol@… busca ayuda, para eso estamos los profesionales.

La Vida es un continuo reinventarse, y para hacerlo no queda más remedio que desprenderse de todos aquellos comportamientos que aprendiste en el pasado y que ahora ya están caducos y obsoletos. Termina con lo que ya no sirve y ¡DECÍDETE A BRILLAR! ¡Será entonces cuando tu Vida BRILLE CONTIGO!

Fuerza y ¡ADELANTE!

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

Hace unos días un amigo me contaba que quería hacer un cambio laboral y ante varias alternativas no sabía cuál elegir, ya que ninguna de ellas le “llenaba” lo suficiente. Esta cuestión le estaba tomando meses y meses sin entrar en acción. En ese momento mis pensamientos marchaban a mil por hora y me surgieron varias preguntas:

¿Por qué esa opción tenía que ser “perfecta”? ¿Por qué tenía que tenerlo tan, tan claro para lanzarse? ¿Y por qué le daba tanta importancia a la cuestión de elegir?

Y después de hacerle estas preguntas, surgió en mi mente una reflexión: nos educaron para elegir una profesión con una edad en la que apenas sabemos quiénes somos, ni mucho menos lo que queremos. Es absurdo pensar que con 15 o 20 años vamos a tener los mismos gustos, deseos y anhelos que tendremos con 40 o 60. Siempre estamos cambiando y en continua interacción con el mundo que nos rodea, que a su vez cambia constantemente. Quizá lo más lógico sería cambiar de profesión una, o incluso dos veces, a lo largo de nuestra vida.

De alguna manera, hemos sido educados para tomar decisiones que duren “toda la vida” (un trabajo para toda la vida, una pareja para toda la vida…), y probablemente este sea uno de los motivos por los que nos cuesta tanto elegir y por el que tenemos tanto miedo a equivocarnos. También ésta puede ser una de las razones de que busquemos la “perfección” para entrar en acción. Esperamos que llegue la “idea perfecta”, “el trabajo perfecto”, “la profesión ideal”, “la pareja perfecta”, “las condiciones perfectas”, etc. Y mientras esperamos que llegue todo eso tan perfecto e ideal se nos pasa la vida dejando escapar una oportunidad tras otra.

Es lógico pensar que no exista nada tan PERFECTO que lo sigamos queriendo y deseando durante el resto de nuestra vida.

Sí, estoy de acuerdo en que todas las decisiones que tomamos tienen consecuencias y es nuestra responsabilidad valorarlas y tenerlas en cuenta. Pero piensa que a excepción de unas pocas… casi todas nuestras decisiones ¡¡SE PUEDEN CAMBIAR!! Siempre tienes derecho a cambiar de opinión. Es tu vida y sólo tú decides sobre ella. Además, en muchas ocasiones y hasta que no vivimos realmente una situación, no sabremos si es la correcta, cómo nos sentiremos… ni qué resultados tendrá.

Olvida el concepto de “fracaso”, pues en cualquier caso habrás comprobado y tendrás claro lo que ya NO quieres. El fracaso siempre será no haberlo intentado.  Creo que es hora de quitar hierro y presión a un montón de dilemas existenciales (y no tan existenciales).

Guíate por tu intuición…, por lo que has aprendido hasta el momento y coloca encima de la mesa las opciones disponibles.  Piensa en cada una de ellas y visualiza cómo sería tu vida viviendo cada una de ellas. Elige la que mejor te haga sentir, teniendo en cuenta que no ha de ser para siempre y que, en cualquier caso, te aportará una experiencia valiosa.

Deja de ir «de puntillas» y de esperar a la opción “PERFECTA” porque nunca llegará… ¡lánzate con lo que ahora tienes delante! La vida pasa muy rápido y se lleva con ella cada oportunidad perdida… No te quedes pensando en «qué hubiera pasado si…». Una cosa está clara: si no te pones en marcha y pruebas… jamás lo sabrás…

Un abrazo infinito,

Más información aquí

¿Por qué no consigo lo que quiero? 2ª PARTE

¿Por qué no consigo lo que quiero? 2ª PARTE

¿Por qué no consigo lo que quiero? 2ª PARTE

Puedes leer la primera parte de este artículo aquí

¿Qué razones INCONSCIENTES podrían esconderse detrás del auto sabotaje?:

FALTA DE MERECIMIENTO.

