Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

¿Por qué cerramos el corazón al amor?

¿Por qué cerramos el corazón al amor?

¿Por qué cerramos el corazón al amor?

Hace unos días me encontré con un momento “clave” que puede formar parte del pasado sentimental de muchas personas. Ocurrió durante una terapia, y me refiero a ese momento en el que tras una pérdida o ruptura, y una vez que se produce la aceptación, la persona comienza a buscar dentro de sí misma el aprendizaje de la experiencia.

¿Y por qué digo que es un momento clave?

  • Primero, porque es el momento de tomar una decisión. Siempre elegimos la enseñanza que el acontecimiento ha supuesto para nosotros y nuestra vida.
  • Porque en base a esta decisión se configura una creencia que luego tomaremos como una realidad, y que pasará a formar parte de nuestro comportamiento y futuras reacciones, en todas las situaciones similares que nos acontezcan en el futuro.

 ¡Fijaos qué momento tan importante!

Pongamos que es una chica de 30 años de edad y que acude a terapia por una situación de ruptura sentimental. Durante algunas sesiones se trabaja la pérdida, y llega el momento al que me refiero. Un día me cuenta que se ha encontrado casualmente con su ex. Esta fue la conversación: (Negrita= Terapeuta):

¿Cómo te sentiste al verle? Me sorprendió encontrármelo… Enfadada.

¿Enfadada con quién? Con él, por haberme “sustituido” tan rápidamente. Conmigo, por haberle dejado pasar.

 No te ha sustituido, ha seguido haciendo su vida. Además,  fuiste tú quien se alejó. Cierto, sé que no tengo derecho a sentirme así. Él actuó bien.

No es cuestión de bien o mal, ni de tener derecho. Pero en todo caso, fuiste tú quien decidió alejarse. Sí, eso es verdad. Pensé que las cosas se arreglarían solas o que volvería, como hacía siempre.

Ya sabes que las cosas no se arreglan solas. La mayoría de las veces hay que intervenir. Ha pasado más de un año… ¿por qué no continuas con “tu vida” igual que hace él? Siento que jamás voy a poder confiar en nadie más. Y no sé si merece la pena “meterme en ese jardín” otra vez. Igual es mejor estar sola.

¿Por qué? Porque no puedes fiarte de nadie. Porque si luego ocurre lo mismo… ¿para qué? Estaría bien tener un regulador emocional y así elegir el nivel de amor que quieres sentir. Si no sientes tanto, no sufres luego tanto. Total, si me va a pasar lo mismo… la felicidad se acaba.

Si esta es tu conclusión sobre esta pérdida… siento decirte que no has aprendido nada. Eres una víctima. Sí que he aprendido… (Pensando)…. Es verdad, tienes razón.

No hay nadie ahí fuera que quiera “machacarte”. Todo lo que ocurre es para tu crecimiento o para tu destrucción. Pero eres tú quien elige dónde se quiere situar. Así que no quieres volver a tener pareja. Hombre…, echo de menos muchas cosas. Hay una dualidad en mí: mi corazón quiere una pareja, pero mi mente me dice que es muy difícil y que no vale la pena el esfuerzo.

 Dime, en qué te basas para sacar la conclusión de que no puedes confiar, ¿sientes que te han traicionado? ¿El te traicionó? No, en absoluto.

Entonces no es cuestión de confianza… ¿cuál es la cuestión? Pues no sé, pienso que es difícil confiar otra vez…(Pensando)… Creo que la convivencia en pareja es difícil y lleva mucho esfuerzo, todo el mundo lo dice.

Pero tú no la has experimentado. No sabes lo que será para ti. No, pero todo el mundo lo dice.

Y si todo el mundo dice que te tires por un puente, ¿te tiras? Eso es una excusa, ¿cuál es el motivo? (Pensando…) Creo que es difícil que alguien te acepte con todas tus manías.

Las parejas que siguen unidas se aceptan a pesar de esas “manías” de cada uno. Y no pasa nada, eso es el amor. Claro, la cuestión es que siempre pasábamos ratos cortos, y así todo está muy bien. Es cómodo y es fácil mantener una pose. Pero dar ese paso…

¿Por eso te alejaste? Sí, después de tantos años había que plantearse cosas.

¿Y cuál es el miedo a dar ese paso? (Pensando)… Que si convivía conmigo tendría que aguantarme…. Tenía miedo a decepcionarle, que descubriera que no soy perfecta (momento en el que aparecen las lágrimas).

Él tampoco lo es. Nadie es más que nadie. Yo siempre le he visto perfecto, superior a mí.

Porque ves en él las cosas que no eres capaz de ver en ti. Proyectamos lo “malo” de nosotros en los demás, pero también lo “bueno”. Si lo vemos en otro (sea bueno o malo), es porque está en nuestro interior. Visto así…

 Y en todo caso, si creías que él era “demasiado” para ti, tuviste durante muchos años la oportunidad de “ponerte a su altura”. La vida te ofreció esa oportunidad. Y en vez de aprender a desarrollar esas partes de ti que te gustaban de él y subir un escalón, decidiste abandonar. Es verdad.

Y no solo eso, sino que encima de haber tomado esta actitud, te sientes tú la víctima. Cierto…, pues sí que estaba equivocada.

Estabas haciendo una lectura errónea. Y bien, después de esta conversación, ¿Cómo ves la situación? Debería haber aprovechado y aprender a ser un poco como él en las cosas que me gustaban. Tenía miedo a decepcionarle y antes de que eso ocurriera, era mejor irme.

¿Crees que es difícil que alguien te quiera tal y como eres? Si.

 ¿Puede ser que tú no te quieras tal y como eres? (Pensando…) Pues será que no del todo.

Y mirándolo ahora desde la distancia, ¿hubieras actuado de otra forma? Me hubiera arriesgado. La verdad es que merecía la pena. Si hubiera sabido lo que ahora sé…

Entonces… ¿Qué harás en el futuro? Poco a poco, intentaré abrirme.

