Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios – Parte 3

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios - Parte 3

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios - Parte 3

Puedes leer aquí la primera parte y aquí la segunda.

“Y llegó el retoño…”

Me sorprende que tantas y tantas parejas puedan llegar a ser padres simplemente porque es “lo que toca” (condicionamiento social), para “solucionar problemas”, para “llenar vacíos”, etc.

En mi opinión, ser padre/madre es una de las responsabilidades más grandes que pueden existir en la vida. Tal acontecimiento ha de ser contemplado de manera plenamente consciente y responsable. Seremos un vehículo a la vida para un ser que vendrá a expresar determinados dones y comportamientos. Hemos de ser conscientes de que un hijo será en principio un mero “repetidor” de nuestras creencias, pensamientos, emociones y modos de vida. Deberíamos, por tanto, hacer un gran ejercicio de introspección… ¿quiénes somos y por qué queremos tener un hijo? ¿Cómo vamos a educarle? ¿Qué valores son los que queremos transmitirle? ¿Podemos y queremos hacer frente a esta responsabilidad (emocional, económica…)? ¿Cómo vamos a compartirla? ¿A qué cosas tenemos que renunciar?…

En muchas ocasiones hay parejas que se rompen cuando los hijos hacen su aparición. Y es que lejos de pensar en que un hijo pueda solucionar los problemas, ocurre precisamente al contrario: un hijo pone en evidencia la relación que realmente existe entre los padres, así como su nivel de responsabilidad y compromiso. Cuestiones que han de estar bien claras antes de que este acontecimiento tenga lugar.

Por otro lado, la pareja puede disolverse entre los pañales… Es importante ser conscientes de este hecho, y es que los primeros meses serán absorbentes por parte del bebé, y la pareja tendrá poco tiempo para manifestarse como tal. Es importante plantear opciones que favorezcan los encuentros. Y, por supuesto, pasados los primeros meses recuperar y replantear la nueva situación entre la pareja.

Una vez más, planteémoslo como una opción que podemos elegir llevar a cabo o no, en pos de otros proyectos creativos…

“Me equivoqué…”

Ten en cuenta que lo único que perdura es el cambio. Tú cambias, tu pareja también. Con el paso del tiempo pueden variar los objetivos…, el crecimiento de uno de los cónyuges se dirige hacia un lugar a donde el otro no quiere ir…, el “nuevo yo” de tu pareja parece que ya no tiene mucho que ver contigo…

No pasa nada, contempla todo lo compartido, todo lo que has disfrutado, lo que has aprendido. Recuerda que la frase “hasta que la muerte nos separe”… ¡¡¡está obsoleta!!!

La frustración no tiene cabida cuando siempre puedes irte, cuando siempre puedes cambiar, cuando siempre eres libre de dejar aquello con lo que no te sientes feliz. Incluso si te casaste, incluso si pensaste que aquello podía durar toda la vida…

No existe el fracaso… solo el aprendizaje. No existe la equivocación… solo la experiencia.

…………

En definitiva y detrás de estos planteamientos, subyace mi intención de contemplar la pareja desde otra perspectiva quizás no tan convencional por un simple motivo: es evidente que el modelo de pareja que nos han transmitido nuestros padres y abuelos no está funcionando en la actualidad. Hemos cambiado y, por tanto, deberíamos establecer otro tipo de relaciones más acordes a nuestro modo de ser, pensar y vivir. Podemos elegir si queremos casarnos o no, si queremos convivir o no, si queremos llevar a nuestra pareja a los cumpleaños de nuestros amigos o no, si queremos tener hijos o por el contrario queremos viajar, desarrollar nuestras profesiones, etc.

Si encontrar una pareja es un tema “complejo” en tu vida, te invito a que respondas a las siguientes cuestiones:

¿Por qué quiero una pareja y para qué?

¿Por qué motivos podría NO desear tener pareja?

¿Cómo han sido mis parejas anteriores y cómo son las parejas que me rodean: padres, hermanos, amigos…?

¿Podría ser posible una relación “a mi medida” distinta de las que he tenido y contemplado?

¿Cómo tendría que ser esa relación para que yo me sintiera a gusto y feliz? ¿Qué cualidades debería tener la persona que busco para esa relación?

