Diana Calvo Vinssac – Psicoterapia transpersonal – UCDM – Hipnoterapia – Coaching

Lo que tus MIEDOS ocultan…

Todos tenemos miedo. Eso está claro. Y el miedo tiene muy mala prensa… lo vemos como un obstáculo que se interpone entre nosotros y nuestros sueños. Pero, ¿y si te dijera que ese muro es en realidad una puerta? Que el miedo, esa emoción tan incómoda, es un maestro que nos trae un mensaje fundamental. Si aprendemos a descifrarlo, podemos trascenderlo.

Así que, si alguna vez has sentido que el miedo te frena… lee hasta el final, porque hoy vamos a darle la vuelta a todo lo que creías saber sobre él.

Instintivamente, todos huimos de él, es una emoción que no queremos sentir: miedo a no tener dinero, a no encontrar pareja, a la soledad, a hablar en público, a las alturas… La lista es infinita. El miedo es universal.

EL MIEDO «BUENO». NUESTRO GUARDIÁN

Y esto es natural. El miedo es una emoción primaria, como la alegría o la tristeza. Su función principal es protegernos.

Gracias al miedo, hemos sobrevivido como especie. Sin él, nos habríamos extinguido. Así que, en su nivel más básico, el miedo es un guardián necesario. No podemos, ni debemos, eliminarlo.

Si no tuviéramos miedo al fuego, nos quemaríamos. Si no tuviéramos miedo a caminar por el borde de un precipicio, a caminar por la noche en una calle mal iluminada… estaríamos en peligro constante y duraríamos poco. Todos miramos antes de cruzar la calle…

Definitivamente, no podemos vivir sin miedo.

EL MIEDO «TRAMPA». EL QUE NOS LIMITA

Seguramente pensarás: «Vale, Diana, entiendo el miedo a un león, ¿pero qué pasa con mi pánico a hablar en público? ¿O mi ansiedad sobre el futuro? Esos no son peligros reales e inmediatos«.

Y aquí es donde la cosa se pone interesante. En este caso, hablamos de miedos más abstractos, más psicológicos. Miedos que, en lugar de protegernos, parecen limitarnos. Y aquí es donde quería llegar.

LA GRAN REVELACIÓN: ¿A QUE LE TIENES MIEDO REALMENTE?

Cuando sentimos estos miedos, nuestra primera reacción es huir. Pero sabemos que cuanto más huimos, más grande se hace la “bola de nieve”. Sabemos que, si queremos avanzar, necesitamos enfrentarlos, y para enfrentarlos, antes necesitamos comprenderlos. Con este objetivo, vamos a hacer algo contra intuitivo: vamos a mirar de frente a lo que creemos que tememos.

Para ello, pondremos tres ejemplos:

Como ves, el miedo que nos paraliza casi nunca es a lo «malo». Es un miedo disfrazado a conseguir lo «bueno» que deseamos. Por tanto, detrás de aquello que decimos que nos da miedo hay un gran deseo que nos prohibimos.

Y aquí me viene a la mente la increíble cita de Marianne Williamson:

«Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin límite. Es nuestra luz, no la oscuridad lo que más nos asusta. Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?

Eres hijo del universo. El hecho de jugar a ser pequeño no le sirve al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Nacemos para hacer manifiesto la gloria del universo que está dentro de nosotros. No solamente en algunos de nosotros: Está dentro de todos y cada uno.

Y mientras dejamos lucir nuestra propia luz, inconscientemente damos permiso a otras personas para hacer lo mismo. Y al liberarnos de nuestro miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás».

Es nuestra LUZ la que nos asusta, pero lo disfrazamos de otros mieditos para no ser conscientes de todo esto. Y pasamos nuestra vida entretenidos con estos mieditos, limitando constantemente nuestra vida para no encontrarnos con esta gran verdad.

LA RAÍZ DE TODO: EL MIEDO A TRAICIONAR A NUESTRO CLAN

Y ahora pensarás: «¿Por qué demonios íbamos a tenerle miedo a ser felices, abundantes y poderosos? ¿Por qué íbamos a tenerle miedo a nuestra verdadera naturaleza?«

Pues porque esto supondría la muerte de nuestro ego, de ese personaje que nos hemos afanado toda la vida en construir.

La cuestión es que ese personaje que hemos creado nos hace infelices. Y por ello hemos estado hablando en los tres artículos anteriores del modo en que podemos transformarlo.

Pero aunque hagamos este trabajo, parece que aún seguimos pegándonos una y otra vez con ese muro. De repente, aunque hagamos terapia, cuando llega el momento de hacer un salto cuántico en nuestra vida… ¡zas! Aparece el miedo.

¿Por qué?

La respuesta está en nuestra programación más primitiva: la supervivencia a través de la pertenencia.

Para nuestro cerebro arcaico, ser expulsado del clan o la tribu significaba una muerte segura. Para sobrevivir, necesitábamos ser aceptados. Y para ser aceptados, adoptamos un rol.

En nuestra infancia, nuestro clan fue nuestra familia. Observamos, aprendimos y nos creamos un personaje para encajar, para ser queridos, para sobrevivir.

  • Si en tu familia siempre hubo problemas de dinero, tu rol aprendido es el de «alguien que lucha para llegar a fin de mes».
  • Si en tu clan las relaciones de pareja siempre fueron conflictivas, tu rol es el de «alguien a quien el amor le cuesta».

Cualquier movimiento que hagas en tu vida adulta que se salga de ese rol programado… activa una alarma ancestral.

Si de repente tienes éxito económico o una pareja maravillosa, una parte de tu cerebro grita: «¡Estás traicionando a tu clan! ¡Dejarán de quererte! ¡Ya no perteneces! ¡Vas a morir!»

Esta «muerte» hoy no es literal, pero se manifiesta como una culpa insoportable o un autosabotaje constante que nos devuelve a la casilla de salida, al rol que nos es familiar. Nos quedamos atascados en la base de la pirámide de Maslow, por lealtad inconsciente a nuestro sistema familiar.

 Estamos hablando de los 3 primeros escalones de esta pirámide: supervivencia, pertenencia y necesidad de sentirnos amados y aceptados.

Todas estas necesidades básicas son cubiertas en nuestra infancia por nuestro clan. Y es este personaje que nos resultó útil en la infancia, el que nos llevamos a nuestra vida adulta. Y aquí llegan los problemas, ya que cualquier movimiento que queramos hacer y que no obedezca a ese rol que tomamos para adaptarnos a nuestro clan… nos va a dar pánico.

¿QUÉ HACEMOS ENTONCES CON EL MIEDO?

La pregunta no es «¿cómo elimino el miedo?». La pregunta correcta es: «Miedo, ¿de qué me estás protegiendo realmente?»

Una vez que entiendes que tu miedo a hablar en público es en realidad un miedo a brillar más que tus padres, o que tu miedo a la carencia es un miedo a traicionar la historia de pobreza de tu familia… todo cambia.

No se trata de luchar contra el miedo. Se trata de comprenderlo y avanzar CON él.

Habla con esa parte de ti que tiene miedo. Agradécele por haberte protegido toda tu vida. Dile que entiendes su función, pero que ahora, como adulto/a, tienes nuevos recursos. Que ya no necesitas esa vieja protección.

No esperes a no tener miedo para dar el siguiente paso. El coraje no es la ausencia de miedo, es actuar a pesar de él. Comprende tu miedo, abrázalo, y avanza de la mano con él hacia la vida que realmente deseas.

 

Si deseas reforzar toda esta información, te invito a que visualices el vídeo en YouTube:

Mi abrazo infinito, 

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