 ¡Te lo mereces!

El “problema” en este caso ya estaba localizado: una falta de auto-aceptación, que nos ocuparíamos de resolver a partir de ese momento. Todo ello estaba propiciando que esta chica se empezara a contar “una historia” errónea sobre lo sucedido.

Es igual lo que ocurra: que nos dejen, nos traicionen, nos ignoren, etc.… ¡El problema nunca es el otro! Es más fácil culpar a las circunstancias, o a los demás… Es más fácil sentirnos víctimas de la situación y colocar la responsabilidad lo más lejos posible de nosotros. Todo para evitar MIRARNOS y tratar de comprender cuál es el verdadero problema. Repito, el otro sólo es un espejo… solo nos refleja lo que somos incapaces de ver en nosotros.

Es frecuente que se produzca este procedimiento ante desilusiones y/o rupturas sentimentales:

Dolor.

Busco culpables fuera (las circunstancias, el otro me ha hecho esto, o no ha hecho lo de más allá…)

Victimismo (pobre de mí, me han hecho daño)

Creencias erróneas

Cierro mi corazón (auto-castigo)

Me instalo en el sufrimiento (herida que permanece abierta y pasa a formar parte de la «mochila vital»).

Esta lectura errónea trata de evitar la mirada hacia nuestra verdadera responsabilidad. Pero como en el fondo intuimos que nosotros también tenemos nuestra parte de la misma, este sentimiento (sin gestionar de manera adecuada), se transforma en culpabilidad soterrada. Y como «me siento culpable» me auto-castigo del modo: no me volveré a enamorar, es peligroso entregarse, las relaciones son difíciles, jamás podré confiar, tengo que protegerme… Por otro lado, el hecho de que alguien haya decidido no querernos, puede hacernos pensar que no somos dignos de amor.

Obviamente, toda esta clase de pensamientos de auto-castigo implican una falta de amor hacia uno mismo. Cuando nos amamos nos abrimos al amor, nos sentimos merecedores de que nos amen y podemos reinterpretar los acontecimientos de forma sana, tomando responsabilidad en lo acontecido, y aprendiendo lo que la situación ha venido a enseñarnos. Nunca hay víctimas ni verdugos, solo experiencias que tratan de hacernos CRECER. Por este motivo, el miedo a entregarse en el futuro desaparece… ya que confiamos en nosotros mismos y en la Vida.

En resumidas cuentas, realmente creo que si la conclusión sobre una historia sentimental que termina… es cerrar el corazón, es que no hemos aprendido nada.

Enlace recomendado: ¿Por qué no encuentro la pareja que quiero?

Mi abrazo infinito,

Aprende a identificar las causas metafísicas de tus síntomas físicos

Aprende a identificar las causas metafísicas de tus síntomas físicos

Aprende a identificar las causas metafísicas de tus síntomas físicos

En pleno auge de la terapia de descodificación biológica, nos encontramos con multitud de información, así  como diccionarios que tratan de ofrecernos orientaciones precisas con respecto a los síntomas y enfermedades que padecemos.

Sin embargo, a veces un exceso de información puede confundirnos ya que seguimos permaneciendo “fuera”, en lugar de prestar atención a lo que realmente nos ocupa. Cada persona y cada caso han de ser estudiados de manera independiente y, aunque la bibliografía al respecto pueda ofrecernos pistas, no podemos dejar de hacernos las preguntas pertinentes para descubrir nuestros propios motivos.

Vivimos en un mundo dual donde no existe la luz sin la sombra, y en esa búsqueda constante de “la luz” nos olvidamos de aceptar “la sombra” como parte de la Vida y como parte integrante de nuestra UNIDAD.

Por tanto, la enfermedad o el síntoma llegan a nuestra vida como una expresión inconsciente en nuestro cuerpo físico, de aquellas partes que no hemos podido o no hemos sabido aceptar. Observando la cuestión desde este punto de vista, podemos llegar a proclamar que la enfermedad nos ofrece la oportunidad de SANAR y RESOLVER, ya que al aceptar lo que hemos reprimido o rechazado, podemos recuperar el EQUILIBRIO perdido.

Y bien, ¿Cómo podemos participar en nuestro proceso curativo?

Momento en el que aparece.

Es importante el momento en el que se presenta el síntoma o el acontecimiento (accidente, golpe, etc.). ¿Qué pensamientos y emociones estaban teniendo lugar en el momento de su aparición? ¿Ocurrió algo, alguna noticia, algún suceso significativo?

Intenta hacer memoria de ese momento, puede darte muchísima información.

Atención al síntoma.

No es lo mismo un dolor agudo, sordo, punzante, ardor, inflamación… Por ejemplo, cualquier clase de inflamación o –itis suele reflejar enfado o ira reprimidos. ¿Cómo describes tu síntoma? Si no puedes asociar de inicio una emoción al tipo de dolor o molestia, observa que clase de emociones te provoca o te despierta cuando se presenta.

Lugar donde se localiza.

No es lo mismo que se sitúe en una mano, que en el estómago o en las articulaciones. ¿Para qué sirve esa zona de tu cuerpo? ¿Qué funciones realiza? ¿Qué significa para ti? De esta forma podemos asociar de una manera más fidedigna, porque aunque la fisiología sea común para todos, una lesión de muñeca no va a significar lo mismo para un futbolista que para un masajista.

Prohibición.

Muchos síntomas nos prohíben hacer determinadas cosas: ir a trabajar, realizar una tarea específica, etc. Observa qué es lo que te prohíbe realizar tu sintomatología. Normalmente, aquello que nos prohíbe hacer, representa deseos ocultos y que no nos permitimos satisfacer. Si no quiero ir a una fiesta a la que me han invitado, es más fácil no asistir si me escudo detrás de un resfriado que decir que “no” simple y llanamente.

Obligación.