Cuando digo que quiero “crecer” en una pareja o que ésta ha de «sumar» en mi vida, ¿a qué me refiero exactamente?

¿Qué puede aportarme la pareja que no me ofrece otra cosa en la vida?

¿Siento que al tener pareja pierdo más que gano? ¿A qué cosas tendría que renunciar? ¿Por qué tendría que renunciar a ellas?

¿Quiero tener hijos? ¿Por qué? ¿Por qué no?

Ser sinceros con nosotros mismos, saber lo que queremos y ser consecuentes con ello es la verdadera clave. No todos deseamos lo mismo, por tanto, no todas las parejas deberían establecerse de igual modo… ¡¡SIÉNTETE LIBRE PARA INVERTAR LA TUYA!!

Ten por seguro que si tienes las cosas claras, atraerás a tu vida aquella persona que se ajuste a tu modo de contemplar las cosas. La confusión sólo atrae relaciones confusas, vagas e inconclusas que contribuirán a llenar tu experiencia amorosa de frustración y desencanto.

Mi abrazo infinito,

 

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios – Parte 2

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios - Parte 2

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios - Parte 2

Puedes leer la primera parte aquí

“Yo sé cómo es él/ella…”

En ocasiones puede ocurrir que damos por hecho la personalidad de nuestra pareja, damos por hecho que siempre estará a nuestro lado, o que reaccionará de determinada manera ante determinados acontecimientos…

Olvidamos que al igual que nosotros vamos cambiando y creciendo, nuestra pareja también lo hace constantemente. Sería ideal si nos ocupáramos de redescubrir cada día a esa persona que tenemos a nuestro lado. Enfocarnos en la idea de que podemos seguir sorprendiéndonos cada día por distintos aspectos de nuestra pareja nos aportará esa chispa que muchas veces se va perdiendo cuando pasa el tiempo.

En el lado menos positivo, podríamos evitar sorpresas del tipo “jamás pensé que pudiera hacer esto”, o “que engañad@ me tenía”. Ante una ruptura es frecuente escuchar este tipo de comentarios. Y es que nuestra mente, por una cuestión práctica, tiende a los pensamientos totalitarios en base a unos pocos datos. Conocemos a una persona durante un tiempo y ya creemos conocerla por completo, lo cual no es del todo cierto.

Prestemos atención y miremos cada día con ojos nuevos… todo cambia…

“Los amigos de mi pareja son mis amigos…”

Los amigos de tu pareja son sus amigos, la familia de tu pareja es su familia. Tú tienes tus amigos y tu familia. Y no tienen por qué mezclarse obligatoriamente.

Es lógico que a ti siempre te apetezca salir con tus amigos y estar con tu familia. Pero quizás a tu pareja no le apetezca tanto, o no todas las veces. Olvidemos que nuestra pareja sea un “pack indivisible” con un calendario de eventos por cumplir. Los compromisos que tú tengas o hayas adquirido con tu gente no tienen por qué arrastrar también a tu pareja. Piensa cuáles son los momentos en los que consideras importante que tu pareja esté a tu lado y los que quizás no lo sean tanto.

Ser flexible y practicar la empatía, (ponerse en el lugar del otro), es un regalo para cualquier relación que establezcamos. Dar la opción de que el otro elija, también a ti te da esa libertad. Piensa qué estupendo sería si no tuvieras que “comerte con patatas a la tía Juana” todos los domingos…

“Se casaron, fueron felices y comieron perdices…”

 Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

Pues bien, el cuento no ha hecho más que empezar… Desde que somos niños nos hacen creer que el objetivo es “cazar a la presa” y que con esto ya está todo hecho. “Nos queremos y el amor puede con todo”…

Lo que sí puede «terminar» con toda pareja que se precie es dejarla a su suerte.

Piensa en cómo actúas con tus amigos o tus familiares. Sabes perfectamente que el mero vínculo de sangre o tener a un amigo en la lista telefónica no es suficiente para que esa relación prospere. Pues no comprendo por qué con la pareja se dejan las cosas en manos del “Amor. Como si éste fuera un señor todopoderoso que nos tocara cada día con una varita mágica y resolviera todos nuestros desencuentros.