En ocasiones puede ser que deseemos algo con todo nuestro Ser pero cuando estamos a punto de conseguirlo, de algún modo sentimos que no somos merecedores de ello y, por tanto, hacemos todo lo posible para que nuestro sueño se vuelva a alejar de nuevo. Quizás en algún punto nos sentimos culpables… o no terminamos de sentirnos a la altura

CARENCIA.

A veces le damos tantísima importancia a lo que deseamos, que sentimos que nuestra vida no puede tener sentido o ser PLENA sin que ese deseo se realice. Estar inmersos en la carencia sólo nos conducirá al lado opuesto de lo que queremos conseguir. Si nuestras emociones están más cercanas a la tristeza, frustración, insatisfacción, infelicidad, etc…. el Universo captará esa frecuencia vibratoria como si de un DIAL se tratara, y eso mismo es lo que nos devolverá.

GANANCIA ESCONDIDA.

Pudiera ser que aunque tengamos un deseo muy fuerte de adelgazar, curarnos, mejorar nuestra situación financiera, etc., encontramos un “placer escondido” situándonos en la QUEJA como una forma de llamar la atención sobre nuestro entorno, quizás pensando que, de este modo, obtendremos el cariño, la atención y el amor que estamos buscando en realidad. Este motivo es suficiente para no “mover un dedo” hacia el verdadero cambio.

RESISTENCIA AL CAMBIO – PERMANENCIA EN LA ZONA DE CONFORT.

Aunque la situación que vivamos sea indeseada, incómoda e incluso nos haga sufrir…, ya es una situación conocida. Todo lo que conocemos y que forma parte de nuestra rutina nos resulta cómodo. Nos cuesta mucho cambiar ya que lo desconocido nos da VÉRTIGO, nos pone en ALERTA…, nos da miedo “perder el control”, aunque sepamos que en verdad cumplir nuestro sueño puede mejorar de manera notable nuestra vida.

MIEDO.

Muchas de nuestras conductas están basadas en miedos inconscientes con respecto al disfrute del objeto de nuestro deseo. Quizá creemos que estamos abiertos al amor de pareja, pero cuando aparece la oportunidad REAL nuestros pensamientos y actitudes hacen que de algún modo (siempre muy lógico para nuestra mente consciente), terminen por arruinar esa oportunidad. Ten en cuenta que los miedos siempre son IRREALES y consecuencia de creencias erróneas que mantenemos en lo más profundo.

SISTEMA DE CREENCIAS.

Es inevitable hacer una revisión sobre las creencias que tenemos respecto a lo que queremos obtener. Por ejemplo, quizás tus creencias sobre el dinero y la gente que lo posee son tan negativas que te alejarás siempre de un modo u otro de esa situación «deseada». Si crees que la gente rica es egoísta, miserable o dañina… lógicamente tú no querrás convertirte en alguien así. Otro tipo de creencias tales como: “tener mucho dinero me complicará la vida porque no sabría gestionarlo”, “si tengo mucho dinero sólo me querrán por el interés”, etc., provocarán que el dinero huya de ti constantemente.

DESEOS «PRESTADOS»

A veces ocurre que no sabemos lo que queremos realmente, o quizás sí lo sabemos pero no es un deseo “nuestro”. Es decir, no está alineado con los verdaderos deseos de nuestra alma. Luchamos con todas nuestras fuerzas por conseguir algo, pero jamás obtenemos resultados. Y es que en el fondo eso NO es lo que verdaderamente deseamos en lo más profundo. Por tanto, siempre haremos o dejaremos de hacer “alguna cosa” para que aquello jamás termine de materializarse. Por ejemplo, muchas personas se han visto obligadas a perpetuar una profesión familiar generación tras generación sin preguntarse si era eso lo que de verdad deseaban. Otro caso típico es creer que deseamos determinadas cosas que sólo están en nuestra mente porque es lo que «hace todo el mundo», «lo que hicieron mis padres», «lo que hacen mis amigos», porque «las cosas deben ser así»… en definitiva, impuestas por la Sociedad y la gente más cercana a nosotros. Así que la única forma de escapar de ese futuro impuesto es meter la pata inconscientemente para que jamás llegue a realizarse.