Por otro lado, a veces nuestros síntomas nos obligan a hacer las cosas que en el fondo estamos “deseando” y que no nos permitimos satisfacer, como puede ser descansar, dejar que nos cuiden, obtener atención y un cariño que no nos atrevemos a pedir, etc…

En otras ocasiones, nuestros síntomas nos obligan a realizar cambios más importantes y trascendentales. Y pueden suponer desde un cambio de hábitos de vida más saludables (ejercicio físico, alimentación, etc.), hasta determinadas conductas como salir de nuestra zona de confort y atrevernos a hacer algo que tememos.

Responsabilidad.

La enfermedad o el síntoma han aparecido en este momento simplemente porque es el momento de enfrentar los cambios que supone su aparición. Asumir la responsabilidad supone:

Tomar conciencia – Aceptación – Acción

Conocer y darse cuenta de lo que ha venido a enseñarnos la enfermedad no es suficiente, el proceso de tomar conciencia y aceptar no sirve de nada si todo ello no supone un modo distinto de ACTUAR o COMPORTARSE.

“La enfermedad siempre es una crisis y toda crisis exige una evolución. La enfermedad quiere conducirnos a zonas nuevas, desconocidas y no vividas”.  DETHLEFSEN, Thorwald y  DAHLKE, Rüdiger: “La enfermedad como camino”

Últimas recomendaciones.

La medicina convencional lleva muchos años estudiando la enfermedad con ciertos resultados exitosos. Utilicemos el sentido común y no abandonemos ningún tratamiento médico si así nos ha sido prescrito. La “pastilla” no es la única solución pero sí puede ofrecernos alivio mientras estudiamos los motivos que se esconden tras la situación que vivimos.

Por desgracia aún no se ha encontrado la terapia óptima que garantice una curación de forma total y absoluta. Si así fuera, supongo que ya hubiésemos tenido conocimiento de ella. Por este motivo, creo que se va haciendo cada vez más necesaria la aplicación de una ATENCIÓN INTEGRAL donde el ser humano pueda ser contemplado a todos los niveles, sin descartar previamente ninguna forma de terapia.

En definitiva, no creo que la solución sea elegir una forma de terapia y eliminar otra, sino que, por el contrario, podemos sumarlas y de esta forma reunir la mayor cantidad de herramientas que se encuentran a nuestro alcance, para así aumentar las posibilidades de alcanzar la curación.

Mi abrazo infinito,

Es hora de soltar lastre y… ¡avanzar!

Es hora de soltar lastre y... ¡avanzar!

Es hora de soltar lastre y... ¡avanzar!

El dolor es natural e inherente al ser humano. Procede del inventario de pérdidas que sufrimos a lo largo de nuestras vidas, y también a consecuencia de las interpretaciones que hacemos sobre lo que observamos en nuestra experiencia vital. Sea como sea y proceda de donde proceda debemos darle cabida y salida, comprendiendo que su aparición en nuestras vidas tiene un propósito y un sentido

Sin embargo, a veces ocurre que no sabemos gestionarlo y pasa a quedarse “enquistado”, pudiendo ocasionar el padecimiento de enfermedades y síntomas físicos por un lado; o el ingreso a un progresivo estado mental de continuo malestar. En este caso ya no hablamos de dolor: el sufrimiento ha hecho acto de presencia en nuestra vida.

¿Cómo puedes detectar que tu vida se ha quedado anclada en el sufrimiento?

  • Amargura.

Vives el día a día con normalidad, pero siempre hay en ti un trasfondo de tristeza. Hay una sensación de angustia y malestar latente, que puede emerger ante cualquier contratiempo de la vida diaria, elevando ese nivel de malestar a una intensidad que es desproporcionada con respecto al suceso que estás experimentando en el presente.

  • Victimismo y queja.

En tus conversaciones es frecuente sacar a colación los motivos de tu sufrimiento. Para ti son razones “de peso”, incluso a veces puedes llegar a considerarte un ser desgraciado y susceptible de lástima. Por otro lado, todas las soluciones que te proponen jamás te sirven. Te niegas a recibir ayuda porque sientes que tus motivos son importantes y muy reales para sentirte como te sientes. Y ante eso… “no se puede hacer nada”.

  • Aislamiento.

En el extremo contrario de la queja, quizá tiendes a poner distancia entre tu persona y el resto del mundo. La actitud de victimismo es la misma, solo que no la expresas. En ambos casos la persona está pendiente únicamente de sí misma, concediéndose excesiva importancia y situándose en el ombligo del mundo como la más desgraciada. En este caso, tampoco pides ayuda por “no molestar”, incluso crees que no la necesitas o que lo que te digan no te hará sentir mejor.

  • Pesimismo.

Eres incapaz de sentirte bien con todo lo bueno que hay en tu vida en este momento. Sí, eres capaz de enumerar todas las cosas positivas, pero no son suficientes para hacerte sentir bien… las negativas tienen un enorme peso y son mucho más importantes para ti.

  • Tu mente está en el pasado.

Muchas de las razones de tu malestar se encuentran en el pasado. Pérdidas, rupturas, etc., que hace años que ocurrieron y siguen activas en tu mente como el primer día.

  • Pérdida de rumbo.

No tienes claro lo que deseas en tu futuro y/o no hay nada que te motive. No encuentras un propósito o la esperanza te ha abandonado.

  • Miedos.

La mala gestión de tus situaciones dolorosas del pasado te han hecho mirar hacia el futuro con temor, ante la posibilidad de que te vuelva a ocurrir lo mismo. El miedo es un recuerdo de dolor que se proyecta al futuro. Esto hace que te conviertas en un ser retraído, cerrado, incapaz de abrirte a nuevas experiencias similares a las acontecidas.

  • Incapacidad de volver a ser feliz.

Puede ser que tengas miedo a ilusionarte o a sentirte bien de nuevo, no vaya a ser que la vida te vuelva a dar otro “susto”. Desde luego, si hay un Dios ahí arriba solamente ha puesto el ojo en ti y definitivamente te ha cogido manía.

  • Resistencia.