La chispa, el misterio, la emoción… es algo que tenemos que trabajar si no queremos que el cuento termine mucho antes de lo que pensábamos. Cuida a tu pareja, diviértete, trabaja los detalles, respétala, sorpréndela, haz que la rutina no se apodere de ella. Una vez más te digo… no te equivoques pensando que esa persona va a estar ahí siempre. El “señor Amor” puede largarse cualquier día si lo le prestas atención.

Continúa aquí

 

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios – Parte 1

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios - Parte 1

Tres divorcios por cada cuatro matrimonios - Parte 1

Nuestras madres y abuelas nos dicen que ya no aguantamos como antes. Y quizás tengan razón…. Pero en mi opinión no aguantamos porque una relación no hay que aguantarla, hay que DISFRUTARLA.

El compromiso es un acto que realizamos de forma consciente y elegida porque suponemos que nos va a aportar algo positivo. Nos comprometemos con un proyecto que nos ilusiona, con los amigos con quienes nos divertimos y compartimos libremente… Nos comprometemos con asistir al gimnasio, con la lectura de determinado libro, etc.

Pero ¿qué está ocurriendo con el compromiso sentimental? ¿Por qué se producen tantas rupturas? ¿Por qué tantas personas instaladas en la soltería? ¿Qué hay detrás de un compromiso sentimental que tanto nos echa para atrás o que no somos capaces de mantener a lo largo del tiempo?

Analicemos algunos aspectos:

“Y convivieron felices para siempre…”

Parece ser que si te enamoras y eres correspondido, llega un momento crucial en cualquier pareja en el que irremediablemente, (decidas o no pasar por la vicaría), has de convivir. Todos hemos experimentado la convivencia (no sólo en pareja), y sabemos que no es fácil. Hay personas que se adaptan más fácilmente, pero quizás haya otras que debido a su carácter les resulte más difícil.

La convivencia conlleva un desgaste diario que puede terminar con el amor más potente del mundo. Pero… ¿necesariamente hemos de convivir del modo que nos han contado? Porque quizás haya días en los que te apetezca estar con tu pareja y otros en los que no. Quizás haya noches en las que desees dormir en compañía, y otras noches no. Quizás algunos días  te apetece estar sol@ o en compañía de amigos y familiares. Y no creo que por este motivo vayas a querer menos a tu pareja.

Considero fundamental seguir manteniendo un cierto espacio de intimidad. Contemplar a tu pareja de “todas las formas posibles en todos los momentos del día”, puede ser algo que vaya apagando poco a poco la magia y el misterio.

Quizás ambos componentes puedan ponerse de acuerdo y convivir aportándose pequeños tiempos de “descanso”. O quizás los fines de semana puedan ser compartidos, y entre semana vivir cada uno en su casa. O tú en tu casa y yo en la mía y cuando nos apetezca y libremente compartimos vivienda. Es decir, no es descabellado el que ambos cónyuges sigan manteniendo sus domicilios y así tener un lugar en el que retirarse de vez en cuando…

En muchos casos es necesaria una mínima distancia desde la que surja el deseo de compartir. Un “empacho diario” no nos aporta el margen suficiente para que el deseo nazca y se renueve. Seguir manteniendo los momentos de soledad y los compartidos con nuestra gente nos enriquece…  y este hecho puede a su vez enriquecer a la pareja.

¡¡Sólo tienes esta vida!! Sentirte libre para elegir con quién quieres compartir tus momentos puede hacer cualquier pareja “eterna”, al poder contemplarla cada día como una opción y no tanto como una obligación con la que un día decidiste comprometerte…

Sigue leyendo…

Enlace recomendado: ¿Por qué no encuentro la pareja que quiero?

 

Reflexión para singles: Miedo al amor

Reflexión para singles: Miedo al amor

Reflexión para singles: Miedo al amor

Hoy andaba reflexionando sobre cuestiones amorosas y me preguntaba si la opción de estar en situación “single” es natural como opción propiamente dicha. Creo que, dejando a un lado la cuestión procreadora, el ser humano es social y amoroso por naturaleza. Necesitamos sentirnos amados y valorados, necesitamos amar y compartir lo que somos.