FIDELIDAD FAMILAR

Conseguir cosas que nuestros seres queridos jamás han conseguido puede hacernos sentir que estamos “traicionándolos” de algún modo. El ser humano necesita sentir que pertenece a un “grupo o clan”, pero este grupo al que pertenecemos puede anclarnos en determinadas situaciones como una economía deficiente, matrimonios infelices y un sinfín de historias que inconscientemente nos hace repetir patrones como una forma de “fidelidad” hacia nuestro entorno más cercano. Piensa por un momento cómo reaccionaría tu gente si de repente te convirtieras en millonari@, disfrutaras de una pareja estupenda, etc.… ¿qué ocurriría con esas relaciones si de repente sacas “tus pies del tiesto”?

¿Y QUÉ PODEMOS HACER?

Una vez más aparece la palabra mágica: CONSCIENCIA. Si seguimos actuando con el «piloto automático», dormidos y sin darnos cuenta de lo que ocurre y el motivo por el que ocurre… seguirán repitiéndose los mismos patrones constantemente en nuestras vidas.

Repasa todos todos los puntos anteriores, sé sincer@ contigo mism@ y cuando sientas una «punzada» en el estómago al leer alguno o varios de ellos… detente, quizás estás dando con alguna CLAVE importante que puede hacer que tu vida COMIENCE A CAMBIAR… ¡ADELANTE!

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Un abrazo infinito,

 

¿Por qué no consigo lo que quiero?

¿Por qué no consigo lo que quiero?

¿Por qué no consigo lo que quiero?

Quizás en alguna ocasión te hayas hecho esta pregunta… quizás existe algo en tu vida que parece que se te resiste… algo que deseas y por más que hagas no consigues alcanzar… Te daré una buena noticia (al menos para mí lo es). Sinceramente, no creo que tengas «mal de ojo», ni que Dios se haya olvidado de ti. Quizás la respuesta se encuentra mucho más cerca de ti de lo que puedas imaginar…

¿Has pensado que puedes ser tu mism@ el/la que esté actuando en contra de ese deseo? ¿Sabes lo que es el AUTO SABOTAJE?

Yo lo definiría como todo aquello que hacemos y que está en contra de lo que deseamos y proclamamos conscientemente. Sería algo así como ir a la frutería cuando lo que queremos comprar verdaderamente es pescado. Pondré algunos ejemplos:

  • Una persona está deseando un puesto de trabajo en una determinada empresa. Hace todo lo posible por entrar en ella y consigue una entrevista. Ese día se duerme y no llega a tiempo. O si llega, se pone tan nervioso y mete tanto la pata que al final le descartan como opción.
  • Alguien desea adelgazar y decide comenzar una dieta. A los pocos días le invitan a una fiesta y después de comer todo lo que “no está escrito”, se siente culpable y la abandona porque no tiene fuerza de voluntad.
  • Una persona desea llevar a cabo un proyecto personal: aprender algo nuevo, independizarse, montar su propio negocio…, pero pasan los días y jamás da un primer paso. O si lo hace, termina por abandonarlo casi antes de haberlo comenzado en serio.
  • Otra persona desea tener una pareja pero cuando encuentra a alguien que le gusta y con quien puede establecerla, su mente se llena de pretextos (no cumple sus “fantasiosas” expectativas, no es el momento adecuado, etc.).
  • Alguien sabe que para sanar en cualquier aspecto de tu vida debería llevar a cabo determinadas conductas, o hacer cambios en su estilo de vida. Y eso nunca ocurre, sigue sintiéndose mal pero continúa con sus hábitos de siempre, sin hacer nada de lo que sabe que tendría que hacer para cambiarlo.

Estas actitudes no parecen tener mucho sentido… ¿por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? Parece ser que nuestra mente consciente desea algo específico, pero nuestro modo de actuar nos aleja constantemente de aquello que supuestamente anhelamos.  Bien, podríamos dividir nuestra mente en dos parcelas: consciente e inconsciente.