Sientes que tu vida es horrorosa y que no te mereces que te haya ocurrido todo aquello. Sigues “peleando” con el mundo, envuelt@ en un sentimiento de rabia e injusticia. Sin duda, la vida de los demás es mucho mejor que la tuya.

Ahora recuerdo que allá por mis 13 o 14 años escuché una conversación entre los “mayores” haciendo inventario de sus dolores y desgracias… ¡A cuál más desdichado! Parecía que hasta competían por ser el peor. Por aquel entonces no podía comprender cómo era posible que no alcanzaran a ver la vida como yo la veía: divertida, excitante, emocionante y llena de cosas por explorar y alcanzar.

Ahora ya de adulta recuerdo esta conversación…, y sí, entiendo por qué se sentían así… porque todo lo que no dejas ir, lo cargas. Y todo lo que cargas… te pesa. Y todo lo que te pesa… ¡termina por hundirte!

“Aquellos que no aprenden nada de los hechos desagradables de sus vidas, fuerzan a la consciencia cósmica a que los reproduzcan tantas veces como sea necesario para aprender lo que enseña el drama de lo sucedido. Lo que niegas te somete. Lo que aceptas, te transforma” Carl Gustav Jung.

Todos hemos vivido y quizá vivamos experiencias desagradables en nuestras vidas. Pero si seguimos llenando la mochila de “agravios vitales” sin resolver, llegará un momento en que esta mochila va a pesar demasiado y no vamos a poder más con ella. Entonces será ella la que pueda con nosotros. Es hora de soltar lastre y… ¡avanzar!

Fuerza y… ¡adelante!

Cuidar de nuestros padres… una tarea compleja

Cuidar de nuestros padres... una tarea compleja

Cuidar de nuestros padres... una tarea compleja

Debido a la multitud de casos que encuentro en mi consulta, hoy quiero hablaros de un tema que no me resulta nada fácil abordar. Aun así considero necesario hacerlo, puesto que la vida de muchas personas resulta afectada por esta problemática. Tanto más compleja cuanto mayor es el nivel de dependencia de los padres que están a su cuidado.

En las antiguas civilizaciones los ancianos eran venerados y muy respetados, ya que en ellos residía la gran sabiduría de la vida. Actuaban como consejeros situándose en un lugar privilegiado, y convirtiéndose así en un gran apoyo para los jóvenes dentro de comunidad.

En nuestra sociedad, los mayores se comportan de forma muy distinta. Quizás al final de nuestra vida se “nos ve el plumero” y nuestros últimos días tienen bastante que ver con el modo en que hemos vivido: el cuidado que le hayamos dado a nuestro cuerpo, a nuestra psique, la gestión de nuestras emociones, el olvido de nuestra parte trascendental o más profunda…

Todo ello junto con la creencia en una vida de sufrimiento y enfermedad, el miedo y el evitamiento de la muerte…, quizá nos hace convertirnos en ancianos enfermos, dependientes y seniles condenados a sufrir regresiones a la infancia, en un intento de huir de nuestro momento presente, y cuyos comportamientos están más cercanos a los de un niño, que a aquellos sabios ancianos de la antigüedad.

Por otro lado, he de decir que es natural y un deber de los padres el cuidar a sus hijos, procurándoles las herramientas necesarias para convertirles en seres independientes y autosuficientes. Pero que los hijos cuiden de los padres… NO es lo natural. Y quiero explicar esta afirmación, ya que entiendo que para algunos puede resultar “chocante”.

Imaginaos si todos nosotros nos viéramos en la situación de tener que sacrificar nuestras vidas en pos del cuidado de nuestros padres. Obviamente, llegaría un momento en el que la supervivencia de la especie estaría en grave peligro.

He encontrado varios casos (de hombres y mujeres), en los que después de haber fallecido sus padres se despertaron un día…, con una edad “madura” y… completamente SOLOS. De repente se dan cuenta de que han sacrificado la creación de su propia familia por cuidar y acompañar a sus padres hasta el final de sus días… Incluso he podido ver casos de “sustitución del cónyuge fallecido”: personas que se comportan con sus padres del modo en que lo haría la pareja desaparecida, o del modo en que ell@s se comportarían con sus parejas.

Dejando a un lado los “edipos” y “electras” del mundo… también hay casos en los que habiendo construido una familia, ésta se coloca en un segundo plano y se deja “a su suerte”, ocasionando verdaderos problemas debido a su desatención.

También hay situaciones en los que son varios los aspectos de la vida que quedan limitados: el desarrollo de la propia familia, el aspecto laboral, sueños personales, etc.

Repito, si estas situaciones fueran lo natural… la vida se extinguiría.

¿Quiere decir esto que debemos abandonar a nuestros padres? ¡¡Por supuesto que no!!

Cada caso es un mundo y debe ser tratado de manera personalizada, pero considero que hay ciertas pautas que podríamos tener en cuenta en estos casos:

  • Lo primero que jamás has de olvidar es que estás aquí para desarrollar tu vida de forma PLENA. Y ni siquiera tus seres más queridos tienen el derecho de arrebatártela. Es más, si te aman deberían apoyarte y no obstruirte… Las relaciones familiares pueden ser tanto o más tóxicas que el resto y, en ocasiones incluso lo más sano es alejarnos, sobre todo si nuestra salud física y/o mental está en riesgo, o nuestra vida de repente se transforma en una carga difícil de llevar.
  • Si tus padres se comportan como niños, tendrás que tratarlos como a niños. Igual que ponemos límites a nuestros pequeños y les decimos que NO para educarlos, del mismo modo tendremos que actuar con nuestros mayores. Cariño, compañía y ayuda… . Sacrificar tu vida… NO.
  • Cuidado con las manipulaciones. Muchas enfermedades y dolencias (incluidas las seniles), pueden ser mecanismos (¡ojo!, en su mayoría inconscientes), para manipular al entorno y tenerlo siempre a disposición. Hazte respetar y te respetarán.
  • No entres en la pena, ni mucho menos en la CULPA. Tus padres eligieron libremente su vida, tomaron sus decisiones y tú no eres responsable de sus consecuencias. Solo eres responsable de las tuyas. Que esa “pena” en todo caso comience por ti. Y en cuanto a la culpa, ten en cuenta que es una de las emociones más tóxicas que puedes llegar a sentir y, sobre todo, la que da vía libre a la manipulación. Cuando un@ se siente culpable, busca siempre un “castigo”, y este puede ser auto infringido en forma de auto sabotajes varios, o a través del otro dejándonos manipular. Entrar en el juego culpa-manipulación-culpa puede ser algo peligroso que termine con tu paz y tu libertad.
  • Cuenta con tus herman@s. Ellos también son sus padres y la tarea debería ser repartida a partes iguales. Porque uno tenga familia, otro no, quizás alguno viva con ellos, etc.,… no tiene que hacerse más o menos cargo. Lo mejor es tener una conversación sincera, y que tod@s entiendan que cada uno tiene derecho a hacer su vida al 100%, independientemente de las circunstancias presentes. El derecho a elegir el futuro debe ser igual para todos.
  • Si eres hij@ únic@ o tus herman@s se desentienden claramente, tendrás que pedir ayuda y/o asesoramiento. Busca información, terapeutas, lugares donde puedas acudir, incluso ayuda de otros familiares, amigos que hayan pasado por tu situación… siempre hay opciones, busca y encontrarás.
  • Esta situación, al igual que cualquier otra de tu vida, te aporta un aprendizaje. No te olvides de preguntarte “para qué” te encuentras en esta circunstancia y disponte a llevar a cabo las acciones que la situación te obligue a realizar. Nada llega a tu vida como una maldición sino como una oportunidad de desarrollo y sanación.
  • Busca el equilibrio, no se trata de darlo todo por tus padres o darlo todo por ti. Habrá ocasiones en las que tengas que colocar tus prioridades por delante, y otras en las que tus padres te llevarán la delantera. Pero ten siempre presente que en el punto medio se encuentra la virtud.
  • Si tienes la posibilidad, intenta comunicarte con tus padres y explicarles la situación y los motivos por los que haces las cosas.

No te dejes llevar por las circunstancias y gestiona esta situación con plena conciencia. Y sobre todo, no te abandones a ti mism@, por no abandonar a tus padres. Estoy segura de que ellos siguen queriendo lo mejor para ti, y en su “sano juicio” comprenderían tu comportamiento.

Paciencia, fuerza y … ¡adelante!

Mi día libre de pensamientos positivos

Mi día libre de pensamientos positivos

Mi día libre de pensamientos positivos

En un momento de furor de la psicología positiva y los pensamientos ídem, parece fuera de lugar tener un día o, ni siquiera un instante, en el que podamos ejercer nuestro derecho a sentirnos mal…

Por si no tuviéramos bastante con toda la presión cultural y social: ser un buen profesional, tener éxito, dinero, viajar…, ser buen padre/madre, amigo, hijo…, tener la salud perfecta, la pareja perfecta, la familia feliz, una imagen impecable…

Por si todo esto no fuera suficiente…, además tenemos que estar siempre alegres y agradecidos, ser compasivos y comprensivos, amarnos mucho, aceptar todo lo que ocurre, no juzgar a nada ni a nadie, ser valientes, empáticos, buscar la felicidad en nuestro interior, sentirnos en paz, perdonar a todo y a todos, trascender el ego

Ufff, ¡qué estrés!

Sinceramente, hay días en los que me apetece pegar cuatro patadas a todos los libros de crecimiento personal, coaching y psicología positiva que me encuentro, y convertirme en una asesina en serie, en un alma en pena o en una loca de atar.

Pues sí…, a veces me siento triste, insegura, tengo miedo, me enfado y grito, me equivoco y me siento mal por ello, no tengo dinero y me molesta, tengo mil dudas, no aguanto a mi jefe y le daría una patada en la espinilla, me enfado con mi madre, me enfado con el mundo y pienso que la vida es injusta (por no decir “una mierda”).

Pues sí…, tengo días en los que cogería “los trastos” y dejaría todo y a todos para largarme muy muy lejos, cambiarme de nombre y raparme el pelo al cero.

Si no tuviera un EGO con todo lo que ello implica… quizás viviría en otra dimensión, quizá con un aura dorada… quizá con alas gigantes…, quizá sintiendo paz y amor infinitos.

Pero resulta que tengo un cuerpo físico que duele y se enferma, que envejece y tiene sus límites.

Resulta que tengo una mente más o menos desordenada con un montón de programas inconscientes que puedo tardar mil vidas en descubrir.

Resulta que tengo emociones muy feas que me resulta incómodo expresar en este mundo “políticamente correcto”.

Resulta que soy humana…

Y también soy todo esto… al igual que tú.

Y de vez en cuando, en el ejercicio de mi libertad… reivindico el derecho a vivir… ¡MI DÍA LIBRE DE PENSAMIENTOS POSITIVOS!

¿Te apuntas?

El camino hacia una sana autoestima

El camino hacia una sana autoestima

El camino hacia una sana autoestima

Aceptarse… quererse… son conceptos que se escuchan frecuentemente en el mundo terapéutico. Pero… ¿Sabemos en qué consiste verdaderamente ACEPTARSE? ¿Cómo se hace “eso”? ¿Puede uno levantarse un día de la cama y decir: “me quiero y me acepto” pase lo que pase y le pese a quien le pese?

Cierto es que uno jamás deja de conocerse. Y CONOCERSE es tener la posibilidad de aceptarse. Y aceptarse lleva implícito el QUERERSE. Cuando uno se quiere es capaz de vivir la vida que desea en armonía con su entorno, es capaz de poner límites sanos en sus relaciones, obedece a sus necesidades, es capaz de compartir desde la independencia y el desapego, reconoce que es un ser único e irrepetible que llega a este mundo con unos talentos y unos dones que nadie más expresará del mismo modo… Sí, la verdadera autoestima comienza con el AUTOCONOCIMIENTO y el reconocimiento de nuestros límites y potencialidades.