Cierto es que podemos volcar ese amor y compartirlo con familiares y amigos, podemos sentirnos “llenos” a ese respecto, pero la profundidad emocional que ofrece la experiencia de la pareja quizás no sea comparable con el resto de las relaciones.

Pienso en las causas que pueden esconderse tras este miedo o resistencia, y estas pueden ser algunas:

MIEDO A SUFRIR. Enamorarse y profundizar en una relación implica abrir el corazón y mostrarnos. En definitiva, es un riesgo al que no todo el mundo está dispuesto ni tiene el coraje de enfrentar. Y esto ocurre sobre todo a partir de cierta edad y cuando hemos experimentado varios desencuentros amorosos no resueltos que llevamos en nuestro “mochilote sentimental”. Quizás vale la pena hacer un repaso a todo nuestro bagaje amoroso, cerrar capítulos y recoger la enseñanza o regalo que esas experiencias han traído a nuestras vidas. De esta forma estaremos listos para abrirnos de nuevo al amor y así no dejar escapar oportunidades que podrían ser las que en el fondo deseamos.

Perder la INDEPENDENCIA y la LIBERTAD. Desde el miedo a “perderse en el otro” hasta el hecho de pensar que tendremos que renunciar a muchas cosas si tenemos pareja: amigos, hobbies, espacio, etc. La pareja es un elemento más en la vida que ha de llegar para sumar, y no al contrario. Si existe la creencia de que una pareja es algo que «ata» o limita, probablemente sea porque nos ha ocurrido en el pasado, o quizás por la observación de parejas cercanas con frustraciones en ese sentido. 

Esto no tiene por qué ser así. La vida cambia cuando llega un amor, pero puede ser para MEJOR. Piensa que si además de tener tus espacios, tus hobbies, amigos, etc., tienes a tu lado alguien que te ama, te apoya, te eleva y te ayuda a crecer… tu vida puede ser infinitamente más rica e interesante.

MOSTRARSE. Si estamos acostumbrados a relaciones superficiales, quizás podamos temer que nos conozcan verdaderamente. Es cierto que al principio mostramos nuestro cielo y dejamos el infierno en casa, sabiendo que allí está y que seguirá estando cuando lleguemos. Es una idea infantil pensar que existe la perfección. Igual que no la podemos ver en los demás y aun así les amamos, lo mismo ocurrirá al contrario. Es más, una pareja puede ayudarte mucho más fácilmente a descubrir esas sombras y así colaborar con tu proceso de autoconocimiento y crecimiento personal.

Podemos encontrarnos con muchas resistencias a este respecto, todo dependerá de la persona en concreto, de su personalidad, su experiencia, etc. Miedos que se disfrazan de excusas como “no es el momento”, “quiero centrarme en mi trabajo”, “no tengo tiempo”, etc.

Seamos honestos y pensemos qué es lo que verdaderamente queremos para nuestra vida. Si a 10 o 20 años vista verdaderamente nos visualizamos en soledad, seamos coherentes con nuestra decisión y busquemos de forma sincera romances sin mayores implicaciones y, sobre todo, sin engañar a nadie y dejando siempre las cosas claras. Si por el contrario, ves tu futuro en compañia de una pareja, pero no consigues encontrarla… mira dentro de ti y revisa tus creencias al respecto. Toma conciencia de cuáles son los miedos que te impiden dejar entrar al amor en tu vida.

En definitiva, creo necesario un cambio de paradigma con respecto a las relaciones de pareja. Obviamente, lo que nos han “vendido” no funciona en la mayoría de los casos, ya no queremos eso, no nos satisface ni nos llena. Queremos alejarnos de lo que para muchos de nuestros congéneres ha supuesto y supone una fuente de desdicha, frustración, sacrificios, rutinas, obligaciones, responsabilidades…  Cambiemos el enfoque y veamos en la pareja una gran herramienta de aprendizaje, un modo de crecer y mejorar cada día, algo divertido y estimulante, fuente de disfrute, autoestima, satisfacción, libertad, independencia y por supuesto… AMOR. Yo ante esto último solo puedo decir… ¡SÍ QUIERO!

Mi abrazo infinito,