  • La mente consciente es lo que conocemos, sabemos y nos contamos sobre nuestra propia personalidad, sobre los demás y también sobre cualquier asunto de la vida. En definitiva es lo que sabemos y aceptamos con respecto a todo lo anterior. Desde la mente consciente proclamamos nuestros deseos y anhelos.
  • La mente inconsciente es lo que se denomina la “sombra”. Es fácil adivinar por qué… precisamente es en este “lugar” donde escondemos todos los aspectos de nosotros mismos y de la vida que NO queremos ver porque no nos gustan, nos avergüenzan o nos atemorizan. También es en este lugar donde se esconden los aspectos de nuestra personalidad que desconocemos, así como los modos de contemplar el mundo que nos rodea y que igualmente son desconocidos para nosotros.

Pues bien, detrás de este tipo de actitudes contradictorias es el inconsciente el que verdaderamente se está manifestando. Tu mente consciente proclama a voz en grito que desea HACER, SER o TENER cualquier cosa… pero si pasa el tiempo y no consigues realizar cambios efectivos en tu vida, quizás sea buena idea que comiences a hacer averiguaciones sobre esa parte de ti “desconocida” u “oculta”.

En un próximo artículo veremos lo que puede esconderse detrás de esta actitud auto saboteadora… sigue leyendo

Un abrazo infinito,

 

¿Qué quieres ser de mayor?

¿Qué quieres ser de mayor?

¿Qué quieres ser de mayor?

Ayer me encontré con una película que me hizo soltar alguna lagrimilla (eso no es nada raro, ya que una es muy sentida), pero que también me hizo reflexionar sobre el modo en que creamos nuestra vida.

La película en cuestión, “El chico”, cuenta la vida de un asesor de imagen (Bruce Willis), algo amargado, irritable, con falta de empatía y un poco alejado de sus emociones. De repente llega a su vida un niño que resulta ser él mismo cuando contaba con la edad de 8 años. Tras la sorpresa inicial y el posterior rechazo hacia ese niño que él quería olvidar, no le queda más remedio que convivir con él unos días. El niño le observa y no le gusta lo que ve, ya que no tiene nada que ver con lo que él quiere ser de mayor.

Como es de suponer, el protagonista va conectando poco a poco con ese niño y con todo lo que había olvidado. Redescubre sus sueños en los que quería ser piloto, tener una familia y un perro. También descubre el motivo de su desconexión emocional…

En ese momento pensaba en que me encantaría encontrarme con esa niña un día de estos. Quisiera que me contara qué es lo que quiere ser de mayor, cuáles son sus sueños, sus esperanzas…  Quisiera volver a conectar con la magia y la fantasía, con esos deseos puros y limpios, libres de todo prejuicio y miedo.

Cuando somos niños aún no estamos tan contaminados por lo que está bien o mal, por lo que es o no posible, por lo que debe o no debe ser… simplemente nos dedicamos a jugar, a vivir día a día, soñando y sintiendo lo que sentimos sin plantearnos si es correcto o deja de serlo. Y precisamente es en la infancia cuando nuestros dones se despliegan en todo su potencial…, cuando estamos más cerca de nuestra esencia…, de nuestra alma.

¿En qué momento nos perdimos? ¿Cuándo ocurrió ese punto de inflexión? ¿Cuándo cambiaron nuestros sueños?

En un momento de la película, el protagonista le cuenta la situación a una amiga, y esta le contesta: “nuestros sueños de niños eran ser astronauta o bailarina, pero al final hacemos lo que podemos”.

¿Por qué entramos en ese juego? Nos dirigen, nos forman y nos aborregan para que sirvamos a un sistema que nos hace infelices y desgraciados, que nos hace alejarnos de nuestra esencia, de nuestra individualidad, originalidad y espontaneidad. Un sistema que nos aleja de nuestro Ser más profundo y de los verdaderos deseos de nuestra alma, aquellos por los que estamos aquí y por los que somos únicos e irrepetibles.

Vamos dejando de cumplir nuestros sueños quizá para cumplir los deseos de otros… Hacemos lo que se espera de nosotros, pero no lo que vinimos a hacer.

Si sientes que estás perdid@, que tu vida no es aquello que deseabas…, nunca es tarde para buscar lo que te apasiona… Da un paseo por tu infancia… ¿a qué jugabas, qué era lo que te gustaba hacer, qué soñabas para tu futuro como adulto, en qué cosas destacabas fácilmente…?

Recupera esa conexión, invita a tu niño olvidado a visitarte y deja que te cuente…

Mi abrazo infinito,