Es fácil (en ocasiones no tanto) ver cuáles son nuestras cualidades, pero no es tan sencillo descubrir nuestros límites y fallos, darnos cuenta de nuestro lado más oscuro, lo que en psicología se denomina “la sombra”: aspectos de nuestra personalidad que tratamos de “barrer bajo la alfombra” porque no nos gustan y/o nos avergüenzan.

A veces no es agradable mirarse de frente con sinceridad…, sin embargo, no existe otro modo de crecer y dar pasos hacia delante. Cuando “sabes”, cuando te “das cuenta” comienzas a pulir el DIAMANTE que en verdad eres. Solo desde este lugar de plena consciencia puedes comenzar a realizar cambios. Es el momento de disolver los automatismos y convertirlos en acciones elegidas y conscientes que te dirigen hacia tu verdadero SER y lo que deseas experimentar en tu vida.

Puedes ampliar información aquí

Fuerza y ¡ADELANTE!

La delgada línea entre «aceptar lo que es» y «evadir los problemas»

La delgada línea entre "aceptar lo que es" y "evadir los problemas"

La delgada línea entre "aceptar lo que es" y "evadir los problemas"

«Señor, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar aquellas que sí puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia» Reinhold Niebuhr

Sí, es cierto, somos seres humanos… imperfectos. Exigirnos en exceso y buscar constantemente la perfección puede hacernos vivir en un sufrimiento constante. Siempre habrá momentos en los que sintamos miedo, inseguridad, dudas… Nos equivocaremos muchas veces y es fundamental aprender a perdonarnos y a querernos a pesar de todo ello. Aplicar ciertas dosis de auto indulgencia es un mecanismo necesario para alcanzar una sana autoestima.

Sin embargo, situarnos en el otro extremo puede llegar a ser igualmente dañino y auto destructivo. Aceptarse significa ser consciente de que es imposible alcanzar la perfección. Pero prestemos atención ante alguna característica en nuestra personalidad o un comportamiento que genere consecuencias del tipo:

  • Nos hace sufrir en algún aspecto de nuestra vida.
  • Hace sufrir a personas de nuestro entorno.
  • Nos crea situaciones problemáticas.
  • Conlleva pérdidas de algún tipo: personas importantes para nosotros se alejan de nuestra vida, pérdida de empleo, de oportunidades, incapacidad de mantener relaciones afectivas sanas, etc.

En este caso ya no estamos ante un rasgo de nuestra personalidad que debamos aceptar y/o que los demás tengan que aceptar en nosotros. En este caso lo que deberíamos aceptar es que tenemos un asunto que resolver.

Esta falsa auto aceptación es muy frecuente detrás de una típica frase: «es que yo soy así y no puedo cambiar», mientras que en el fondo lo que subyace es una gran resistencia al cambio y una incapacidad para enfrentarse y resolver el verdadero problema.

Lo cierto es que todos nuestros comportamientos son aprendidos y elegidos. No nacimos «así«…, siempre podemos elegir cambiar determinados aspectos, y debemos hacerlo cuando el modo de comportarnos en cuestión genera sufrimiento y situaciones indeseadas (para ti o para las personas que te rodean). Insistir en tapar lo que está suponiendo un problema en nuestras vidas…, pensar que se resolverá solo como por arte de magia…, puede dificultarnos en alto grado nuestro camino. Los problemas no desaparecen porque «miremos para otro lado», más bien ocurre al contrario: cuanto más insistamos en negarlos, más grandes se harán con el paso del tiempo.

Si la Vida te pone delante cualquier tipo de inconveniente no es porque quiera ensañarse contigo, tómalo como un reto, una oportunidad para subir un escalón en tu crecimiento y evolución. Deja de parapetarte tras un falso «todo está bien en mí, yo soy así», «es el mundo el que está en mi contra», y ponte manos a la obra. Las situaciones conflictivas que constantemente te rodean, son un reflejo de un conflicto que aún no has resuelto en tu interior. Si crees que no puedes tú sol@… busca ayuda, para eso estamos los profesionales.

La Vida es un continuo reinventarse, y para hacerlo no queda más remedio que desprenderse de todos aquellos comportamientos que aprendiste en el pasado y que ahora ya están caducos y obsoletos. Termina con lo que ya no sirve y ¡DECÍDETE A BRILLAR! ¡Será entonces cuando tu Vida BRILLE CONTIGO!

Fuerza y ¡ADELANTE!

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

¿Por qué nos cuesta tanto tomar decisiones?

Hace unos días un amigo me contaba que quería hacer un cambio laboral y ante varias alternativas no sabía cuál elegir, ya que ninguna de ellas le “llenaba” lo suficiente. Esta cuestión le estaba tomando meses y meses sin entrar en acción. En ese momento mis pensamientos marchaban a mil por hora y me surgieron varias preguntas:

¿Por qué esa opción tenía que ser “perfecta”? ¿Por qué tenía que tenerlo tan, tan claro para lanzarse? ¿Y por qué le daba tanta importancia a la cuestión de elegir?

Y después de hacerle estas preguntas, surgió en mi mente una reflexión: nos educaron para elegir una profesión con una edad en la que apenas sabemos quiénes somos, ni mucho menos lo que queremos. Es absurdo pensar que con 15 o 20 años vamos a tener los mismos gustos, deseos y anhelos que tendremos con 40 o 60. Siempre estamos cambiando y en continua interacción con el mundo que nos rodea, que a su vez cambia constantemente. Quizá lo más lógico sería cambiar de profesión una, o incluso dos veces, a lo largo de nuestra vida.

