Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Termina ya con el diálogo interno destructivo

Seguramente ya lo has experimentado: pareciera que hay un «ente» metido en tu cabecita, que no deja de decirte una y otra vez las mismas frases: «no vales«, «no lo mereces«, «no eres capaz«, «no lo vas a conseguir«, «todo saldrá mal«… bla, bla, bla.

Lo que ocurre es que no suele hablarte así, en este caso podrías no reconocer esa voz como propia y, de este modo, sería más fácil desecharla. Lo peor del asunto es que habla en primera persona, por tanto, esa voz susurra constantemente: «yo no valgo, yo no soy capaz»… etc, etc.  

Antes de avanzar con el tema de hoy, te sugiero que leas el artículo anterior, de este modo podrás comprender por qué nos quedamos enganchados con pensamientos negativos y dramáticos que nos alejan de esa paz que tanto deseamos. 

Bien, ya sabes de lo que hablo.

Es esa voz horrible que nos cuesta acallar y que nos grita constantemente, que no hace más que molestarnos con ese run run persistente sobre lo que somos, sobre lo que es el mundo, sobre lo que son los demás… y que no se caracteriza, precisamente, por presentarnos argumentos agradables y felices. 

¿Cómo puedes calmar esa voz? O al menos… ¿Cómo puedes desvincularte de ella al máximo, sin permitir que afecte a tu vida?

Primeramente, tienes que tener claro que esa voz NO ERES TÚ. Esos pensamientos y emociones no tienen nada que ver con lo que eres en verdad. Si esa voz fueras tú, realmente, no podrías observarla

Recuerda cuando en el artículo anterior te hablaba de mi experiencia personal… ¿Quién era yo?, ¿la Diana alegre, optimista, entusiasta.. o aquella triste, sufridora, cansada y víctima?

En realidad, puedo ser «las dos Dianas«, y ninguna a la vez.

Desde la perspectiva transpersonal, podemos ir practicando el ser meros testigos de lo que sucede. Aquí te dejo un ejercicio que propuso Ken Wilber, el gran exponente de lo transpersonal:

Tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo. Puedo ver y sentir mi cuerpo, y lo que se puede ver y sentir no es el auténtico Ser que ve. Mi cuerpo puede estar cansado o excitado, enfermo o sano, sentirse ligero o pesado, pero nada de eso tiene que ver con mi yo interior. Tengo un cuerpo, pero no soy mi cuerpo.

Tengo deseos, pero no soy mis deseos. Puedo conocer mis deseos, pero lo que se puede conocer no es el auténtico Conocedor. Los deseos van y vienen, flotan en mi conciencia, pero no afectan a mi yo interior. Tengo deseos, pero no soy mis deseos.

Tengo emociones, pero no soy mis emociones. Puedo percibir y sentir mis emociones, y lo que se puede percibir y sentir no es el auténtico Perceptor. Las emociones pasan a través de mí, pero no afectan a mi yo interior. Tengo emociones, pero no soy mis emociones.

Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos. Puedo conocer e intuir mis pensamientos y lo que puede ser conocido no es el auténtico Conocedor. Los pensamientos vienen a mí y luego me abandonan, pero no afectan a mi yo interior. Tengo pensamientos, pero no soy mis pensamientos.

En realidad, soy lo que permanece, un puro centro de percepción consciente, un testigo inmóvil de todos estos pensamientos, emociones, sentimientos y deseos.

 

La persistencia en este ejercicio, puede ir transformando esa percepción que tienes de ti mismo, observando cambios profundos a nivel de serenidad interna, lucidez y libertad… Es un primer paso fundamental para que comiences a des-identificarte del personaje que habita en tu mente.

Un Curso de Milagros también te ofrece multitud de ejercicios y recursos para detectar esa voz que no es otra que la del ego, ayudándote a diferenciarla de la voz del Espíritu, tu verdadera naturaleza. 

En resumidas cuentas, da igual la técnica, la filosofía o la perspectiva que elijas para profundizar. Lo que queda patente es que el «personaje» que experimentas para vivir en este mundo, no es tu realidad y, por tanto, puedes moldearlo como desees

Lo que ocurre es que esa «identidad» que has elegido (obviamente, de forma inconsciente), va a determinar en gran parte todo lo que experimentas en tu mundo.

Y el ejercicio que te propongo tiene que ver precisamente con este personaje. 

Primeramente, dedícate a observarlo: cómo piensa, como se siente habitualmente, cuáles son sus creencias, sus comportamientos, sus conductas compulsivas… puedes describirlo con todo lujo de detalles (le conoces muy bien, ¿verdad?).

Ve apuntando día tras día todo lo que vayas descubriendo. Hazlo de forma divertida y curiosa, como quien observa al personaje de una película. 

De hecho, te invito a que le pongas un nombre. El mío se llama Paca, y los de algunos de mis clientes: Rodolfa, Manoli, Gumercinda… Busca un nombre que no estés habituado a escuchar, o incluso ponle el nombre de algún personaje ficticio: Maléfica, Scar, o Cruella de Vil.

Bien, ahora llega la parte más interesante. Es el momento de agarrar esa «plastilina» mental y comenzar a fabricar ese personaje que QUIERES SER. Así que, de igual modo, ve apuntando todas sus características: cómo piensa, cuáles son sus creencias, cómo se siente habitualmente, cómo le habla a su jefe, a sus clientes, cómo camina por la calle… Descríbelo igualmente con todo lujo de detalles. Y bautízalo con otro nombre. Aquí te aconsejo que utilices el tuyo propio más un adjetivo. Por ejemplo «Diana Abundante», «Nuria Libre»…

Cuando los tengas bien descritos comienza el juego.

En primer lugar, te resultará mucho más fácil detectar al personaje que no deseas cuando quiera «invadirte». En los momentos en los que eso ocurra, ya puedes exclamar… «te pillé». No olvides agradecer al personaje porque te ayudó a llegar hasta aquí, te ha protegido como ha podido, y ha sido la mejor versión de ti que has podido configurar hasta el día de hoy.

Después de darle las gracias, podrás decirle: «ahora soy Diana Abundante».  Y sólo tendrás que ir practicando tu nuevo «papel», día a día, momento a momento. Desde que despiertes por la mañana acostúmbrate a ponerte sus zapatos. Poco a poco, sin apenas darte cuenta, irás notando una transformación en tu modo de pensar, de comportarte… y esto será el comienzo de los cambios que irás viendo en tu mundo externo

Ten paciencia… Como comentaba en el artículo anterior, en principio habrá una fuerte discordancia debido a esos caminos neuronales trillados. Así que no desistas. Piensa que el personaje que no deseas también fue creado a base de repetir y repetir. Ahora toca hacer lo propio con el que sí deseas.

Si quieres reforzar toda esta información, puedes visualizar este contenido en YouTube: 

Mi abrazo infinito,

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