De alguna manera, hemos sido educados para tomar decisiones que duren “toda la vida” (un trabajo para toda la vida, una pareja para toda la vida…), y probablemente este sea uno de los motivos por los que nos cuesta tanto elegir y por el que tenemos tanto miedo a equivocarnos. También ésta puede ser una de las razones de que busquemos la “perfección” para entrar en acción. Esperamos que llegue la “idea perfecta”, “el trabajo perfecto”, “la profesión ideal”, “la pareja perfecta”, “las condiciones perfectas”, etc. Y mientras esperamos que llegue todo eso tan perfecto e ideal se nos pasa la vida dejando escapar una oportunidad tras otra.

Es lógico pensar que no exista nada tan PERFECTO que lo sigamos queriendo y deseando durante el resto de nuestra vida.

Sí, estoy de acuerdo en que todas las decisiones que tomamos tienen consecuencias y es nuestra responsabilidad valorarlas y tenerlas en cuenta. Pero piensa que a excepción de unas pocas… casi todas nuestras decisiones ¡¡SE PUEDEN CAMBIAR!! Siempre tienes derecho a cambiar de opinión. Es tu vida y sólo tú decides sobre ella. Además, en muchas ocasiones y hasta que no vivimos realmente una situación, no sabremos si es la correcta, cómo nos sentiremos… ni qué resultados tendrá.

Olvida el concepto de “fracaso”, pues en cualquier caso habrás comprobado y tendrás claro lo que ya NO quieres. El fracaso siempre será no haberlo intentado.  Creo que es hora de quitar hierro y presión a un montón de dilemas existenciales (y no tan existenciales).

Guíate por tu intuición…, por lo que has aprendido hasta el momento y coloca encima de la mesa las opciones disponibles.  Piensa en cada una de ellas y visualiza cómo sería tu vida viviendo cada una de ellas. Elige la que mejor te haga sentir, teniendo en cuenta que no ha de ser para siempre y que, en cualquier caso, te aportará una experiencia valiosa.

Deja de ir «de puntillas» y de esperar a la opción “PERFECTA” porque nunca llegará… ¡lánzate con lo que ahora tienes delante! La vida pasa muy rápido y se lleva con ella cada oportunidad perdida… No te quedes pensando en «qué hubiera pasado si…». Una cosa está clara: si no te pones en marcha y pruebas… jamás lo sabrás…

Un abrazo infinito,

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¿Por qué no consigo lo que quiero? 2ª PARTE

¿Por qué no consigo lo que quiero? 2ª PARTE

¿Por qué no consigo lo que quiero? 2ª PARTE

Puedes leer la primera parte de este artículo aquí

¿Qué razones INCONSCIENTES podrían esconderse detrás del auto sabotaje?:

FALTA DE MERECIMIENTO.

En ocasiones puede ser que deseemos algo con todo nuestro Ser pero cuando estamos a punto de conseguirlo, de algún modo sentimos que no somos merecedores de ello y, por tanto, hacemos todo lo posible para que nuestro sueño se vuelva a alejar de nuevo. Quizás en algún punto nos sentimos culpables… o no terminamos de sentirnos a la altura

CARENCIA.

A veces le damos tantísima importancia a lo que deseamos, que sentimos que nuestra vida no puede tener sentido o ser PLENA sin que ese deseo se realice. Estar inmersos en la carencia sólo nos conducirá al lado opuesto de lo que queremos conseguir. Si nuestras emociones están más cercanas a la tristeza, frustración, insatisfacción, infelicidad, etc…. el Universo captará esa frecuencia vibratoria como si de un DIAL se tratara, y eso mismo es lo que nos devolverá.

GANANCIA ESCONDIDA.

Pudiera ser que aunque tengamos un deseo muy fuerte de adelgazar, curarnos, mejorar nuestra situación financiera, etc., encontramos un “placer escondido” situándonos en la QUEJA como una forma de llamar la atención sobre nuestro entorno, quizás pensando que, de este modo, obtendremos el cariño, la atención y el amor que estamos buscando en realidad. Este motivo es suficiente para no “mover un dedo” hacia el verdadero cambio.

RESISTENCIA AL CAMBIO – PERMANENCIA EN LA ZONA DE CONFORT.

Aunque la situación que vivamos sea indeseada, incómoda e incluso nos haga sufrir…, ya es una situación conocida. Todo lo que conocemos y que forma parte de nuestra rutina nos resulta cómodo. Nos cuesta mucho cambiar ya que lo desconocido nos da VÉRTIGO, nos pone en ALERTA…, nos da miedo “perder el control”, aunque sepamos que en verdad cumplir nuestro sueño puede mejorar de manera notable nuestra vida.

MIEDO.

Muchas de nuestras conductas están basadas en miedos inconscientes con respecto al disfrute del objeto de nuestro deseo. Quizá creemos que estamos abiertos al amor de pareja, pero cuando aparece la oportunidad REAL nuestros pensamientos y actitudes hacen que de algún modo (siempre muy lógico para nuestra mente consciente), terminen por arruinar esa oportunidad. Ten en cuenta que los miedos siempre son IRREALES y consecuencia de creencias erróneas que mantenemos en lo más profundo.

SISTEMA DE CREENCIAS.

Es inevitable hacer una revisión sobre las creencias que tenemos respecto a lo que queremos obtener. Por ejemplo, quizás tus creencias sobre el dinero y la gente que lo posee son tan negativas que te alejarás siempre de un modo u otro de esa situación «deseada». Si crees que la gente rica es egoísta, miserable o dañina… lógicamente tú no querrás convertirte en alguien así. Otro tipo de creencias tales como: “tener mucho dinero me complicará la vida porque no sabría gestionarlo”, “si tengo mucho dinero sólo me querrán por el interés”, etc., provocarán que el dinero huya de ti constantemente.

DESEOS «PRESTADOS»

A veces ocurre que no sabemos lo que queremos realmente, o quizás sí lo sabemos pero no es un deseo “nuestro”. Es decir, no está alineado con los verdaderos deseos de nuestra alma. Luchamos con todas nuestras fuerzas por conseguir algo, pero jamás obtenemos resultados. Y es que en el fondo eso NO es lo que verdaderamente deseamos en lo más profundo. Por tanto, siempre haremos o dejaremos de hacer “alguna cosa” para que aquello jamás termine de materializarse. Por ejemplo, muchas personas se han visto obligadas a perpetuar una profesión familiar generación tras generación sin preguntarse si era eso lo que de verdad deseaban. Otro caso típico es creer que deseamos determinadas cosas que sólo están en nuestra mente porque es lo que «hace todo el mundo», «lo que hicieron mis padres», «lo que hacen mis amigos», porque «las cosas deben ser así»… en definitiva, impuestas por la Sociedad y la gente más cercana a nosotros. Así que la única forma de escapar de ese futuro impuesto es meter la pata inconscientemente para que jamás llegue a realizarse.

FIDELIDAD FAMILAR

Conseguir cosas que nuestros seres queridos jamás han conseguido puede hacernos sentir que estamos “traicionándolos” de algún modo. El ser humano necesita sentir que pertenece a un “grupo o clan”, pero este grupo al que pertenecemos puede anclarnos en determinadas situaciones como una economía deficiente, matrimonios infelices y un sinfín de historias que inconscientemente nos hace repetir patrones como una forma de “fidelidad” hacia nuestro entorno más cercano. Piensa por un momento cómo reaccionaría tu gente si de repente te convirtieras en millonari@, disfrutaras de una pareja estupenda, etc.… ¿qué ocurriría con esas relaciones si de repente sacas “tus pies del tiesto”?

¿Y QUÉ PODEMOS HACER?

Una vez más aparece la palabra mágica: CONSCIENCIA. Si seguimos actuando con el «piloto automático», dormidos y sin darnos cuenta de lo que ocurre y el motivo por el que ocurre… seguirán repitiéndose los mismos patrones constantemente en nuestras vidas.

Repasa todos todos los puntos anteriores, sé sincer@ contigo mism@ y cuando sientas una «punzada» en el estómago al leer alguno o varios de ellos… detente, quizás estás dando con alguna CLAVE importante que puede hacer que tu vida COMIENCE A CAMBIAR… ¡ADELANTE!

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Un abrazo infinito,

 

¿Por qué no consigo lo que quiero?

¿Por qué no consigo lo que quiero?

¿Por qué no consigo lo que quiero?

Quizás en alguna ocasión te hayas hecho esta pregunta… quizás existe algo en tu vida que parece que se te resiste… algo que deseas y por más que hagas no consigues alcanzar… Te daré una buena noticia (al menos para mí lo es). Sinceramente, no creo que tengas «mal de ojo», ni que Dios se haya olvidado de ti. Quizás la respuesta se encuentra mucho más cerca de ti de lo que puedas imaginar…

¿Has pensado que puedes ser tu mism@ el/la que esté actuando en contra de ese deseo? ¿Sabes lo que es el AUTO SABOTAJE?

Yo lo definiría como todo aquello que hacemos y que está en contra de lo que deseamos y proclamamos conscientemente. Sería algo así como ir a la frutería cuando lo que queremos comprar verdaderamente es pescado. Pondré algunos ejemplos:

  • Una persona está deseando un puesto de trabajo en una determinada empresa. Hace todo lo posible por entrar en ella y consigue una entrevista. Ese día se duerme y no llega a tiempo. O si llega, se pone tan nervioso y mete tanto la pata que al final le descartan como opción.
  • Alguien desea adelgazar y decide comenzar una dieta. A los pocos días le invitan a una fiesta y después de comer todo lo que “no está escrito”, se siente culpable y la abandona porque no tiene fuerza de voluntad.
  • Una persona desea llevar a cabo un proyecto personal: aprender algo nuevo, independizarse, montar su propio negocio…, pero pasan los días y jamás da un primer paso. O si lo hace, termina por abandonarlo casi antes de haberlo comenzado en serio.
  • Otra persona desea tener una pareja pero cuando encuentra a alguien que le gusta y con quien puede establecerla, su mente se llena de pretextos (no cumple sus “fantasiosas” expectativas, no es el momento adecuado, etc.).
  • Alguien sabe que para sanar en cualquier aspecto de tu vida debería llevar a cabo determinadas conductas, o hacer cambios en su estilo de vida. Y eso nunca ocurre, sigue sintiéndose mal pero continúa con sus hábitos de siempre, sin hacer nada de lo que sabe que tendría que hacer para cambiarlo.

Estas actitudes no parecen tener mucho sentido… ¿por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? Parece ser que nuestra mente consciente desea algo específico, pero nuestro modo de actuar nos aleja constantemente de aquello que supuestamente anhelamos.  Bien, podríamos dividir nuestra mente en dos parcelas: consciente e inconsciente.

  • La mente consciente es lo que conocemos, sabemos y nos contamos sobre nuestra propia personalidad, sobre los demás y también sobre cualquier asunto de la vida. En definitiva es lo que sabemos y aceptamos con respecto a todo lo anterior. Desde la mente consciente proclamamos nuestros deseos y anhelos.
  • La mente inconsciente es lo que se denomina la “sombra”. Es fácil adivinar por qué… precisamente es en este “lugar” donde escondemos todos los aspectos de nosotros mismos y de la vida que NO queremos ver porque no nos gustan, nos avergüenzan o nos atemorizan. También es en este lugar donde se esconden los aspectos de nuestra personalidad que desconocemos, así como los modos de contemplar el mundo que nos rodea y que igualmente son desconocidos para nosotros.

Pues bien, detrás de este tipo de actitudes contradictorias es el inconsciente el que verdaderamente se está manifestando. Tu mente consciente proclama a voz en grito que desea HACER, SER o TENER cualquier cosa… pero si pasa el tiempo y no consigues realizar cambios efectivos en tu vida, quizás sea buena idea que comiences a hacer averiguaciones sobre esa parte de ti “desconocida” u “oculta”.

En un próximo artículo veremos lo que puede esconderse detrás de esta actitud auto saboteadora… sigue leyendo

Un abrazo infinito,